La pobre ciencia

De la serie: Correo ordinario

Los presupuestos generales del Estado para 2010 -su proyecto de ley, hablando con propiedad- prevén un recorte próximo al 10 por 100, si no recuerdo mal, en materias como I+D y Cultura. Este último caso sería muy serio en otras circunstancias, es decir, si el presupuesto de Cultura se dedicara habitualmente a la cultura y no al mantenimiento de la buena vida de una pandilla de apalancados, de vagos y de sinvergüenzas, aunque es de temer que no será la pandilla de apalancados, de vagos y de sinvergüenzas la que sufrirá en mayor medida el recorte sino, más que probablemente, aquellas partidas que sí se dedican real y creativamente a la promoción y a la investigación cultural.

Pero lo que sí constituye un drama, un verdadero drama, no cabe otro nombre, y así ha sido visto por la propia comunidad científica, es el recorte en materia de I+D. Este recorte, en un país como España, no es una simple cuestión de política, como podría serlo favorecer o no, o más o menos, a las familias monoparentales, pongo por caso (y no pretendo quitarle importancia a la familia monoparental, pero quizá sí sería discutible su orden en la lista de prioridades), sino que constituye clara y redondamente, indiscutiblemente, me atrevo a decir, una necedad, una barbaridad de dimensiones descomunales.

La ministra corre a vestirlo: «Se va a producir un incremento significativo de todos los programas que tienen que ver con las personas, como becas y nuevos contratos». El peso del recorte, de acuerdo con las declaraciones de la dama, recaerá en el gasto corriente. Y se queda tan ancha. Porque eso, que suena tan bien, equivale a decir que esos científicos cuyo número en becarios (o sea, en mileuristas) va a crecer, según la ministra, en vez de microscopios deberán usar catalejos.

Esto del recorte del capítulo 2 del gasto (los famosos «gastos en bienes corrientes y servicios») siempre me ha hecho mucha gracia: porque el capítulo 2, o es intocable o es un fraude. Me explico: el capítulo 2 es el que supone el apoyo infraestructural. Yo siempre lo defino como el de los bolígrafos y las gomas de borrar. Pero es que los bolígrafos y las gomas de borrar hacen falta. ¿Cuántos? Ahí está la cosa. Si se adquiere el material aproximadamente exacto de acuerdo a las necesidades (que puede hacerse, no es tan difícil), el capítulo 2 es irrecortable. Si un ministerio gasta 3.000 bolígrafos cada año, con 2.500 habrá problemas de escasez de bolígrafos y, por ende, habrá problemas en aquellos aspectos de la productividad que dependen del bolígrafo. Parece broma pero no lo es. Si, por el contrario, ese mismo ministerio ha venido comprando 6.000 bolígrafos, el problema no es ahora recortar esta previsión de pedidos a 3.000 sino en resolver por qué arte de birlibirloque se gastaba en bolígrafos el doble de lo necesario.

Claro, si nos quedamos con el ejemplo en su estricta literalidad, estamos casi en el ámbito del chiste. Vale, chaval, tómate un trago con tus historietas de bolígrafos. Pero el capítulo 2, esa fruslería de los gastos corrientes, es el que paga la contratación de servicios a terceros: ahi va la contrata de la limpieza, de las obras y operaciones de mantenimiento de edificios e instalaciones, de ordenadores y mantenimiento de redes informáticas, de suministros como la electricidad, el agua y el teléfono, de desplazamientos y transportes del personal (por razones de servicio, ya se entiende, no para ir del trabajo a casa), del suministro de combustible para el parque móvil (que podría no ser una partida de moco de pavo si pensamos en la policía o en una base aérea) y, tras un etcétera larguísimo… los estudios a terceros. Sí, esos estudios que periódicamente nos enteramos que se hacen sobre las cosas más peregrinas y que se remuneran espléndidamente, tan gratos y tan afectos al conocido gremio de cuñados. Ahora anda la Generalitat con el culo al aire por estudios raros, pero prácticamente no hay administración pública a la que no se pueda pillar trapicheando con los jodidos y dichosos estudios. Ahora imagináos el cuentín de los bolígrafos, pero aplicado a todo eso y a muchísimo más que me dejo).

