Referéndums y tal

De la serie: Los jueves, paella

Arenys de Munt es un agradable pueblecito de la comarca catalana del Maresme, situado al pie de la sierra del Montnegre, en el Parc Natural del Montnegre-Corredor, un enclave de montaña media-baja, de vegetación exuberante, que brinda sus mayores bellezas (a mi particular gusto) en primavera y en otoño. De Arenys de Munt conozco esencialmente su riera, una preciosidad bordeada de grandes y frondosos plátanos, que conlleva cierto peligro en época de riadas (dejas tu coche allí y puedes tener que ir a buscarlo tres o cuatro millas mar adentro) que va camino de su desaparición, como la mayoría de las rieras del Maresme, condenadas a verse soterradas y recubiertas de hormigón. Algún día, las futuras generaciones se cagarán en nuestros muertos, cuando se den cuenta del patrimonio urbano y natural que nos hemos cargado cortando por lo sano en vez de acudir a soluciones imaginativas (y, por ende, laboriosas). Pero a lo que íbamos. También tiene Arenys de Munt una cosa la mar de hortera, que es una, bueno, digamos, reproducción o remedo, de nada menos que el Santuario de Lourdes que, no obstante, tiene algunas virtudes: está enclavado en una zona boscosa, tiene un merendero enorme, muy extenso, bajo los árboles, limpio, bien conservado… y caro; y tiene un restaurante que, hombre, no es como para andarle con estrellas Michelin, pero es un buen lugar para una pitanza con la familia (los críos pueden desbravarse por los alrededores con razonable seguridad) o como punto final a la cómoda travesía del Montnegre -poco más que un largo paseo- iniciada, por ejempo, en Sant Celoni y que puede perfectamente ir a parar allí.

Y como colofón al pintoresquismo, Arenys de Munt tiene un alcalde, hombre que barrunto imaginativo, desocupado y carente de problemas. Y como el que no tiene nada que hacer con el culo mata moscas, va el tío y se inventa un referéndum. Hala, los ciudadanos de Arenys de Munt van a decidir en las urnas si quieren que Catalunya sea independiente. Pues bueno. Otros pueblos montan caravanas de mujeres, algunos convocan campeonatos de encaje de bolillos y otros contratan al Teatro Chino de Manolita Chen. Cada cual se entretiene como mejor le parece.

Ni que decir tiene, el referéndum no va más allá. No solamente porque su legalidad es nula, sino porque, además -o como consecuencia de ello- se celebra sin garantías, sin supervisión y sin perrito que le ladre. Y, en condiciones normales de presión y temperatura, hubieran ido a votar cuatro y el cabo. Y, como dijo Fraga, acudiendo a un antiquísimo dicho popular, con esto y un bizcocho, esta noche me emborracho.

Pero la autoridad competente ha tenido que ir a meter la pata. En vez de pasar del mambo y quedarse mirando al tendido mientras el alcalde de Arenys de Munt monta su numerito, que otros problemas más graves hay que afrontar y resolver, pues no, ha tenido que entrar al trapo y remover Roma con Santiago en todos los juzgados y tribunales. Con lo cual ha conseguido que el referéndum no se celebre -o, bueno, que se celebre en plan más pedestre todavía- pero ha puesto a Arenys de Munt, a su alcalde y al referéndum en el mapa de la actualidad. Una cosa que, en condiciones normales, no hubiera pasado de Indymedia o, a todo meter, de Vilaweb, ahora está en portada de toda la prensa catalana y en páginas importantes de la del resto de España, suscitando con ello esa ansia ancestral de mucha gente -por lo demás, tan saludable cuando se orienta correctamente- que es la de tocar los cojones, preferiblemente a dos manos. En otras palabras: sospecho que el referéndum va a constituir un éxito de participación que no va a poder soslayarse, por más que también sospecho que la mayoría del personal partícipe va a ser de importación. A lo que hay que añadir, ni que decir tiene, el correspondiente efecto llamada: ERC ya está cargando las baterías para reproducir la cosa en todos los municipios que pueda.

De tal hábil manera, el sector más cerril del nacionalismo españolista ha conseguido convertir lo que no hubiera pasado de ser una patochada apenas más allá de lo folklórico en un problema político quizá importante, sobre todo porque estas cosas nunca se sabe cómo acaban. Una de las cosas que caracterizan a los ultranacionalistas -a todos ellos, los de un lado y los de otro- es su falta de sentido del humor y de cintura, en esto se parecen a los creyentes religiosos. En cuanto les rozas siquiera las esencias patrias, se ponen como motos y pierden todo sentido de la proporción: los unos convocan referéndums y los otros les echan encima todo el aparato del Estado. Qué llaga, por las barbas de Senaquerib…

