Linux, mayor de edad

De la serie: Correo ordinario

Hola a todos aquellos que usan Minix.

Estoy creando un sistema operativo (libre) (por puro hobby, no será tan grande ni profesional como GNU) para clones AT 386(486). Llevo trabajando en ello desde abril y ya empieza a estar listo. Me gustaría recibir comentarios sobre lo que a la gente le gusta/disgusta de minix, ya que mi SO se le parece un poco (misma disposición física del sistema de archivos (por motivos prácticos) entre otras cosas).

Hasta el momento he portado bash(1.08) y gcc(1.40), y las dos utilidades parecen funcionar. Esto quiere decir que tendré algo funcional dentro de unos meses y me gustaría saber qué características querría tener la mayoría de la gente. Cualquier sugerencia es bienvenida, pero no puedo prometer que las ponga todas en práctica 🙂

Linus Benedict Torvalds

Este mensaje de Linus Torvalds, que quedará para los anales de la historia de la tecnología y, sobre todo, para el activismo del software libre, como un texto casi evangélico, se enviaba a un foro de debate tal día como hoy, 25 de agosto, en el año 1991. Hace, pues, 18 años de ello.

Tras el inevitable y tan inútil como gracioso preguntarse qué hacía uno ese día, se impone, como siempre, la reflexión, se impone meditar sobre lo que supuso este mensaje, las dinámicas que desencadenó y, sobre todo, si esa mayoría de edad que hoy se cumple teóricamente (es un convencionalismo que, por otra parte, no es cierto en todos los países del mundo) responde a una realidad cierta y palpable.

Alguien podrá decir que Linux ha supuesto una revolución y quizá esté en lo cierto, pero yo sólo lo veo como una revolución si lo contemplamos desde los últimos cinco años; de otro modo, Linux es, más bien una evolución, una evolución de algo primitivo, con un discurrir tortuoso, difícil y con un camino plagado de dificultades, en el que no han faltado incluso guerras internas (es proverbial, por ejemplo, la que desde hace tiempo llevan sosteniendo Stallman, el padre del software libre, y el propio Torvalds) y visiones diferentes del deber ser no sólo de Linux concretamente sino del software libre, en general.

No voy a reproducir ahora la historia de Linux, toda vez que la red -y sobre todo hoy- baja llena (a mí, personalmente, me ha gustado mucho esta de Alvy, de Microsiervos que publica «la informacion.com» y a la que llego vía Menéame), pero sí que me gustaría poner de relieve un par de circunstancias (o de opiniones mías) a la luz del presente y de esa evolución pasada.

En primer lugar, algo filosófico que reconozco muy discutible -y que seguro que será discutido- pero que a mí me parece claro: Linux es la demostración palpable de que el ánimo de lucro, la ambición material, no constituye en absoluto el único motor posible para lograr la eficiencia. Linux ha demostrado que una comunidad sin el menor interés empresarial, sin ninguna intención de ganar dinero, puede crear un producto de calidad y altamente competitivo, tan altamente competitivo que puede llegar a ser mejor que un rival que invierte miles de millones de dólares en sus desarrollos.

Es verdad que, a fecha de hoy, la competitividad de Linux y de no pocas distribuciones de Linux dependen de proyectos empresariales o, cuando menos, del apoyo de grandes corporaciones empresariales (IBM, Red Hat, Novell, por citar solamente a las tres más potentes y/o más conocidas), pero eso no fue así siempre; es más, la aparición de los grandes y su intervención no se produjo ni un minuto antes de que quedara acreditada su calidad y sus posibilidades de presente. En este contexto, las empresas han invertido sobre seguro, se han implicado a toro pasado. No es un reproche, es una simple constatación, que creo que demuestra mi premisa sobre lo del afán de lucro.

En segundo lugar, Linux es también la clara demostración de que, en combinación con Internet -a la que Linux es tan inherente que sin la red simplemente no existiría- hay alternativas a los actuales modelos de negocio basados en vender copias de contenidos. Aún hoy, muchos empresarios y muchos creadores se preguntan cómo podrán vivir si entregan gratis su trabajo; la respuesta no es fácil, porque empieza necesariamente por hacerles ver que es precisamente la tipología de su trabajo, lo que debe cambiar. Los sistemas comerciales e industriales tradicionales han promovido -o se han encontrado inopinadamente como efecto secundario beneficioso- la unión presuntamente indisoluble entre una actividad y su modo de comercialización, como si la creación musical, literaria o industrial no pudiera obtener remuneración más que en la venta de discos, de libros o, en cualquier caso, de copias de esa creación. Esto podía ser así antes de la digitalización; pero la digitalización ha traído consigo dos efectos cuya valoración es radicalmente distinta según proceda de los sistemas tradicionales o de los emprendedores con la vista puesta en el futuro (y prácticamente, ya en el presente): el primero, es que el valor de la copia es cero, puesto que cualquiera puede realizarla, con un nivel de calidad que roza la perfección -todas las copias son ya originales, en términos técnicos- y con unos medios que no requieren de inversión digna de tal nombre, al alcance incluso de la población escolar; la segunda que ese fenómeno de la digitalización ha abierto nuevos mercados de una amplitud tan enorme que es difícil hasta de concebir. Y precisamente esa dificultad en la concepción de sus dimensiones, asociada al cambio de reglas que comporta (la más importante de las cuales es que el beneficiario ya no es, necesaria y sistemáticamente, el cliente, y viceversa) es lo que genera la resistencia férrea tanto de la gran industria, que se ve obligada a una muy severa reconversión (en la que, pese a todo, ya nada volverá a ser como antes) como de pequeños profesionales, artesanos individuales y demás, que tienen somatizada hasta el nivel verdaderamente atómico la ya incierta relación trabajo > copia > retribución.

