A por ellos, sin piedad

Casi me siento culpable. El viernes me fui de vacaciones -en realidad, de fin de semana largo: volví ayer, domingo- y desconecté absolutamente de todo. La lluvia me privó de las excursiones por el Moianès que había previsto para esos días, y, a cambio, me deparó tres excelentes jornadas de buen fuego en la chimenea, de lectura y de algunos amables tragos del amigo Jack, así como de otras prácticas epicúreas que mi endocrino no aprobaría en absoluto.

Pero mientras yo me entregaba a los placeres de Lúculo, de Baco y de Morfeo y me abandonaba al dolce far niente al calor de Vulcano, mis compañeros de la Junta de la Asociación de Internautas estaban dando el callo esforzadamente, con el resultado que es de ver a fecha de hoy. Y siguen en ello a estas mismas horas, pero contando ya con mi humilde y modesta ayuda.

Cuando el jueves por la tarde me despedí de la actividad -de la laboral y de la internáutica- la red era un incendio abominador de la tropelía cometida por Zap al haber nombrado a la Sinde como ministra de la cosa esta, de Cultura. Y hago un inciso para indicar que tres días de paz y reposo no han sido suficientes para que consiga explicarme cómo un presidente del Gobierno, aunque sea un presidente de la talla enanesca de Zap, puede cometer un disparate tan grande, tan notorio y tan evidente. El caso es que yo estaba convencido de que los días de fiesta -los festivos propiamente dichos, en términos laborales- supondrían una cierta pausa en red, un apaciguamiento del incendio; para reavivarse al volver todos a la actividad, pero una cierta pausa momentánea y provisional.

El sábado me sorprendió «La Vanguardia»: una «Carta del Vicedirector» encabezando la página 2 desaprobaba redonda y enérgicamente el nombramiento de Sinde y dedicaba feos calificativos a los intentos de ponerle puertas a la red. En la sección de Cultura, más en tono de noticia, hablaba del nombramiento de la señora en cuestión también en un claro registro desaprobatorio, haciéndose eco del terremoto que acontecía en la red. Quedé bastante alucinado, sobre todo porque «La Vanguardia» deambula en la órbita del nacionalismo catalán que llaman moderado (para entendernos: CiU), y ya sabemos de qué pie calza CiU en materia de apropiacionismo intelectual. Lo interpreté, en todo caso, como una forma oportunista de hostilizar al Gobierno, al que se la guardan desde que Zap le diera a Mas el timo de la estampita (que un candidato a presidente de la Generalitat que pasa por representante e integrante del pal de paller de la casa gran del catalanisme se haya dejado tomar el pelo por un individuo tan plano como el actual inquilino de la Moncloa, es para pedir la jubilación, pero en fin…).

Cuando regresé ayer y vi la altura de las llamas, constatando que éstas habían permanecido inextinguibles durante todos esos días, me quedé anonadado. Por el trabajo de mis compañeros, por supuesto, pero, sobre todo, por la ira generalizada que abarca la entera red. Incluso en lugares habitualmente tibios con estos temas, los tambores de guerra sonaban furibundos. Y la cosa sigue así.

La vice Fernández de la Vega y luego la propia interfecta, la Sinde, han intentado apagar el fuego prometiendo diálogo con los internautas, una promesa de todo punto carente de credibilidad. ¿Ahora diálogo? ¿Acaso no estábamos ahí antes? ¿Por qué no se planteó el diálogo hasta ahora?. Es evidente que todos sus clamores por el diálogo no son sino un intento de apagar el fuego mareando la perdiz. Como también es más que evidente que las decisiones sobre la red están ya tomadas y acordadas con las telecos y -como he leído por ahí- a lo que le están dando vueltas es al modo de endiñárnoslas sin que haya escándalo o sin que el escándalo que pueda haber sea, en términos políticos, dirimente. Ojo, que de eso sí que saben. Toda esa pandilla sólo tiene una profesión conocida: la de apparatchiks, la de pisacharcos de maquinaria de partido; son verdaderos acróbatas del engaño, del fraude y de la tomadura de pelo.

