Web 2.0

De la serie: Correo ordinario

Con esto de las denominaciones, las etiquetas y demás, guardo un sano escepticismo, y más cuando hablamos de alguna denominación de algo de la red. Y ese escepticismo afecta tanto a usos partidarios como detractores, porque, al final, todo acaba siendo una cuestión de modas, de estéticas… de poses, en definitiva, más que de expresiones de clarificación.

Es un poco lo que pasa con la llamada web 2.0. Tan pronto está en boca de todo el mundo por ser -presuntamente- el no va más, como por ser -no menos presuntamente- puro humo; pero en ambas posturas hay un 80 por 100 de desconocimiento y en la mitad de lo restante, un simple y puro deseo de llamar la atención.

En todo caso, me llama la atención tanto eso de usar una especie de marca a guisa de algo sagrado como lo de denostarla simplemente porque se usa mucho y no siempre -o casi nunca, según- al particular gusto del crítico. Me llama la atención, pero no me sorprende. Voy yendo a diversos pequeños acontecimientos de interés -de interés para mí- tipo jornadas, presentaciones, conferencias y demás, y veo diversos tipos de gente: pequeños empresarios que buscan un nicho desesperadamente, gente más o menos geek que busca un poco de información bebiendo de fuente directa por razón profesional o de activismo (suele ser mi caso), unos pocos entendidos que aspiran a serlo más o a buscarle agujeros a la cosa, bien para fastidiar al ponente, bien para demostrar lo muy entendidos que son, y un indeterminado pero patente número de botarates con gomina y corbata que, aparte de la contactología y de la perentoria necesidad de ser vistos en todas partes, buscan afanosamente acopiar argot (no conceptos: argot, palabros con los que ir epatando por ahí, aún cuando ni entiendan lo que significan ni vayan a ser entendidos cuando los larguen). La guerra suele estar en estos dos últimos grupos.

Esta guerra afecta recurrentemente al concepto o denominación -llámalo como quieras- web 2.0. De pronto, todo el mundo empieza a hablar de la web 2.0 y uno va por ahí constatando, con una disimulada sonrisa bajo el bigote, que la mayoría de los que la usan no sabe -ni, consecuentemente, sabe explicar- qué coño es esto. Pero lo usan con una alegría pródiga en meteduras de pata que les suelen importar un pito porque en un mar de gilipollas una metedura de pata es como echarle una hojita de papel de fumar a la caldera de una central térmica. Eso cabrea a los entendidos y, sobre todo, a los entendidos con notorias ganas de que se sepa que lo son, los cuales se dedican a desactivar la cantinela de los encorbatados, ignorantes de que a los encorbatados les importa tres pimientos riojanos que les desactiven la cantinela, porque con tal de que el discurso parezca salido directamente de un MBA, les importa un ardite todo lo demás.

Entonces, te encuentras por una parte con empresas que te dicen -así, sin anestesia ni nada- que se van a integrar en los sistemas web 2.0 o políticos que (tarde y mal, como siempre) oyen campanas y también se van a meter en lo de la web 2.0. Unos y otros la cagan soberanamente, claro, porque, además, suelen creer que eso de la web 2.0 se resume y simplifica en tener una bitácora. Y hala, a hacer una bitácora. Que no hacen una bitácora, sino que se la hace el conjunto de la organización: se contrata a una empresa para que diseñe la página, a otra para que la administre y a un tío que tenga una poca de traza escribiendo para eso, para que la escriba. Y ya estamos en la web 2.0, qué guay, tú…

Meses -o algún año que otro más tarde- empiezan a salir listos -que, hay que reconocerlo, también lo son en sentido literal- que se ríen y se carcajean de la web 2.0 porque ahora lo que hace listo y conocedor y enterao es decir que esto de la web 2.0 es una patochada que no significa nada. Lo mismo que lo de ciscarse en las redes sociales: ayer todo el mundo -todo el mundo geek– meando colonia por estar en una red social -¿no sabes lo que es una red social, desgraciado, triste y vulgar enano, cutre usuario de productos Micro$oft?- y para muchos de esos mismos, hoy, estar en una red social es como escuchar al Fary comiendo una hamburgueeecs de MacDonald’s: una vulgaridad, una horterada de la que están lejos los selectos, los usuarios de Mac o de Linux, la gente que de verdad está en el ajo, con plaza en propiedad en la alta e inaccesible torre de la Sabiduría Indiscutible De La De Verdad.

