Desconectar…se

De la serie: Correo ordinario

Me llama Jordi Cortinas, de COM Ràdio (la cadena pública provincial de emisoras municipales) para pedirme que participe en una mesa redonda radiada el próximo jueves. Como estas cosas forman parte de las obligaciones inherentes al sustanciosísimo sueldo que según Teddy Bautista nos pagan Telefónica y otras telecos a los dirigentes de la Asociación de Internautas, le digo al amigo Jordi que sí, naturalmente, que estaré en su «Extrarradi» del jueves por la tarde, no fuera a ser que a finales de mes tío Alierta me atizara un recorte en la nómina.

Es una proposición tentadora porque, por una vez, no se va a hablar de la mierda esa de la propiedad intelectual sino de otro ámbito de la temática específicamente internáutica y, en este caso, de la desconexión de Internet en los días de asueto, es decir, en fines de semana y vacaciones, principalmente, aunque supongo que se acabará yendo a o pasando por la presunta problemática del enganche a la red, es decir, de Internet como adicción. Ojalá que no, ojalá que el debate se mantenga en su propuesta originaria porque me parece muy interesante.

Para empezar, me ha hecho reflexionar sobre mi propio uso de la red y sobre mi desconexión de la misma en fines de semana y vacaciones. Vamos a ver: entre el trabajo y el hogar, paso entre catorce y dieciséis horas diarias frente al ordenador. No todas esas horas lo son en Internet, puesto que en mi trabajo el uso de Internet es esporádico: el correo electrónico, la lectura del boletín oficial, la intranet, EPOCA, que es la página de gestión laboral de los empleados públicos catalanes y algunas otras cosas no sistemáticas. En casa, en cambio, sí, en casa las horas de ordenador equivalen casi minuto por minuto a las de red. La razón es obvia: tengo una dedicación quasi profesional a la red (el quasi es porque, diga lo que diga el Teddy, no cobro por ello) que me obliga a estar enterado en la medida de lo posible de lo que se cuece en ella para estar razonablemente documentado sobre fenómenos y aspectos de los que luego hablaré por radio o televisión o sobre los que pronunciaré charlas, conferencias o mesas redondas, precisamente en calidad de miembro institucionalmente destacado de la AI; por no hablar de la gestión de Linux GUAI, de diversas actividades y trabajos como miembro de la Junta de la AI, de esta bitácora, del activismo del software libre o de otros intereses personales distintos pero también asociados a Internet o vehiculizados a través de la red. Internet, pues, absorbe una importante parte de mi tiempo; afortunadamente, y como queda dicho, buena parte de ese tiempo lo paso en casa y ello me permite llevar una vida familiar normal y grata. Si en vez de Internet dedicara mi activismo y mi voluntariado a otras temáticas con requerimiento presencial -como en otras épocas lo fue, por ejemplo, la educación de tiempo libre- o no podría dedicarle tantas horas -ni muchísimo menos- o a estas alturas ya no tendría familia, si es que hubiera podido llegar a crearla.

¿Qué ocurre los fines de semana? Los fines de semana son preferentemente para la familia, esto lo tengo muy claro. Si nos vamos fuera nos vamos fuera y el ordenador se queda en casa. Si nos quedamos, entonces hay conexión, pero subordinada total y absolutamente a la actividad familiar; si la mañana del domingo toca ir a tal museo o asistir a cual acto, pasear por allá o acudir acullá, el ordenador vuelve a quedarse en casa cual perrito sin amo; excuso decir si hay una comida o cena con familia o con amigos en casa o fuera de casa.

Con este panorama, supongo que no sorprenderá que, por más loco internauta que sea, durante las vacaciones de verano la desconexión sea prácticamente total. Y cuando no es total, uso Internet con fines exclusivamente lúdicos. O, por decirlo de otra forma: en vacaciones estoy completamente de vacaciones, también como activista internauta y como blogger. Todos los que seguís «El Incordio» sabéis que todos los años cierra por vacaciones, más días o menos días (eso ya depende de otras cosas) pero cierra.

Pero, claro, he expuesto mi caso y supongo que mi caso no será frecuente (puesto en relación con la sociedad en general, por supuesto). La mayoría de la gente usa Internet… Eso es, esa es, precisamente, la cuestión: ¿qué usos hace la gente de Internet? Porque la cosa está en que no puede hablarse de Internet como de un algo concreto, como si fuera el maquetismo, la literatura, la natación, la ingeniería o el encaje de bolillos.

