Monthly Archives: febrero 2009

El cant de les finestres

De la serie: Correo ordinario

La semana pasada cundió el desconcierto en los ámbitos catalanes de la educación y del software libre. Bien: para ser exactos, primero cundió el desconcierto y después la desazón. La razón, el convenio entre la Generalitat de Catalunya y Micro$oft en virtud del cual… en virtud del cual hay una nebulosa poco clara: que si acuerdos de cooperación en materia educativa, que si compra (o alquiler o formato jurídico raro) de ordenadores Tablet PC (sí, sí: a Micro$oft) y todo un entramado fumígeno tras el cual se halla el regalo de 12 millones de euros a Micro$oft en los próximos cuatro años.

Lo de los 12 millones es lo de menos. Todo el mundo sabe que en Catalunya vamos sobradísimos de pasta y que no sabemos que hacer con el dinero. Incluso los de ERC deben estar muy contentos con la situación pastífera de las arcas públicas catalanas porque este otoño se juramentaban ya no me acuerdo -o no me quiero acordar- con quién para montar poco menos que una versión 2.0 de la Semana Trágica si no se arreglaba el asunto de la financiación antes de terminadas las fiestas navideñas. Se debió arreglar, digo yo, porque no hubo tal semana trágica ya que

…luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, fuese… y no hubo nada.

Y a mayor abundamiento, pues eso, los 12 millones de sobrante que le regalamos a Micro$oft alegremente. Y no es la primera millonada que le obsequiamos a Ballmer, en absoluto, pero la relación de regalos que los catalanes le hemos hecho a este tío, muchas veces a cambio de productos tóxicos, como aquellos 85 millones de pesetas (500.000 euros, para los jóvenes) que le dio Jordi Pujol para que tradujeran al catalán un sistema operativo… al que le faltaban tres meses para entrar en la obsolescencia, la relación de regalos, digo, es tan larga que temo aburrir a mis lectores si la enuncio en toda su extensión.

Por tanto, la tesorería de la Generalitat de Catalunya va bien, como la España de Aznar, así que requiero a los sindicatos con presencia en la mesa de la Función Pública para que exijan inmediatas conversaciones con la Administración catalana a fin de compensarnos a sus funcionarios por la deuda histórica que tienen con nosotros desde la congelación salarial de 1992.

12 millones en un acuerdo en el ámbito de la educación… más la restante millonada de la administración de la Generalitat, del achuntamén de Barcelona -que déjalo correr- y, entre otros lamentablemente muchos sitios, ¡hombre! del ayuntamiento de Lleida, donde su excelentísimo señor alcalde es una barrera alta, férrea e infranqueable para el paso del software libre allá donde pisa, y pisa mucho porque el caballero en cuestión, Àngel Ros, es el presidente de la Comisión de Nuevas Tecnologías de la Federación Española de Municipios y Provincias, aparte de su peso en el PSC, ese partido en el que personalmente todo el mundo está a favor del software libre y contra el canon, pero allá donde votan al respecto nos meten cada enculada que nos dejan tiesos. Quizá no sea casual, volviendo al ínclito Ros, que el proyecto piloto (porque es un proyecto piloto, no te lo pierdas) se vaya a iniciar precisamente en un centro de Lleida. Precisamente destaca hoy «El Periódico», boletín oficioso del PSC, la maravilla erótica del ayuntamiento de Lleida y su plan de ahorro (PDF), que incluye un importante paquete de medidas electrónicas en detrimento de la imprenta y de la fotocopiadora; claro que a los ciudadanos ilerdenses les puede costar la torta un pan como a cargo de tanta digitalización estén los amigos del monopolio de Redmond, y va a ser de temer que lo estén, viendo el percal.

¿Qué va a pasar, mientras tanto con el proyecto Linkat cuyo desarrollo, si no me falla la memoria, ha venido costando unos 600.000 euros (en crifras oficiales, ojo, habría que ver la realidad)? Teóricamente -nos dirá la parte contratante pagana de nuestro bolsillo- no hay ningún problema, puesto que esos jodidos Tablet PC «se podrán utilizar con los diferentes sistemas operativos con los que ya cuente cada centro educativo» (sic, en mi traducción de la última frase del segundo párrafo de la página 2 de la nota de prensa de la Presidencia de la Generalitat sobre el invento, PDF en catalán). Qué bonito y qué maravilloso. Que me cuenten entonces por qué se van a pagar las licencias Window$ con que van a venir armados todos y cada uno de los Tablet, porque lo que nadie me va a hacer creer es que Micro$oft va a entregar (en alquiler, en venta, en herencia -no caerá esa breva- o hasta en censo enfitéutico y que me perdone O’Callaghan por la barbaridad) esos aparatos sin sistema operativo.

Total, una tomadura de pelo gigantesca. La administración pública de Catalunya regalándole pasta pública a Micro$oft a mano izquierda llena, mientras con la derecha firma los placet en la montonada de expedientes de regulación de empleo que tiene sobre la mesa.

No hay nada nuevo bajo el sol: pronto va a hacer cinco años -que se dice pronto ¿eh?- que advertí que toda la cagarela que se traía la administración tripartítica con el software libre era una perfecta tomadura de pelo, que ya pudo verse apenas transcurrido medio año tras el fausto Pacte del Tinell que nos iba a meter en la gloria tecnológica.

Pero tengo que volver -ya lo siento, de verdad- a la canción de siempre: todo es culpa nuestra y sólo culpa nuestra. Es que todo este ingente tinglado de burla cívica les sale gratis, porque en Catalunya la sociedad civil es absolutamente inoperante -supuesto y no probado que exista algo que pueda llamarse tal- en el ámbito que nos ocupa.