Pero frente a esa resistencia del ancien régime -que, como yo he dicho tantas veces, aún causará muchas víctimas y derramará mucha sangre económica, pese a ser una batalla perdida- se alzan proyectos empresariales -de gran envergadura en muchas ocasiones- que también van empapando al mundo de la PYME e incluso el de la microempresa y el del trabajo autónomo, y que son ya realidades perfectamente observables al nivel de infantería ciudadana. El agujero que ha abierto el software libre, en general, y el éxito de Linux, en particular, en los conceptos industriales y comerciales tradicionales ha hecho mella -incluso inesperada, en los primerísimos momentos- no sólo en la industria del software sino en otras vinculadas a los contenidos: la música, la cinematografía, el sector audiovisual, en general, y, de forma inminente, en el libro, a cuya estructura editorial ya le están sonando las trompetas de Josué.

Precisamente estas dos circunstancias, enfrentadas la una a la otra, constituyen actualmente el gran debate comunitario en el mundo libre: los idealistas frente a los empresarialistas, los que conciben el software libre como algo que no puede desvincularse de una filosofía tecnolibertaria y cuyo uso debiera, pues, condicionarse al cumplimiento del mandato ideológico y los que entienden que si el software libre no se integra en el sistema económico -aún modificándolo parcialmente, como hemos visto- morirá de inanición, le ocurrirá como al esperanto.

Mi postura, conocida por mis cuatro o cinco, es un tanto equidistante, aunque con una clara inclinación hacia el empresarialismo: el mercado, el sistema económico, es el único vector a través del cual los beneficios de algo que, en cierta forma, podemos considerar como material, pueden llegar al ser individual. De las ideologías, de las doctrinas, no se come, no se vive, no se levantan familias ni -en general- proyectos personales. Pero eso no quiere decir que la idea subyacente deba ser rechazada. En absoluto. En primer lugar, como deuda de gratitud: fue la idea la que generó el bien, la que engendró el producto. Y en segundo lugar, como vigilante, como guardián de las esencias. Sin la idea, sin el concepto, clima o como se le quiera llamar, del software libre y de sus libertades inherentes e irrenunciables, el sotware libre morirá porque no suscitará el interés comunitario.

José Antonio Primo de Rivera dijo en cierta ocasión que a los pueblos sólo los mueven los poetas. La observación es extrapolable: a la comunidad del software libre sólo la moverá ese estandarte de libertad y solamente en tanto ese estandarte esté vigente y presidiendo todo el entorno; en el momento en que el software libre no constituya más que una ventaja o atractivo empresarial, la comunidad se desentenderá y el software libre se diluirá en su estricta esencia. ¿Podrían llegarse, por esa vía de quiebra comunitaria, a recuperar los viejos modelos comerciales que hoy están prácticamente finiquitados? No lo sé, es darle ya demasiadas vueltas y jugar a visionario. Pero sí tengo claro que son una mínima vigencia de la filosofía que lo alumbró y que lo impulsó, el software libre morirá. Lo que vendrá después, si eso llega a suceder, no lo sé.

En todo caso, feliz cumpleaños y, como dice la canción, y que cumplas muchos más.

Que es lo importante.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Viejo Checho  On 25/08/2009 at .

    Por fin se doblega el monopolio de Micro$oft, reconoce ante el mundo el poderío y la solidez de Linux.

    Es sin duda la primera de muchas batallas que vendran, todavia falta la madre de todas las guerras entre el software libre y el privativo. Todos los archivos de Linux se podran leer en Window$.

    Novell y Microsoft han llegado a un acuerdo para permitir que linux funcione en los sistemas operativos Windows .
    Si esto ya parece raro que lo haga Microsoft cuando han hecho lo imposible para obstaculizar los estandares abiertos, tambien han acordado que Microsoft no presentara ninguna demanda sobre patentes que puedan tener los clientes de Novell con su sistema Suse Linux.
    Parece que por fin Microsoft esta viendo el gran incremento de usuarios en Linux y no quiere perder cada vez mas clientes , por eso han pensado mejor que funcione Linux en Windows antes que los clientes utilicen solo Linux.

    Estos acuerdos duraran al menos hasta el año 2012 para permitir que sus productos funcionen mejor juntos.
    Los acuerdos se centran principalmente en permitir que funcione Linux en ordenadores con Windows y viceversa , servicios de gestion para ayudar a los clientes a trabajar con los 2 sistemas operativos y en la compatibilidad de formatos para que los usuarios compartan sus documentos.
    Como dato anecdotico, el servidor de nuestra pagina Web http://www.pupuya.cl trabaja con el sistema operativo Linux, y en forma individual todos los integrantes usamos en nuestros PC distribuciones del software libre Gnu/Linux.
    Recomiendo en lo personal ya que yo la uso esta distro, la mas fácil y cómoda para los mas novatos que se quieran cambiar .- PclinuxOs. (reconoce todo el hardware al toque y puedes cambiar todo al idioma castellano, tiene 52.000 programas para instalar a tu regalado gusto.
    También pueden particionar el disco duro y tener los 2 sistemas operativos en vuestro Pc, en este caso Window$ y Linux.
    Para jugar y otros menesteres clásicos .- Window$.
    Para trabajar en forma seria y solida sin temor a perder nada por años sin virus y gratis PclinuxOs.
    Mas de una ves e escrito en los foros del mundo.- Los miles de programadores e ingenieros del software libre no duermen, (gratis trabajan como hormigas y todos conectados en red a través de Internet), para muestra un botón; cualquier falla que descubran en linux es reparado por ellos en un par de horas y a veces en minutos, mientras en Window$ puede pasar meses para que la reparen y se realicen los parches de actualización.

Trackbacks

A %d blogueros les gusta esto: