Fina estrategia

De la serie: Rugidos

Recuerdo, hace muuuuchos años, que a Alfonso Guerra le daba por tener saliditas graciosas con la gente, por lo menos hasta que su hermano tuvo otro tipo de salidas y entonces los que empezaron con saliditas -pero no tan graciosas- fueron los ciudadanos hacia Alfonso Guerra quien, al final, tuvo que tomar la salida, pero la de verdad, la que se practica pasando por la puerta.

Ello no obstante, algunos de sus desplantes tenían una cierta gracia, una cierta elaboración intelectual, como si dijésemos, como cuando dijo de cierta ministra de UCD que parecía el retrato del príncipe Baltasar Carlos a caballo vestido de Mariquita Pérez. O cuando, con menos elaboración pero probablemente con mayor acierto en el imaginario, tachó a Adolfo Suárez, y ahí quería yo llegar, de «tahúr del Mississipi con chaleco floreado».

Y quería llegar ahí porque el dicharacho de Guerra ya no me recuerda hoy, treinta años después, a Adolfo Suárez -que bastante tiene el pobre con lo que lleva- sino precisa y exactamente a sus compañeros de hoy. A sus compañeros en el Gobierno. Incluso me pregunto si la figura a la que aludía Guerra en su parangón cinematográfico no será demasiado delicado, excesivamente refinado para ser aplicado a la tribu en el poder.

Porque tahures del Mississipi no sé si lo serán, pero cutres y tramposos como ellos solos, vaya que sí.

Llevo ya algunas semanas con la mosca tras la oreja desde que la Sinde soltó aquello de internautas somos todos. Bueno, pensé inicialmente, si ahora se cae esta del guindo, ya se dice que nunca es tarde si la dicha es buena, aunque, la verdad, tiendo a valorar más bien poco las paupérrimas opiniones de esta triste señora que seguramente pasará a la pequeña historia política de este país como la encarnación de una de las más características cagadas de Zapatero.

Pero a base de ir ella insistiendo en el asunto (ya digo que son muy cutres), comprendí la maniobra concebida en un alarde de inteligencia y fina estrategia: se trataba, de alguna manera, de hacer decaer la representatividad de la Asociación de Internautas sobre la base de sostener que nos habíamos apropiado de un nombre que pertenece a todos los internautas.

En su ignorancia y en su mala fe, que de tan supinas se acercan a lo abyecto, doña Sinde y sus… bueno, sus asesores o lo que quiera que sean, meten el remo hasta el corvejón. Indocumentados, desconocedores de todo, creen que son Napoleón cuando no tendrían talla ni para llevarle el botijo a Viriato. Así son los políticos y, especialmente, estos de ahora y estos de aquí. Menos mal que Pablo Iglesias está muerto porque si levantara la cabeza y viera a su propia tropa yo creo que hasta correría a alistarse… qué se yo (no, tanto como al PP no me atrevo a decir, aunque confieso que se me ha pasado por la cabeza)… pues igual a los Jesuitas o a la Legión, vete a saber…

A ver, doña Sinde, tome nota, si recuerda cómo se hace…

Yo no voy a decir tanto como que en 1998 la palabra «internauta» no existía. Yo no recuerdo que existiera, la verdad, pero tampoco voy a descartarlo frontalmente. Digamos, en rigor, que si existía como neologismo, apenas se usaba; esto puede comprobarse fácilmente utilizando cualquier buscador y pocas veces -para no decir ninguna– encontrará la palabra internauta desvinculada de la AI con anterioridad a 1998. Bien: a finales de 1998, se funda la Asociación de Internautas y lo del nombre, precisamente lo de internautas, tuvo su historia. ¿Sabe usted pinchar un enlace dilecta ministra y experta internauta? Pues aquí está muy bien explicadita esa historia, vivida y contada por el actual vicepresidente de la entidad y uno de sus fundadores.

Fíjese, pues, que al revés te lo digo para que me entiendas: la Asociación de Internautas no ha usurpado una denominación genérica para hacer populismo, como usted parece querer inducir a conclusión (de una manera, por cierto, asaz negligente); ha sido la propia adhesión de los internautas, la asunción masiva de esta palabra como propia, la que la ha hecho genérica. Tanto, que en catalán ya existe en el diccionario normativo; en castellano, aún no, quizá porque este que suscribe no se ha dedicado -porque no ha podido, entre unas cosas y otras- a un encargo que se le hizo en Junta hará ya cosa de dos años: tocar un par de teclas próximas a la Real Academia para promover su incorporación al DRAE (aunque también hay que decir que no hubo que tocar tecla alguna para que la Secció Filològica del Institut d’Estudis Catalans la incorporara a nuestro DIEC, parece que en algunos sitios se la cogen con papel de fumar menos que en otros).

