Generación Z(P)

De la serie: Pequeños bocaditos

La última entrada -en este momento- de la bitácora de Ignacio Escolar habla de la suerte que está corriendo su generación en medio de la crisis. Y de la suerte que le espera. Y de la triste posibilidad -desgraciadamente muy previsible- de que se trate de la primera generación después de la guerra que va a vivir peor que la generación de sus padres.

Pero me deja boquiabierto, verdaderamente boquiabierto, cuando se lamenta: «A esa generación, a mi generación, nos han estafado. Nos cambiaron una vivienda digna y un empleo estable por la Playstation 2».

Alucinante.

Y ese sí que es un signo de su generación: esa capacidad de instituirse en víctima poco menos que de lo cósmico, de no ejercer la menor autocrítica.

Sin que se lo tome como algo personal -no lo es, en absoluto- yo le diría a Ignacio Escolar que a su generación nadie la ha estafado: simplemente, ha comprado lo que le han vendido y, efectivamente, le vendieron playesteichons que pagaron al precio de vivienda digna y empleo estable. Ha sido una generación lo suficientemente estúpida como para realizar este mal negocio.

Porque le diré un par de cosas más a Ignacio Escolar.

La primera, que avisos, que admonición, no les ha faltado. Muchos venimos clamando desde finales de los ochenta que el hundimiento del modelo soviético había provocado en el capitalismo una suerte de joie de victoire que no presagiaba nada bueno, que se estaba subiendo a una moto de la que nos iba a costar hacerle bajar. Y tu generación, amigo Escolar, nos tachó de friquis, de tardomarxistas, de viejas y polvorientas glorias sesentayochistas y de agoreros.

Quizá lo fuéramos, quizá… Probablemente tuviérais razón al decir que nuestra revolución ya estaba achacosa y ya había sido arrollada por el tren de la Historia. Pero, en vez de construir vuestra propia revolución, vuestra propia alternativa generacional que, después del tira y afloja que conlleva el transcurrir de cada período histórico, configurara un mundo que, con todos sus seguros defectos, hubiera sido propiamente vuestro y probablemente mejor que el nuestro, os echásteis a la cómoda pereza mental de creeros a aquel imbécil que proclamó el fin de la Historia y os entregásteis a un individualismo feroz; despreciásteis a los funcionarios por acomodaticios, pero vosotros convertísteis vuestra entera vida en una oposición, y todo por un hueso miserable y repelado. Vuestra insolidaridad innata, que todavía os dura hoy y así nos luce el pelo a todos, acabó con el movimiento sindical y no sólo eso: también con la sociedad civil.

El domingo por la mañana -es una anécdota que ilustra esto muy bien- se celebró la muestra de entidades de mi distrito (Sant Andreu) y fuimos mi mujer y yo a visitarla. Y tuvimos una sensación agridulce: por una parte, la grata constatación de que el distrito -y dentro de él, nuestro barrio, tiene un nivel de riqueza cívica y cultural más que aceptable; por la otra, ver que una significativa mayoría del voluntariado de toda esa sociedad civil está constituido por gente de la tercera edad y los jóvenes, precisamente los jóvenes de la treintena, brillan por su total y absoluta ausencia.

La segunda (y siento decirlo de manera tan descarnada) que vuestra generación será la primera que empeorará su calidad de vida en relación a la de sus padres porque es la primera que ha luchado menos que la de sus padres por mejorar esa vida. De hecho, no ha luchado nada. Nada de nada. Se ha tragado el marrón con la boca bien abierta.

La generación de mis padres bregó con una posguerra durísima. Que fue durísima incluso para el franquismo sociológico, que el hambre -y hubo, materialmente, hambre- no le pedía el carnet de partido a nadie. Fue esa generación la que levantó un país que estaba literalmente en ruinas y lo puso en la senda del desarrollo económico. Luego vino mi generación. Mis hermanos mayores (en términos generacionales: en mi familia, el mayor soy yo) iniciaron el desarrollo intelectual y social y lo hicieron en condiciones muy duras, con un sistema represivo empeñado en que con el seiscientos ya había bastante. Pero mi generación no se conformó con el seiscientos, a diferencia de vosotros, que os quedásteis encantados con la playesteichon, y muchos lomos fueron brutalmente golpeados y algunos pasaron largas temporadas a la sombra. Mi turno, el de los hermanos pequeños, llegó con la transición (aunque aún llegamos a tiempo de recibir unos cuantos gorrazos, obsequio de despedida del Invicto) y sobre esto no me enrollo más, porque ya es conocido.

