¡Vale ya de censura!

De la serie: Pequeños bocaditos

El juez Emilio Calatayud es un hombre que me cae simpático, no por pura empatía sino por razones muy claras: es autor de un buen montón de sentencias creativas en asuntos de menores y ha marcado una pauta -raras veces seguida- a los de la toga, que suelen manejar la ley como lo haría un ordenador con sistema operativo Window$, cosa para la cual maldita falta nos hacen los jueces. Para eso, hasta prefiero pagarle las licencias al tío ese, a Ballmer, y nos ahorraríamos un montón de sueldos.

Leo hoy unas declaraciones suyas en «El Confidencial» con las que no puedo estar más de acuerdo. En todo, salvo en una sola cosa: pedir la intervención del fiscal en el caso de algunos programas televisivos. Y que conste que a mí me gustaría mucho ver a unos cuantos productores, directores y guionistas remando en galeras -pensando en estos específicos casos, aparte de la inquina que le tengo, así en general, al cine español y sucedáneos televisivos diversos-, pero nada puede justificar ningún género de censura.

La única censura válida -y esa, además, jode de verdad al censurado- es la clientelar, la que pueden ejercer los llamados a ser espectadores, simplemente no llenando las cifras de audiencia o no comprando entradas. Esa es la única censura aceptable y, además, inevitable. Aunque fuera rechazable, mal se podría combatir. Y es, realmente a la que nos tenemos que consagrar.

Si un guionista retrasado mental, un director con un cociente intelectual de mierda y un productor sin escrúpulos pergeñan un chafarriñón que intoxica a los chavales, la solución es muy fácil: los padres cogemos el mando a distancia y se cambia de canal. Y si el chaval objeta, se razona con él, por supuesto, pero a toro pasado, con el canal ya cambiado, y se sostiene un provechoso diálogo con la cocina de Arguiñano o la biología de la rana goliath en un documental de National Geographic de fondo sonoro. O, simplemente, con la tele cerrada.

Cuando un canal de televisión programa una mierda tóxica en horario juvenil, quien tiene un problema no es el fiscal, somos los padres. A lo sumo, el fiscal sí debería intervenir no para censurar series o programas sino para hacer tambalear la patria potestad de un montón de gilipollas que siempre tienen algo mejor que hacer que educar a sus hijos. Y ahí sí sería bueno que dieran unos cuantos severos disgustos.

Para ejemplo y escarmiento.

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Comentarios

  • Monsignore  On 28/09/2009 at .

    Pues tenemos un problema, caro figlio. Lo que me estás proponiendo es sustituir la censura estatal por la paterna, que sólo se diferencia de la primera en que se lleva a cabo, realmente, por el bien de los hijos.

    El auténtico problema de la basura (televisiva, alimentaria e informática, entre muchas otras) es que a la gente le gusta. Si la plebe cambiase de canal en masse cuando ponen según qué programas (creo que todos, pero igual es que yo soy un poco intransigente :-D), no habría telebasura. Si en lugar de apedrear los escaparates de los macdonalds (rancia tradición antisistémica) nadie los visitase, no sabríamos lo que es una royal avec fromage y no entenderíamos Pulp Fiction. Y si los usuarios de pecé migrasen en masa a Linux, no tendríamos problemas con los drivers.

    Pero lo jodío del caso es que con las telecincos, burgerkings y Windows pasa con la coprofagia: Que dan mucho asco, pero a la que investigas un poco ves que hay gente a la que le gusta.

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