Catalunya, guste o no guste, por suerte o por desgracia, es muy especial; es muy impermeable, en la política local y concreta, a las influencias externas. La sociedad civil tecnológica española, por más que tenga miembros catalanes -no soy, en absoluto, el único, ni mucho menos- no penetra en Catalunya, no ha penetrado nunca y dudo que lo haga jamás, porque no es solamente una cuestión política, hay una entramado sociológico muy complicado y muy amplio en el que no es fácil entrar desde fuera. Sobre la proyección interna -propiamente catalana- de la política catalana sólo puede incidir la sociedad civil catalana. Dicho de otro modo: la Asociación de Internautas o Hispalinux, tienen sobre los órganos políticos de Catalunya una influencia muy, muy limitada, casi nula (en términos comparativos -absolutos, aún menos-, con la que tienen sobre los órganos políticos españoles), al menos en cuestiones estrictamente referentes a la política catalana, insisto; aquí hace falta una Associació d’Internautes o un Catalinux (vaya, «LinuxCat» sería más eufónico). Y no hay manera.

Ahora mismo -como cada vez que la izquierda catalana nos obsequia con una gracia como la que nos ocupa- la lista Admpub de Softcatalà echa fuego por todos sus colmillos (que tampoco son tantos), pero dentro de una semana, a lo sumo, habrá bajado la marea y volverá a recluirse en el silencio… hasta la próxima en que nos hagan otra; entonces volverá a haber gritos y alaridos por otra semana o diez días más y, a continuación, silencio en la noche, ya todo está en calma, el músculo duerme, la ambición descansa… Y así ad nauseam.

Hace cosa no sé si de dos o tres años, cuando en el entorno de esta lista empezaron a surgir lamentaciones en este mismo sentido, propuse la creación de un órgano asociativo, propio, de base individual (nada de federaciones de entidades que siempre acaban como ollas de grillos si es que no empiezan ya así) y con estructura jerárquica (base ancha, poca altura, todo lo que se quisiera, pero jerárquica), y el pueblo soberano respondió… que había que hacer un wiki. Y se hizo el wiki. Por ahí anda, muerto de risa.

Lo curioso es que no falta gente con capacidad de liderazgo, con carisma y con historial que puede perfectamente emprender la tarea, pero el problema no es de liderazgo sino de mentalidad, es problema de pura base. Lo he dicho muchas veces: se funciona con la mentalidad de agrupament escolta parroquial. Suena muy bien lo de pertenecer a un amplio movimiento pero mira, oye, a la hora de moverse, yo me muevo solamente con mis amiguetes y en mi barrio. Hay una especie de agorafobia asociativa, todo el mundo parece tenerle miedo a lo grande, todos parecen tener miedo de perder el control de su mundo, de su vida activista, si las cosas van siquiera un poco más allá de su estricto ámbito personal de relación. Es la mentalidad PYME llevada a la exageración. Más allá del alcance de mi mano no hay más que miedo, desconfianza, temor… Esa parece ser la única consigna efectiva. Bueno, hay más cosas, pero prefiero no ventilarlas aquí y ahora.

Obviamente, somos pasto de todas las manipulaciones por parte de los de arriba, y así seguirá siendo hasta que la mucha calidad técnica y activista que hay aquí se una de una puta vez y lo haga bajo parámetros estrictamente operativos: pasarle costosas y dolorosas facturas al poder, en una primera fase y, redondamente, pararle los pies en una segunda. Hay potencial suficiente como para que pueda aspirarse a eso y a más. Pero no se hará a base de wikis, eso seguro.

Catalunya triomfant, qui t’ha vist fotuda i trista..!

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Mercado, esfumado y jurado

De la serie. Los jueves, paella

Anteayer fue a la oficina a visitarme un antiguo compañero y actual amigo y me comentó que su padre, autónomo, estaba preocupado porque toda su vida laboral había ahorrado en un fondo de pensiones -la pensión de jubilación de la Seguridad Social para los autónomos es muy exigua- que ahora no iba nada bien. No es que fuera un fondo de pensiones de especial riesgo, es que todos los fondos de pensiones han frenado su rentabilidad en seco y algunos andarán cerca de ver erosionarse el propio capital, ya no sólo los beneficios. Explicaba no hace mucho que yo tengo uno de la Caixa que me pilló lo que hoy serían 300 euros antes de que me diera cuenta de que eso es un timo; la última liquidación me dice que el rendimiento acumulado del fastuoso fondo, en los no sé si son siete u ocho años que lo tengo, anda en el 0,9% (y bajando, por supuesto). Por cierto que no recuerdo que nunca haya pasado del 4 o del 5 por 100 (siempre en términos acumulativos). Dadas por perdidas las ex-cincuenta mil, siempre me río con mi mujer diciéndole que, al menos, el día que me jubile -y que pueda disponer del fondo- podremos celebrarlo con una buena cena; ahora me empiezo a preguntar si, contando para ello sólo con el fondo, podré subvenir más allá de un bocadillo de tortilla a la francesa (para los dos). De mucha peor leche me pone la suerte que debe estar corriendo un fondo en el que nos hicieron entrar CCOO y UGT a punta de cuchillo (o sea, vamos a destinar tal cantidad a un fondo: si no quieres no entras, pero la cantidad no la ves de otro modo; y esa cantidad iba a formar parte de los exiguos y ridículos incrementos salariales prometidos por el Gobierno); por tanto, prefiero callarme (de momento) porque tendría que decir muchas barbaridades de mucha gente.

Conversando de esto con mi santa, le decía que ya se habían caído los cacareados fondos de pensiones con los que el ultraliberalismo pensaba liberar (en su propio y pingüe beneficio) al Estado de tan grave obligación social; a ver -le decía- cuánto tardará en derrumbarse, con la que está cayendo, la sanidad privada. «No se derrumbará -me contestó mi cónyuge-: la práctica totalidad de la sanidad privada está concertada con la Seguridad Social».

Ya hablé también anteayer de la estafa financiera (a expensas nuestras y a beneficio de las entidades financieras, no de lo cósmico o de lo metafísico, como parece que nos quieren hacer tragar), y ayer leía que el gremio de la construcción exige al Gobierno que ejecute más obra pública, así, con dos cojones, con los mismos que no hace ni dos años le exigía al Gobierno justa y precisamente lo contrario; y la industria del automóvil pide -redondamente, sin despeinarse- pasta y más pasta (se ve que no le regalamos bastante a la Volkswagen, hace no demasiados años, para que no cerrara SEAT).