De todo esto, lo único que me parece serio de verdad, aparte de las consecuencias que pueda tener haber elevado estúpidamente a la enésima potencia todo este juego de despropósitos, es el sectarismo y la hiperclorhidria inquisitorial con que se ha acosado a un simple funcionario, el abogado del Estado que, cumpliendo con su trabajo y con las órdenes recibidas -botaratescas, pero legítimas-, ha llevado este asunto en los tribunales. Resulta que el hombre había sido en algunos comicios electorales de hace unos años candidato por diversos grupos falangistas. Bueno ¿y qué? Yo diría que si pudo presentarse como candidato es que esas agrupaciones políticas eran legales ¿no? ¿Qué hay, pues, de malo en ello? ¿Que a muchos no les gusta cómo piensa ese hombre? Pues bueno, la democracia es eso: joderse y tolerar las ideas de los demás aunque no gusten, como él tuvo que joderse -y que se sepa no montó ningún golpe de Estado ni cosa parecida- cuando no salió elegido. Lo que pasa es que eso de la democracia parece que hay mucho analfabeto que no acaba de asimilarlo y se cree que esto es como la ley del embudo, viva la libertad de conciencia… mientras coincida con lo que está mandado, o mejor, mientras coincida con lo que pienso yo; el resto, al paredón. O sea, no libertad de conciencia sino de coincidencia. Hay que joderse, ya digo. Menos mal que algún medio también se ha echado las manos a la cabeza por esta barbaridad.

Que se denigre solamente por sus ideas a un funcionario que hace su trabajo -y además bien, como es notorio, puesto que ha ganado el contencioso- es ya el colmo de las desvergüenza y, desde luego, la guinda que le faltaba a ese pastel de despropósitos que se cuece en ese horno psicodélico en que unos y otros han convertido a Arenys de Munt.

Virgencita (bueno, vale, la de Lourdes), que me quede como estoy…

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Otra chorrada que termina convirtiéndose en algo serio casi por arte de birlibirloque.

Madrid, mayo de 2006; se lleva a cabo una manifestación por una vivienda digna, como tantísimas que se han celebrado en toda España (yo mismo he acudido a algunas de ellas, pese a la alergia que, en principio, me produce la acumulación de gente). Un activista del asunto, Jaume d’Urgell (¿es su nombre de verdad o es un mot de guerre?) tiene la ocurrencia de trepar por la fachada de un juzgado de la capital y sustituir la bandera nacional reglamentaria por una republicana. Algún día me explicará alguien a cuento de qué viene el cambio; que me digan, por ejemplo, por qué lo de la especulación del tocho no podría pasar en una república a la europea, como de hecho ha pasado en Francia, en Alemania, en Italia… (¡buf, en Italia..!). Pero, en fin, de un modo u otro, estos son los hechos. Y el hombre es procesado y condenado por… ultraje a un símbolo de España. Multa de 1.260 euros.

A partir de ahí, la cosa se calienta y el condenado dice que no, que no paga, que prefiere pasar tres meses y medio en el mako, que así le dará carrete público a lo que sucede. Muy hábil y muy honorable. Lo digo sin recochineo: él dice que tres meses y medio pasan pronto y que por Navidad estará en casa (es hoy, precisamente, cuando el juez habrá de decidir si lo encierra o qué se hace), pero esos tres meses y medio, para una persona normal y corriente, para un padre o hijo de familia, pueden ser durísimos. Si es consciente de ello, el tío tiene las bolas cuadradas y de hormigón armado; si no, es tonto del culo. De cualquier modo, si el juez lo enchiquera, Jaume verá lo que vale ese peine que él mismo ha elegido.

¿Es un ultraje a España cambiar la bandera reglamentaria -que es la monárquica- por la republicana (o, más precisamente, por la de la IIª República, que ha adquirido carta de naturaleza como republicana genérica)? ¿Ser republicano es ser antiespañol? ¿De veras? ¿Qué torcida idea de la españolidad tiene el que ha interpretado de esta manera el Código penal, pese a que haya aplicado la pena en su segmento mínimo?

Las banderas monárquica y republicana se diferencian por su vigencia legal, que, al presente, favorece a la monárquica, pero no en su carácter de españolas. Las dos. Cada cual tiene su historia y su significado -político, conviene no olvidarlo- pero las dos son visiones de España; distintas, opuestas, si se quiere, pero de España. Considerar antiespañoles a los republicanos fue una patochada de la propaganda franquista y, como tal, caduca, absurda y olvidada (o, cuando menos, olvidable). Considerar hoy antiespañol a alguien por el simple hecho de ser monárquico o republicano es una estupidez en la que ya no cae prácticamente nadie que no sea un retrasado mental o un fanático, y me sorprende muchísimo que un juez -al que cabe suponer, por omisión, exento de ambos adornos– refleje esta visión en su interpretación de la ley.

