Mercado, esfumado y jurado

De la serie. Los jueves, paella

Anteayer fue a la oficina a visitarme un antiguo compañero y actual amigo y me comentó que su padre, autónomo, estaba preocupado porque toda su vida laboral había ahorrado en un fondo de pensiones -la pensión de jubilación de la Seguridad Social para los autónomos es muy exigua- que ahora no iba nada bien. No es que fuera un fondo de pensiones de especial riesgo, es que todos los fondos de pensiones han frenado su rentabilidad en seco y algunos andarán cerca de ver erosionarse el propio capital, ya no sólo los beneficios. Explicaba no hace mucho que yo tengo uno de la Caixa que me pilló lo que hoy serían 300 euros antes de que me diera cuenta de que eso es un timo; la última liquidación me dice que el rendimiento acumulado del fastuoso fondo, en los no sé si son siete u ocho años que lo tengo, anda en el 0,9% (y bajando, por supuesto). Por cierto que no recuerdo que nunca haya pasado del 4 o del 5 por 100 (siempre en términos acumulativos). Dadas por perdidas las ex-cincuenta mil, siempre me río con mi mujer diciéndole que, al menos, el día que me jubile -y que pueda disponer del fondo- podremos celebrarlo con una buena cena; ahora me empiezo a preguntar si, contando para ello sólo con el fondo, podré subvenir más allá de un bocadillo de tortilla a la francesa (para los dos). De mucha peor leche me pone la suerte que debe estar corriendo un fondo en el que nos hicieron entrar CCOO y UGT a punta de cuchillo (o sea, vamos a destinar tal cantidad a un fondo: si no quieres no entras, pero la cantidad no la ves de otro modo; y esa cantidad iba a formar parte de los exiguos y ridículos incrementos salariales prometidos por el Gobierno); por tanto, prefiero callarme (de momento) porque tendría que decir muchas barbaridades de mucha gente.

Conversando de esto con mi santa, le decía que ya se habían caído los cacareados fondos de pensiones con los que el ultraliberalismo pensaba liberar (en su propio y pingüe beneficio) al Estado de tan grave obligación social; a ver -le decía- cuánto tardará en derrumbarse, con la que está cayendo, la sanidad privada. «No se derrumbará -me contestó mi cónyuge-: la práctica totalidad de la sanidad privada está concertada con la Seguridad Social».

Ya hablé también anteayer de la estafa financiera (a expensas nuestras y a beneficio de las entidades financieras, no de lo cósmico o de lo metafísico, como parece que nos quieren hacer tragar), y ayer leía que el gremio de la construcción exige al Gobierno que ejecute más obra pública, así, con dos cojones, con los mismos que no hace ni dos años le exigía al Gobierno justa y precisamente lo contrario; y la industria del automóvil pide -redondamente, sin despeinarse- pasta y más pasta (se ve que no le regalamos bastante a la Volkswagen, hace no demasiados años, para que no cerrara SEAT).

También la enseñanza privada -vía concierto- subvencionada a saco con dinero público (lo que no impide que las facturas que pagamos los padres por cuatro mil conceptos que para sí los hubiera querido don Gonzalo Fernández de Córdoba, sean crecidísimas) mientras la enseñanza pública anda a trancas y a barrancas toreando con una importante precariedad de personal y de medios (salvo programas de Micro$oft, que florecen por doquier). Y encima, los más caracterizados cómitres del privaticismo educacional piden a gritos el cheque escolar. Que alguno de mis bravos me recuerde que tengo que hablar algún día largo y tendido de enseñanza pública, de enseñanza privada, de cheques escolares y de otras gracias…

Si a esto añadimos -y también lo comentaba el otro día- todo el ubérrimo sistema de subvenciones a ONG, culturetas (porque los culturetas, además del canon, tienen una cantidad de gajes en dinero público que mete miedo) y tinglados diversos al carril de los partidos en el poder (a lo que hay que añadir las diversas asociaciones juveniles, culturales, fundaciones y demás inventos absolutamente inoperantes salvo por el lado de constituir correas de transmisión del partido, lo que equivale a decir fuentes de financiación ilegales a fuerza del abuso del derecho) y demás tinglados, la cantidad de dinero público dedicado a llenar los bolsillos a tinglados privados es un escándalo de verdadero asalto a la Bastilla.