Internet es un mundo. Virtual, de acuerdo, pero es un mundo entero. No es una biblioteca, un centro de documentación; no es un centro comercial; no es un medio de comunicación. Es todo eso y muchísimo más. Cualquier ciudadano tecnológicamente formado, aunque sea mínimamente, nos dirá que no hace lo mismo ni es lo mismo Internet en su trabajo que en su casa. De la misma forma que un bolígrafo no se utiliza con la misma mentalidad ni el mismo placer cuando se puntea una columna contable -si es que todavía se hace, que no creo- que cuando se resuelve un crucigrama. Nuestro propio coche, que de un día para otro es el mismo y no cambia, no se toma con el mismo gusto ni se conduce de la misma manera el fin de semana cuando se va a la playa que el lunes cuando se va a trabajar. Muchas, muchísimas cosas cotidianas, normales, corrientísimas, tienen usos muy distintos incluso para un mismo usuario; usos que, en unas ocasiones, son arduos, fatigosos y fastidiosos y, en otras, son divertidos y placenteros. Abundando en esa idea, no se entra igual en la misma habitación del mismo hotel cuando se está en viaje de trabajo o cuando se está de vacaciones o acompañado de una señora altamente apetecible.

Si esto ocurre con cosas que sólo tienen una manera de usarse (el bolígrafo sólo escribe, el coche sólo desplaza, el hotel sólo aloja…) ¿qué podría decirse de algo que tiene tantos y tan distintos usos como intereses pueda tener cada uno de los usuarios?

Estar conectado a la red no quiere decir nada, en sí mismo y de ahí que la psiquiatría haya descartado -ahora sí entro en ello- patologías de adicción a la red. La patología puede estar en lo que se hace en la red, pero no en la red en sí misma. Un usuario compulsivo de pornografía puede sufrir una patología de erotomanía y un jugador impenitente en casinos virtuales puede sufrir una patología de ludopatía. Pero no de adicción a la red. La prueba es que otras actividades, por más que sean en red, no satisfacen su adicción mientras que esas mismas actividades en el mundo presencial probablemente sí satisfarán esa adicción: un ludópata dará satisfactoria rienda suelta a su enfermedad en un casino material, con sus ruletas y sus cartas y tal y un erotómano disfrutará como becerro en prado verde en una casa de putas o en un cabaret.

Dos de mis pequeños grandes placeres, no sólo no tienen nada que ver con la red sino que ni siquiera pueden practicarse en ella (bueno, quizá sí, pero como mal sucedáneo): uno, es leer un buen libro sentado en un cómodo sillón, en una estancia con aire acondicionado y un vaso a mano conteniendo algo de mi buen amigo Jack; otro, es -en vacaciones o fines de semana hoteleros- el desayuno (pantagruélico: huevos, panceta, jamón, copa de vino, pan calentito y bien crujiente, mantequilla, mermelada, un café bien fuerte y un vaso de zumo) y el periódico del dia. En papel, ni que decir tiene. ¿Sucedáneos en red? Hombre, sí, se pueden leer libros en red; y muchos domingos, en casa, después del (no durante) desayuno (que no es, ni mucho menos, tan cumplidito), leo no uno sino tres o cuatro periódicos. Pero en ninguno de los dos casos es lo mismo ni, desde luego, tan placentero. Ni de lejos.

No veo, pues, necesidad de descansar de la red -salvo que habitualmente constituya una obligación en sí misma, como es mi caso- porque estamos ante una simple cuestión de uso de la red. Nadie dijo nunca que, en vacaciones, hubiera que dejar el móvil en casa… salvo si es el móvil corporativo, el del trabajo. Pero dáos cuenta de que, incluso en este caso, ya ha habido que ponerle apellidos al asunto. No se trata del medio sino del fin, del uso que se le dé.

Esa será mi argumentación el próximo jueves.

Nota: los que residáis en la provincia de Barcelona podréis seguir el coloquio, si lo deseáis, en COM Ràdio, el próximo 27 de agosto a partir de las 17:00 horas. Programa «Extrarradi». Podéis buscar aquí la frecuencia de vuestra localidad de residencia. De todos modos, el jueves o viernes añadiré una actualización con el enlace al streaming del programa. Será en catalán.


Actualización (28.8.2009)

Lo prometido es deuda: aquí tenéis mi intervención en el programa (a partir del minuto 15, más o menos). Recordad que es en catalán. Y subid el volumen: tengo una voz muy sorda 😉

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Comentarios

  • Quique  On 24/08/2009 at .

    Hola Javier! Hem penjat un enllaç al teu post a la pàgina de COMRàdio al Facebook:

    htp://www.facebook.com/comradio

    Gràcies i que vagi be la taula rodona!

    (Per cert, estic d’acord amb tu d’establir uns límits i uns horaris de connexió a casa, si no no acabaríem mai…)

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