El río revuelto

De la serie: Correo ordinario

Una de las características más acusadas de los gobiernos de Zap I «El Prorrogao» es su obsesiva dependencia de las encuestas de opinión. Todos los gobiernos de cualquier partido las tienen muy en cuenta, evidentemente, pero cuando un gobierno tiene un programa claro y cierto de legislatura, de las encuestas de opinión les preocupa más que nada la tendencia, muy por encima de los resultados de un momento puntual, al que puede favorecer el viento a favor o perjudicar el viento en contra, pero tomado siempe como algo transitorio, un poco al estilo Kipling cuando en su If recomendaba no creerse nunca los éxitos ni los fracasos.

Lo que le ocurre a Zap es que sus dos legislaturas le han pillado a contrapié. La primera, porque no se la esperaba. Tantas veces lo habré dicho (como decenas y decenas de articulistas lo han dicho): en el 2004, estaba cantado y bailado que vencía la derecha, el PP -con la única incertidumbre de la mayoría absoluta-, pero la inaudita e indignante torpeza y la mala fe con que Aznar y su camarilla gestionaron el 11-M dieron un vuelco a las previsiones y ahí fue a dar Zap en la Moncloa, preguntándose qué hacía un chico como él en un sitio como ese, y llevando en el bolsillo un programa pensado para llevar adelante una cómoda oposición, convertido en ese momento en una incómoda sarta de estúpidas promesas imposibles. Y en la segunda, porque, además de que su victoria no fue, ni mucho menos, lo amplia que él esperaba -o, al menos, deseaba-, se le cayó encima de golpe y porrazo, de improviso -lo cual habla de él aún peor- una crisis económica de caballo que le pilla, además, con un equipo muy negligente en esa materia y con su único miembro válido, Solbes, más quemado que las pistolas de John Wayne en el tercer rollo de la peli.

Por lo tanto -y con eso reemprendemos el hilo inicial- falto de un verdadero programa de gobierno bien articulado, Zap y su triste equipo van dando palos de ciego inclinándose claramente hacia el populismo, que es hacia donde creen que estará la piñata. Por tanto, cada vez que dan un paso, incapaz de prever su resultado en términos populistas, necesitan recurrir constantemente al globo sonda.

Pero hay casos aún más complicados: ¿qué sucede cuando la ciudadanía tira clara y ostensiblemente hacia un lado y una ínfima minoría poderosa que manda mucho y nadie sabe cómo ni por qué tira hacia el otro? Que Zap se encuentra pillado entre dos populismos: entre el de ceder a la exigencia de los ciudadanos o doblar la testuz ante esa minoría que -como única explicación más o menos racional para tanto sometimiento- ostenta un poder mediático importante. Y entonces todo se vuelve confusión, subir un escalón y bajar tres o bajar dos y subir cinco; pero siempre a vueltas con la escalera sin terminar nunca de resolver, sin llegar nunca al descansillo.

En las últimas semanas hemos tenido un ejemplo. Por un lado, Teddy Bautista y el resto del gremio, asegurando, de la manita del ministro de la $GAE, Molina, que ya está prácticamente cerrado el acuerdo con las telecos (que son, a la vez, los mayores ISP del país) para ponerle la gran barrera al P2P, aunque no se sabe en qué consistirá exactamente la barrera, si en cortar el suministro a la víctima, en ralentizárselo solamente o en fusilarlo al amanecer. El ministerio de Industria, lo niega: no, aquí no hay acuerdo alguno ni inminente ni nada, aquí se está hablando y nada más. ¡Ah, se está hablando…! Preguntamos a las telecos: ¿se está hablando? Y las telecos contestan que patatas traigo. Pero, telecos aparte, la lógica diría que en un gobierno debe haber una acción uniforme, coherente y unidireccional ¿no? Pero parece que la lógica, en todo este asunto, no existe.

En medio de toda esa martingala, éramos pocos y parió la abuela (y quizá nunca mejor dicho): un eurodiputado con la edad de jubilación ampliamente rebasada, en vez de irse de bureo en los autocares del IMSERSO, que es lo que toca a sus años, y ponerse ciego de carne de tercera (no de ternera) a la jardinera, vino peleón y Soberano con el café, que es cosa de hombres, se pone a redactar un informe, un informe que versa sobre la armonización de determinados aspectos del copyright y otros derechos afines en la Sociedad de la Información. Un informe cuyo contenido produce vergüenza ajena, a falta, al parecer, de la propia. Un informe que a estas alturas de la película propone, sin despeinarse ni nada, medidas como «el esquema 3 avisos» (o método Sarkozy), el filtrado de contenidos en Internet para identificación y conocimiento (sic), la responsabilización de los proveedores sobre el contenido que publiquen sus usuarios y la supresión total y absoluta de las excepciones al copyright (una excepción al copyright sería, por ejemplo -por no único ejemplo- el derecho a la copia privada).

