La camorra está en España

De la serie: Correo ordinario

En la paella del jueves pasado comentaba, así de pasada, mi ocasional ramalazo liberal que atribuía a algún gen incontrolado procedente de un ignoto tatarabuelo de vida inconfesable. Ahora empiezo a estar preocupado y no sé si hacérmelo mirar, porque acabo de leer en «Libertad Digital» el artículo de Borja Prieto «Paquetes estimulantes» y lo suscribo de pe a pa. ¿Es grave doctor? O quizá sería el propio director de «Libertad Digital» el que tendría que ir al médico cuando se diera cuenta que este artículo de Borja Prieto lo suscribirían hasta los de «V de Vivienda» que ahora andan precisamente por estos mismos parámetros: que no se premie a los estáfadores sacándoles del pozo.

¿Qué pasa? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿El mundo al revés? O, por el contrario… ¿no será más bien que la razón es más fuerte que las posiciones ideológicas y que las etiquetas y ello es lo que da lugar a tan llamativas concordancias desde posiciones políticas y económicas a priorino sólo alejadas sino diametralmente opuestas?

Los ciudadanos vemos indignados cómo se echa dinero a chorros sobre los culpables de la crisis, mientras el paro crece bestialmente y mientras la morosidad hipotecaria se desboca. Se desboca, ojo, en un país donde el crédito hipotecario no se extingue con la simple pérdida del bien inmobiliario que lo sustenta, porque si éste es insuficiente para cubrirlo (y un hatajo de cerdos denominado subasteros ya se cuida de que sea muy insuficiente), el crédito permanece sudando, inagotable, intereses de demora verdaderamente leoninos y cafres. Criminales, para ser exactos.

Comprendemos, pese a todo, que las consecuencias de que el sistema financiero se hunda serían aún peores, de modo que admitimos a regañadientes estas enormes transferencias de capital. Lo que nos preguntamos es, en primer lugar, si a la postre eso va a ser suficiente para salvar al sistema y, en segundo lugar, si la voracidad del sistema va a tener nunca suficiente y lo de la salvación del mismo no va a ser más que un pretexto para seguir tragando.

Lo que ya es el colmo es que el sistema financiero trague sin parar enormes volúmenes de dinero público, insaciable, bulímico, sin que dé nada a cambio. Es decir, como sabemos todos, el grifo del crédito está totalmente cerrado. Y por ahí es por donde se duele Borja Prieto y por donde nos dolemos todos: el arranque de la economía productiva es la única esperanza para esta crisis y la economía productiva está hoy mucho menos en la industria fabril, en las fábricas que echan humo, que se han ido casi todas a los países emergentes asiáticos, que en la producción de tecnologías punta y, concretamente, en las de información y comunicación.

En este último caso tenemos en la línea de salida verdaderos montones de microempresas creadas por entre dos y seis muchachos, recién salidos de la Universidad, con un nivel formativo sólido, con un proyecto de empresa bien definido y viable y con un producto de tecnología avanzada y de altísimo valor añadido, capaces tanto de generar ámbitos propios de negocio como de proveer a grandes empresas del sector. Y con una capacidad de reproducción de aquí te espero. Es, precisamente, el tipo de producto que hace falta en este país, roído hasta su misma podredumbre por el pelotazo analfabeto del ladrillo y del turismo, la España de charanga y pandereta en versión siglo XXI. Pues bien: estos jóvenes cachorros de león sólo carecen de una cosa: capital para empezar. Son prometedores, son rentables, son necesarios, necesarios para dinamizar la economía y necesarios para desarrollar de una puta vez a este asco de país y poderlo llamar, apropiadamente, europeo. Pero se topan con el sinvergüenza del banco que, además de estar recapitalizándose con sumas bestiales de carísimo dinero público, se niega a soltarlo a beneficio de la reactivación. Tras haber tragado alegremente -y a sabiendas- con avales cruzados con cuyo apoyo han soltado inmensos volumenes dinerarios creando -y queriendo aprovechar- un efecto «bola de nieve» sin consistencia y sin verdadero contenido que, claro, acabó explotando, se niegan ahora a aceptar la solvencia poco material pero económicamente importante de proyectos de empresa muy necesarios. La linea de salida, pues, permanece taponada para estas jovencísimas empresas.

Y hoy mismo Solbes habla de intervenir entidades financieras. Manda huevos… Y ayer, el FMI avisaba de una posible recrecida de la crisis.

No me extraña lo de la recrecida, porque estamos ante una doble estafa: el primer tramo, el que acabamos de vivir, en el que hemos visto cómo unos cuantos sinvergüenzas han hecho desaparecer cantidades alucinantes de dinero que han invertido en humo, en verdadero humo; el segundo tramo, el de regalar dinero público a estos animales solamente para sostener un sistema financiero que ya hemos visto lo bien que funciona. Y vuelvo a lo de antes: estamos viendo cómo se les entrega un premio por estafadores, pero este premio -cuantioso, sustanciosísimo- se les paga en dinero público que generará un déficit público brutal que habrá que enjuagar -y a no mucho tardar- con una restricción de prestaciones sociales y de obras y servicios públicos. Una estafa global de dimensiones históricas, sin duda alguna.

Como única compensación -si así puede decirse-, teníamos la posiblidad de hacer buena la versión china de la palabra «crisis» -traducción ya pedante a fuer de repetida- en el sentido de «oportunidad». En esta España cutre y calcetinesca, imperio de timadores, colipoterras y titiriteros, la vieja industria se hunde, pero podría dejar paso a una floreciente modernidad de alta tecnología que podría sacarnos de la mugre y del hedor a vómito de vino malo.

No ha lugar. El banquero dijo «no». Punto redondo.

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Comentarios

  • Jordi  On 25/02/2009 at .

    Dentro de unos años lo que estamos viviendo se estudiará como una de las mayores estafas de la Historia. Nos están tomando el pelo y esquilmando a la vez.

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