Peatones, sanidad y corrupción

De la serie: Los jueves, paella

Ayer venía en «El Periódico» una noticia inaudita: el achuntamén señalizará 171 cruces para prevenir los atropellos. Y ahora, el lector se preguntará si me he fumado un brote verde de esos que ve crecer el Gobierno por todas partes: ¿qué podría tener de malo señalizar los cruces para prevenir atropellos? Ése sería un gran servicio.

Esto pensará el lector porque el lector -un lector cualquiera, pero más aún si es de mis habituales-, es una persona sensata y racional y, por ello, no es capaz de concebir que, tras este titular, se esconde una imbecilidad de tamaño suficiente. Porque, efectivamente, para el achuntamén, «señalizar» no es, como su nombre parecería indicar, instalar semáforos o señales de tráfico, sino escribir en la calzada, sobre el paso de cebra, orientado para su lectura por los peatones, unos caracteres que dicen lo siguiente: «En Barcelona, 1 de cada 3 muertos en accidente de tráfico iba a pie. Atención: todos somos peatones». Y el achuntamén se queda como si hubiera cagado.

Viene a decir: «Peatón: tú eres el último y más mierdoso eslabón en la anarquía que caracteriza el tráfico en esta ciudad; un tráfico que, en su parte rodada, con o sin motor, está mayoritariamente compuesto de perfectos cabrones y de hijos de la grandísima puta que no tienen más ley que la de la preferencia de peso, y que cometen toda clase de tropelías, gamberradas, infracciones e incluso delitos en la más total impunidad, porque los agentes de la Guàrdia Recaptatòria (antes llamada Urbana) están ocupadísimos llenando las sedientas arcas municipales a base de agotar incesantemente boletines y más boletines de multas, de multas cuantiosas y copiosas, por estacionar en lugar prohibido o por haber sobrepasado el tiempo máximo pagado, conductas cuyos efectos van, desde la simple merma de la recaudación municipal al encabronamiento que provoca tapar un paso de peatones, pero que nunca o casi nunca suponen un peligro para la seguridad de las personas. Peatón: tú eres un simple mierda y, en consecuencia, nadie va a velar por tu vida ni por tu seguridad. Peatón: estás abandonado a tus propias y autónomas técnicas de supervivencia, las únicas que pueden protegerte de los cabrones del pedal que van por las aceras, o de los grandes bastardos a motor para los que un paso de peatones no es una zona ante la que frenar a medida que se van acercando sino, al contrario, un objetivo para sumar puntos en ese loco «Carmaggedon» en el que el achuntamén ha convertido a esta puta ciudad».

Precisamente hoy se han publicado los resultados de la encuesta cuatrienal que dicen que hacen y de la que siempre resulta que los ciudadanos pensamos que esta ciudad es maravillosa y chupiguay. En esta ocasión, naturalmente, la cosa no iba a ser peor y, pese a la crisis, seguimos la mar de contentos. Hombre, quizá haya un poco de inseguridad en el centro, pero para eso el achuntamén no tiene problema: deriva las culpas a los Mossos d’Esquadra y, nuevamente, se queda como si hubiera cagado. Debemos tener un achuntamén con diarrea.

Con diarrea y que, además, nos toma por imbéciles. Estos resultados no se los cree nadie. Basta ver las secciones de cartas al director de los diversos periódicos -gratuitos inclusive- y eso que muchos de ellos pertenecen a grupos mediáticos con potentes intereses en que la imagen de esta ciudad siga siendo el cromo que, efectivamente, pintan.

Como sucede en tantos otros ámbitos -conviene no olvidar que la administración municipal es esencialmente sociatonta (y lo que no, en manos de IC-EV, ya nos vale)- el poncio en jefe ignora olímpicamente aquellas exigencias ciudadanas que van contra sus designios. Hace ya mucho tiempo -quizá dos años o tal vez incluso más- que estamos hasta las narices de su política ciclista -coronada por ese bicing catastrófico, que va como una mierda y que encima cuesta un dineral… público, por supuesto- y su única respuesta ha sido entachonarnos más ciclistas, metiéndonoslos en las mismísimas aceras. Organizando, eso sí, grandes espectáculos para tener al personal entretenido. Participación ciudadana: mientras en los consejos de barrio debatimos por un quítame de allí ese banco o esas palomas sucias, no nos ocupamos de la ciudad en su globalidad y él hace y deshace a su gusto y ganas; o edifica magnas propuestas participativas alrededor de cualquier proyecto faraónico, como ahora mismo lo de la Diagonal, pero sin que el ciudadano tenga la primera palabra (es decir: ¿debe hacerse?) ni, después de que le mareen la perdiz, tenga la última, que estará a cargo de los políticos municipales. Él ya ha decidido que la actuación se llevará a cabo y, muy probablemente, también cómo. En el ínterin, tenemos entretenidos a los ciudadanos de mierda poniéndolos a escribir cartas a los Reyes Magos.