También la enseñanza privada -vía concierto- subvencionada a saco con dinero público (lo que no impide que las facturas que pagamos los padres por cuatro mil conceptos que para sí los hubiera querido don Gonzalo Fernández de Córdoba, sean crecidísimas) mientras la enseñanza pública anda a trancas y a barrancas toreando con una importante precariedad de personal y de medios (salvo programas de Micro$oft, que florecen por doquier). Y encima, los más caracterizados cómitres del privaticismo educacional piden a gritos el cheque escolar. Que alguno de mis bravos me recuerde que tengo que hablar algún día largo y tendido de enseñanza pública, de enseñanza privada, de cheques escolares y de otras gracias…

Si a esto añadimos -y también lo comentaba el otro día- todo el ubérrimo sistema de subvenciones a ONG, culturetas (porque los culturetas, además del canon, tienen una cantidad de gajes en dinero público que mete miedo) y tinglados diversos al carril de los partidos en el poder (a lo que hay que añadir las diversas asociaciones juveniles, culturales, fundaciones y demás inventos absolutamente inoperantes salvo por el lado de constituir correas de transmisión del partido, lo que equivale a decir fuentes de financiación ilegales a fuerza del abuso del derecho) y demás tinglados, la cantidad de dinero público dedicado a llenar los bolsillos a tinglados privados es un escándalo de verdadero asalto a la Bastilla.

Si, por lo menos, la que está cayendo llevara asociado un «nunca más», nunca más dejar a esos cabrones -ya sabemos quiénes- a su aire, nunca más hacer dejadez del control estatal sobre la economía, nunca más privatizar servicios públicos ni restringirlos (y mucho menos los sociales o asistenciales), nunca más, en definitiva, adelgazar brutal y estúpidamente al sector público, hombre, pues igual hasta valdría la pena aguantar mecha y torear lo que venga, que no hay bien ni mal que cien años dure. Lo malo es que un hatajo de cerdos que está en la mente de todos, a la que la cosa repunte un poco, volverán a exigir al Estado que se aparte de los buenos negocios, volverán a clamar que el mercado es supereficiente y que funciona la mar de bien él solito y a todo lo ancho y largo de su potencial, que el sector público debe adelgazar hasta la mismísima anorexia cívica. Esto, por no hablar de la rebaja de impuestos en sus tramos más altos (o el fin de la progresividad del tipo impositivo), la flexibilidad laboral y la contención salarial, pero eso ya les va a piñón fijo con independencia de que el PIB vaya mejor o peor.

Y como los ciudadanos seguiremos ahí capones y sobrados, sin mover el culo, pues nos lo tendremos todo bien merecido.

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Vuelve a subir a la superficie el turbio asunto del empresario aragonés Publio Cordón, secuestrado por el GRAPO -esa otra cosa rara que nunca acaba de estar extinguida, vete a saber a quién le va bien que de cuando en cuando diga maquí estoy yo- y que nunca fue vuelto a ver. Los secuestradores pasaron años diciendo que cobraron el rescate, lo liberaron y como el finado Fernández: de él nunca más se supo. La familia intentó desesperadamente conseguir pruebas de su muerte, pero nunca ha podido hallarlas.

El tema de los desaparecidos es bestial. Aparte del drama afectivo para sus familiares, subsigue otro económico muy importante: cuando un señor está desaparecido, no está oficialmente muerto y, por tanto, los seguros no se cobran, las pensiones no se perciben, los bienes no se heredan… es un lío. Alguna vez he hablado del enorme problema que representa para las familias de los pescadores el hecho de que no se recupere el cadáver del marino desparecido y alguna vez he lamentado en esta misma paella el riesgo -a veces altísimo- que con excesiva frecuencia tienen que correr buenos profesionales para rescatar simplemente cadáveres; y también he explicado que esa necesidad perentoria de obtener el cadáver no responde a una simple cuestión de necromanía sino a la necesidad de que pueda obtenerse un certidicado de defunción a partir del cual esa familia pueda -más o menos: ahí ya depende de cada caso- seguir adelante con lo que el finado y su sistema social les dejen.

Aunque las circunstancias no son de supervivencia básica, el caso de la familia de Publio Cordón es igual de grave. O más, en términos burocráticos. El código civil prevé procedimientos abreviados para la declaración de fallecimiento, pero sólo cuando la desaparición del causante se produce en medio de una catástrofe, de un combate o de circunstancias asimismo luctuosas. Aunque, obviamente, no conozco el expediente judicial que sin duda habrá llevado o estará llevando adelante la familia Cordón, presumo que la cosa no habrá sido fácil y que Publio Cordón estará judicialmente declarado ausente pero no fallecido: no sufrió un atentado contra su vida sino un secuestro y, encima, los secuestradores fueron castigados a graves penas negando a gritos haber matado al empresario, asegurando haberlo liberado y sin que la sentencia recoja la muerte de Publio Cordón en su relación de hechos probados (la única sentencia que yo conozco que declara probada la muerte de un fulano sin que el fiambre esté en una nevera del instituto anatómico forense del lugar y sin que medio millón de testigos fiables aseguren haberlo visto morir, es la del famoso «caso El Nani»). Sin declaracion judicial de fallecimiento, los bienes del presunto no se entregan a sus herederos y todo lo que pueden hacer éstos es administrarlos, pero bajo severa vigilancia judicial, lo cual quiere decir que los actos de disposición son supervisados con lupa, cosa que imagino que en el mundo de los negocios es un engorro de caballo. No olvidemos que uno de los negocios más conocidos -habrá más, sin duda- de Publio Cordón es su participación mayoritaria en la cadena de clínicas de lujo Quirón.

Ahora, uno de aquellos tíos raros -criminales, pero más raros que un perro verde- ha hecho memoria inopinadamente y ha recordado que a Publio Cordón no lo liberaron, que el hombre quiso huir y se tiró por la ventana y se mató (es una versión tan poco imaginativa que igual es verdad y todo). Eso dice el tío ese, pero lo cierto es que pese a que el rememorizado terrorista ha sido llevado al escenario de los hechos, el cadáver no aparece. Ni el cadáver ni el menor rastro del mismo.

