Que «alguien» tome nota

De la serie: Pequeños bocaditos

Algunas veces, hemos afeado a alguien que sus cuentas podrían no estar claras y hemos propugnado -por determinadas razones que afectan a la naturaleza de la obtención de recursos, al régimen jurídico de la entidad o entidades cuestionadas y al especial beneficio legal de que gozan las mismas- que esas cuentas deberían ser objeto de control público directo. Casi siempre, ese alguien ha respondido que sus cuentas son sistemática y anualmente revisadas y certificadas por empresas de auditoria. Privadas, por supuesto. Y punto redondo.

Pues bien, podemos leer hoy en toda la prensa -sobre todo en la prensa catalana-, que el presidente del Patronato de la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música Catalana, conjunto de instituciones de honda y ya centenaria raigambre en Barcelona y Catalunya, reconoce, por escrito y ante el juez, haberse apalancado en diversas ocasiones, mediante diversos procedimientos -facturas irregulares, suministro a las instituciones desde empresas propias y a precios hinchados, tráfico de dinero negro, etc.- y en comandita con su hombre de confianza y director administrativo de la institución, Jordi Montull, unas cantidades que el fiscal estima en 2,9 millones de euros, de los cuales Fèlix Millet -el presidente en cuestión- y Jordi Montull han restituido 1,6 millones. Bien, hasta aquí nada que decir que afecte a terceros.

Lo que ya afecta a las argumentaciones de terceros (o sea que también a las de alguien) es que las cuentas de la Fundació Orfeó Catala-Palau de la Música Catalana eran anual y sistemáticamente revisadas y certificadas por empresas de auditoria. Privadas, por supuesto.

Ahora le toca al juez ver qué pasa ahí y qué clase de auditorías se han dejado… bueno, digamos… colar… quizá 2,9 millones de euros, según el fiscal, o, por lo menos, los 1,6 que, con su restitución, además de con sus propias palabras, reconocen los defraudadores.

En todo caso, que vaya alguien anotando que eso de las auditorías privadas no cuela, como efectivamente estamos viendo.

Que se busque una excusa mejor.

Si la hay.

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Comentarios

  • alberto  On 17/09/2009 at .

    ¿que auditoras fueron?, por no contratarlas o no fiarme de lo q auditen al menos

  • Jordi  On 17/09/2009 at .

    En general, lo de las auditorías es una tomadura de pelo como cualquier otra.

  • Anónimo  On 18/09/2009 at .

    El interfecto también era presidente de l’Agrupació Mútua del Comerç i l’Industria (otra institución catalana centenaria) -de la que dimitió al destaparse el tema del Palau- Me gustaria saber también cuales fueron sus “emolumentos”,ya que al ser una “Mutua”, y no tener que dar explicaciones a los accionistas,”ellos se lo guisan y ellos se lo comen”

  • galeta galàctica  On 18/09/2009 at .

    Dimitió o “dimitieron”.

  • r  On 19/09/2009 at .

    Quien auditaba las cuentas ? la opacidad nos acabara matando a todos…contabilidad creativa, tasaciones econ conflicto de intereses, empresas de ratnig, informacion asimetrica…..Demasiado trabajo para quien debera barrer y esconder lo que no interese debajo de la alfombra vieja o de la nueva alfombra…

  • Jordi  On 21/09/2009 at .

    La Sindicatura de Comptes informó, desde 2002, de la irregularidades de este personaje. Evidentemente, dichos informes acabaron en el archivo-papelera.

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