Este mes de julio celebraremos el centenario de la Semana Trágica. Será de auténtica tristeza: la Barcelona que tuvo sangre para revolverse con furia enloquecida contra la atrocidad burguesa, celebrada con la horchata de una Barcelona que parece vivir sólo para ponerse en calzoncillos y trotar al toque de pito municipal.

Y tan satisfechos, dice el achuntamén

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Unos padres del movimiento juvenil de mis hijas tuvieron unas navidades de aquellas buenas: a su hija (12 años, es del grupo de mi pequeña) le diagnosticaron un tumor maxilar, y la chiquita pasó las fiestas a golpe de quimio. Lo que pasaron los padres sólo podemos más o menos imaginarlo los que lo somos, por nuestra parte.

Vi a ese padre -y amigo- hace unos días, a finales de mayo. Estaba contento, muy contento. La pequeña había sido operada mediante una técnica modernísima, un implante de maxilar con tejidos extraídos de la propia niña: la operación había sido un éxito y el pronóstico es muy favorable. La alegría de los padres puede imaginarse, pero, además, había que oirle hablar del trato dispensado por el equipo asistencial del Hospital Vall d’Hebron. Y me decía que no entendía cómo había gente que se mataba por ir a tratarse de estas cosas a Houston cuando, precisamente, fue un poco complicado fijar la fecha de la intervención quirúrgica de la que he hablado porque el equipo médico iba a Houston a impartir docencia. O sea: iban al presunto templo de la excelencia no a aprender, sino a enseñar.

Esto, queridos todos, es la sanidad pública. Por encima de sus incomodidades, por encima de su mala organización, por encima de muchos encimas de los que nos quejamos (no sin razón), tenemos una sanidad pública de altísimo nivel técnico y profesional. Tenemos lo más y lo mejor. Sin patrioterismos, a las pruebas me remito. Y esta altísima calidad es tanto más meritoria en cuanto vemos los sueldos que cobran profesionales de ese nivel, cuando vemos la constante reducción de plantillas, cuando vemos el aumento de la precariedad en el trabajo y en los medios, y cuando vemos a tanto idiota con gomina enredando en los establecimientos y metiendo en ellos mal rollo, desazón, atropellos, inseguridad, acoso y mala gestión. Y eso sin llegar a los políticos. Con todo y eso, mirad qué nivelón.

Esa sanidad pública está en el punto de mira de un buen montón de hijos de la grandísima puta que sueñan con desmantelarla para hacer su negociazo, negociazo que consistiría en que esa chiquilla no hubiera podido ser atendida por esos profesionales y con esos medios porque su padre, un simple trabajador, no hubiera podido pagar la cuantiosísima factura del tratamiento, factura que en el actual sistema hemos pagado -gustosos- millones de sus compañeros con nuestra cotización y con nuestros impuestos.

El desmantelamiento, desde luego, está en marcha: más o menos cucamente (aquí se hace con más habilidad que en Madrid, pero la tendencia es igual en todas partes), pero avanza: privatización de servicios, mal mantenimiento de las instalaciones, puteamiento del personal hasta su total desmotivación (y así y todo, mira cómo funciona)… de todo. En hospitales y en servicios de asistencia primaria se está entregando la dirección administrativa a una chusma especializada en convertir el azúcar en mierda, y a eso se están dedicando con entusiasmo proporcional a sus cuantiosísimos emolumentos. Los suyos sí que son grandes de verdad.

