Anarco-conocimiento

De la serie: Correo ordinario

Desayunamos hoy en red con un cierto escandalillo -aún no ha adquirido proporciones dantescas, si es que ha de llegar a eso- a cuenta de unas declaraciones de Ratzinger, papa Benedicto XVI, sobre unas críticas a Internet. Me temo que va a ser echado a los perros por el anticlericalismo galopante y que quizá algunos -o puede que muchos- gurús de la red -o que creen que lo son- vayan a ayudar a los anticlericales en echar al foso -virtual- al pontífice.

Pero yo, como no soy un gurú de la red ni creo serlo para nada, puedo decir lo que me dé la gana sin temor a sufrir las consecuencias en mi improbable guruísmo, ventajas de ser un mindundi, y, por tanto, por una vez y sin que siente precedente, voy a estar de acuerdo con el líder católico. Y voy a estar de acuerdo porque la crítica papal no se orienta en el presente caso desde o hacia la moral católica sino desde y hacia el ámbito académico. Su crítica, si no la he entendido mal, sostiene que la adquisición de conocimiento fuera de los raíles del método científico puede conducir a una anarquía en el propio conocimiento que pueda llegar a ser contraproducente.

Pues, oye, razón no le falta. Uno de los problemas de la autodidáctica es que, mal dirigida o mal orientada, puede conducir a un acopio puramente acumulativo, almacenístico, de conocimiento inconexo que suma a su usuario en una confusión tal que, a la postre, resulte más ignorante que el inculto puro y duro. Hay, por supuesto, una forma autogestionaria de correcta adquisición del conocimiento que consiste en, aunando una larga experiencia personal, adquirir un orden metodológico sobre el cual dirigir lecturas; no es un caso tan infrecuente: hay viejos empresarios que tienen conocimientos de economía científica a un nivel bastante alto sin haber pisado una facultad universitaria en su vida (en algunos casos, nada extraños ni sorprendentes, aún podrían dar lecciones a unos cuantos imbéciles que van por ahí de listos académcos y así nos las hemos de ver ahora con lo que hay). Pero esta autodidáctica valiosa y fecunda, necesita de mucho tiempo, de mucha paciencia, de mucha lectura y de mucha reflexión, virtudes muy infrecuentes en la chusma, para qué nos vamos a engañar…

El problema no está en estos autodidactas consistentes y realmente sabios, sino en los botarates que se lanzan sobre un ítem de la Wikipedia, lo devoran de cualquier manera -memorizando, sobre todo, el léxico- y ya se creen que lo saben todo sobre física cuántica. Recuerdo de mis viejos tiempos en el mundo de la simulación aeronáutica, cómo había gente que llegaba realmente a creerse que podía volar en serio con un avión de verdad; me refiero a un avión de los grandes. Yo me preguntaba, cuando presenciaba -o incluso participaba- en polémicas al respecto, para qué entonces estudios tan largos, titulaciones tan costosas, tan complejas y tan difíciles para poder hacer algo que con unos centenares de horitas de simulador de vuelo en ordenador personal y la atenta lectura de unas docenitas de páginas web con trucos, técnicas y algún liviano componente teórico, podía hacerse tan ricamente. Un PC potente, un buen X-Plane, treinta o cuarenta fines de semana intensivos y, hala, listos para un Airbús A320. Y, en lo que a mí respecta, iba a subirse a un avión su padre. Esto no quiere decir que con uno de esos simuladores de vuelo no pueda llegarse a conocimientos realmente muy amplios -pero en términos meramente culturales, no ejecutivos y menos aún profesionales- sobre el ámbito de la navegación aérea; incluso en la medida en que los parámetros de vuelo en aparatos sencillos -pequeñas avionetas, para entendernos- están bastante conseguidos, puede sorprenderse al monitor de vuelo que acompaña al empollón que toma unos cuernos reales por primera vez y se desenvuelve con una soltura un tanto inaudita. Pero no pasa de ahí la cosa.

Otro ejemplo de conocimiento mal adquirido es cómo manejan las leyes los que nunca han afrontado su aprendizaje académico: pensar -¡y proclamar!-, por ejemplo, que todo lo que no es delictivo es legal o visiones verdaderamente marihuanescas de los mandatos constitucionales, y un sinfín de barbaridades más. Esto es interesante, por frecuente. Mientras en el mundo jurídico aún se discute sobre la legalidad de las descargas P2P, dado que su posible ilícito civil (el penal está totalmente descartado, pero ello no obsta para que las descargas pudieran ser, en su caso, ilegales) al prohibir la LPI, por un lado, las copias privadas que no provengan de copias a su vez legítimas y, por otro, la puesta a pública disposición de contenidos protegidos por derechos de autor. Esto, que millares de pollinos ven tan claro de buenas a primeras, es objeto de una discusión jurídica de altísimos vuelos, porque se discute, entre otras cosas, a quién corresponde la obligación de establecer en primer lugar si la procedencia de un contenido en red es legítimo o no, o dicho más claramente, si el que se descarga un contenido tiene derecho (o no) a presumir la legitimidad en su adquisición por parte de quien se lo está sirviendo, toda vez que su identidad concreta es imposible de establecer como simple usuario de un programa cliente; o, en el segundo supuesto, cómo podría el autor presuntamente perjudicado acreditar la puesta a disposición ilegítima de contenidos por parte de un usuario de redes P2P, puesto que no es imposible descargarse contenidos sin ofrecer nada a cambio (y, de hecho, hay jetas que lo hacen) y, por tanto, no poner a pública disposición contenido alguno. Pero ¿para qué complicarnos la vida? Como no se va a la cárcel, es legal y ya está.

