Tecnicismos y estrecheces

Menudos dos días llevamos a cuenta de la abominación del nombramiento de Ángeles González Sinde como ministra de Cultura (que le dicen)… La red está que arde, la bogosfera está que arde, Facebook, Twenti y demás están que arden, y lo cierto es que no se recuerda un rebote semejante en toda la historia de la red en España, con la particularidad de que un rebote en red hace cinco años no era en absoluto lo mismo que un rebote en red de ahora mismo: a pesar, precisamente, de los sucesivos ministros de Cultura y de Industria, a pesar de sucesivos gobiernos tecnológicamente antediluvianos y a pesar de un presidente verdaderamente decimonónico (y no solamente en materia tecnológica), la ciudadanía va integrándose en la red. Todavía queda, desgraciadamente, mucho camino por recorrer (zanja rural, zanja económica y zanja de edad), pero muy atrás quedaron los tiempos en que los internautas éramos una minoría geek, tecnómana y un tanto majareta. Hoy, la red es algo normal en la vida de la mayoría de los ciudadanos en activo y de la práctica totalidad de los estudiantes, de ciclo medio de Primaria para arriba, y también del mundo económico, del mundo empresarial, financiero, industrial y, ejem, algunos pasos por detrás, pero también ahí, sindical. Y esa red, insisto, está inflamada como nunca la había visto. Zap la ha hecho muy gorda, tan tremenda que aún no hemos acabado de ver el alcance de la enormidad que ha cometido con ese nombramiento. Él tampoco, por supuesto. Si fuera otro, no lo tendría yo tan claro, pero siendo Zap, estoy seguro de que ni él mismo es consciente de la barbaridad que ha cometido.

No digo todo esto para seguir insistiendo en lo que, en definitiva, es un clamor: lo explico, consciente de lo reiterativo, para dibujar el panorama que sirve de telón de fondo a lo que viene a continuación. Y lo que viene a continuación es: la prensa -la de papel- y las televisiones, parecen vivir en otro mundo. Apenas han reflejado -o no han reflejado en absoluto- toda esta movida. Hablo, por supuesto, de los grandes medios de difusión nacional, puesto que la segunda división (sin ánimo despectivo: lo digo en términos cuantitativos) se escapa de mi ámbito personal de observación. Si alguno ha reflejado algo de ese incendio, lo ha hecho como una anécdota, sobre todo los del ámbito político contrario, para poner en un breve aprieto a la nueva ministra del apropiacionismo: ¿ha visto usted cómo protestan los internautas?

Lo cierto, sin embargo, es que en la red se ha levantado con la Ángeles muchísima más polvareda de la que la ciudadanía catalana -la ciudadanía, no los políticos- ha sacudido con el nombramiento de Cháves como vicepresidente de la cosa autonómica, lo que hace presagiar negros tiempos para la pasta y las infraestructuras en Catalunya, por poner un simple e inmediato ejemplo. Y este clamorcito -amplificado, eso sí, por boca de Artur Mas- ha trascendido muchísimo más, incluso en los medios no catalanes, que el follón en red.

Evidentemente, no voy a pretender que la red sea la reina del mambo, en absoluto, porque esa pretensión no sería acorde (todavía) con la realidad común, pero no deja de ser cierto que los medios, anclados aún en el siglo pasado, no le otorgan la importancia que realmente tiene. Pero esto no es un fenómeno de simple analfabetismo tecnológico, sino algo mucho más importante: el activismo apropiacionista de la mayoría de ellos. Viven anclados en la propiedad intelectual de otros tiempos y, consecuentes con su caduco modelo (y sus propios números contables certifican esa caducidad), se alinean con los enemigos de la red a la que, como ellos, atribuyen todos sus males.