Pero, por otra parte, resulta que el individuo en cuestión anda buscando una remisión de condena (le cayeron 28 tacos, lleva no sé si 13 y, claro, esto de la cárcel cansa un poco) por la vía del arrepentimiento; dice que en aquel entonces era muy joven y muy gilipollas. Además, anda a tiros -es un decir, pero sólo porque no le dejan- con sus antiguos compinches. Y me imagino -me lo imagino porque es humano- que también la familia andará sugiriendo que su agradecimiento será considerable si algún cabrón llega a aportar algún indicio, declaración o prueba que ablande al juez y lleve a la ansiada declaración de fallecimiento. Eso si no la han conseguido ya, que, repito, no lo sé, pero lo veo difícil. El chiste malo de fugarse con la secretaria siempre queda ahí presente. No en su literalidad, por supuesto, nadie con dos dedos de frente daría pábulo a frivolidades ni a caricaturas, pero no puede excluirse, al menos del todo, como un imposible físico-químico, que ese señor, con el juicio sano o transtornado, de cualquier modo, decidiera desaparecer; y tenía medios materiales para prepararse una desaparición de las buenas, de las bien orquestadas. Esa idea nunca dejará de estar presente en la mente del juez que deba decidir e imagino que esa idea será una barrera importante a la hora de buscar atajos -que los hay- para matar oficialmente a un señor.

Aunque cronológicamente la transición había terminado cuando Cordón fue secuestrado y después resultó o bien muerto o bien desaparecido, todo ese asunto no puede dejar de contabilizarse como otro de los misterios que la transición nos ha legado, dado que el dichoso GRAPO fue un elemento típico de aquella época. La desaparición de Cordón con GRAPO por enmedio, el asalto a la sede barcelonesa del Banco Central, la catástrofe aérea del Monte Oiz, el incendio del hotel Corona de Aragón, el síndrome tóxico atribuido -no me lo he creído jamás- al aceite de colza y algunas cosas que me dejo, son misterios que están ahí, que nunca se han resuelto pese al carpetazo con que algunas sentencias han beneficiado la omertà sobre varios de ellos…

Quizá el de Cordón deje de ser un misterio algún día. Es fácil que acabe apareciendo el cadáver del empresario, pero lo que está por ver es si sus restos aparecerán en un bosque francés o catalán (dicen que durante el secuestro fue conducido a Barcelona) muerto a principios de los 90 o si su ADN aparecerá en los restos de un viajante uruguayo fallecido y enterrado en Brasil (pongo por caso)… en 2017.

Quien viva, verá, como decía Guareschi.

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El jurado vuelve a estar en boca de todos después de que haya sido absuelto el homicida confeso de dos homosexuales en Vigo atendiendo a que la muerte se causó en legítima defensa ante el temor de ser víctima de una agresión sexual. Cincuenta y siete puñaladas. Por una vez -y sin que siente precedente- voy a estar de acuerdo con la ministra miembra: oigan, con cincuenta y siete puñaladas -claro y diáfano ensañamiento- no podemos estar aplicando (y menos en grado de eximente) una legítima defensa.

La asociación correspondiente de gays, lesbianas y etcétera se ha puesto como una moto acusando al jurado de homófobo (y, nuevamente sin que siente precedente, opino que no les falta razón) y han sacado a relucir para reforzar su argumento el caso de Dolores Vázquez, aunque ahí ya tengo discrepancias: a Dolores Vázquez no la condenaron por homosexual sino por antipática. Lo era -lo es- y mucho, pero, claro, si condenáramos por asesinato a todos los antipáticos, íbamos a estar anchos… El caso es que contra la Vázquez no había ni una sola prueba; como no había ni una sola prueba, los hechos considerados probados por el jurado en cuestión no fueron sino un farfullo de estupideces sin pies ni cabeza en el que el dignísimo órgano colegiado no pudo explicar -porque no lo hubo- el proceso de reflexión que determinó su convencimiento; como los hechos probados eran una mierda de hechos probados -ni hechos, ni probados- el tribunal de casación devolvió los autos a la Audiencia como quien propina un puntapié en el trasero y ordenó repetir el juicio en condiciones. Afortunadamente, cuando el juicio llegó a repetirse, ya había un fulano en prisión acusado del asesinato de Rocío -y de otra muchacha- con diez quintales de pruebas, ADN incluido, sobre sus orejas.

Es muy difícil distanciarse de los propios prejuicios y, además, este distanciamiento es una virtud, o una capacidad, o una habilidad -llámesele como se quiera- sólo al alcance de espíritus muy cultivados, porque solamente con el patrimonio de un vasto conocimiento puede accederse al pensamiento crítico, que es la única forma de poder tomar esa necesaria distancia.

Yo recuerdo a un alférez de la Guardia Civil -raro grado en una escala profesional, por cierto- declarando en televisión como portavoz oficial del Cuerpo, dientes apretados, la ira notoriamente a punto de desbocarse, y explicando con mal disimulada repugnancia cómo Dolores Vázquez era una mujer «fría y calculadora». Pues muy bien, sería una mujer fría y calculadora, pero eso no la convertía en una asesina, cosa a la que estaba claro ya la había condenado el tricornio en cuestión (al que, que se sepa, no le recayó sanción alguna, nos ha jodido el hábil criminólogo).

Son malos tiempos para el distanciamiento, para la reflexión, para el pensamiento crítico. Vivimos épocas de borreguismo, de abotargamiento, de seráfica conformidad mientras nos mantengan lleno el comedero (aunque sea de mierda); tiempos, en fin, de pensamiento único. Y en estas condiciones, la institución del jurado queda puesta en un brete: está claro que hay que modificarla y está claro que la selección de ciudadanos debe ser mucho más ajustada, ya en el propio proceso inicial. Hay que descartar niveles formativos inferiores, por ejemplo; eso es esencial (sobre todo -y no lo digo en coña, aunque sí a sabiendas de su inaplicabilidad- si esos niveles inferiores son de adquisición reciente): ser juzgado por nueve ESO sin piedad ha de ser una pesadilla espantosa. Nueve analfabetos funcionales con mono de iPod decidiendo si le adjudican a un tío unas vacaciones pagadas de treinta años. De película de terror de esas gore… Claro, después no me extraña que se considere que un fulano necesite de cincuenta y siete puñaladas para defenderse legítima y proporcionadamente.