Si, por lo menos, la que está cayendo llevara asociado un «nunca más», nunca más dejar a esos cabrones -ya sabemos quiénes- a su aire, nunca más hacer dejadez del control estatal sobre la economía, nunca más privatizar servicios públicos ni restringirlos (y mucho menos los sociales o asistenciales), nunca más, en definitiva, adelgazar brutal y estúpidamente al sector público, hombre, pues igual hasta valdría la pena aguantar mecha y torear lo que venga, que no hay bien ni mal que cien años dure. Lo malo es que un hatajo de cerdos que está en la mente de todos, a la que la cosa repunte un poco, volverán a exigir al Estado que se aparte de los buenos negocios, volverán a clamar que el mercado es supereficiente y que funciona la mar de bien él solito y a todo lo ancho y largo de su potencial, que el sector público debe adelgazar hasta la mismísima anorexia cívica. Esto, por no hablar de la rebaja de impuestos en sus tramos más altos (o el fin de la progresividad del tipo impositivo), la flexibilidad laboral y la contención salarial, pero eso ya les va a piñón fijo con independencia de que el PIB vaya mejor o peor.

Y como los ciudadanos seguiremos ahí capones y sobrados, sin mover el culo, pues nos lo tendremos todo bien merecido.

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Vuelve a subir a la superficie el turbio asunto del empresario aragonés Publio Cordón, secuestrado por el GRAPO -esa otra cosa rara que nunca acaba de estar extinguida, vete a saber a quién le va bien que de cuando en cuando diga maquí estoy yo- y que nunca fue vuelto a ver. Los secuestradores pasaron años diciendo que cobraron el rescate, lo liberaron y como el finado Fernández: de él nunca más se supo. La familia intentó desesperadamente conseguir pruebas de su muerte, pero nunca ha podido hallarlas.

El tema de los desaparecidos es bestial. Aparte del drama afectivo para sus familiares, subsigue otro económico muy importante: cuando un señor está desaparecido, no está oficialmente muerto y, por tanto, los seguros no se cobran, las pensiones no se perciben, los bienes no se heredan… es un lío. Alguna vez he hablado del enorme problema que representa para las familias de los pescadores el hecho de que no se recupere el cadáver del marino desparecido y alguna vez he lamentado en esta misma paella el riesgo -a veces altísimo- que con excesiva frecuencia tienen que correr buenos profesionales para rescatar simplemente cadáveres; y también he explicado que esa necesidad perentoria de obtener el cadáver no responde a una simple cuestión de necromanía sino a la necesidad de que pueda obtenerse un certidicado de defunción a partir del cual esa familia pueda -más o menos: ahí ya depende de cada caso- seguir adelante con lo que el finado y su sistema social les dejen.

Aunque las circunstancias no son de supervivencia básica, el caso de la familia de Publio Cordón es igual de grave. O más, en términos burocráticos. El código civil prevé procedimientos abreviados para la declaración de fallecimiento, pero sólo cuando la desaparición del causante se produce en medio de una catástrofe, de un combate o de circunstancias asimismo luctuosas. Aunque, obviamente, no conozco el expediente judicial que sin duda habrá llevado o estará llevando adelante la familia Cordón, presumo que la cosa no habrá sido fácil y que Publio Cordón estará judicialmente declarado ausente pero no fallecido: no sufrió un atentado contra su vida sino un secuestro y, encima, los secuestradores fueron castigados a graves penas negando a gritos haber matado al empresario, asegurando haberlo liberado y sin que la sentencia recoja la muerte de Publio Cordón en su relación de hechos probados (la única sentencia que yo conozco que declara probada la muerte de un fulano sin que el fiambre esté en una nevera del instituto anatómico forense del lugar y sin que medio millón de testigos fiables aseguren haberlo visto morir, es la del famoso «caso El Nani»). Sin declaracion judicial de fallecimiento, los bienes del presunto no se entregan a sus herederos y todo lo que pueden hacer éstos es administrarlos, pero bajo severa vigilancia judicial, lo cual quiere decir que los actos de disposición son supervisados con lupa, cosa que imagino que en el mundo de los negocios es un engorro de caballo. No olvidemos que uno de los negocios más conocidos -habrá más, sin duda- de Publio Cordón es su participación mayoritaria en la cadena de clínicas de lujo Quirón.