No hace muchos días, cayó en mis manos, por pura casualidad, un reglamento de fútbol y por pura curiosidad y porque en aquel momento estaba poco menos que matando moscas con el rabo, me dio por echarle un vistazo. Eso es complicadísimo. Pero complicadísimo de veras, muchísimo más aún que el Reglamento taurino, que déjalo correr también. Y me preguntaba: ¿con qué conocimiento de causa pueden miles -cuando no millones- de bárbaros increpar a un árbitro que, se supone, conoce este reglamento al dedillo, cuando los vociferantes no le han visto ni las tapas?

Es muy justa y muy razonable la crítica de Ratzinger (que no es, por cierto, la primera vez que se produce en este sentido): es un hombre en el que el ámbito académico ha formado parte determinante de su vida y que ha cultivado durante la totalidad adulta de la misma; el horror ante esa enorme catarata de contenidos incontrolados (incontrolados, ya se entiende, en términos académicos) es en todo comparable al que podría sentirse si se distribuyeran costosísimos platos de alta cocina como alimentación habitual en un comedor escolar (por cierto, hubo un programa de TV3 que lo hizo y el horror está, efectivamente, justificado).

Lo único que yo le preguntaría al pontífice es: bueno… ¿y que quiere que hagamos? Por la misma razón podrían objetarse las bibliotecas y a nadie se le ocurre hacerlo; claro que Internet es mucho más cómodo y más asequible, es conocimiento barato de adquirir para los ceporros que no sufren leer o leer mucho y eso, efectivamente, podría parecer que devalúa ese mismo conocimiento. Pero vuelvo a lo mismo: ¿y qué vamos a hacerle? Y, además: ¿y qué? ¿Que quiere decir el papa con que se devalúa el conocimiento? ¿Porque está al alcance de todos? ¿Porque puede ser miel en boca de asnos? Porque, por otra parte, si uno busca conocimiento académicamente contrastado e incluso académicamente impartido, lo encuentra también fácilmente; y, por lo demás, tampoco podemos complicarle el acceso al conocimiento al verdadero científico, al verdadero erudito, sólo por ponérselo más difícil a la acémila.

A veces me da la impresión de que tras estas quejas se esconde un cierto elitismo, la oscura pretensión de que el conocimiento vuelva a los monasterios, oculto y férreamente custodiado por los guardianes de la Verdad, cualquiera que sea esa Verdad en función de su localización geográfica. Y conviene no olvidar que Ratzinger procede de la Inquisición, que encabezó durante muchos años y que, aunque modernamente ya no puede incinerar a la gente (aunque no por falta de ganas) ha continuado repartiendo estopa a manta entre quienes ha podido; pero sus víctimas no han sido, precisamente los analfabetos, sino precisamente los ilustrados, aquellos que desde el conocimiento, desde la sabiduría, desde la razón, han deducido la crítica, la contestación y la objeción.

Sí, don Benedicto, sí, desde cierto punto de vista tiene toda la razón pero, por si las moscas, por si sus turiferarios sufrieran la tentación de ponerse chulos otra vez, dejemos las puertas de Internet abiertas de par en par para todo el mundo: qui potest capere, capiat.

Y que corra el aire.

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Comentarios

  • César Salgado  On 12/05/2009 at .

    “Ratzinger procede de la Inquisición”. Ahí les has dado. Una de las debilidades de la jerarquía eclesiástica consiste en señalar algunas lecturas como adecuadas (nihil obstat, se decía antes) y otras como poco edificantes. Creen tener el monopolio de la Verdad. Es evidente que no entenderé muchas de las informaciones disponibles en una biblioteca o en internet sin unos conocimientos previos, pero prefiero que me dejen libertad para investigar y para equivocarme…

  • Teodoro  On 13/05/2009 at .

    Le estamos dando la razón a Benedicto en cuanto nos ponemos a criticar unas opiniones en base a dos líneas en una noticia. ¿Donde está el discurso completo? para, entre otras cosas, no hacer unas reflexiones sobre unas lineas que, en primer lugar, no sabemos si están fuera de contexto.

    ¿No es esto muestra de la fragmentación de la cultura a la que hace referencia?. ¿Como se puede ser medianamente objetivo sin haber escuchado la totalidad de un argumento?. ¿Acaso no abunda en internet el comentario rápido e irreflexivo?.

    Por cierto Javier, de los que he leido, el tuyo es el único análisis de esta noticia que ha intentado – y de forma bastante acertada – entrar en el fondo de las citas con la información disponible.

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