Dura lex sed es para cagarse

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Y hasta aquí esta paella -tardía hoy- de este último jueves de febrero. El próximo jueves será 5 de marzo, entrando ya en el último mes del trimestre y avanzando hacia la primavera, las alergias y la Semana Santa. El invierno se está acabando ya -climátológicamente hablando, parece que ya es historia- y aún menos mal que lo hubo. Ahora ya se avecina el mal tiempo y, con él, la temporada de guiris.

El tocino esté con vosotros, que los barceloneses iremos sobrados.

La botella de vinagre

De la serie: Correo ordinario

Cualquier persona adulta, saludable y normal que no sufra alergias ni padecimientos diversos, puede soportar sin problema alguno una gota de vinagre vertida directamente sobre su lengua; en cambio, dudo que haya mucha gente en el mundo que pueda coger una botella que contenga un litro de vinagre y beberse la mitad de un solo trago. Según se mire es curioso -a fin de cuentas, todo es vinagre y, en la hipótesis, el mismo vinagre- pero ningún distanciamiento con espíritu científico nos puede desviar de la opinión de que lo primero es algo completamente inocuo y lo segundo es una barbaridad que incluso podría tener graves consecuencias para la salud.

Esta historia del vinagre me la ha sugerido la lectura -horrorizada- de la última entrada de la página de la Asociación de Internautas, «¿Tienen ramificaciones el caso Gürtel y la SGAE?». No la leo por primera vez: anoche la estuvimos estudiando cuidadosa y atentamente todos los miembros de la Junta de la AI (creo que no divulgo ningún grave secreto diciéndolo) a la caza de alguna imprecisión, de algún error, de algo que pudiera provocar el toque de generala en el entero colegio de abogados de que la $GAE parece disponer para su exclusivo uso, cosa que no es que nos aterre, pero siempre es una molestia que cabe soslayar si puede hacerse a un precio barato. Y no. Todas las citas han sido comprobadas y, tras algunos ajustes -por si las moscas- y algunos añadidos -todos hemos metido cuchara documental en la cosa- en definitiva, el artículo está impoluto, limpio de polvo y paja calumniante, injuriosa y honorable, en lo civil, en lo penal y hasta en lo militar y lo canónico, al menos en lo que a nosotros respecta: todo lo que se dice está basado -cuando no cuidadosa y puntillosamente reproducido- en contenidos aparecidos en los medios de comunicación o en documentación elevada a instancias administrativas o judiciales por nosotros -la AI- o por terceros.

O sea que podríamos decir que el post no dice nada nuevo. No, podríamos decir, no: realmente no dice nada nuevo. Pero, claro, si vemos la fotografía en primer plano de un pino, vemos un pino; si esa misma fotografía amplía su campo hasta el gran angular y vemos todo el bosque, y la pendiente de la montaña, y la costa al fondo, y el cielo, y las nubes, es verdad que seguimos viendo el pino, el mismo pino, pero, insertado en un conjunto, ese pino, que sigue siendo tal en su individualidad, pasa a ser un elemento en un paisaje con mil detalles, con mil matices y, sobre todo, que constituye un conjunto, un todo unido, más allá del jodido pino.

¿Se entiende mejor ahora lo de la gota de vinagre?

Pues ese es el valor del artículo que comento. Llevamos meses -años, más probablemente- en los que, de cuando en cuando, nos caen gotitas de vinagre. Que si el anestesista (el alcalde de Barcelona, por entonces) le regala a la $GAE el antiguo «Studio 54», y allí tienes la foto con don Teddy, y las sonrisas y los parabienes. Bueno. Unos meses -o semanas- antes o después, que si la $GAE se hace con un palacio acojonante en Boadilla del Monte, palacio que va a destinar -dice- a sede de la Fundación Autor (una institución de las muchas del entramado ese que se trae la sociedad en cuestión). Vale. Tiempo antes o tiempo después, nos dicen que el Ayuntamiento de Valencia (o la Generalitat valenciana, o ambos) le dan a la $GAE el terrenito para que se monte su megatúmulo de no sé qué escuela de música. Joder. Y así, a pequeñas gotitas, va cayendo el vinagre sobre la lengua y lo vamos metabolizando, no tranquilamente, pero con resignación.

Pero, en un momento determinado, metes todas las gotitas en una sola botella. ¡Coño! A ver quién es el guapo que se bebe eso. Y, encima, resulta que en la botella no sólo hay vinagre sino que han ido a parar ahí también algunas gotitas de salsa de tabasco que reflejan caras que aparecen -en no muy buen lugar- en investigaciones judiciales sobre corrupción en gran escala. Y, claro, beberse esto de un trago es como aplicarse un soplete directamente sobre la garganta.

Es muy duro pero, sobre la realidad, está lo conceptual. Esta vez, las gotitas de tabasco no las forman políticos del PSOE -no es que estén, en absoluto, exentos de tabasco, es solamente que ahora no les toca, ya les tocará mañana como ya les tocó en el pasado- sino políticos del PP. Y esto es más grave todavía. No porque sea peor la corrupción en el PP que la que pueda haber en el PSOE, que no es peor, sino porque viendo hasta dónde llega la cosa, los ciudadanos podemos irnos preguntando si tenemos esperanza alguna.

Acusábamos al PSOE -y lo seguiremos haciendo, porque es así- de estar al servicio de la $GAE y de contravenir con ello frontalmente el interés de los ciudadanos; pero resulta -algunos ya lo sospechábamos y yo no me he privado de decirlo reiteradamente- que el PP juega exactamente a lo mismo y que la ilustre Salmones no era la excepción sino la regla. Siempre lo he sospechado, reitero, y siempre lo he dicho: en el todo vale para cascarle al PSOE cuando se está en la oposición, la $GAE y el canon están incluidos; cuando se está en el Gobierno, entonces la Salmones y toda su peña. Recordemos que pese a los notorios empeoramientos introducidos por el PSOE, la maravilla de Ley de Propiedad Intelectual de que gozamos se la debemos a Aznar y, dentro de sus gobiernos, más concretamente al señor Michavila, citado en cuestiones cuando menos poco estéticas en recortes de prensa que reproducimos en nuestro artículo y prolijamente condecorado por la propia $GAE en agradecimiento a los servicios prestados.