Ahora, uno de aquellos tíos raros -criminales, pero más raros que un perro verde- ha hecho memoria inopinadamente y ha recordado que a Publio Cordón no lo liberaron, que el hombre quiso huir y se tiró por la ventana y se mató (es una versión tan poco imaginativa que igual es verdad y todo). Eso dice el tío ese, pero lo cierto es que pese a que el rememorizado terrorista ha sido llevado al escenario de los hechos, el cadáver no aparece. Ni el cadáver ni el menor rastro del mismo.

Pero, por otra parte, resulta que el individuo en cuestión anda buscando una remisión de condena (le cayeron 28 tacos, lleva no sé si 13 y, claro, esto de la cárcel cansa un poco) por la vía del arrepentimiento; dice que en aquel entonces era muy joven y muy gilipollas. Además, anda a tiros -es un decir, pero sólo porque no le dejan- con sus antiguos compinches. Y me imagino -me lo imagino porque es humano- que también la familia andará sugiriendo que su agradecimiento será considerable si algún cabrón llega a aportar algún indicio, declaración o prueba que ablande al juez y lleve a la ansiada declaración de fallecimiento. Eso si no la han conseguido ya, que, repito, no lo sé, pero lo veo difícil. El chiste malo de fugarse con la secretaria siempre queda ahí presente. No en su literalidad, por supuesto, nadie con dos dedos de frente daría pábulo a frivolidades ni a caricaturas, pero no puede excluirse, al menos del todo, como un imposible físico-químico, que ese señor, con el juicio sano o transtornado, de cualquier modo, decidiera desaparecer; y tenía medios materiales para prepararse una desaparición de las buenas, de las bien orquestadas. Esa idea nunca dejará de estar presente en la mente del juez que deba decidir e imagino que esa idea será una barrera importante a la hora de buscar atajos -que los hay- para matar oficialmente a un señor.

Aunque cronológicamente la transición había terminado cuando Cordón fue secuestrado y después resultó o bien muerto o bien desaparecido, todo ese asunto no puede dejar de contabilizarse como otro de los misterios que la transición nos ha legado, dado que el dichoso GRAPO fue un elemento típico de aquella época. La desaparición de Cordón con GRAPO por enmedio, el asalto a la sede barcelonesa del Banco Central, la catástrofe aérea del Monte Oiz, el incendio del hotel Corona de Aragón, el síndrome tóxico atribuido -no me lo he creído jamás- al aceite de colza y algunas cosas que me dejo, son misterios que están ahí, que nunca se han resuelto pese al carpetazo con que algunas sentencias han beneficiado la omertà sobre varios de ellos…

Quizá el de Cordón deje de ser un misterio algún día. Es fácil que acabe apareciendo el cadáver del empresario, pero lo que está por ver es si sus restos aparecerán en un bosque francés o catalán (dicen que durante el secuestro fue conducido a Barcelona) muerto a principios de los 90 o si su ADN aparecerá en los restos de un viajante uruguayo fallecido y enterrado en Brasil (pongo por caso)… en 2017.

Quien viva, verá, como decía Guareschi.

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El jurado vuelve a estar en boca de todos después de que haya sido absuelto el homicida confeso de dos homosexuales en Vigo atendiendo a que la muerte se causó en legítima defensa ante el temor de ser víctima de una agresión sexual. Cincuenta y siete puñaladas. Por una vez -y sin que siente precedente- voy a estar de acuerdo con la ministra miembra: oigan, con cincuenta y siete puñaladas -claro y diáfano ensañamiento- no podemos estar aplicando (y menos en grado de eximente) una legítima defensa.

La asociación correspondiente de gays, lesbianas y etcétera se ha puesto como una moto acusando al jurado de homófobo (y, nuevamente sin que siente precedente, opino que no les falta razón) y han sacado a relucir para reforzar su argumento el caso de Dolores Vázquez, aunque ahí ya tengo discrepancias: a Dolores Vázquez no la condenaron por homosexual sino por antipática. Lo era -lo es- y mucho, pero, claro, si condenáramos por asesinato a todos los antipáticos, íbamos a estar anchos… El caso es que contra la Vázquez no había ni una sola prueba; como no había ni una sola prueba, los hechos considerados probados por el jurado en cuestión no fueron sino un farfullo de estupideces sin pies ni cabeza en el que el dignísimo órgano colegiado no pudo explicar -porque no lo hubo- el proceso de reflexión que determinó su convencimiento; como los hechos probados eran una mierda de hechos probados -ni hechos, ni probados- el tribunal de casación devolvió los autos a la Audiencia como quien propina un puntapié en el trasero y ordenó repetir el juicio en condiciones. Afortunadamente, cuando el juicio llegó a repetirse, ya había un fulano en prisión acusado del asesinato de Rocío -y de otra muchacha- con diez quintales de pruebas, ADN incluido, sobre sus orejas.