Sólo en este contexto puede entenderse que, en las breves líneas con las que despide a Molina como ministro de Cultura, «El Periódico» diga cosas como que «Molina cumplió las órdenes que le dio Zapatero en el 2007: no crear polémicas». ¿No crear polémicas? ¿Que Molina no creó polémica? Hombre, hay cosas, como la vergüenza torera, que van más allá de la fidelidad al entorno progre que comparten la sociatada y el grupo Zeta; hasta «Público», que tiene merecida fama de ser el boletín oficioso de Zap, tiene esa vergüenza y otorga a la red un espacio adecuado (además, con clara inclinación a favor de los derechos cívicos, todo hay que decirlo).

Con esta manipulación de la información no sorprende que la prensa de papel vaya de capa caída. Todavía siguen agarrados al farol de aquel poder del que hicieron uso y abuso: aquello de lo que nosotros no hablamos, no existe; pero ese farol está herrumbroso y corre el riesgo de desarraigarse arrastrando en su caída al incauto asido a él. Es cierto, sin embargo, que el farol aún sigue en pie y que aún puede causar daños por esa omisión: anteayer mismo, aún decía, cuando clamaba por llevar nuestra lucha a la calle, que lo teníamos difícil porque en la calle aún mandan ellos, aún manda el papel; con fecha de caducidad, ya digo, pero esa fecha aún no ha llegado y, en el ínterin, lo que hay es lo que hay.

Pero la gente cada vez es más consciente de ello. Incluso el ciudadano que aún no está en red, ve frecuentemente desmentidos los asertos o los silencios del papel, cuando el vecino, el familiar, el amigo o el compañero de trabajo, le contrastan una noticia que está comentando: «¡Qué va, no hagas caso! En la red está todo el mundo al cabo de la calle de que eso es una trola por esto, por esto y por esto…». De aquí el cabreo que lleva don Teddy con aquello de que los pendejos electrónicos están creando la nueva democracia digital. Ahí le duele, porque ahí no controla.

¿Cuánto más daño hará aún la prensa decimonónica? Pues bastante, según es de temer. Pero también es de cajón que esta situación durará poco. En muy pocos años, toda la información de peso circulará básicamente por la red y el papel será algo subsidiario… en la medida en que queden de él algunos patéticos y tristes vestigios. Por eso cobra tanta importancia que mantengamos impolutos los derechos civiles y su proyección en Internet. No es una batalla de internautas sino de ciudadanos. Cada vez es más inexacto hablar de «derechos en red» y de «derechos civiles» como si fueran algo distinto.

Son razones excelentes para seguir luchando denodadamente.

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Oficinista como soy, no dejo de darme cuenta -y de sorprenderme- de la salud que aún conserva un artilugio tan anticuado como el fax. Estaría tentado de decir que esto es debido al nuevo atraso tecnológico español, pero no: las grandes multinacionales y sus sedes en capitales europeas, norteamericanas y asiáticas mantienen no sólo el fax sino el teléfono alámbrico. En los tiempos que corren, uno diría que lo más práctico sería que en las tarjetas sólo constara, aparte de las señas materiales -hoy por hoy, a los sitios aún hay que ir– el número de teléfono móvil -que hoy es perfectamente integrable en el sistema de telefonía general de un edificio y, por tanto, susceptible de interposición de telefonistas o de secretarios- y una dirección de correo electrónico que, como sabemos, además del correo electrónico propiamente dicho, es la base de la mensajería instantánea e incluso de la videoconferencia.

Pero resulta curioso que mientras los fabricantes de smartphones y las compañías de telefonía móvil te venden la oficina en el bolsillo (y es verdad: un chisme de esos, si uno quiere -aunque conviene no querer-, es la disponibilidad 24×365), esa pequeña pero potente oficina queda relegada a un cajón o se queda en el bolsillo del abrigo tan pronto se accede a la física, abarrotada de aparatos enormes monofuncionales que llenan mesas no menos enormes.