Hoy, aparte de las repercusiones de la exigencia de recusación que lanzamos desde la AI para la Sinde, surgen dos hitos más: la primera decisión conocida de la propia Sinde que consiste en nombrar a Ignasi Guardans director general de Cinematografía -en un acto de claro agradecimiento por los servicios prestados, pues conviene no olvidar que Guardans fue uno de los artífices de las famosas enmiendas torpedo que todavía bailan- y una demoledora recapitulación sobre las proezas de los políticos en materia de Internet (vía Asociación de Internautas). Este largo ítem de la bitácora alojada en Barrapunto, tiene el detalle y pormenor, así como documentación, suficientes como para consituir un verdadero informe acusatorio en una especie de causa general, y va a ser un documento que muchos vamos a incluir en los «favoritos» de nuestro navegador para utilizarlo prolijamente. Lo que más me ha gustado de esa entrada no es tanto lo que dice (y lo que dice me ha parecido interesantísimo) sino la conclusión que cabe deducir de todo ello: esta guerra ya no es por los derechos cívicos en red sino por los derechos civiles mismos.

Yo no sé cómo acabará todo el asunto de la Sinde. Ya dije días atrás que la Sinde, en sí misma, no es más peligrosa de lo que lo fueron Dixie o Molina «El Pirao»; lo que tiene de tremendo el nombramiento de Sinde es, o bien el error descomunal de Zapatero o bien el desafío, el órdago a la grande que lanza a la red, que lanza a los ciudadanos en tanto que internautas.

De cualquier modo, no podemos perder este envite y, además, está en nuestras manos no perderlo. Esta vez no podemos andar a vueltas con el significado de nuestro voto y tenemos que asignar a éste prioridades claras e inmediatas. No podemos dejarnos llevar por el simplismo binario -falso, en estos momentos- de derecha o de izquierda, porque la lección ha de serlo para todos, puesto que de todos puede venir el peligro. Que nadie crea -sobre todo: que nadie sea tan ingenuo o tan iluso- que con Rajoy no nos pasaría lo que nos está pasando con Zap. En absoluto. La única diferencia entre uno y otro -y así y todo no es seguro- es que Rajoy y sus secuaces se moverían con mayor habilidad y elegancia, pero se moverían en el mismo sentido. En el mismo exacto sentido. La Salmones, no lo olvidemos, sigue ahí; se la apartó de la línea de fuego, pero no de la guerra; y aunque la hubieran apartado, otros habría que asumirían su papel: conviene no olvidar que a Rajoy tampoco se le cae de la boca lo de propiedad intelectual y que la LPI, tal como está ahora, esencialmente, nos la trajo Aznar; Zap la complementó con unos arreglillos a beneficio de los amiguetes.

Pero el que está aquí y ahora es Zap y es a él al que hay que darle el garrotazo, sin vacilar. Si lo logramos, si conseguimos que su intento se quede en intento y, además, salga de él tremendamente dañado, habremos dado una lección; a él, por supuesto, pero también a Rajoy, que se aplicará el cuento. Lo repito y lo repetiré hasta la saciedad: todos son iguales y si en vez de Zap estuviera Rajoy (o cualquier otro), nosotros estaríamos ahora en las mismas. No seamos cómplices de sus oportunismos, no nos creamos sus adhesiones a su propio beneficio político de tahur de timba barriobajera, y vayamos a lo nuestro, a lo nuestro de verdad, no a lo suyo.

