Lo que hubo y lo que hay

De la serie: Correo ordinario

¿Decepcionado? ¿Patidifuso? No sé bien como expresar el sentimiento al que me inducen las declaraciones de Esteban González Pons que recoge «Público» en su edición digital de hoy, a las que llego vía Mangas Verdes, aunque Manuel Almeida, su autor, atribuye la barbaridad más sonada al ignoto periodista del medio; y me temo que con razón.

Cuando se llega a unas ciertas esferas en un partido y se procede de su maquinaria, el carácter humano experimenta una clara pérdida de calidad y lo mismo puede decirse del acervo cultural y, si me apuran, hasta del cociente intelectual. Lo digo porque, pese a las excelentes referencias personales de don Esteban -que las tengo, y muy fiables-, desde que dejó primero el Senado y después la Consejería de Cultura de la Comunidad Valenciana para integrarse en los más altos estamentos del mando central del Partido Popular, este hombre parece otro, parece otro de tantos cortado por el mismo patrón que aquí desgarro tantísimas veces. Y yo no creo que sea la Política, propiamente dicha y escrita con inicial mayúscula, sino esta política, sucia y asquerosa, hecha a la medida de los partidos cuya calidad dirigente -y militante- desciende más y más, a cada día que pasa, a los más sucios y asquerosos torrentes alcantarillescos, en los que triunfa el pocero más infame, más guarro. Cuando un González Pons desciende a esos ambientes, uno, en su infinita inocencia, no creáis, conserva la esperanza de que ese hombre supondrá un soplo de aire fresco y que limpiará el entorno, pero ¡quiá! es el entorno el que le absorbe a él y lo integra en el flujo de hedores más nauseabundos.

Hablo en general, por supuesto. Lo que ha iniciado este artículo y que he apuntado en su primer párrafo no da para tanto. Pero sí que sirve como señal. González Pons conocía la red, de eso no me cabe la menor duda. ¿Cómo puede, pues, decir que escribir un blog es una cosa demasiado larga y con poca inmediatez? Escribir en un blog puede, efectivamente ser largo -este mismo es un ejemplo- pero no veo qué le quita de inmediatez. Las ideas complejas deben ser expuestas en toda su extensión; es más: cuando una idea compleja se concentra más allá de un determinado límite, la idea pasa ser una simple consigna para botarates. Sin embargo, nada impide tener un blog con ideas -generalmente pobres, todo sea dicho- expresadas en forma minimalista a beneficio de tontos del culo: de hecho, la red está llena de ellos. Pero en ambos casos, la inmediatez no experimenta menoscabo alguno. Uno tiene una idea -rica o pobre-, la expresa de forma prolija o en cuatro líneas para que la entiendan los simples pincha el botón virtual correspondiente que sube el texto a la red y ya está.

Esto es farragoso para don Esteban que, pese a todo, como todo el que tuvo, retuvo, no alcanza a la mentecatez del redactor que suelta tan fresco que los blogs no han muerto, pero están camino de ello y se queda como si hubiera cagado, el tío. Digamos, a beneficio de plumíferos becarios, que los blogs van suavizando la curva de ascenso -lo que, implícitamente, quiere decir que la tendencia es aún al alza- y que, más tarde o más temprano, se producirá un descenso (que, según desde qué perspectiva se mire ya existe, porque pocos blogs pasan del primer trimestre de vida) hasta que la curva pasará a constituir una recta estable. Con los blogs pasa como con la tele: todo el mundo es capaz de aparecer gesticulando y haciendo el burro chupándole segundo (o quinto) plano a la cámara que está grabando una entrevista callejera, pero muy pocos son capaces de realizar un programa con cara y ojos aunque les den los medios para ello (la prueba sigue estando en la propia tele y en sus programas); ni siquiera hay nadie capaz de aparecer constante y permanentemente haciendo el burro en segundo plano, porque hasta esto cansa, aunque las largas líneas de comentarios basuríferos de algunos blogs parecen desmentirlo. En fin, ya hablé de eso hace un par de meses.

Para don Gonzalo, lo que ahora mola es Facebook. Facebook es el summum. En Facebook está muy feliz y tiene más de 2.700 amigos sobre los que, dice, iría con todos y con cada uno de ellos al fin del mundo. Pues no le arriendo la ganancia. Si este hombre es capaz de ir hasta el fin del mundo con cada uno de 2.700 tíos, cabe avisarle de que la expedición va a acabar muy mal. Ese mundo a cuyo final él iría con todo ese gentío (¡y encima, uno por uno!) va a resultar que, a los efectos, no es esférico, sino plano, y en el extremo, en el finis terrae, los mares caen en cataratas hacia el Averno, donde le van a esperar monstruos espantosos que se le van a comer los cataplines previamente rebanados en finas rodajitas. O dicho de otra manera: si don Esteban se cree que haciendo amigos en Facebook va a ganar elecciones, tiene el futuro político más negro que Gaspar Llamazares, que vive ahí, en el parlamento, contando los días que le quedan de calentamiento de escaño hasta que llegue -de una puta vez, por cierto- su finis terrae y sea pasto de los animalitos de referencia. En fin: también dije lo mío sobre Facebook, y no hace mucho.

Es sintomático esto de que un político prefiera la frase en corto, desabrida, la consigna mitinera, que el texto prolijo en ideas y matices. Y si esto es lo que prefiere un González Pons, un señor cuyas prendas -ahora guardadas en el altillo- fueron otrora objeto de mi confesa admiración, tiemblo de puro pánico pensando en las preferencias de elementos como Pepiño Blanco o como los abundantes ladrilleros que pueblan el PP.

Pues nada, así estamos…

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Comentarios

  • Celu  On 28/01/2009 at .

    El pepiño es asquerosamente vomitivo en su papel de bufón del pesebre. No lo soporto; jamás lo escucho; rápidamente cambio de canal cada vez que aparece.

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