Algo parecido ocurre con las salas de reunión. Metros y más metros cuadrados de salas de reunión se comen la parte del león del bien escaso y carísimo que es el espacio disponible en los edificios de oficinas, cuando, encima, está más que demostrado que en las reuniones presenciales la relación «tiempo empleado/rendimiento» obtenido es muy desfavorable, en términos generales.

Personalmente lo estoy comprobando a diario. Ayer tuve una reunión presencial de dos horas en la que, sí, se obtuvieron algunos resultados y se cumplieron algunas expectativas. Pero entre las diez de la noche y las doce y media de la madrugada, en casa, cómodamente desvestido de estar por ídem, respondí a una entrevista en Ràdio 9 de Valencia, estuve -como todos los días- de reunión virtual e informal de Junta de la Asociación de Internautas mediante la lista de correo (y trabajando duro, que la que está cayendo requiere meneo), estuve también -y también como todos los días- de asamblea general asimismo virtual e informal de toda la Asociación mediante otra lista de correo, ayudé a analizar y solucionar un problemilla técnico que se suscitó un foro de amiguetes, recorrí –en diagonal, eso sí- mis feeds para ver en qué andaba mi peña blogosférica habitual, repasé una documentación que tengo en disco duro de cara a ir realizando el guión de una charla que he de dar dentro de tres semanas, atendí a mi correo electrónico y, bueno, aún me dejo cosas. Si todo lo que hice en esas dos horas y media hubiera tenido que hacerlo presencialmente, aún sin contar desplazamientos hubiera necesitado no menos de una jornada entera, ocho horas.

La productividad, a ver cuándo se enteran los empresarios chusma, que son la mayoría, no tiene que ver con andar haciendo que la gente marque en relojes como gilipollas ni con mirar con lupa los partes de baja a ver cuánta peña es demasiado enfermiza; ni siquiera tiene que ver con realizar grandes inversiones en material informático (todo mi material anoche -como todas las noches- fue un portátil y una conexión ADSL): tiene que ver con una mentalidad, con un aprovechamiento de los recursos tecnológicos de los que se dispone, con una adecuada doctrina del uso de la tecnología y, por supuesto con una intensiva formación del personal a todos los niveles sobre esa doctrina y sobre el manejo de herramientas, en vez de perder el tiempo en estúpidos cursos de guor, exel y axes.

Cuando los acróbatas de los recursos humanos o los prebostes de las patronales dejen de decir tonterías sobre la productividad y su necio y decimonónico concepto de la misma, analicen sus propias ignorancias y aprendan a explotar correctamente los recursos tecnologicos de los que ya disponen, en vez de creerse que los ordenadores son máquinas de escribir y que las líneas de telecomunicación sólo sirven para hablar, quizá muchas empresas ganen en viabilidad sin tener que poner en la calle a buenos profesionales por causa de la incompetencia de cuatro capullos.

Y de paso, a ver si aprietan para darle un empellón a las administraciones públicas, que aún estamos con la mentalidad de los tiempos de Felipe II.

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El sector turístico -que, como es sabido, me resulta tan caro- está pagando las consecuencias de la crisis inmediatamente después del sector de la construcción. El consumo en hostelería ha descendido notablemente: unos, dejan de utilizar esos servicios; otros, reducen su gasto en ellos. Y, evidentemente, cuatas más estrellas o más tenedores tiene el establecimiento, más nota el estrechamiento del cinturón de la clientela.

Pero me llama la atención el elemento fantasmagórico que se encierra detrás de todo esto, la inmensa cantidad de gente que vive a cargo de la empresa a un nivel muy por encima del que le permitiría su economía personal o familiar. Esa es la razón, más que evidentemente, de las largas listas de espera de «El Bulli» (el restaurante de Ferran Adrià) o de la prosperidad invernal de mucha hostelería de cinco estrellas y hasta de cuatro. Aquí, con el cuento de la imagen de empresa hay mucho pringado con corbata que se ha dado la vida padre de gorra, volando en bussiness class, hoteles de cinco estrellas, restaurantes de cuatro tenedores, y «Audi» mucho con tapicería de cuero adquirido en leasing con cargo a Caja; en muchos casos, para pagar toda esta imagen ha habido que aliñar un ERE de tres o cuatrocientos despidos, que la vida es dura.

