Fantasías municipales

De la serie: Pequeños bocaditos

Los actos masivos presentan, por sus propias características, unos inconvenientes que son absolutamente inevitables; a lo sumo, pueden aplicárseles paliativos, pero no pueden ser evitados en su totalidad. Esa es la razón -lo he repetido muchas veces- por las que no asisto a actos que, de otro modo, me apetecerían muchísimo, como la Festa al Cel, el más importante -por no decir único- festival aeronáutico que se celebra en Barcelona.

El inconveniente más sistemático es el del transporte público, y también lo he dicho muchas veces: no creo que haya ciudad en el mundo -ni siquiera las dos macrourbes norteamericanas- que sean capaces de despejar en un tiempo razonable -pongamos, treinta o cuarenta minutos- una muchedumbre de medio millón de personas.

En grado de inevitable fatalidad le siguen los incidentes. Cualquiera que sea la naturaleza del acto en cuestión, la ley de probabilidades nos indica que entre cien, doscientas o trescientas mil personas es inevitable que se cuele un número significativo de hijos de puta que se creen que la calle es suya y que pueden hacer lo que les dé la gana con vidas y haciendas, que acabarán, fatalmente, cometiendo alguna tropelía. Aquí es donde cabe aplicar métodos paliativos -que funcionan, en general, bastante bien- pero teniendo siempre presente que la seguridad al cien por cien va a ser imposible.

Por eso me inquieta mucho que mi hija mayor asista a conciertos y similares. No se lo puedo impedir -ni quiero, ni debo-, pero cuando va -poco, afortunadamente: tampoco le gustan mucho las movidas masivas- no logro pegar ojo hasta que la oigo entrar en casa. Como la mayoría de los padres, supongo.

Hace pocos días, creo que fue la noche del jueves, en una de esas movidas organizadas con motivo de las fiestas de la Mercè, tres o cuatro cabrones entraron en un hotel con la pretensión de mear allí, cosa que les fue negada por el recepcionista -siguiendo órdenes de su dirección- por no ser clientes del establecimiento. Los pencos en cuestión se pusieron chulos, y un trabajador de mantenimiento que acudió a ayudar a sus compañeros, fue agredido por los hijos de puta en cuestión, a consecuencia de lo cual se golpeó contra el suelo y resultó con un traumatismo craneoencefálico tan grave que los médicos lo dan por irrecuperable, por muerto, vaya.

Bueno… ¿y qué se le va a hacer? Pues lo que se le va a hacer -y creo que se está en ello- es capturar a los criminales y catapultarlos ante el juez, que proveerá lo que corresponda; y, a todo estirar, establecer si la empresa hotelera pudo o no haber actuado con negligencia civil o laboralmente culposa al no haber previsto protección profesional -seguridad privada- nocturna, toda vez que sí se dispone de ella en horas diurnas. Y, creo, hasta aquí podemos leer.

El problema viene cuando el achuntamén se calla como un puta y nos vende a través de páginas web, de comunicados públicos y de comparecencias de concejales, que todo va como una seda, que las fiestas son de un civismo ejemplar y lo bien que lo estamos pasando, ocultando alevosamente el suceso (y otros sucesos en el mismo acto: al parecer hubo dos agresiones sexuales). Ante la denuncia de un partido de la oposición, CiU, que no desdeña la oportunidad de aprovechar, más que los hechos, la ominosa ocultación municipal de los mismos, el poncio de turno balbucea estúpidas excusas: que si nunca se informa de investigaciones en marcha, que si patatín y que si patatán.

O sea que, bueno, ahora sabemos también positivamente -sospechar, ya lo sospechábamos- que el achuntamén practica la acreditada técnica de la cortina de humo -de humo de hermosos colores, eso sí- cuando la realidad tuerce sus designios. Parafraseando el aforismo periodístico, no permitas que la realidad te fastidie el fastuoso e idílico decorado que estás vendiendo a los tontos esos de los ciudadanos.

¿En cuántas más cosas nos la estarán dando con queso?

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Comentarios

  • Ryouga  On 28/09/2009 at .

    Pues ya que sigue teniendo ganas de ver avioncitos vengase al FAV de Vigo que se escaba bien por la autopista.
    O mejor aun vaya al Show de Duxford ,que este año no lo he pillado por los pelos pero he ido al museo de la RAF, al Imperial War Museum y al de historias natural y,todo tranquilo ,gratuito e impresionante.

    Aquí en nuestro país todo aquello que que lleve la palabra “festival” tiene que acabar obligatoriamente en juerga,botellon y borrachera con gritos y toneladas de porquería por el suelo.

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