Lo que ocurre es que, de un tiempo a esta parte, se está cascando fuerte a todo lo que huela a antimonarquismo. Al parecer, según leo en varios sitios y, además, cabe claramente deducir, en la Zarzuela están hartos del sistemático tiro al Rey que se está practicando por ahí y, ya que no pueden cascarle al que no soprepasa la línea de la legalidad, por más que la bordee, se le sienta la mano al que se le escapa una rueda sobre la contínua.

Lo cierto -y esto puede observarlo cualquiera- es que el vigente monarca ha sobrepasado muy largamente la edad de jubilación, su decrepitud se va imponiendo poco a poco a los rigurosísimos cuidados médico-estéticos que se le practican periódicamente, y, además, sus frecuentes visitas a una clínica barcelonesa del alto copete levanta todo tipo de especulaciones sobre su salud, que ya hace años que viene siendo puesta en duda. Pero la jubilación no llega y el heredero va cumpliendo años, siguiendo, según todas las apariencias, la carrera de su homólogo británico del que se duda que llegue nunca a ceñir la corona, más que nada por razones de edad (aunque parece que habría otras relacionadas más bien con su historial familiar).

Sin embargo, también son constatables varias cosas: en primer lugar, la impopularidad del príncipe de Asturias, cuya imagen de niño bien (por no decir otra cosa) abonada por el trato asiduo de una nutrida corte de pijos (ahí sí que lo digo) que tira de espaldas, es mayoritaria en el país; en segundo lugar, que la mayoría de la gente no es monárquica sino juancarlista y que, por tanto, no incidiendo el predicamento popular en la corona sino en la persona, resulta que aquel no es transmisible… o fácilmente transmisible; en tercer y menos importante término -pero que también ocupa su lugar en el espacio- un número significativo de los pocos monárquicos conocidos que hay, es un hatajo de gilipollas y de impresentables como dar urticaria a toda una manada de camellos.

Si alguien cree que va a salvar la monarquía metiendo en la cárcel a un chaval que ha cambiado una bandera española por otra o prodigando represalias por cosas así, que la Chacón ordene a una fragata que vaya calentando motores en Cartagena porque entonces es cuando esto no aguanta.

Al tiempo.

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Estos días se viene hablando de la caída de alumnos en las carreras científicas. La Física, la Química y las Matemáticas van de capa caída y este fenómeno, siendo global, es más agudo -como cabe suponer por el penetrante olor a pies- en España. Y las tecnológicas -ingenierías y demás- aguantan mecha, pero no crecen y adolecen, además, de una importantísima asignatura pendiente como es la prácticamente total ausencia de mujeres en esas especialidades.

Las causas parecen claras: ser mileurista y serlo, además, en condición de becario o en cualquier otra de las mil modalidades de contrato basura, carecer de prestigio social y trabajar en unas condiciones pésimas, mientras un montón de gilipollas medio imbéciles -o imbéciles del todo, en no pocos casos- están levantando montañas de pasta haciendo el indio en el show bussiness rodeados del aplauso y de la admiración de la chusma, no es un futuro demasiado atractivo, la verdad.

La autocrítca, en lo que cabe, parece honrada («no hemos sabido ofrecer una imagen apasionante de la ciencia») pero no es completa, o lo es solamente según se interprete.

El mal está en el propio principio, en la enseñanza primaria o secundaria, donde esas disciplinas se estudian todavía de una manera soporífera, al más clásico estilo listín telefónico de manos de un profesorado, como mínimo, desmotivado, pero que, con toda seguridad, adolece de más defectos, entre los que destacan el hecho de que, precisamente entre científicos, la enseñanza media es un recurso puramente alimenticio con un cierto hedor de fracaso profesional. Está claro que la sociedad no sabe ver como un triunfador (si es que él mismo sabe verse como tal) a un astrofísico dedicado a la enseñanza de adolescentes.

Yo creo que tiene que haber alguna forma apasionante de enseñar las matemáticas, pongo por caso. Las matemáticas son una abstracción y no le andan lejos a la filosofía; la filosofía, por cierto, es otra asignatura que suele enseñarse rematadamente mal, que está diseñada como asignatura para la sistematización organizada y encajonada del pensamiento ajeno, en vez de dar cauces para liberar el propio, complementada -ya estamos otra vez- por el listín telefónico, por la soporífera biografía de un montón de tíos raros cuyas obras, leídas así a saco, por párrafos -o lo que es peor, íntegras y obligatorias- son sencillamente inaguantables, en vez de construir una senda de pensamiento propio que lleve por si misma a esa obra y enlace a ella con la suavidad con que una vía de ferrocarril se une a otra. Meterle a un chaval -aunque sea resumida o a párrafos sueltos- la «Crítica de la razón pura» de Kant es un asesinato intelectual, lo que, en términos colectivos, deviene en genocidio asimismo intelectual. Pero a un chaval se le puede llevar suavemente hacia Kant conduciéndolo, enseñándole a ir por la ruta del racionalismo, del análisis de la idea. Pienso que las matemáticas -tan cercanas a ese análisis racional abstracto- pueden llevarse por el mismo camino.

