Pirateando

De la serie: Correo ordinario

El Partido Pirata sueco ha logrado un escaño en el Parlamento Europeo. Esto casi no es ni noticia. Pero más allá de ese escaño, más allá de esa voz de los internautas europeos en que verdaderamente se va a constuir, interesa profundizar en ciertos detalles. Y éstos vienen de la entrevista al flamante diputado pirata Christian Engström que publica «La Razón».

El primer detalle, que casi diría yo que es el más importante, son las cifras que han llevado a Engström a la Eurocámara. Recibió 214.313 votos que representan -según otras fuentes- el 10 por 100 de los votantes menores de 30 años. Si combinamos este dato con el hecho de que, bien recientemente, Suecia se ha puesto a la cabeza de los países más bestias en la represión del P2P, la conclusión cae tanto por su peso que ni siquiera la voy a mencionar.

Pero sí sería curioso extrapolar lo que sucedería en nuestro entorno. Por ejemplo -primer e imprescindible ejemplo-, España. En España ya existe el Partido Pirata desde hace algún tiempo. Con poco éxito, la verdad. España es un país muy malo para el civismo; es más, yo diría que la incivilidad es lo que más define y caracteriza a los españoles. La red es un hervidero anticanon, pro-descargas, anti-$GAE y todo lo que se quiera… Pero cuesta muchísimo lograr que toda esa masa salga a la calle. Y ya no sólo eso: cuesta muchísimo que la gente se comprometa con un proyecto (y no digamos con más de uno). El individualismo es verdaderamente alucinante y la sociedad civil en red sólo es realmente importante si la comparamos con la sociedad civil común y en general, porque en comparación con el ruido enorme que se oye en Internet, la AI, la AUI y otros aún más pequeños, no son sino ínfimos núcleos que, encima, tienen que sufrir con frecuencia la bravuconería impugnadora que procede de muchos cuyo único activismo es la berrea en los agregadores de noticias. Y así, el Partido Pirata ni siquiera pudo concurrir a estas últimas elecciones europeas por falta de firmas que apoyasen su candidatura. Alucinante. No hay manera de construir en positivo. Las plataformas anticanon tenemos capacidad para causar daño electoral, como quedó más que demostrado en las últimas elecciones generales; podemos cascar -al menos, hasta cierto punto- a los que nos agreden, pero no podemos constituir una alternativa que compita, ni siquiera como lobbies cívicos.

Como he dicho muchas veces, no me gustan los partidos univectoriales, que es el problema del que, para mí, adolece el Partido Pirata (el español y los que no son españoles), pero el Parlamento europeo es su lugar perfecto, porque allí esa univectorialidad es muchísimo menos problemática e incluso llega a ser hasta especialmente útil, precisamente porque en el Parlamento europeo todavía no se debaten las cuestiones que obligan a ponderar muy seriamente el escaso valor de un sólo voto. El Parlamento europeo nos puede joder la red, pero hoy por hoy y aparte de esto, aún influye poco en aspectos básicos de nuestra vida; por lo menos directamente. Ése es, pues, el perfecto escenario para un partido univectorial. Y en España hemos perdido la ocasión de contribuir a esa lucha en positivo por durante cinco años más, a causa de nuestra escasa cultura civil.

Desgraciadamente -por comparación con nosotros- y afortunadamente -ante el panorama global- no creo que vaya a pasar lo mismo en Francia. En Francia no ha habido tampoco Partido Pirata alguno en estas elecciones, pero es que en Francia los movimientos anti-$GAE equivalentes (esencialmente, la Quadrature du Net) son muy incipientes, acaban de nacer, y no les dio tiempo a organizarse. Aquí les llevamos once años de ventaja. Hay que tener en cuenta que Francia llegó muy tarde a Internet: allí se apostó por un sistema complementario del teléfono (ese sistema se introdujo en España muy tímidamente con el nombre de Ibertexto y sin el menor éxito) y la cagaron. Posteriormente se cambió de actitud y hoy tienen una Internet mucho mejor, más universal y más asequible que en España, pero de menor recorrido histórico, lo cual tenía forzosamente que notarse en el desarrollo social del movimiento pro derechos civiles. Estoy por apostar a que dentro de cinco años -quizá de mucho antes- las cosas van a ser muy diferentes, mientras que aquí podremos aspirar, todo lo más, a que hayan mejorado algo, pero no habrán cambiado sustancialmente. Nuestra ciudadanía en red es como la manga riega, que aquí no llega y por eso somos pasto fácil de los sinvergüenzas que todos tenemos in mente.

