La Semana Trágica

De la serie: Correo ordinario

Dentro de tres semanas se cumplirá, día por día, el centenario de la Semana Trágica, unos hechos acaecidos a partir del 26 de julio de 1909, que se prolongaron hasta el 2 de agosto y que tuvieron su epílogo el 13 de octubre de aquel año, cuando en los fosos de Montjuïc fue fusilado Francesc Ferrer Guàrdia, cabeza de turco por designación eclesiástica, junto con otros cuatro parias asimismo designados para servir de guarnición.

La Semana Trágica es un acontecimiento que me ha llamado la atención desde siempre, y por eso no es la primera vez que escribo sobre ella. No sé por qué, exactamente. Quizá porque se trató de una sublevación popular limpia, en el sentido de que no hubo un claro inductor que manipulara a las multitudes; fue una rebelión completamente espontánea, provocada por la pobreza, por el cabreo y por el hartazgo de la gente, víctima de una explotación capitalista de libro y, por tanto, más que brutal, con unas condiciones de vida y de trabajo verdaderamente infamantes y, encima, utilizada grosera y descaradamente como carne de cañón al servicio de intereses particulares en África. Ideológicamente, el impulso fue claramente anarquista, de eso no hay duda alguna y quizá esto explique otra de las claves de esas fechas, el sesgo anticlerical que conformó la parte más virulenta de los disturbios con el incendio de los conventos y otros edificios de titularidad de la Iglesia y con algunas escenas que trascendieron sobre todo por su morbosidad.

Se solapa este interés con el que siento hacia la Barcelona del siglo XIX y primera mitad del XX. La segunda mitad del XX me interesa solamente en tanto que es parte de mi propia biografía. Es decir, me interesa la Barcelona industrial puesta, a su vez, sobre el escenario de los momentos más deprimentes de la decadencia española, caracterizados por una monarquía bestial y corrupta, por la disolución definitiva del imperio y, en definitiva, por lo que no fue realmente sino el hundimiento del entero proyecto español en 1898, del que la propia Semana Trágica fue una consecuencia prácticamente inmediata. Y que creo que hay que leer no sólo en clave barcelonesa sino en clave española (la huelga general que dio lugar a los hechos en cuestión, fue una convocatoria que tuvo trascendencia más allá de Barcelona y de Catalunya, aunque en ninguna parte alcanzaría, ni lejanamente, la virulencia a la que llegó en la Ciudad Condal).

Quizá sea por esa indudable paternidad ideológica anarquista por lo que se esté pasando un tanto de puntillas sobre la efeméride. No es que se oculte redondamente -permanece demasiado firme en la memoria popular y es un acontecimiento demasiado importante como para soslayarlo- pero sí que parece que no resulta grato al vigente régimen y no se le da el botafumeiro mediático que se otorga a conmemoraciones de valor histórico, político y social mucho menor. No podía ser de otra manera: se trata de un acontecimiento no sólo no nacionalista sino que yo calificaría de profundamente antinacionalista, de unos hechos cuya pedagogía no puede ser grata a ciertos importantes estamentos -políticos y económicos- y que no le hace el caldo gordo a ningún partido político y a ninguna administración.

He buscado bibliografía gratuita sobre la Semana Trágica en Google: cero patatero. Aparte de sugeriros el P2P a partir de los títulos que ofrece Google realizando una simple búsqueda por «semana trágica», tengo aquí algunas otras propuestas por si os interesa el tema. Por supuesto, sin ánimo exhaustivo, sólo busco documentar la curiosidad del desconocedor, no del especialista. Aparte, naturalmente de los dos enlaces del primer párrafo, sendas entradas de la Wikipedia referidas a la Semana Trágica propiamente dicha y a la biografía de Francesc Ferrer Guàrdia.

· Lás páginas de «La Vanguardia» de la época, que podéis ver e incluso bajaros desde su hemeroteca, a partir de aquí.

· Las imágenes de Google sobre el tema

· La película de Antoni Ribas, «La ciutat cremada», sobre la que en su día escribí una reseña. No es fácil de encontrar en el comercio -ni siquiera dadas las fechas-, así que cortad por la tangente, ya sabéis, la mulita. Existe una versión en castellano, lo que no sé es si andará por las redes. No es imposible que este mes o el otro (atención al sábado 25 y domingo 26) alguna cadena programe la película. En los canales catalanes, casi estoy por asegurarlo; en los estatales o en los de otras autonomías -quizá, en tales casos, doblados al castellano- siempre hay alguna posibilidad. Mi consejo es que no os la perdáis porque, como mínimo, está muy bien ambientada (y los hechos, esencialmente, fueron los que recoge).

· Si vivís en Barcelona o en sus proximidades, aquí hay un compendio de diversos actos y exposiciones que se van a llevar a cabo, algunos muy prometedores.

· Un programa de Radio Nacional que incluyo un tanto imprudentemente porque no lo he oído, pero sí que he leído sobre él críticas muy positivas:
«Documentos de RNE» del 9 de mayo

…Y para aquellos cuyo interés llegue al extremo de gastarse algún dinero, mi recomendación -que voy a seguir yo mismo en primer lugar- es el libro de Dolors Marín «La semana trágica: Barcelona en llamas, revuelta popular y la Escuela Moderna». No es barato: dependiendo de dónde se compre, entre 28 y 30 euros (ya se pueden poner las pilas con los libros electrónicos, ya, o esto va a ser una masacre), pero leí un resumen escrito por la propia autora en una revista mensual de historia cuyo nombre lamento no recordar, y me pareció interesantísimo. El libro será una de mis lecturas de este verano.

No queda en mi familia memoria propia del acontecimiento. Mi padre nunca me ha contado lo que pudiera haberle explicado el suyo, quien, a su vez, vivió muy joven los hechos. Pero de la misma forma que mi madre recuerda vívidamente la Revolución de Asturias en octubre de 1934 (vivía en Sama de Langreo, no os digo más) pese a tener tan sólo tres años (largos, tirando ya a cuatro), seguro que mi abuelo paterno recordaba también una semana que traumatizó a la ciudad entera durante muchísimo tiempo. Murió cuando yo tenía poco más de un año y, lógicamente, nunca le pude preguntar. Pero a veces miro al castillo de Montjuïc y me pregunto qué verían esas piedras hará ahora cien años, sólo cuarenta y seis antes de nacer yo. Ni siquiera el 18 de julio de 1936 (vaya, el 19, en Barcelona) me produce tanta fascinación.

Seguiré, seguramente, hablando de este tema.

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Comentarios

  • ifanlo  On 06/07/2009 at .

    ‘Gracias por el recordatorio! ¡100 añitos de nada!

  • Jordi  On 07/07/2009 at .

    Tengo familia lejana en el Conflent (Catalunya Nord, Francia) ya que un tío bisabuelo mío dijo que a morir a África iba a ir su p… madre. Esto de la insumisión no se inventó en los años ochenta.

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