Tenemos que defender nuestra sanidad pública. Tenemos que defender a sus profesionales. Y tenemos que hacerlo con rigor y con dureza. Tenemos que hacer que teman nuestra ira, si tocan la sanidad pública, mucho, muchísimo más allá de los resultados electorales. Tenemos que hacer que sufran verdadero miedo físico si le meten mano a nuestro sistema sanitario.

La existencia e incluso la excelencia de la sanidad pública bien valen una Semana Trágica, una… ciutat cremada.

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Este país no deja nunca de sorprender ni en lo habitual. Detalle de las últimas elecciones: el PP ha subido en Madrid y en Valencia. La subida de Valencia ahora no la recuerdo (¿un 15%?) pero es importante. Precisamente las dos comunidades autónomas en las que el PP está más comprometido en mejunjes de corupción. ¿Pueden pueblos enteros caer en una especie de paranoia en la que casos de corrupción probados (como tales hechos, aunque quzá no sus autorias… todavía) se trocan en supuestos de persecución política? Pues sí, es evidente que es posible.

No sé que es, así las cosas, más terrible: si el fanatismo de los seguidores populares, dispuestos a tragar carros y carretas en pro de sus ídolos políticos, o el odio -a todas luces enorme- que ha generado este PSOE en amplias capas de la sociedad española.

Y, como ya vengo diciendo, produce no sé si risa o vergüenza ajena que, con la que le está cayendo al Partido Popular, en manos, además, de un líder irresoluto y de perfil bajo, bajo, bajo… el PSOE pierda elecciones. O la psicología colectiva española es, realmente, para estudiarla como una patología grave o los que tienen que hacérselo mirar son los socialistas… o sociatontas, como vengo diciendo.

En estas circunstancias es normal que en este país no dimita ni el potito y todavía me pregunto cómo se le ocurrió a hacerlo a Alfonso Guerra, si total…

Contrasta este ambiente con la que se ha liado en Gran Bretaña (y por mucho menos que aquí, después de todo…). Cinco ministros que han dimitido, el premier cuestionado por su propio partido, severamente derrotado en estas europeas y, sí, encastillado aún en el machito, pero no creo que dure: yo creo que ese sólo está esperando a que desde la incineradora le confirmen que todos los papeles comprometedores ya han sido convertidos en cenizas (reales o virtuales: discos duros a tres mil metros de profundidad) y acabará yéndose a casita. Porque allí no se andan con chiquitas. si en un tiempo prudencial no se larga, acabará echándolo un juez.

Aquí hemos metabolizado la corrupción como algo normal. La percibimos -incluso la vemos con nuestros propios ojos- a todos los niveles: no hay puesto lo suficientemente pequeño como para que no tenga un cajón con algún dinerín del que echar mano o alguna prebenda o sinecura para usos oficiales derivada al interés familiar o personal.

Muchos de los que ahora hacen de sus mangas capirotes con el coche oficial o con los helicóperos del Ejército o de la Guardia Civil son los que en otros tiempos se quejaban -y con razón- del chollo que tenían los oficiales con el asistente, una figura ya extinguida incluso en mis épocas castrenses (aunque por entonces no hacía tanto tiempo de su desaparición) que, teóricamente fue creada para liberar al oficial de pequeñas tareas que pudieran distraerle de su importante cometido: acércame los prismáticos, apunta por ahí que haga llamar al capitán de la segunda batería, llama al teniente Feldespato y que venga para acá cagando leches… Cosas así. De eso se pasó al límpiame las botas y, posteriormente a una escena que casi todos hemos visto en alguna ocaisón: la señora comandanta comprando en el mercado y el quinto peluso acarreando el carrito de la compra, de uniforme y todo. La corrupción, pues, cumple el primer principio de la termodinámica: ni se crea ni se destruye, solamente se transforma; y así, cuando ese soldadito que arratraba el carrito de la comandanta pasó a ser un líder socialista o popular y a ocupar un importante sillón pagado con cuantiosísima pasta pública, se dedicaba a obligar a su secretaria -funcionaria de carrera- a que sirviera los cafés o decidía que para irse al campo el fin de semana con la familia no tenía que sufrir las caravanas de todos los ciudadanitos, que para eso tiene el Ministerio un helicóptero: porque yo lo valgo.

Y eso, la corrupción pequeña. Luego ya podríamos ir a lo del cuñado y a lo del tresporciento (dicho, manda huevos, por un presidente de la Generalitat en sede parlamentaria).

