Blogs y prensa

De la serie: Correo ordinario

Leía el otro día en «Libertad Digital» unas declaraciones de Arcadi Espada según cuyo títular asegura que los blogs españoles no tienen nada que ver con el periodismo.

Estoy relativa o parcialmente de acuerdo con él: la mayoría de las bitácoras no tiene nada que ver con el periodismo. Lo que me pregunto es si los bloggers tenemos, en realidad, algún interés en ello, si dejamos aparte a algunos profesionales que usan sus bitácoras como complemento o como elemento principal de su labor, ahí sí, puramente periodística.

Yo no sé si esta bitácora le parecería periodística a Espada: probablemente sí, ya que él divide los blogs entre los que constituyen expresiones de la vida íntima de las personas y los que se orientan a temas periodísticos, principalmente a la opinión. Yo establecería, como mínimo, una tercera categoría en la que sí podría encuadrarse claramente «El Incordio»: la de los blogs activistas, los que están al servicio de una idea o de una reivindicación o conjunto de ellas. Efectivamente, esta pequeña y humilde bitácora sólo tiene un remoto parecido al periodismo en las paellas de los jueves y en alguna que otra breve liebre que, muy de cuando en cuando, salta entre semana.

De todos modos, como he dicho en el segundo párrafo, la caracterización de las bitácoras no es importante, cuando menos para los bloggers, los bloggers de raza, entre los que, modestamente, me incluyo, para los cuales una bitácora es lo que es y no el sucedáneo de una redacción convencional; dejando aparte microscópicas y muy espaciadas intervenciones, casi siempre al servicio de la quizá residual pero siempre presente vanidad personal de verse en los papeles, la prensa, tal como se entiende en su más amplio sentido, nunca ha sido lo mío: para un librepensador puro y duro, ponerse a disposición de una línea editorial es una posibilidad que produce más alergia que deseo. Con todos mis sentidos respetos para quienes tienen que tragar con ese sapo a beneficio de una modesta nómina con la que llevar adelante a su familia.

La evidencia de que el periodismo está en crisis viene de los propios periodistas. Estas declaraciones de Espada se producen en el ámbito de un debate celebrado en Granada días atrás con Miguel Ángel Aguilar, un colaborador habitual de «El País» (como Arcadi Espada mismo). Pero ya estos días bajaban las aguas revueltas sobre este tema por las recientes declaraciones de Juan Luis Cebrián al respecto. Y los que le seguimos, que somos muchos, hemos reflexionado sobre la cuestión de la mano de Manuel Almeida, periodista y blogger, gracias a su bitácora «Mangas Verdes». Y todos ellos son solamente los nombres que me vienen a la cabeza de manera inmediata: unos minutos de ejercicio memorístico o una buena búsqueda en Google me llevaría a una larga lista de reflexivos sobre la cuestión, en la que estarían incluidos magnates de la prensa y el audiovisual de alcance mundial.

Prácticamente todos le dan vueltas a esta crisis en clave de las nuevas tecnologías y, particularmente, de Internet. Pero me llama la atención que Internet y las TIC son estudiadas desde la óptica mediática en clave de modelo de negocio y sin perjuicio de la razón que les asiste en sus reflexiones desde ese punto de vista, me da la impresión de que no se enteran, me parece que se olvidan de la mayor: primero, que la caída del modelo clásico tiene mucho más que ver con la tremenda falta de independencia de los medios -siempre al servicio de algún lobby, cuando no al servicio de sí mismos como empresa mediática en pretendida expansión de progresión geométrica- y con el déficit de periodistas; las redacciones están llenas de mindundis que se limitan a reproducir los despachos de agencia añadiéndoles -a lo sumo y no infrecuentemente- cuatro o cinco faltas de ortografía y otras tantas de sintaxis, y eso por no hablar del estúpido lenguaje políticamente correcto que gastan o que les obligan a gastar. Y eso los ciudadanos lo percibimos; unos lo racionalizan más y otros funcionan más instintivamente pero, de un modo u otro, todos lo percibimos.