La conclusión, respecto a los políticos, cae por su peso y se resume en tres exactas palabras que odian tanto más en cuanto son perfectamente aplicables, reales y ciertas: todos son iguales.

¿Y los ciudadanos? Bueno, pues los ciudadanos a celebrar la festividad del día: San Joderse, que se conmemora todos y cada uno de los trescientos sesenta y cinco días del año, sin que nos hagan siquiera gracia del añadido al bisiesto. Ciudadanos que, por otra parte, no somos totalmente inocentes de lo que nos está pasando en este y en otros muchos temas, por no decir en prácticamente todos; y no somos inocentes porque estamos recibiendo los palos con una pasividad impropia de la acémila más mansa, del cabestro más conforme.

Queridos: no tenemos un problema de tal partido o de tal otro, ya lo veis. Tenemos un problema de sistema. Elegimos en su día -sin mayor opción: esto es lo que hay y o lo tomas tú o lo toman los del sable- una morfología democrática que, no siendo nada buena en sus inicios, con el paso del tiempo se ha ido corrompiendo notoriamente y esto ya es un auténtico orinal en el que la mierda rebosa a bornotones sin perdonar centímetro de borde. En aquella aciaga jornada de hace treinta años, dos meses y diecinueve días, entregamos todo el poder a los partidos políticos. Todo. Los ciudadanos sólo nos quedamos con la patética papeletita en la urna una vez cada cuatro años, pero una papeletita muy controlada, en la que están puestos unos señores que ni se sabe quién ni por qué los ha puesto ahí ni, de hecho, conocemos más allá de los cuatro o cinco primeros de la lista (y eso los que le prestamos alguna atención a la cosa). Lo tienen todo controlado: listas cerradas a piedra y lodo y una regla d’Hondt que garantiza que, salvo cuatro o cinco desgraciados más -ni eso si asumimos que los partidos nacionalistas de desgraciados, nada, al menos en el sentido que lo estoy diciendo-, todo el pastel se lo repartirán entre dos. Y para que no haya quejas ni nadie impugne seriamente el sistema, tenemos ocho mil municipios, cincuenta diputaciones provinciales, no sé cuántos consejos comarcales o similares, quince comunidades autónomas más dos ciudades ídem, y un Estado con tres cuerpos administrativos distintos, que dan para que todos tengan un lugar en el comedero. ¡Ah! Y para los jubilados, está el cementerio de los elefantes del europarlamento. La cantidad de gente arrimada a nuestros impuestos para, encima, cagarse en nuestros anhelos, aspiraciones e intereses se cuenta, como veis, por miles.

Yo, de verdad, no sé qué hacer, qué sugerir. La abstención no sirve (ellos mismos se mean de risa a costa de ella en nuestra barbas: mientras vote alguien, ya les va bien, el caso es repartir); votar a unos en vez de a otros, ya veis, al final, todos sirven al mismo amo. Propuse una vez votar extraparlamentario, que eso sí que podría meterles a estos un cartucho de dinamita en el culo: ni caso. Esto es una humilde bitacorita con media docena de lectores y, en todo caso, todavía hay millones de botarates que se creen que va a cambiar algo según se vote a unos o a otros. Hubo un conato en Catalunya (los tíos estos teledirigidos por Boadella y compañía) que, sí, bueno, en un principio causaron cierta alarma entre los nacionalistas pero, nada, han sido reconducidos al redil: ya que estás aquí, come y calla, hijo mío. Y con la UPyD o como se llame el tinglado de Rosa Díez, también ocasionalmente tentador, nada, en el fondo tampoco es prometedor, un poco de vindicación antinacionalista y para de contar: la foto de Rosa Díez con Teddy Bautista está cantada a poco que hubiera lugar.

Terrorífico. Se diría que no nos queda la menor esperanza. Se diría que -ante todo, por nuestra propia culpa- estamos absolutamente feudalizados a merced de quienes mueven los hilos de todo el sistema.

No me he ido por las ramas. Todo es así. Todo funciona así. El único servicio que nos presta la $GAE -muy a su pesar- es que gracias a ella podemos escenificar el abandono, la burla y la traición a que somos sometidos todos y sistemáticamente.

Ahí nos las han dado todas.

La camorra está en España

De la serie: Correo ordinario

En la paella del jueves pasado comentaba, así de pasada, mi ocasional ramalazo liberal que atribuía a algún gen incontrolado procedente de un ignoto tatarabuelo de vida inconfesable. Ahora empiezo a estar preocupado y no sé si hacérmelo mirar, porque acabo de leer en «Libertad Digital» el artículo de Borja Prieto «Paquetes estimulantes» y lo suscribo de pe a pa. ¿Es grave doctor? O quizá sería el propio director de «Libertad Digital» el que tendría que ir al médico cuando se diera cuenta que este artículo de Borja Prieto lo suscribirían hasta los de «V de Vivienda» que ahora andan precisamente por estos mismos parámetros: que no se premie a los estáfadores sacándoles del pozo.

¿Qué pasa? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿El mundo al revés? O, por el contrario… ¿no será más bien que la razón es más fuerte que las posiciones ideológicas y que las etiquetas y ello es lo que da lugar a tan llamativas concordancias desde posiciones políticas y económicas a priorino sólo alejadas sino diametralmente opuestas?

Los ciudadanos vemos indignados cómo se echa dinero a chorros sobre los culpables de la crisis, mientras el paro crece bestialmente y mientras la morosidad hipotecaria se desboca. Se desboca, ojo, en un país donde el crédito hipotecario no se extingue con la simple pérdida del bien inmobiliario que lo sustenta, porque si éste es insuficiente para cubrirlo (y un hatajo de cerdos denominado subasteros ya se cuida de que sea muy insuficiente), el crédito permanece sudando, inagotable, intereses de demora verdaderamente leoninos y cafres. Criminales, para ser exactos.