No tenemos amigos ni aliados. Los ciudadanos estamos solos, total y absolutamente solos. Lo grande es que somos los más fuertes, si nos da la gana de serlo y si no caemos en las trampas que ellos nos tienden. Nos dicen que pensemos en la educación, en la financiación autonómica, en el estado del bienestar, en la rebaja de impuestos… ¡¡¡Mentira!!! Todos son iguales y lo hemos podido comprobar todos en los últimos diez o quince años. Sólo nosotros, nuestro esfuerzo y nuestro trabajo, el de los ciudadanos, lleva este país adelante. Ellos, los políticos, cualquiera que sea su color, sólo están al servicio de lobbys y de minorías de privilegiados, nunca al servicio de los ciudadanos. Si estuvieran a nuestro servicio, no sufriríamos los problemas que sufrimos, ni con la red ni con muchas otras cosas (como, por poner un solo ejemplo, pagar con nuestro dinero contante y sonante, con ese que no es de nadie una crisis que nosotros no hemos causado, para que no sufran perjuicios los especuladores y los bancos que, durante años, se han enriquecido brutalmente a nuestra costa y nos han refregado por la cara los crecimientos exponenciales de sus beneficios).

No traguemos con sus subterfugios y miremos únicamente por nuestros intereses. Adquiramos la plena conciencia de que sólo nosotros arreglaremos nuestros problemas porque nadie más va a hacerlo. Pero seamos, a la vez, conscientes de que podemos hacerlo, de que tenemos el verdadero poder en nuestras manos. Lo tenemos con nuestros votos -si nos dejamos de tonterías y en vez de seguir su juego vamos a lo sustantivo- y lo tenemos, atención, con nuestras opciones de consumo. Podemos hacer daño con nuestro dinero. Podemos hundir a mucha gente que no nos quiere bien dirigiendo correctamente nuestro gasto e impidiendo que de él se beneficien nuestros enemigos y nuestros expoliadores.

Empieza una semana que va a venir agitada, una semana que quizá llene mucho papel, mucha radio y mucha televisión; pero hay más semanas por delante, quizá sin tanto hervor mediático, y vamos a seguir luchando denodadamente con nuestros propios medios. Y no vamos a hacerlo los de la Asociación de Internautas: vamos a hacerlo, como se ha hecho esta Semana Santa, todos los internautas, todos los ciudadanos en red, que somos la mayor parte de los ciudadanos activos de este país. Vamos a dedicarnos a clavar a los políticos en los verdaderos objetivos a los que deben dirigirse; y ya que no lo han hecho de grado, vamos a obligarles a hacerlo por la fuerza, por la fuerza de la ciudadanía.

Si somos capaces de hacerlo -y fuerza para ello nos sobra- habremos cambiado muchas cosas de cara al futuro de este país.

¿Alguien cree que no vale la pena?

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Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 13/04/2009 at .

    “ciudadanos en tanto que internautas”…
    esa es la gran cuestión. Aquí parece que llamando internautas a los ciudadanos que somos todos estamos rebajando el nivel del debate. Yo no conozco ningún internauta, conozco ciudadanos que utilizan Internet. Y esos ciudadanos se aprestan a defender sus derechos cívicos. Debemos utilizar la misma precisión en el lenguaje, a fin de contrarrestar el mismo cuidado que tiene el enemigo en definir “propiedad intelectual”, “piratería”, “industria cultural”, etc etc.

    Por mi parte, la suerte está echada. Desde ya hace bastante tiempo la defensa de los derechos de los ciudadanos y la batalla de la propiedad intelectual definen mi voto.

  • Votante  On 13/04/2009 at .

    NO al voto CAUTIVO.

    Si al voto INUTIL.

    No vote PP, ni PSOE.

    Basta del gobierno de la pu** derecha en este país.

  • starblank  On 14/04/2009 at .

    La frase ‘Los ciudadanos estamos solos, total y absolutamente solos’ es una frase realmente triste, una idea en la cabeza de demasiada gente. Da la impresión de que todo el mundo está harto, en general.

    El grueso de la población ya no cree que el sistema funcione, y eso va a crear un problema muy grande, mundial, puede que incluso de proporciones históricas. No sé a dónde nos lleva todo esto, y si es a un buen o mal lugar. Pero se avecina algo muy gordo.

    Veremos qué pasa.

  • josempelaez  On 15/04/2009 at .

    Podemos, debemos y tenemos que hacerlo.

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