Redes

De la serie: Correo ordinario

En una decisión digna de aplauso -al menos, yo la aplaudo con entusiasmo- Televisión Española ha situado el programa «Redes» a las nueve de la noche del domingo, sacándolo de la intempestiva hora de madrugada en que se hallaba anteriormente.

«Redes» es un programa de divulgación científica dirigido por Eduard Punset, un hombre con un curriculum curiosísimo, con una formación académica como jurista, primero, y economista, después, fue activista comunista, periodista económico, y ya, fenecido el invicto gallego, entró en política de la mano de la Unión de Centro Democrático; fue conseller de Economía y Finanzas de la Generalitat pre-estatutaria, ministro de Relaciones con las Comunidades Europeas (1981-1982), diputado en la primera legislatura del Parlament de Catalunya, diputado en el Congreso en 1982 y, finalmente, eurodiputado entre 1987 y 1994.

Pese a esta biografía muy poco científica, su popularidad actual y el cariño que le tributa el ciudadano de a pie le viene precisamente de este programa de divulgación científica, imagino que por la razón que a mí me encanta del mismo: ciencia, sí, pero con el hombre como eje; es decir, no intenta transmitir simplemente conocimiento científico de una manera asequible, sino que lo hace como hecho determinante del pasado, del presente y del futuro de la especie humana; de alguna manera, su programa es antropocéntrico. Y, por ello, concede también un lugar no secundario a áreas no empíricas del conocimiento: psicología, filosofía, sociología, etc.

Punset y «Redes» son una rara avis en el deprimente panorama televisivo español y una clara muestra de lo que podría ser la televisión pública liberada de la estúpida obligación de las cifras de audiencia.

Los botarates de la televisión basura debieran darse cuenta de la muchísima audiencia que puede llegar a tener la cultura bien hecha; lo que pasa es que esos merluzos siempre se despiertan tarde y cuando se dan cuenta de que tirada en horario de madrugada y en la cadena pobre tienen una joya, los creadores de la misma están ya quemados o muy cerca de la calcinación. Esto es lo que le pasó a un concurso que ganó una popularidad enorme sin necesidad de que la gente se fijara en las cifras del premio (que, además, creo recordar que no era muy importante): «El tiempo es oro». Es un concurso que hoy, con Internet en todas las casas -en todas las casas donde pudiera importar un concurso así, que llegaron a ser muchísimas-, ya sería impensable, pero que despertó pasiones pese a que su formato, mirado desde lejos, no iba más allá. Sin embargo, se le supo imprimir un ritmo y una variedad morfológica y temática que llegó a apasionar a millones de telespectadores. Llegó al prime time de la primera cadena, pero ya llegó con un equipo cansado y con todas las posibilidades agotadas. También pudiera ser que como a mucha gente le han explicado que «cultura» es lo que hacen el tal Ramoncín, Bisbal o Carlos Saura, claro, cuando oye la palabra fatídica cambia de canal y, dada la confusión, hay que reconocer que la actitud es comprensible.

El precedente de «Redes», su prehistoria, fueron los programas del entrañable y malogrado doctor Lluís Miravitlles, que se prolongaron durante algunos años con diversos títulos; el que yo recordaba -antes de mirar la Wikipedia- es «Visado para el futuro». La biografía de Miravitlles guarda una gran semejanza con la de Punset, es curioso. Con la única diferencia de su formación académica básica (la de Miravitlles sí era científica puesto que era farmacéutico), comparten el ámbito de la divulgación científica, de la política (y en el mismo partido, UCD) puesto que Miravitlles fue director general de Promoción del Turismo y también delegado de relaciones públicas del achuntamén y, curiosamente, una misma tipología de alimenticio chollete en el ámbito turístico, puesto que Punset forma parte del consejo de administración de la cadena Sol Melià y Miravitlles ocupó un puesto similar en la cadena -también hotelera- HUSA, el tinglado del amigo Gaspart, tan caro a esta bitácora. Ambos coinciden, además, en la docencia. Punset es profesor en ESADE y en el Instituto de Empresa (o sea que Enrique Dans tendrá, probablemente, el privilegio de tomarse de cuando en cuando un cafetito con él) y Miravitlles lo fue en la Universidad de Barcelona.

Hoy he disfrutado del programa mientras cenaba, no sin vencer las protestas de mis hijas, aspirantes a sintonizar no sé que tontería en no sé qué canal, aprovechando que mi santa me ha dejado mandar un ratito. Pero no he sido yo quien ha vencido: han sido Punset y «Redes». A los cinco minutos de programa, las chicas estaban ya enganchadas, con la mayor exclamando que ese tema (que trataba hoy en parte el programa: religión y ciencia) llevan tres meses tratándolo en clase de Filosofía (¡Alegráos, sí! ¡En el Bachillerato -incluso en las ramas científicas- todavía se enseña Filosofía! Supongo que es porque el ministro de Educación aún no se ha enterado). Punset, además, tiene la virtud de tratar las cosas sin que se enfade nadie: el programa de hoy hubieran podido verlo con una sonrisa beatífica y complaciente lo mismo Rouco Varela que Stephen Hawking (siempre que ambos hubiesen estado a mucha distancia uno del otro, claro).

A ver cuánto dura la alegría, pero yo, de momento, me prometo muy felices las cenas de los domingos a partir de ahora. Cabe felicitarse de que en un momento en que a los cuentistas, vendechifles, magufos y otros indeseables se les dan programas de televisión a barullo, la televisión pública, aunque sea en la cadena pobrecita (ya quisieran muchas tener esa digna pobreza) dedique un espacio en horario familiar a algo como «Redes». Pero tenemos que estar calladitos: que nadie en ámbitos del Gobierno -y menos aún en ministerios como el de Cultura- se enteren de que existen programas como este o como «El Conciertazo». Con lo que odian por allí la cultura -la de verdad- nos iban a durar menos que un pastel a la puerta de un colegio.

Mientras tanto, me quedo con una de las últimas frases del programa de hoy -una frase que define muy bien el espíritu del mismo- que ha pronunciado Benjamin Zander, director de la Orquesta Filarmónica de Boston, después de tirarse más de tres minutos de reloj televisivo hablando de música sin referirse, ni siquiera indirectamente, a la propiedad intelectual. ¿O sí? Vosotros mismos, he aquí lo que ha dicho: «El éxito no consiste en cuánto dinero tienes ni en cuánto poder acumulas, sino en cuántos ojos haces brillar a tu alrededor».

Amén.

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