Otra cosa que me gusta de la entrevista que publica «La Razón» es el tono del nuevo eurodiputado: no se anda por las ramas y llama a las cosas por su nombre, crudamente. Me encanta cuando, tras poner de relieve que el dinero que corre en los últimos años en el mundo de la música se ha incrementado pese a las descargas (se ha reducido la venta de discos pero se ha incrementado en mucha mayor medida el número de conciertos), a la pregunta de qué hará el músico que no quiera hacer giras, que sólo pretende vivir de sus discos, responde: «Si tienes un negocio y la realidad cambia, tienes dos opciones: o te adaptas o te arruinas. Si a un músico no le gusta tocar, le diría que hay otros oficios que puede ejercer. Así es la vida». En realidad -todos lo sabemos- este es el quid de la cuestión: si te empeñas en seguir vendiendo agua en botijos, prepárate para morir como un hombre (o como un mierda, según se mire o según de quién se trate). Igual de taxativo (radical, diría don Teddy) se produce al referirse a la capacidad de defensa de la tecnología: «Las tecnologías siempre van por delante de los políticos y los legisladores. Cuando acaban con una, surge otra más poderosa: Napster, Kazaa, BitTorrent…». Algunos creíamos que después del chasco de los muchísimos millones de dólares gastados (nunca mejor dicho: gastados, tirados, desperdiciados) en el desarrollo de tecnologías DRM que no sirvieron para nada más que para incentivar la diversión (que apenas duró algunas horas en algún caso) de unos cuantos miles de hackers, ya habrían aprendido que las tecnologías obstructivas no son sino agujeros negros por los que desaparecen importantísimos volumenes de dinero sin que se obtenga el menor producto o beneficio. Claro que la maniobra ahora está en que el dinero que se gasta sea público y que lo de que funcione o no es lo de menos, porque el objetivo principal era que el político de mierda saliera en la foto y eso ya es objetivo cubierto. Porque, en efecto, es así: una vez lograda la foto, que el sistema represivo funcione o no, al político se la sopla, y los lobbies del latrocinio apropiacionista van a llegar a ver -al tiempo- cómo esos mismos políticos que les han bailado el agua, van a desactivar el invento bajo mano, por debajo de los faldones de la mesa camilla. Los traidores, por definición, no son ni fieles, ni fiables, y a algunos de los padrinos de esos traidores les esperan aquí grandes berrinches cuando vean que pese a todos los sistemas obstructivos y pese a todas las normas represivas, la gente va a seguir descargando alegremente (y en masa) y los sistemas y las normas van a estar como mirando para otro lado… por orden del baranda (no fuera a ser que cabrearan tanto a la gente que el Partido Pirata funcione a toda máquina, y ojo, que las poltronas del Congreso y del Senado son sagradas).

Y, finalmente la constatación de que la lucha de los internautas no es una pura cuestión tecnológica o de simples derechos adquiridos, sino un verdadera y plena lucha por nuestros derechos civiles, y cuando digo nuestros no me estoy refiriendo pura y simplemente a los internautas, sino a la entera ciudadanía (hasta donde los términos internautas y ciudadanía sean diferenciables; que si alguna vez lo fueron, hoy poco queda ya de ello). Dice Engströn: «Si los Gobiernos quieren controlar el intercambio de archivos, la única solución es intervenir todas las comunicaciones. ¿Querríamos vivir en una sociedad así? […] Los políticos europeos nos llevan a todo tren hacia la “sociedad vigilada”. A su lado, la Alemania comunista parece un paraíso de libertades…».

Muchísima conexión conceptual, desde luego, con lo que venimos defendiendo aquí desde hace tiempo. Está claro que si esta conexión es extensiva a todos los movimientos pro derechos civiles -incipientes o consolidados- de Europa, estamos ante el embrión de algo muy gordo. Esperemos a ver. Pero esperemos activamente. Los que se quedan esperando sin hacer nada a que Europa les salve del olor a pies y del ajo cazallero, acabarán teniendo a la Guardia Civil, con el comandante Salom al mando, llamando a la puerta de madrugada. Hay que levantar el culo de la silla y añadir nuestro nombre y número de DNI (nada de nicks) en entidades o en núcleos activistas. Y trabajar. Como en las cargas de caballería: de frente y por derecho.

O así, o a la mierda.

Actualización (5 minutos después)

Estando en máquinas este artículo, recibo la noticia de que el Consejo Constitucional de Francia se ha cargado la ley HADOPI y Mr Bruni se mete por el culo su invento. Los derechos civiles, en Francia, vuelven a estar en manos de los jueces.

Veremos qué pasa aquí, ahora…

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