Hombre, estudiar, lo que se dice estudiar, en plan codos y tal, siempre habrá que hacerlo y el esfuerzo siempre será imprescindible. No discuto la exigencia de esfuerzo -que comparto- sino que propugno una adecuada orientación de éste, y esta adecuada orientación no existe. Lo vi en mi bachillerato y lo veo en el bachillerato de mis hijas, que aún es peor que el mío.

Los jesuitas, que constituyen la crême de la crême del personal eclesiástico y que disponen de centros de formación universitaria de nivel muy alto (en España, tenemos como simple ejemplo a ESADE), valoran como nadie la enseñanza primaria, la formación infantil, a la que dedican sus mejores esfuerzos, centros y personal. Por algo será.

La buena gastronomía requiere previamente de una buena agricultura. La buena universidad y los buenos universitarios, requieren una enseñanza primaria y secundaria de calidad, y no el mierdón que sufrimos ahora (por culpa, evidentemente, de las marranadas que constantemente meten ahí los políticos en su abyecta ignorancia y no menos abyecta y denigrante mala fe). Es por ahí por donde hay que empezar a arreglar la universidad y la ciencia. Por ahí y, obviamente, por el otro extremo, por la carrera profesional, aunque en ello tiene un peso importante la sociología (prestigio, mentalización del empresariado, etc.) que no lo hace tarea fácil. No inasumible, ojo, debe asumirse y deprisa, además, pero no es tan fácil.

Cuanto antes nos pongamos, antes llegaremos.

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Bien, pues misión cumplida por este jueves. El próximo será 17, último ya del verano que, afortunadamente, se ha apaciguado un poco por estas latitdes y hace unos días que parece que desapareció aquel calor tremendo. Si no pasa nada, no habría de volver hasta el próximo año.

El que sí volverá, vamos, mejor dicho, no se irá, es «El Incordio», que seguirá impenitente, presentando batalla sin cejar en el empeño.

Más que nada, por joder.
😉

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Comentarios

  • Jordi  On 10/09/2009 at .

    Totalmente de acuerdo con Arenys de Munt: lo de la consulta por la independencia no era más que una excusa para que cuatro amigotes del pueblo se metieran un buen plato de seques amb botifarra entre pecho y espalda. Gracias a la estupidez humana, ahora es casi un casus belli.

    Y sobre la monarquía, la tesis monárquico o juancarlista no es nueva pero no por ello menos acertada.

  • Piccard  On 11/09/2009 at .

    Hola Javier.

    En cuanto a la enseñanza de las “ciencias”, he de decirte que tienes toda la razon. Soy ingeniero informático y por razones obvias me tenido que pegar con las mates, física, etc…

    En segundo de BUP (cuando era EL BUP) teniamos en mi curso a un profesor de matemáticas que había trabajado en la Nasa como astrofísico. Yo no se si era por estar enseñando a unos adolescentes o por no estar currando allí todavía, el caso es que el tío era un borde, un borracho y mostraba una total falta de seriedad hacia su trabajo, puesto que como seguidor del Atletico de Madrid, se iba con el equipo el tiempo necesario en durante los campeonatos europeos, faltando a clase hasta dos o tres semanas si hacia falta.

    Cuento todo esto, porque este profesor, no se como lo hacía, nos tenia completamente absortos con la materia de matemáticas. Normalmente, a esta clase acuden cuatro gatos, pero con el no acudian menos de 40 alumnos cada día.

    Era una delicia recibir esta enseñanza, hasta el punto de enseñarnos caminos alternativos para dar con la solución correcta a un determinado problema. (Incluso, nos enseñaba a la manera universitaria, utilizando metodos mucho mas avanzados que los que se tienen en segundo de BUP).

    De verdad no se como lo hacía, pero siempre tenia la clase abarrotada. Y mucha gente de entonces aun nos acordamos de el como uno de los mejores profesores que hemos tenido.

    Su frase preferida era … “A pesar de estar borracho, todavía soy capaz de hacerlo mejor que Uds…”

    Y creedme, lo estaba XD

  • Jordi  On 11/09/2009 at .

    Soy un masoca: ayer ví un rato la demencial Intereconomía TV y era brutal ver a Alejo Vidal Cuadras, en pleno ataque de histeria, exigiendo la detención del alcalde de Arenys de Munt.

  • protestavecino  On 13/09/2009 at .

    Como siempre, clarito clarito.

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