Mi misión ahora es que la generación de mis hijas aprenda la lección. La de mi generación y la de la vuestra. Vosotros, por desgracia, ya estáis liquidados, porque nada os hará cambiar de mentalidad. Os vendieron un liberalismo caduco y acomodaticio y vosotros lo comprásteis sin más, acríticamente.

Esto quisísteis y esto tenéis.

Como no me canso de decir.

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Comentarios

  • Jordi  On 16/06/2009 at .

    Razón no te falta, a pesar de que duela y mucho. Soy voluntario desde los quince añitos en una institución religiosa que ampara a discapacitados y constato que, de los voluntarios, soy del sector “crío”. Y eso que tengo la edat de Cristo.

    Por otra parte, he asistido a muchas movilizaciones para reclamar el acceso a una vivienda digna. La más multitudinaria convocó a un par de decenas de miles de personas. Ayer, en Sevilla, salieron a la calle 40.000 personas porque el Betis ha bajado a 2ª División.

    El poder ha triumfado y nos ha convertido a todos en una panda de borregos mileuristas con hipoteca de por vida y tarjeta de crédito.

  • monti  On 16/06/2009 at .

    Totalmente de acuerdo con lo que explicas.

    Recuerdo perfectamente como los mismos que ahora lloran porque no pueden pagar en aquel momento despreciaban e insultaban a quienes denunciaban los precios abusivos de la vivienda. Yo mismo tuve que tragarme toda clase de burlas por defender que la burbuja inmobiliaria acabaría explotando mientras la gente decía aquello de “los pisos nunca bajan”.

    El problema de esta generación es que se creían muy listos, pero hubo otros mas listos que ellos.

  • Ryouga  On 16/06/2009 at .

    lo que no comprendo es como pudo haber tantísima gente mileurista que no le tembló la mano al firmar su sentencia de esclavitud por 20 o 30 años, cierto que se lo pintaban de rosa pero ,no les daba vertigo verse pagando hasta la fecha de su jubilación ?

  • Óscar A  On 16/06/2009 at .

    A Ryouga: y qué alternativa nos quedaba ¿esperar a heredar el piso de nuestros padres (y compartirlo con los hermanos)? No: tirar el listón, apretar los dientes y tirar pa’lante como pudiéramos.
    Al señor Cuchí: me duele que el primer mensaje que escribo en su bitácora (después de años de mirón) sea para llevarle la contraria pero, ay, es que esta entrada me ha pinchado: ¿realmente es toda la culpa de mi generación o también les podemos reprochar algo a la suya? ¿Quién nos ha criado con caprichos?¿Quién, con toda la buena voluntad de un padre, ha tratado de darnos todo lo que le faltó cuando eran pequeños?
    Hemos vivido (la mayoría) sobreprotegidos y cuando ha llegado el momento de movernos, ni hemos sabido (por falta de modelos) o no hemos querido (por cochina pereza).
    Y lo peor es que ya es tarde: ni nos escuchan ni nos haremos oír. Para cuando halla alguna especie de movimiento ciudadano otra vez, nosotros ya no estaremos.

  • Javier Cuchí  On 16/06/2009 at .