Vamos ahora a lo de la representatividad.

Mire usted, dilectísima ministra y ducha internauta: la Asociación de Internautas es lo que es y nada más -valga la perogrullada-; una entidad que agrupa a una serie de señores (y unas pocas señoras, aquí no hay paridad, qué más quisiéramos, pero no nos la podemos inventar) empeñados en cumplir unos fines estatutarios. Estos fines estatutarios, como somos así se cachondos, no empiezan y terminan en los socios -esto no es un club de fútbol ni una cooperativa de consumo-, sino que llevamos a cabo unas reivindicaciones que queremos para nuestro entero país, algunas de las cuales son por usted bien conocidas: que la banda ancha sea un servicio universal, que su precio sea asequible, que los derechos civiles se respeten en red, que la privacidad de los ciudadanos esté a salvo, que las administraciones públicas usen software o, como mínimo, formatos libres y otras cosas de menor amplitud histórica (que no menor importancia) como que supriman el canon de una puta vez o que la quiten a usted de enmedio (políticamente, ya se entiende). ¿Que quienes somos nosotros para pretender tanto? Pues unos simples ciudadanos que pretenden lo que les da la gana en uso de sus libertades de opinión, de reunión, de asociación y de todo los que nos sale del… bueno, eso.

Y resulta que millones de ciudadanos -la inmensa mayoría de los internautas españoles- pretenden exactamente lo mismo. Y esa es nuestra representatividad: tan cierta como eventual. Porque la Asociación de Internautas no crea opinión, únicamente suscita adhesión. Mientras lo que nosotros pretendamos coincida con las de los ciudadanos, seremos representativos; y el día en que lo que nosotros pretendamos al común de los ciudadanos no les cuadre, nos enviarán a hacer puñetas. ¿Quiere usted que los ciudadanos nos envíen a hacer puñetas? Es muy fácil: hágales usted propuestas creíbles (no se las encargue a su jefe, que no cuela) que mejoren aquello a lo que nosotros aspiramos. Y entonces nos dirán: hala, carrozas, id al cementerio de los elefantes, que eso que nos trae la Sinde le da ochenta vueltas a ese rollo que os lleváis vosotros. Y usted, empuñando victoriosa una espada flamígera, será coronada en triunfo mientras su piececito calzado con pieles ricamente aderezadas y armado con espuelas de oro pisa disciplente nuestros cuellos de bestia agonizante. Vae victis!

Y ahora usted, señora ministra, puede coger la palabra representatividad, hacer con ella pasta para buñuelos y metérselo todo por donde le quepa: la representatividad, la pasta y los buñuelos. Ande, ande y vaya a decirles a los ciudadanos que nosotros no somos representativos, que aquí la representativa es usted, cuyo nombramiento colmó las aspiraciones democráticas de todos los españoles. Pero conténgase, ¿eh? Con un poco de cachondeo es suficiente, no vaya a ocurrírsele llamarlos «imbéciles» con todas las letras.

Déjese de historias: si les tenemos a ustedes preocupados -¡muy preocupados, y eso es notorio!- no es porque cuatro, cuarenta, cuatrocientos o cuatro mil socios andemos dando la tabarra. ¡Pobres de nosotros! ¿Cómo íbamos nosotritos, cuatro mindundis, a preocupar a todo un Gobierno? ¿Cómo íbamos a poder hacerlo? ¿Cómo íbamos a poder hacerlo, señora ministra, si no contáramos con el apoyo de la ciudadanía que siente suyas nuestras reivindicaciones precisamente porque nosotros las planteamos pensando en el conjunto de la ciudadanía?. Somos lo que somos precisamente porque nos arropa la entera ciudadanía, no por otra cosa. Y esto es lo que a ustedes les jode.

Hala, pues. Mejor suerte en otra ocasión. Dígale a esa eminencia gris, a ese genio en la sombra que la asesora (porque no me dirá que ese montajito de mercadillo de saldos es idea suya ¿eh?) que coma muchas sopas, que aún no da la talla. Que para llegar a Mazarino aún le falta mucho.

Al artista.

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Comentarios

  • Carlos  On 01/07/2009 at .

    plas, plas, plas

  • Jordi  On 01/07/2009 at .

    Olé!

  • jemarba  On 02/07/2009 at .

    A pesar de lo claro que esta el tema, dudo que el interés sectario de esta tropa les capacite para entender la situación.

  • DeXaX  On 02/07/2009 at .

    Zás….en toda la boca…..

  • Ryouga  On 05/07/2009 at .

    XD

    Cual es el siguiente punto del plan,¿crear un ministerio del cibernauta y nombrar a Teddy Bautista ministro?, el aseguraría la “representatividad” de los internautas y entre los dos propondian leyes censurador…, esto aseguradoras de la libertad y protectoras de los “derechos” de algunos

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