Es muy difícil distanciarse de los propios prejuicios y, además, este distanciamiento es una virtud, o una capacidad, o una habilidad -llámesele como se quiera- sólo al alcance de espíritus muy cultivados, porque solamente con el patrimonio de un vasto conocimiento puede accederse al pensamiento crítico, que es la única forma de poder tomar esa necesaria distancia.

Yo recuerdo a un alférez de la Guardia Civil -raro grado en una escala profesional, por cierto- declarando en televisión como portavoz oficial del Cuerpo, dientes apretados, la ira notoriamente a punto de desbocarse, y explicando con mal disimulada repugnancia cómo Dolores Vázquez era una mujer «fría y calculadora». Pues muy bien, sería una mujer fría y calculadora, pero eso no la convertía en una asesina, cosa a la que estaba claro ya la había condenado el tricornio en cuestión (al que, que se sepa, no le recayó sanción alguna, nos ha jodido el hábil criminólogo).

Son malos tiempos para el distanciamiento, para la reflexión, para el pensamiento crítico. Vivimos épocas de borreguismo, de abotargamiento, de seráfica conformidad mientras nos mantengan lleno el comedero (aunque sea de mierda); tiempos, en fin, de pensamiento único. Y en estas condiciones, la institución del jurado queda puesta en un brete: está claro que hay que modificarla y está claro que la selección de ciudadanos debe ser mucho más ajustada, ya en el propio proceso inicial. Hay que descartar niveles formativos inferiores, por ejemplo; eso es esencial (sobre todo -y no lo digo en coña, aunque sí a sabiendas de su inaplicabilidad- si esos niveles inferiores son de adquisición reciente): ser juzgado por nueve ESO sin piedad ha de ser una pesadilla espantosa. Nueve analfabetos funcionales con mono de iPod decidiendo si le adjudican a un tío unas vacaciones pagadas de treinta años. De película de terror de esas gore… Claro, después no me extraña que se considere que un fulano necesite de cincuenta y siete puñaladas para defenderse legítima y proporcionadamente.

Dura lex sed es para cagarse

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Y hasta aquí esta paella -tardía hoy- de este último jueves de febrero. El próximo jueves será 5 de marzo, entrando ya en el último mes del trimestre y avanzando hacia la primavera, las alergias y la Semana Santa. El invierno se está acabando ya -climátológicamente hablando, parece que ya es historia- y aún menos mal que lo hubo. Ahora ya se avecina el mal tiempo y, con él, la temporada de guiris.

El tocino esté con vosotros, que los barceloneses iremos sobrados.

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Comentarios

  • lamastelle-quejica  On 27/02/2009 at .

    Sobre lo del muerto desaparecido, algo oi/lei/vi en internet de que estaba ya legalmente muerto desde hace unos añitos. No se si por llegar al tiempo maximo de desaparicion, o porque su familia tenia dinero para untar/animar/pagar abogados…

    Sobr elo del asesinato de Vigo, comento lo mismo que dije/pense/hable con la familai. 57 puñanadas entre dos cuerpos, causadas porun hombre ( en teoria ) acojonado por la posibilidad de ser violado… Y em digo yo:

    * Si las victimas no fueran ( presuntamente, no se si es algo evidente y publico o no ) homosexuales, sino heteros…¿tendria esta sentencia la misma respuesta de las oneges?

    * Si fuera una mujer la que hubiera dadoe sas puñaladas a dos hombres con la misma excusa/razon de la defensa propia ante una violacion, ¿ hubieran hecho los medios y las oneges la misma queja ante el tribunal popular?