    Querido Óscar:

    No digo «bienvenido», porque ya hace años que andas por aquí y, por tanto, lo procedente es decir «bienhallado». Y nada: a llevar la contraria todo lo que haga falta y más, qué caramba…

    Entrando en materia: no, no, no, querido, no hagamos brindis al sol de los padres. Yo pertenecí a la primera generación que después de la guerra pudo nacer entre algodones. Nací en 1955, un pelín antes que la generación del desarrollo, pero sólo un pelín. Viví mi infancia, adolescencia y primera juventud en un piso de cuatro habitaciones en un barrio de clase media (por aquel entonces emergente) de Barcelona. Perfectamente alimentado, vestido y escolarizado. Coche (un «Dauphine», nada menos) y televisor, ambos desde 1960. Mis días de Reyes son recuerdos de un salón lleno hasta los topes de juguetes maravillosos, o todo lo maravillosos que eran en la época (que no estaba tan mal).

    Salvando las distancias tecnológicas y de nivel de vida de cada época, mi infancia y mi vida familiar fueron como la tuya. O dicho de otra manera, no creo que un niño alemán o francés de los primeros 60 que fuera, como yo, hijo de un aparejador y de un ama de casa, viviera mucho mejor que yo. Algo, quizá sí, pero no notoriamente mejor. Quizá su coche fue un «Opel» o un «Peugeot» en vez de un «Dauphine», pero poca diferencia sustancial (en lo económico y a nivel puramente familiar, ojo).

    Esta biografía mía es -con las variaciones de cada mundo personal o familiar- la de todos los barceloneses, madrileños, bilbaínos y, en general, urbanitas de toda España. Para encontrar diferencias sustanciales en el nivel de vida, habría que ir al campo que ahí sí, ahí ya había mucha distancia y la primera generación que la igualó más o menos fue la tuya.

    O sea que mi generación ya creció entre algodones. En términos absolutos pero, sobre todo, en comparación con la generación de mis padres. Es más, quizá hubiera más distancia entre la mía y la de mis padres que entre la tuya y la mía.

    Dado todo esto, vuelve a leer -o rememora- lo que he escrito en esta entrada y verás que tus argumentos quedan un tanto difuminados.

    Sí que hay razones ajenas a vosotros (una generación entera no puede ser intrínsecamente gilipollas) sí que hubo una cierta estafa (pero no en el sentido que indica Escolar) porque en cuanto los viejos progres tomaron el poder y el control social, lo primero que hicieron fue aplastar intelectualmente toda discrepancia (empezando por la Universidad), y ahí os metieron por un embudo en la senda del pensamiento único. Pero también es cierto que, por vuestra parte, no hubo ni siquiera un primer conato de crítica y mucho menos de resistencia.

    De todos modos no pierdas la esperanza en tu generación. Aunque es verdad que lo tenéis muy crudo, el colapso en la hinchazón de los cojones ciudadanos puede acontecer a cualquier edad y en cualquier momento. Y los políticos, en su estúpida y deprimente ignorancia, no cuentan con eso. Aunque se lo tatúes en el mismísimo culo.

    Darles un disgusto súbito, también es un buen incentivo para empezar a moverse.

  • Ángel Bacaicoa  On 16/06/2009 at .

    ¡Ah! Fascinado me tiene hoy. Casi es mejor su comentario de respuesta a “Oscar” que la entrada de la bitácora. Y esa ya me había parecido clara, concisa y precisa. Envidia me da no poder firmarla yo mismo. Ánimo, no todo está perdido.

  • Percebe  On 18/06/2009 at .

    Se queja Escolar de haber sido estafado. En efecto, y es que normalmente el sujeto óptimo para la estafa es alguien que espera conseguir un enorme beneficio de forma fácil y, muchas veces, fraudulenta. Y es cierto que nuestra generación parece haber sido educada para picar como pardillos en este chiringuito de trileros llamado España. Nos creíamos más listos que los demás y hemos acabado con un embudo a modo de sombrero.
    Pero claro, la culpa es de nuestros padres, de la LOGSE, de Zapatero, de Aznar, de Rouco y del Imperialismo Yanqui. Pero como aparezca otro cantamañanas encorbatado prometiéndonos que vamos a hacer saltar la banca porque sí, porque nosotros lo valemos, por nuestros cojones o porque la vida no nos ha tratado como merecemos, ahí estaremos de nuevo para volver a picar como pardillos. Votando o invirtiendo, que lo mismo da.

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