La Pajín nos toma el pelín

De la serie: Correo ordinario

Mareando la perdiz del medio millón de ordenadores escolares que han de estar listos para septiembre, Leire Pajín, cabeza visible del PSOE más allá de Zap (partido, no Gobierno, ojo al dato), aseguró que todos los ordenadores serían cargados con un sistema operativo libre, de modo que todos los… no sé si usuarios, centros o comunidades autónomas… podrán elegir.

Trampa, por supuesto. La trampa está en lo de «podrán elegir»: los ordenadores llevarán arranque dual, me juego algo gordo y no lo pierdo. Eso quiere decir que todos los ordenadores irán cargados con Window$, lo cual significa que todos los [usuarios, centros o comunidades autónomas] que opten por software libre (un sistema operativo Linux, imagino, en cualquier distribución), devengarán igualmente el diezmo que Zapatero ha pactado con Micro$oft. Zapatero… y Montilla y unos cuantos más. Ningún problema: podrá elegir todo el mundo, pero nos retrataremos todos ante Ballmer de cualquier modo.

Para mayor cachondeo, este fin de semana el partido -sigo hablando del PSOE- ha lanzado un manifiesto en pro del software libre que firman no sé cuántos relumbrones del tinglado; entre otros -manda huevos- Montilla y no me sorprenderá que llegue a hacerlo Hereu, si es que no lo ha hecho ya, los dos que han entregado Catalunya a Micro$oft.

Cortina de humo pura y dura. Hace ya tiempo que conocemos el rollo. Por un lado, grandes clamores públicos por el software libre, que es tan bonito, tan guapo, tan económico, tan útil para el desarrollo y, por el otro, en la trastienda, firman contratos-programa millonarios con el monopolio. Y cuando desde la comunidad del software libre los ponemos en evidencia, todo son excusas a cuál más tonta: que si el software libre sale carísimo, que si la migración atascaría la acción administrativa (o educativa, o sanitaria), que si las curvas de aprendizaje son muy pronunciadas (¡¡en OpenOffice!!) y un sinfín de tonterías que no se cree nadie. Nadie que sea un poquito, mínimamente, conocedor del asunto; pero conocedores del asunto, aunque sólo sea un poquito, somos cuatro y el cabo y a la ciudadanía le toman el pelo impunemente.

El uso del software libre como argumento -que no para otra cosa- a fin de obtener réditos políticos es recurrente. Yo ya ni asisto a los actos que se convocan de cuando en cuando sobre la cuestión porque son una perfecta tomadura de pelo. Hará ahora un año, asistí a una presentación de la Secretaría de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información de la Generalitat en la que, anunciaba, iba a presentar sus proyectos de software libre. Concurrió -además del panoli que suscribe- un nutrido grupo de pequeños empresarios del sector que, si bien algo escépticos, acudieron con la ínfima esperanza de que para ellos pudiera haber, al fin, algunas migajas del enorme pastel de dinero público que en Catalunya se zampan Micro$oft, T-Systems y El Corte Inglés, con otros dos o tres de menor pero no pequeña cuantía. En Catalunya, el paraíso de la pequeña y mediana empresa, el vital ámbito tecnológico de promoción pública está vedado para ella. Pues bien, antes de transcurrida la primera mitad de la cosa, todos esos pequeños empresarios ya daban cabezadas de decepción y de desaprobación, ya habían visto que estaban ante lo de siempre. En realidad, vendiendo como política propia lo que, de hecho, viene obligada a hacer por el carácter básico de las normas contenidas en la Ley 11/2007, desde la Generalitat se lanzaron a un ditirambo sobre los formatos abiertos y sobre cómo los estaban implementando de cara al 31 de diciembre de 2009, fecha en que entrará plenamente en vigor (y cuando lo vea me lo creeré) dicha Ley, pero cuidándose de avisar de que no iba a haber cambios sustanciales en las políticas de software de la santa casa. O sea que no sé qué explicaciones sobre la implantación del software libre se suponía que iban a ofrecer, si salvo unas pocas cosas a nivel de servidores (me refiero a las que no estuvieran implantadas ya), de software libre, nada de nada: de cara a los escritorios, que es donde le interesa sobre todo al monopolio, los ciudadanos íbamos a continuar regalando cantidades enormes de dinero a Micro$oft.