    * ¿Es licito y normal protestar e intentar repetir las sentencias que no nos gustan? Porque si a eso vamos…cualquier etarra de mierda _( y lo digo sabiendo lo que tecleo ) puede protestar y lloriquear por ser condenado….

  • starblank  On 27/02/2009 at .

    Hombre Lamastelle, cuando una persona le propina tropecientas puñaladas a otra u otras, independientemente de su sexo, raza o religión, está claro que no se está defendiendo. Además, se habla de que la segunda víctima se llevó más de la mitad de las puñaladas por la espalda, osea que de defensa propia, nanai.

    De todas formas, vamos a dejar que los jueces se pronuncien, y después hablamos, porque dudo mucho que ese tío se vaya a ir de rositas.

    En cuanto a las repeticiones de sentencias, es licito ‘intentarlo’, eso por descontado. Ahora bien, a un etarra le pueden hacer un juicio, dos o mil, que se va a ir a la carcel igual, igual que si al animalejo de las puñaladas le hacen un juicio popular: no se escapa NI-DE-COÑA.

  • PROTESTAVECINO  On 03/03/2009 at .

    Bien oño bien, usease, que los de estudios primarios no tienen “conocimientos” para ser “jurados”, si los tienen para sostener los previlegios de los estudiados.
    Amen.

  • Javier Cuchí  On 03/03/2009 at .

    Ya sé que no queda bonito decirlo, pero en mi modo de ver las cosas es así. Hay opiniones contrarias y la prueba es la existencia misma del jurado tal como está estructurado pero, repito, yo lo veo de esta manera.

    No es un problema de privilegios (dudo de que nadie vea como un privilegio pertenecer a un jurado, al contrario, todo el mundo lo rehúye si puede), es un problema de competencias, de la misma manera que para diseñar edificios hay que ser arquitecto.

    La labor de un jurado no es en absoluto fácil y requiere, efectivamente, un criterio muy formado. Eso no quiere decir, por supuesto, que no haya señores con formación superior que sean unos perfectos cretinos y medio analfabetos (en la política tenemos ejemplos clamorosos), pero por algún lado ha de empezar el corte. La elección de un jurado es un proceso complejo: para nueve titulares y dos suplentes se pre-eligen treinta y tantas personas, que son interrogadas por el juez y por las partes y se van eliminando -de acuerdo con un procedimiento establecido por la Ley- hasta que quedan los necesarios. Esto parece que debería garantizar un resultado aceptable, pero hay ocasiones -justamente las más escandalosas- en que la cosa no funciona.

    Recordarás que, ocasionalmente, se plantea la figura del «escabinato», que es un jurado mixto, mitad ciudadanos de a pie, mitad juristas. No soy muy partidario de esa fórmula, porque los ciudadanos acabarían viendo los toros desde la barrera, apabullados por los otros, pero esa pretensión debe partir sin duda de un planteamiento cercano al mío, lo que pasa es que yo soy así de bestia diciendo las cosas (que es cuando se entienden, por otra parte).

    No he pretendido ofender sensibilidades; cada cual lleva adelante su vida como puede y con lo mejor que ha podido conseguir y en lo único que verdaderamente somos todos verdaderamente iguales (pijeces demagógicas aparte) es en dignidad; en dignidad humana y en dignidad ciudadana. Pero cada cual debe ocupar su lugar, porque es así como las cosas funcionan y van adelante.

    Eso sí: en lo dicho sobre la ESO me ratifico al cien por cien (y ojo, que tengo una hija que la acabó el año pasado y otra que la empieza el próximo). Lo que están haciendo con los chavales es para moler a palos a más de uno.

  • Ryouga  On 04/03/2009 at .

    yo directamente quitaría los jurados, solo hay que ver a la gente discutiendo sobre futbol/politica, perdonando errores o delitos por parte de los “suyos” y culpando siempre a los “otros” de las malas situaciones o errores…y esa gente bipolar y aun encima sin conocimientos de leyes pueden juzgarnos?,miedo me dan.

    Aunque tampoco quiero dejar de lado las recomendaciones de los abogados a sus clientes acerca de como vestir o comportarse parece que la apariencia muchas veces es tan importante como los hechos, pero bueno por lo menos si es un profesional quien te juzga tienes mas posibilidades de que su sentencia se atenga a las leyes que ha tenido que estudiar por lo menos para sacarse la oposicion..

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