Todo esto parece que se acabó. De momento, que ya volverá. Pero, hoy por hoy, en Contabilidad le han dado cuatro vueltas de llave a la caja y, mira, la asistencia a congresitos y jornaditas a todo tren se va a reducir a menos de la mitad y en vez de los ocho que van habitualmente irán solamente tres, el billete de clase turista, el hotel con una estrellita menos, para el restaurante con las dietas comunes -que hemos recortado a saco- vais que chutáis y os desplazáis en taxi, nada de alquilar vehículos de alta gama con o sin chófer.

Ayer mismo, leía por ahí que los de Prisa han dado cerrojazo y que sus ejecutivos viajarán en clase turista. Todo un símbolo: otrora fue una de las empresas mediáticas más potentes del país y hoy pende del hilo de la renegociación de una deuda cuantiosísima sin que nadie quiera comprar potentes empresas del grupo siquiera al precio de esa deuda.

Hasta en lo personal lo he notado. Como sabéis -si os acordáis- yo practicaba natación a diario y lo hacía en un gimnasio de concesión municipal, a un precio tasado y, por tanto, razonablemente asequible. Pues bien, durante el otoño pasado, el gimnasio se fue llenando con el personal engominado venido a menos procedente del ilustrísimo gimnasio pijo barcelonés cuyas cuotas son tres veces más caras que el municipal, y como el palmito es imprescindible para esa gentecilla, no pudieron pasar sin ello y tuvieron que reducir gastos, con lo que mi gimnasio de siempre acabó resultando impracticable, sobre todo, la piscina, y en noviembre me di de baja.

Trabajar para empresas en crisis no farda
😉

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Bueno, pues hala. Una paella bastante tecno, algo apartada -un poquito, nada más- de su argumentario habitual pero, en fin, creo que el plato resultará gustoso.

La próxima, el próximo 16, en el casi exacto ecuador del mes. Hoy, Jueves Santo, muchos estaréis ya de vacaciones; otros las empezamos mañana, esto va por comunidades autónomas. Así que a descansar y mucho ojito con la carretera, que esa mata mucho y el martes -el lunes es fiesta en Catalunya- os quiero ver aquí a todos con la cara lavada y recién peinás, como en la copla.

Hasta entonces.

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Comentarios

  • Jordi  On 09/04/2009 at .

    Deliciosa paella, sí señor. Bones vacances!

  • Rogelio Carballo  On 09/04/2009 at .

    Lo tengo que comentar, porque si no lo hago reviento. Don Javier y queridos catalanes ¿Dónde estabais todos este fin de semana? El viernes mi señora, mis colegas y yo cogimos un avión para ver a un grupo llamado Kamelot (algún tipo de perversión has de tener si quieres ser normal, digo yo), que daba concierto en la Sala Salamandra en Hospitalet de Llobregat. Y fue en el concierto el único lugar donde me topé con catalanes de carne y hueso. El resto, ni en fotos, oye. Nuestros hoteles, los primeros en la Rambla con la Plaza de Cataluña, la verdad, bastante ruines y caros. La rambla, algo de catalán oí en algún puesto de flores, pero poco. En Santa María del Mar, una boda y parecía de guiris. Por el paseo marítimo hasta la barceloneta, japoneses, chinos, germanos e ingleses, pero no catalanes. En la hostelería, lo resumo diciendo que las cañas previas al concierto en un bar de Hospitalet que tenía la pinta de la taberna de mi pueblo, de estas de jugar al dominó todos los vecinos del barrio, nos las pusieron sendos camareros chinos de la China de Mao. ¿Es que está prohibido por la Generalitat ejercer en la hostelería para los catalanes? ¿Cuál es la sanción? ¿Te mandan a Burundi a poner Coca Colas?