Es algo especialmente cabreante, porque encima de putas, pagamos la cama. Es una constante tomadura de pelo a todos los niveles políticos, gubernamentales y de partido, y a todos los niveles del arco político, porque tampoco al Partido Popular se le cae de la boca lo del software libre, pero en las comunidades autónomas donde gobierna tampoco se ve software libre por ninguna parte. Eso sí: para vestir a la mona de seda, todos se pintan solos, y no hay comunidad autónoma -y hasta algún que otro ayuntamiento- que no haya gastado un buen puñadito de dinero público en fabricar su propia distribución de software libre sin que esa distribución -y, por tanto, ese gasto- haya servido para apenas nada más que para una estupenda y celebradísima conferencia de prensa. Los únicos lugares en los que el software libre parece que va tirando, es en Extremadura, desde luego, y en mucha menor medida, en Andalucía. Fuera de esto y de unos pocos pueblines -generalmente pequeños- con alcaldes emprendedores, sólo está el páramo del imperio Micro$oft a muchísimos euros por metro cuadrado.

Si a Rajoy le hubiera importado tanto el software libre como quiere aparentar, hubiera tenido argumentos amplísimos para neutralizarle a Zap el efecto propagandístico del invento del medio millón de ordenadores e incluso para hacerlo sonrojar. Pero Rajoy es tan analfabeto digital como el que más y, por tanto, no supo qué responder ante el órdago de cartón piedra que lanzó -de esto sabe lo que no está escrito- el deprimente presidente del Gobierno que padecemos. Pero aún suponiendo que Rajoy no fuera el analfabeto digital que indudablemente es, dudo que atacara por ese lado -salvo que tuviera un rostro de cemento armado, posibilidad que no cabe excluir- porque, en realidad, el PP funciona bajo los mismos parámetros: como he dicho, no hay software libre donde gobierna -salvo algunas distros meramente decorativas aquí y allá- y no lo va a haber en la administración española, ni en la educación, ni en la sanidad, si algún día accede al Gobierno. Por cierto, y ya que hablamos de sanidad, hay que recordar que a finales de la semana pasada, la sanidad de la Comunidad de Madrid (gobernada por el PP, como sabemos) estuvo en jaque porque se desplomó el software de Micro$oft que gestiona su sistema informático: ya vemos lo partidarios del software libre que son estos. Como los otros.

Otro ámbito en el que los ciudadanos estamos solos, sin más medios para defendernos que los que nosotros mismos nos podamos procurar. Pillados por los culturetas en la fiscalidad de nuestros componentes digitales -entre otras cosas-, por las telecos en nuestras comunicaciones y por dos o tres multinacionales no sólo no españolas, sino que ni siquiera europeas, en lo referente a los programas informáticos que gestionan nuestras administraciones públicas, nuestra sanidad y nuestra educación, con todos los gobiernos y la práctica totalidad de los partidos políticos volcados al servicio de esas minorías que se han adueñado de nuestro país y de ámbitos tan esenciales para nuestra economía, para nuestro desarrollo y, en definitiva, para nuestro futuro, la ciudadanía no tiene otro farol al que agarrarse que no sea su propia iniciativa y su propia acción.

No me creo los cantos de sirena ni de Zap, ni de Leire Pajín. No me trago los manifiestos realizados desde un partido que traiciona constantemente a los ciudadanos, suscritos por una corporación de individuos que se ríe y se carcajea de nosotros firmando con la misma pluma que ha ratificado la hoja de encargo a Micro$oft.

Es una burla. Y como a burladores hemos de tratarlos.

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