Comprendemos, pese a todo, que las consecuencias de que el sistema financiero se hunda serían aún peores, de modo que admitimos a regañadientes estas enormes transferencias de capital. Lo que nos preguntamos es, en primer lugar, si a la postre eso va a ser suficiente para salvar al sistema y, en segundo lugar, si la voracidad del sistema va a tener nunca suficiente y lo de la salvación del mismo no va a ser más que un pretexto para seguir tragando.

Lo que ya es el colmo es que el sistema financiero trague sin parar enormes volúmenes de dinero público, insaciable, bulímico, sin que dé nada a cambio. Es decir, como sabemos todos, el grifo del crédito está totalmente cerrado. Y por ahí es por donde se duele Borja Prieto y por donde nos dolemos todos: el arranque de la economía productiva es la única esperanza para esta crisis y la economía productiva está hoy mucho menos en la industria fabril, en las fábricas que echan humo, que se han ido casi todas a los países emergentes asiáticos, que en la producción de tecnologías punta y, concretamente, en las de información y comunicación.

En este último caso tenemos en la línea de salida verdaderos montones de microempresas creadas por entre dos y seis muchachos, recién salidos de la Universidad, con un nivel formativo sólido, con un proyecto de empresa bien definido y viable y con un producto de tecnología avanzada y de altísimo valor añadido, capaces tanto de generar ámbitos propios de negocio como de proveer a grandes empresas del sector. Y con una capacidad de reproducción de aquí te espero. Es, precisamente, el tipo de producto que hace falta en este país, roído hasta su misma podredumbre por el pelotazo analfabeto del ladrillo y del turismo, la España de charanga y pandereta en versión siglo XXI. Pues bien: estos jóvenes cachorros de león sólo carecen de una cosa: capital para empezar. Son prometedores, son rentables, son necesarios, necesarios para dinamizar la economía y necesarios para desarrollar de una puta vez a este asco de país y poderlo llamar, apropiadamente, europeo. Pero se topan con el sinvergüenza del banco que, además de estar recapitalizándose con sumas bestiales de carísimo dinero público, se niega a soltarlo a beneficio de la reactivación. Tras haber tragado alegremente -y a sabiendas- con avales cruzados con cuyo apoyo han soltado inmensos volumenes dinerarios creando -y queriendo aprovechar- un efecto «bola de nieve» sin consistencia y sin verdadero contenido que, claro, acabó explotando, se niegan ahora a aceptar la solvencia poco material pero económicamente importante de proyectos de empresa muy necesarios. La linea de salida, pues, permanece taponada para estas jovencísimas empresas.

Y hoy mismo Solbes habla de intervenir entidades financieras. Manda huevos… Y ayer, el FMI avisaba de una posible recrecida de la crisis.

No me extraña lo de la recrecida, porque estamos ante una doble estafa: el primer tramo, el que acabamos de vivir, en el que hemos visto cómo unos cuantos sinvergüenzas han hecho desaparecer cantidades alucinantes de dinero que han invertido en humo, en verdadero humo; el segundo tramo, el de regalar dinero público a estos animales solamente para sostener un sistema financiero que ya hemos visto lo bien que funciona. Y vuelvo a lo de antes: estamos viendo cómo se les entrega un premio por estafadores, pero este premio -cuantioso, sustanciosísimo- se les paga en dinero público que generará un déficit público brutal que habrá que enjuagar -y a no mucho tardar- con una restricción de prestaciones sociales y de obras y servicios públicos. Una estafa global de dimensiones históricas, sin duda alguna.

Como única compensación -si así puede decirse-, teníamos la posiblidad de hacer buena la versión china de la palabra «crisis» -traducción ya pedante a fuer de repetida- en el sentido de «oportunidad». En esta España cutre y calcetinesca, imperio de timadores, colipoterras y titiriteros, la vieja industria se hunde, pero podría dejar paso a una floreciente modernidad de alta tecnología que podría sacarnos de la mugre y del hedor a vómito de vino malo.

No ha lugar. El banquero dijo «no». Punto redondo.

Web 2.0

De la serie: Correo ordinario

Con esto de las denominaciones, las etiquetas y demás, guardo un sano escepticismo, y más cuando hablamos de alguna denominación de algo de la red. Y ese escepticismo afecta tanto a usos partidarios como detractores, porque, al final, todo acaba siendo una cuestión de modas, de estéticas… de poses, en definitiva, más que de expresiones de clarificación.

Es un poco lo que pasa con la llamada web 2.0. Tan pronto está en boca de todo el mundo por ser -presuntamente- el no va más, como por ser -no menos presuntamente- puro humo; pero en ambas posturas hay un 80 por 100 de desconocimiento y en la mitad de lo restante, un simple y puro deseo de llamar la atención.

En todo caso, me llama la atención tanto eso de usar una especie de marca a guisa de algo sagrado como lo de denostarla simplemente porque se usa mucho y no siempre -o casi nunca, según- al particular gusto del crítico. Me llama la atención, pero no me sorprende. Voy yendo a diversos pequeños acontecimientos de interés -de interés para mí- tipo jornadas, presentaciones, conferencias y demás, y veo diversos tipos de gente: pequeños empresarios que buscan un nicho desesperadamente, gente más o menos geek que busca un poco de información bebiendo de fuente directa por razón profesional o de activismo (suele ser mi caso), unos pocos entendidos que aspiran a serlo más o a buscarle agujeros a la cosa, bien para fastidiar al ponente, bien para demostrar lo muy entendidos que son, y un indeterminado pero patente número de botarates con gomina y corbata que, aparte de la contactología y de la perentoria necesidad de ser vistos en todas partes, buscan afanosamente acopiar argot (no conceptos: argot, palabros con los que ir epatando por ahí, aún cuando ni entiendan lo que significan ni vayan a ser entendidos cuando los larguen). La guerra suele estar en estos dos últimos grupos.

