Desvergüenza institucional

De la serie: Pequeños bocaditos

Ayer, como dije en la entrada anterior, me di de baja de Facebook. Previamente, por supuesto, lo borré todo, todo, todo y ahora tengo que reconstruir el álbum fotográfico, cosa que voy a ir haciendo poco a poco. Podéis ir viendo lo que voy subiendo (si os hace gracia) pinchando aquí, aunque en cuanto tenga un fondo decente pondré un enlace estable y más curioso en la columna de la derecha.

Y enrendando con los CD y DVD que contienen mi información (y que no han pagado canon a la $GAE por haber sido comprados en el extranjero, para alegría de la industria nacional, así aprenderá a dejarse pisar por la sopa boba) he encontrado alguna que otra perla. Como, por ejemplo, esta.


Esta fotografía corresponde al día de la fiesta final del curso de sardanas que cada primavera organizan los grandes almacenes monopolísticos y al que llevo a mis hijas desde hace ya no sé cuantos años; en este caso fue el 2007. La madrina de estos cursos es Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, presidente que fue de la Generalitat, y la organización ha tenido la elegancia de mantenerla en el cargo pese a la condición de ex del marido. Bueno, la dama viene, hace un discursito apañadito, presencia la exhibición de las distintas colles de los esbarts a que pertenecen los monitores, que termina con la gran sardana de todos, monitores y alumnos de todas las edades, entrega los diplomas a todos los niños (entre 7 y 14 años) y hasta el año que viene si Déu vol. La cosa no tiene más historia.

Lo que tiene historia es la foto porque es un perfecto indicativo de la ciudad del heredero. Obsérvese. En primer plano, un señor que me imagino que es uno de los capitostes de los almacenes promotores. Detrás de él y a su derecha, vestida de rojo-fucsia, la señora Ferrusola. ¿Qué completa la escena? Ahí los tenéis, ocupando el fondo de la mitad derecha de la imagen: un grupo de trileros, perfectamente a su bola, y sin que nadie les moleste. Sucedía esto a las once de la mañana de un sábado de principios de junio en la plaza de Catalunya. En la mismísima plaza, no en sus aledaños ni nada. Ni que venga la Ferrusola ni que venga Rita la Cantaora.

Todo un símbolo de lo que es esta ciudad que, entre otras importantes cutreces, carece de toda vergüenza institucional.

¿Comprendéis por qué yo me pudro de ella?

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Comentarios

  • Jordi  On 18/03/2009 at .

    Javier, yo enviaba esta foto a los periódicos no afectos al régimen que impera en Barcelona. Es demasiado buena como para que sólo la puedan ver tus bravos.

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