    Y la ciudad casi toda tancat…. El Salón del Tinel (yo que les digo a los que no conocían que la Catedral ya la verían ellos solos, que les iba a enseñar un lugar majestuoso de verdad…) invadido por una m… de exposición temporal. La estación de Francia pechada por obras. El Palacio Güell de restauración. Y el Palau de la Música, que si no vas con guía no pasas (coño, que me lo tuve que estudiar de pé a pá en la carrera, junto con el resto de Barcelona, que parezco un taxista).

    En fin. Que después de leer sus numerosas quejas acerca del estado ruinoso de su querida (y para mí también) ciudad, debo darle la razón. Hacía tiempo que no iba a Barcelona pero mi impresión es que ha ido a peor. Todo más deslabazado, más decadente. Demasiado extranjero. Un afán recaudatorio en cada esquina. Y menos, mucho menos, del ambiento cosmopólita que recuerdo.

    Lo siento tanto, Don Javier…

  • Javier Cuchí  On 09/04/2009 at .

    Pues imagínate yo. Lamento mucho tu mala experiencia, pero, por otra parte, nunca viene mal que alguien corrobore que mis sapos y culebras jueveras responden a la estricta realidad y no a simples manías. En todo caso, las manías me las ha traído esta situación.

    Lo de los hoteles ha sido una encerrona que te han metido. Hay que huir de los hoteles de las Ramblas por más que te vendan que están reformados y que son una maravilla en lo más céntrico y guay de Barcelona. Cochina y alevosa mentira: son lo más cutre de todo lo cutre, ubicados en una zona que ellos mismos han hecho cutre. Otra vez me llamas con anticipación y te consigo reservas en hoteles dignísimos, en zonas dignísimas que, aunque no sean el centro mismo, están perfectamente comunicadas con éste. Algunos, hasta de precio asequible (me sé yo un par de dos estrellas guapísimos).

    Lo que más me duele de todo es lo clavado de tu observación: «Todo más deslabazado, más decadente. Demasiado extranjero. Un afán recaudatorio en cada esquina. Y menos, mucho menos, del ambiento cosmopólita que recuerdo»

    Siento tu triste experiencia.

  • Rogelio Carballo  On 09/04/2009 at .

    Acepto encantado tu ofrecimiento. Aún así he de decirte que Barcelona tiente tanto tanto encanto que es difícil hacer un balance negativo. Al contrario. Pasear por el parque de la ciudadela, visitar el Museo de la Ciudad o admirar la buena arquitectura de los Piñón y Viaplana, supera con creces los achuchones guiris, el cobro permanente y la pérdida de autenticidad de las Ramblas (que dicho sea de paso, nunca fué ni de lejos lo que más me gustó de Barcelona). No sé por qué, pero mientras que a Madrid sólo voy por obligación, a Barcelona siempre estoy deseando volver.

  • PROTESTAVECINO  On 10/04/2009 at .

    Recordemos esa Gran Ciudad, con el maravilloso cariño que se merece, y que seguro los vecinos que protestáis, recuperareis para vuestro disfrute y desesperación de los peseteros.
    Gracias Maestro, esta paella da de lleno en la realidad de este país, los pijos invaden lo que antes despreciaban, no podemos dejarnos invadir.

  • JCB  On 13/04/2009 at .

    El diario “Público”, que otorga en efecto un espacio a la red en sus páginas, sólo propugna los derechos cívicos de boquilla.
    Un amigo mío vio como publicaban una de sus fotos, registrada bajo licencia Creative Commons, sin ni siquiera avisarle. Por supuesto nada de mencionar al autor ni de pedirle permiso.
    Por mucho que insistió en una rectificación formal, lo más que consiguió es una disculpa diferida (“lo siento aunque no fue culpa nuestra”) de mala gana.
    Si “estos” hacen “esto”, que podemos esperar de “aquellos”.
    Porca miseria…

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