Esta guerra afecta recurrentemente al concepto o denominación -llámalo como quieras- web 2.0. De pronto, todo el mundo empieza a hablar de la web 2.0 y uno va por ahí constatando, con una disimulada sonrisa bajo el bigote, que la mayoría de los que la usan no sabe -ni, consecuentemente, sabe explicar- qué coño es esto. Pero lo usan con una alegría pródiga en meteduras de pata que les suelen importar un pito porque en un mar de gilipollas una metedura de pata es como echarle una hojita de papel de fumar a la caldera de una central térmica. Eso cabrea a los entendidos y, sobre todo, a los entendidos con notorias ganas de que se sepa que lo son, los cuales se dedican a desactivar la cantinela de los encorbatados, ignorantes de que a los encorbatados les importa tres pimientos riojanos que les desactiven la cantinela, porque con tal de que el discurso parezca salido directamente de un MBA, les importa un ardite todo lo demás.

Entonces, te encuentras por una parte con empresas que te dicen -así, sin anestesia ni nada- que se van a integrar en los sistemas web 2.0 o políticos que (tarde y mal, como siempre) oyen campanas y también se van a meter en lo de la web 2.0. Unos y otros la cagan soberanamente, claro, porque, además, suelen creer que eso de la web 2.0 se resume y simplifica en tener una bitácora. Y hala, a hacer una bitácora. Que no hacen una bitácora, sino que se la hace el conjunto de la organización: se contrata a una empresa para que diseñe la página, a otra para que la administre y a un tío que tenga una poca de traza escribiendo para eso, para que la escriba. Y ya estamos en la web 2.0, qué guay, tú…

Meses -o algún año que otro más tarde- empiezan a salir listos -que, hay que reconocerlo, también lo son en sentido literal- que se ríen y se carcajean de la web 2.0 porque ahora lo que hace listo y conocedor y enterao es decir que esto de la web 2.0 es una patochada que no significa nada. Lo mismo que lo de ciscarse en las redes sociales: ayer todo el mundo -todo el mundo geek– meando colonia por estar en una red social -¿no sabes lo que es una red social, desgraciado, triste y vulgar enano, cutre usuario de productos Micro$oft?- y para muchos de esos mismos, hoy, estar en una red social es como escuchar al Fary comiendo una hamburgueeecs de MacDonald’s: una vulgaridad, una horterada de la que están lejos los selectos, los usuarios de Mac o de Linux, la gente que de verdad está en el ajo, con plaza en propiedad en la alta e inaccesible torre de la Sabiduría Indiscutible De La De Verdad.

La web 2.0 existe. O lo que se ha dado en llamar web 2.0. Si a alguno no le gusta que se llame así, que la llamen de otra manera, a mí no me importa, pero lo que interesa de cada cosa, ya lo decía Aristóteles, es su naturaleza, lo que le es intrínseco. Para mí -con perdón a los de las altas torres- la web 2.0 es la irrupción del ciudadano en red como elemento activo, como productor, como agente dinamizador. Que no todo es lo mismo. No estamos en la web 2.0 los que tenemos bitácora (bitácora de verdad, no como las que se hacen fabricar empresarios y políticos) sino todos aquellos que, con su pequeño o grande impulso individual marcan una tendencia colectiva. «Menéame», por poner el primer ejemplo que me viene a la cabeza, es un clarísimo reflejo de eso: a través de contenidos de terceros, pillados aquí y allí, la gente va diciendo la suya y creando corrientes de opinión del mismo modo que las hormiguitas crean caravanas de transporte de alimentos sobre el terreno. Por supuesto, los de las altas torres sueltan sapos y culebras contra Menéame: que si está manipulado, que si hay una élite que lo controla todo, que permite lo que quiere y que impide lo que le da la gana y que tiene el karma más bajo control que Teddy Bautista a la $GAE. Y no es que no sea verdad -cuando menos en parte y cuando menos de vez en cuando-, pero se les escapa un líquido viscoso de color amarillo tiña por la comisura de los labios sin que puedan evitarlo. El problema de la democracia es su igualitarismo tanquam tabula rasa que jode mucho -con su razón- a los selectos; el problema de que no haya democracia, en cambio, es que a los selectos los designan cuatro sinvergüenzas, y los demás a callar.

He mencionado a «Menéame» como un ejemplo, pero hay más; y más que páginas concretas son fenomenologías generales: los comentarios en las bitácoras y en los medios en red, los diversos sistemas de votación de contenidos (por votación propiamente o por volumen de participación en ellos…), etc. Pero hay un ejemplo arquetípico, indiscutible de lo que es un auténtico, verdadero y genuino producto de web 2.0: la inquina generalizada -que incluso ha trascendido de la red- contra la $GAE como icono de las entidades de gestión de derechos peseteros de autor. Ese es un clarísimo ejemplo, una muestra de qué es y de cómo funciona esto. Hispalinux, Asociacion de Internautas, FFII y algunos más, no muchos, podrán –podremos, en la modesta medida en que yo he participado- fardar de haber desatado el fenómeno (el fenómeno concreto anti$GAE), pero lo cierto es que en el entorno antiguo de -por seguir el curso de la denominación- la web 1.0 en la que unos pocos emitían y los demás, la inmensa mayoría, nos limitábamos a recibir, tal oleada de desprecio generalizado -rayano en la unanimidad, puede decirse sin exagerar demasiado- hubiera sido ya no imposible sino inconcebible.

Pero si en vez de web 1.0 los de las altas torres prefieren decir (se lo propongo para que puedan cagar a gusto y que se les vaya ese estreñimiento) «flujo masivo de información red > usuario» o definir la web 2.0 «flujo masivo de información usuario > red» o, aún mejor, a beneficio de los idiotas de la gomina, «flujo retroalimentativo usuario > red > usuario», pues, por mí, cojonudo. También pueden llamarle Pepito versión 0.1.67, que queda más linuxero y más ininteligible para los pobres legos. Da igual cómo le llamen: la cuestión es que se entienda y que se sepa que eso es lo que hay: una red si no creada sí, al menos, recrecida por la aportación colectiva, por la aportación general, por la aportación ciudadana. Por millones de modestísimas pero imprescindibles aportaciones.

Ahora, lo que me queda por hacer es seguir yendo a presentaciones, jornadas y conferencias, a ver si me entero de qué es eso que se está dando en llamar web 3.0, porque os juro por mis hijas y por su santa madre que no tengo ni puta idea de lo que significa.

Y eso que uso Linux.

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