Otra cuestión que se tendrían que plantear, no sé si por ignorancia o por miedo, es una crisis del modelo muy ampliamente concebido. Quiero decir que la prensa -y, con ella, el periodismo- constituyen un fenómeno relativamente reciente en la historia de la Humanidad: no tienen mucho más allá de trescientos años. El periodismo, tal como se entiende -más o menos- ahora, necesitó aún doscientos años a partir de la invención de la imprenta para ser alumbrado. Es posible que la tecnología tenga también algo que ver: las primeras imprentas no eran en absoluto aptas para el periodismo: las planchas se rompían o se deterioraban enseguida y no se podían imprimir muchos ejemplares de una misma obra; la labor del cajista, en aquellos primeros tiempos (y en los segundos, y terceros…) fue especialmente horrible, un verdadero trabajo de chinos: está claro que el esplendor de la prensa viene con la linotipia, un invento ya muchísimo más cercano (último cuarto del siglo XIX).

¿Cómo se había informado hasta entonces el ser humano? La realidad es que, hasta entonces, el ciudadano de a pie se había informado poco, tarde y mal: sólo unos pocos acontecimientos de gran envergadura llegaban a ser pública y generalmente conocidos mucho tiempo después -en términos relativos- de haberse producido. La información es un elemento de supervivencia como otro cualquiera y cuanto más rudimentaria es la vida de una persona más se constriñe a su espacio inmediato o cercano la necesidad perentoria de información; sólo a medida que ese espacio se amplía, se amplía a su vez el interés o la necesidad de la información. Bueno, supongo que en las facultades de Ciencias de la Información tendrán esto mucho mejor sistematizado que yo.

De la misma forma que la prensa sirvió eficazmente a esa extensión del ámbito informativo (los medios audiovisuales, radio y televisión, lo único que hicieron fue inmediatizarlo y particularizarlo en mayor medida) la red ha llegado a cambiar la situación de nuevo porque en ella la información circula desde su origen mismo hasta el propio interesado de una manera eficiente y fluida y sin necesidad de intermediarios, sin perjuicio de que a los intermediarios frecuentemente se les busque, pero un poco en función de la información: por ejemplo, en determinadas tipologías de información busco -si puede ser el caso- que me la suministre, que me la sirva y, en cierto modo, que me la interprete Enrique Dans, porque Enrique Dans es un intermediario autorizado pero… ¿por quién? No por el director o el editor de un periódico o de una cadena de televisión sino por alguien para mí muchísimo más importante: por mí mismo; lo mismo podría decirse del ya precitado Manuel Almeida y de tantos otros. Para otros tipos de información busco otros intermediarios, pero todos ellos se caracterizan por venir acreditados por una única entidad certificadora: menda lerenda. ¿Y qué distingue a estos intermediarios del periodista común, del intermediario mediático? Pues muy fácil: que como tengo acceso a la información de primera mano, puedo contrastar de ciencia propia la solvencia de mis intermediarios favoritos, con lo que se ganan de forma inapelable mi propio crédito, y ya me pueden decir los discrepantes misa cantada: como es algo desde mis únicos efectos y para mis únicos efectos, la cosa no tiene objeción posible.

Por eso cuando tantos -como el propio Arcadi Espada- claman por la profesionalización y se preguntan retóricamente -como lo hizo Cebrián en cierta ocasión por mí muy celebrada- quién certifica a los bloggers, la cagan estrepitosamente, porque están impugnando sin darse cuenta -de ahí que les califique de ignorantes en la materia- el criterio del propio usuario, del propio cliente; le están diciendo: Usted es un estúpido incapaz de contrastar sus propias fuentes; fíese de mí y verá cómo sí que va a estar bien informado. Un mensaje con todas las garantías de ser bien acogido por el interesado, ciertamente… Por otra parte, Cebrián (y compañía) van por el mundo seguros de que todos estamos al cabo de la calle sobre su solvencia, y no es así: todos sabemos de qué pie cojea, precisamente, «El País», para no ir más lejos. A Espada, sin ir más lejos, se le ve el plumero cuando reconoce, sin embargo, que los blogs sí que son auténtico periodismo… en Cuba. Vaya, hombre… Y no es que se lo discuta, pero que me explique por qué en Cuba sí y aquí no (sin que, por supuesto, me salga con la cagarela de la libertad de información… de las empresas periodísticas y mediáticas).

En resumen, me da la impresión de que aún tienen que comer muchísimas sopas digitales para que se den cuenta de por dónde van los tiros y para que puedan salir de su estupefacción ante situaciones que ya no es que no dominen ni controlen, es que, simplemente, no entienden.

Hay que estudiar más y con más humildad, señores…

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