Y hasta en la empresa privada sucede esto, que de noche todos los gatos son pardos y en la privada también cuecen habas, y no pocas, que nadie sea tan pardillo de creer que corrupción, idiotas y vagos sólo los hay en la administración pública. Si yo pudiera hablar sin tener que probar… Lo que pasa es que como no soy accionista de nada, los achuchones que le metan a una caja privada me traen al completo fresco, ya se apañarán.

En todo caso, menuda alegría de país, madre mía…

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Pues listos por hoy. El próximo jueves será 18 de junio, último de la primavera y próximos a entrar ya -oficialmente: la realidad… veremos- en la canícula, cosa que acontecerá a primerísima hora de la mañana del domingo. Mala época para mí, que soy hombre de frío, pero qué le vamos a hacer. Además, la verdad es que este invierno no he tenid queja. Ojalá todos fueran, por lo menos, igual.

Aquí estaremos. Naturalmente.

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Comentarios

  • Jordi  On 11/06/2009 at .

    Javier, en España el vago y el maleante es el puto amo. Sólo hay que ver a los personajes que pueblan el sector inmobiliario o a la chusma que canta sus hazañas en los programas de televisión. Los idiotas somos los que nos levantamos cada día a las siete para ir a trabajar.

  • Monsignore  On 11/06/2009 at .

    «En Barcelona, 1 de cada 3 muertos en accidente de tráfico iba a pie. Atención: todos somos peatones»

    Por motivos pastorales, todos los días cruzo varias veces la Diagonal y me encuentro con tan didáctico mensaje.

    Y uno, que es de Ciencias Puras y que se fía de su burgomaestre, cierra los ojos y se abalanza al cruce, pensando que si por cada peatón cascan dos automovilistas, eso significa que deambular es dos veces más seguro que conducir. Que lo ha dicho el alcalde, que para eso tiene estudios y sale en los papeles.

    Orad por mí, que falta me hace.

  • lamastelle  On 11/06/2009 at .

    Lo peor no es que en UK esten dimitiendo ( o que no vayan a salir reelegidos ) sino que estan dimitiendo ( o no seran reelegidos ) por hacer cosas que son legales. Puede qu eno eticas o morales, pero no son ilegales. Por ejemplo, el caballero que cambiaba d episo cada año para que, a cargo de arreglar la vivienda del ciputaod, fuera el estado quien pagase las facturas. Ni etico ni moral, pero no ilegal. Aqui, no dimit euno ni por equivocacion.

    Pero tranquilos, estoy aprendiendo noruego para poder emigrar a un pais normal…

  • lamastelle  On 11/06/2009 at .

    Por cierto, en La Coruña ( con L, que escribo en castellano ) tambien pusieron esas pintadas en el suelo, pero aqui ponia que el ratio era 1 de cada 2 muertos…sin especificar ciudad, asi, en general.

  • starblank  On 16/06/2009 at .

    Pues a mi me llama la atención ver cómo hemos absorbido la palabra ‘carmeggedon’ y la incorporamos al lenguaje cotidiano, para describir lo que viene siendo hacer el tonto con coche. Debió ser por los telediarios (y la televisión en general, vamos), que paso meses y meses diciéndola, y claro, nos acostumbramos a oírla. ¿Qué otras palabras (como ‘pirata’, ‘descarga ilegal’) vamos a incorporar a nuestro vocabulario habitual, aunque estén mal usadas? Porque nunca he visto en el telediario una noticia en la que dijesen ‘… y dos individuos fueron detenidos por la policía mientras hacían el Mortal Kombat…’

    Saludos!

  • Crios  On 20/06/2009 at .

    Soy peatón por eleción, me gusta andar,
    Gracias por escribir por mi,
    A los conductores de coches,casmiones y motos, que tan rebién calificas, se han sumado los bicicleteros, patinadores, etc,
    Últimamente casi no salgo a la calle pq me da miedo el continuo de sobresaltos y enfrentamientos que representa andar por una acera o por un parque, o por un camino,
    Me gustaria colaborar con un epíteto que mosquea bastante a estos energúmenos que creen que su estatus (por evitar connotaciones genetales) aumenta haciendo barbaridades y alardeando de su impunidad, es el siguiente: “Psicopata” = 2. f. Med. Anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece.

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