Posteriormente, el informe es aparcado -cuando menos, provisionalmente- y muchos de los que votan por el estacionamiento proceden de las filas del tal elemento. No hay adjetivos en el diccionario para calificar esta situación.

Y como colofón, como guinda que, eso sí, no interviene en la receta principal, resulta que en Gran Bretaña, uno de los más furibundos países partidarios del copyright en su versión más dura, deciden abandonar la idea de desconectar de la red a los usuarios P2P debido a las dificultades legales que ello comporta. No se hace mención a las dificultades técnicas -de esas nunca se habla- que son de caballo.

¿Puede estar buscada de propósito por el Gobierno español esta ceremonia de la confusión? Podría ser. No lo hago tan inteligente, pero ahí está el enemigo -el nuestro, el de la ciudadanía- asesorándole puntual, prolija y estrechamente y entre el enemigo sí que hay astucia. O sea que cabe temer lo peor y pensar que tras la imagen de un Zap balbuceante y de un Gobierno que parece la «13, rue del Percebe», puede esconderse la sólida planificación de la pandilla del Teddy. De hecho, no somos pocos los que vivimos convencidos de que todo el año 2009 va a ser así, a la espera de que en el 2010, con la presidencia de la UE, el apropiacionismo intente el asalto final. Pero ello sin perjuicio de que si nos la puede meter doblada por el camino, no vacilará.

O sea que, sin bajar la guardia en ningún momento, sin mirar para otro lado ni siquiera un segundo, por si las moscas, debemos estar preparados para el 2010. Y debemos estar preparados en dos ámbitos: primero, reforzar la resistencia en España, que ya va siendo fuerte, pero que debe serlo más aún; segundo, ayudar en los partos que ya se van produciendo al respecto en la sociedad civil europea, porque aunque sea Zapatero el que nos sodomice, las almorranas se le van a romper a toda la ciudadanía europea.

Y, en resumidas cuentas, el 2010 promete una gran batalla, pero no creo que sea la definitiva, no creo que sea el Armagedón bíblico: si el apropiacionismo no cubre objetivos, volverá a la carga, será incansable hasta que constate que la realidad es inalterable, hasta que sus fuerzas queden exhaustas o hasta que una convulsión interna le dé la vuelta a la tortilla y haga posible, nuevamente, el entendimiento entre los ciudadanos y los artistas (los de verdad, quiero decir…). Pero, por otra parte, si el apropiacionismo gana la batalla… bueno, habrá leyes que dispondrán muchísimas cosas feas pero… ¿podrán llevarse a efecto en la realidad? Hay muchos que opinan que no, que la red tiene recursos y cintura sobrados para soslayar lo que le echen, y esto ha sido así incluso en los tremendos Estados Unidos y su pavorosa RIAA. Por no hablar de mi pronóstico de que, aunque consiguieran detener el P2P no volverían a ver, ni muchísimo menos, aquellos negociazos que tanto añoran y con cuyo retorno sueñan. El hábito de pagar por contenidos en lata ha desparecido del orbe tecnificado; sobre todo cuando los contenidos son de una calidad bajísima y el precio que se exige por ellos es exorbitante.

El pragmatismo británico anda barruntando el canon sobre las conexiones a la red. Veremos cómo se asume esto en su país: aquí no queremos saber nada de cánones y, sobre todo, no queremos ni oir hablar de su recaudación y de su gestión privadas. Los tenemos así ahora mismo, ya lo sé, pero el precio que la $GAE y compañía han pagado, están pagando y, sobre todo, van a pagar en el futuro por ello es altísimo. El sector pragmático de los ámbitos de creación tendrán que buscarse otros modos de ganar dinero. Y los hay: muchos, ya los han encontrado. Los han encontrado, eso sí, abandonando los clásicos y esclerotizados circuitos pensados a beneficio de una industria decadente, obsoleta y moribunda.

El autor, el autor de verdad, siempre saldrá adelante de un modo u otro.

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