La web 2.0 existe. O lo que se ha dado en llamar web 2.0. Si a alguno no le gusta que se llame así, que la llamen de otra manera, a mí no me importa, pero lo que interesa de cada cosa, ya lo decía Aristóteles, es su naturaleza, lo que le es intrínseco. Para mí -con perdón a los de las altas torres- la web 2.0 es la irrupción del ciudadano en red como elemento activo, como productor, como agente dinamizador. Que no todo es lo mismo. No estamos en la web 2.0 los que tenemos bitácora (bitácora de verdad, no como las que se hacen fabricar empresarios y políticos) sino todos aquellos que, con su pequeño o grande impulso individual marcan una tendencia colectiva. «Menéame», por poner el primer ejemplo que me viene a la cabeza, es un clarísimo reflejo de eso: a través de contenidos de terceros, pillados aquí y allí, la gente va diciendo la suya y creando corrientes de opinión del mismo modo que las hormiguitas crean caravanas de transporte de alimentos sobre el terreno. Por supuesto, los de las altas torres sueltan sapos y culebras contra Menéame: que si está manipulado, que si hay una élite que lo controla todo, que permite lo que quiere y que impide lo que le da la gana y que tiene el karma más bajo control que Teddy Bautista a la $GAE. Y no es que no sea verdad -cuando menos en parte y cuando menos de vez en cuando-, pero se les escapa un líquido viscoso de color amarillo tiña por la comisura de los labios sin que puedan evitarlo. El problema de la democracia es su igualitarismo tanquam tabula rasa que jode mucho -con su razón- a los selectos; el problema de que no haya democracia, en cambio, es que a los selectos los designan cuatro sinvergüenzas, y los demás a callar.

He mencionado a «Menéame» como un ejemplo, pero hay más; y más que páginas concretas son fenomenologías generales: los comentarios en las bitácoras y en los medios en red, los diversos sistemas de votación de contenidos (por votación propiamente o por volumen de participación en ellos…), etc. Pero hay un ejemplo arquetípico, indiscutible de lo que es un auténtico, verdadero y genuino producto de web 2.0: la inquina generalizada -que incluso ha trascendido de la red- contra la $GAE como icono de las entidades de gestión de derechos peseteros de autor. Ese es un clarísimo ejemplo, una muestra de qué es y de cómo funciona esto. Hispalinux, Asociacion de Internautas, FFII y algunos más, no muchos, podrán –podremos, en la modesta medida en que yo he participado- fardar de haber desatado el fenómeno (el fenómeno concreto anti$GAE), pero lo cierto es que en el entorno antiguo de -por seguir el curso de la denominación- la web 1.0 en la que unos pocos emitían y los demás, la inmensa mayoría, nos limitábamos a recibir, tal oleada de desprecio generalizado -rayano en la unanimidad, puede decirse sin exagerar demasiado- hubiera sido ya no imposible sino inconcebible.

Pero si en vez de web 1.0 los de las altas torres prefieren decir (se lo propongo para que puedan cagar a gusto y que se les vaya ese estreñimiento) «flujo masivo de información red > usuario» o definir la web 2.0 «flujo masivo de información usuario > red» o, aún mejor, a beneficio de los idiotas de la gomina, «flujo retroalimentativo usuario > red > usuario», pues, por mí, cojonudo. También pueden llamarle Pepito versión 0.1.67, que queda más linuxero y más ininteligible para los pobres legos. Da igual cómo le llamen: la cuestión es que se entienda y que se sepa que eso es lo que hay: una red si no creada sí, al menos, recrecida por la aportación colectiva, por la aportación general, por la aportación ciudadana. Por millones de modestísimas pero imprescindibles aportaciones.

Ahora, lo que me queda por hacer es seguir yendo a presentaciones, jornadas y conferencias, a ver si me entero de qué es eso que se está dando en llamar web 3.0, porque os juro por mis hijas y por su santa madre que no tengo ni puta idea de lo que significa.

Y eso que uso Linux.

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