Contratar más mileuristas no sirve de nada si tienen que perder la mitad de cada día durante dos o tres semanas para conseguir que les instalen más memoria RAM en el ordenador (algún día hablaré de mis batallas con los informáticos -y mira que me los quiero, a los informáticos- con motivo de pedirles algo más de máquina o de software) o si la adquisición de una determinada máquina requiere más esfuerzo que pasar unas oposiciones a notario (tres años, tres, tardé yo en conseguir que pudiera utilizarse la fotocopiadora de la oficina también como escáner -está perfectamente preparada para ello-, para lo cual bastaba que se la conectara a la red informática). No veo dónde está el ahorro si lo que nos ahorramos en bolígrafos lo perdemos -multiplicado- en horas de mileurista requiriendo un bolígrafo. Es el ahorro estúpido del engominado tipo los merluzos esos que hacen el indio, según cuentan, con Lluís Bassat (también otro día hablaré de eso, pero primero habré de realizar el ímprobo esfuerzo de, siquiera, ver un capítulo). Es muy fácil recortar gastos despidiendo a la señora de la limpieza pero… alguien habrá de limpiar la casa… o habrá que habituarse a vivir rodeados de mierda, cosa, en principio, inadmisible. Átame esta mosca por el rabo.

Un bolígrafo es una menudencia, pero sin bolígrafo no se escribe. Un ordenanza es un empleado de muy baja cualificación, pero prescindir de los ordenanzas -o reducirlos a un mínimo casi imposible- implica que un técnico superior, por ejemplo, tendrá que hacerse sus propias fotocopias. ¿A cuánto sale cada fotocopia si la realiza un señor con sueldo de técnico? ¿Cuál será el coste final en productividad si se convierten los bolígrafos en bienes escasos y se recortan las plantillas de ordenanzas?

Reducir un presupuesto es reducir un presupuesto, da igual a qué partida le apliques la tijera, y por un lado o por otro esa reducción causará un agujero que o se tapa o lastrará el barco (si es que no lo hunde). Y si se reduce presupuesto y no salen agujeros y las cosas van igual de bien o incluso mejor, entonces hay que expedientar (cuando menos, por imbécil, sino redondamente por hijoputa) al que confeccionó los presupuestos anteriores.

Por eso las explicaciones de la ministra son pura demagogia, puro timo de la estampita, porque con el recorte presupuestario, una de dos, o está lastrando la promoción pública de la I+D o habría que cesarla por los excesos presupuestarios anteriores, por ineficiente, por inútil, en suma.

Y de ahí, volvemos al principio: el recorte -de un modo u otro- de la inversión pública en I+D es una auténtica catástrofe nacional en un país que tendría que aumentarla sensiblemente cada año, por más crisis que vinieran. Recortar el gasto en I+D es la perfecta muestra del cortoplacismo en el que está instalado este Gobierno al que me cuesta llamar socialista por puro respeto a los socialistas (me han asegurado que, efectivamente, aún quedan socialistas por ahí); recortar el gasto en I+D es un escupitajo sobre el futuro de este país, es un largo y tremendo paso en el regreso al tercermundismo -del que estamos peligrosamente cerca precisamente en este tipo de materias- y es algo que habremos de pagar muy caro. Porque el problema no es el recorte, por sí mismo -que ya es grave-, sino el hecho de que este recorte sucede a muchísimos años de gasto insuficiente -y probablemente mal planificado y peor ejecutado- en esta materia.

Cabe recordar ahora que sólo hemos tenido dos premios Nobel científicos: Ramón y Cajal y Severo Ochoa; y este último, sólo era español de nacimiento y de sentimiento, porque como científico, fue un producto norteamericano. Todo ello configura un país en el que la cultura científica, la cultura de hacer ciencia está, tradicionalmente, por los suelos.

Habitualmente, fregándolos.

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Comentarios

  • lamastelle-simboligrafo  On 30/09/2009 at .

    En el ultimo parrafo, la cercania de la v y la b en el teclado, le ha jugado una mala pasada ocn el apellido Nobel, caballero. Respecto al resto, totlamente de acuerdo. Pero me temo que ni es un problema reciente ( dicen que el bueno de ramon y Cajal tuvo que comprarse el mismo un microscopio ) ni sera de corta duracion.

    No, si al final ib a a tener mas razon que un santo el otro, al gritar aquello de “Que inventen ellos”.

  • Javier Cuchí  On 30/09/2009 at .

    Corregido. Gracias por el aviso. Qué semana llevo…

  • Jordi  On 30/09/2009 at .

    Curioso: no hay dinero para ciencia y tecnología pero ha habido 5.000 millones (se dice pronto) para parterres y jardincillos en las rotondas, llámesele plan ZP, llámesele subvención directa a las constructoras. Por no olvidar que habrá una reedición de este magnífico plan para “fomentar el empleo”.

    Ayer la Vanguardia regalaba un sumplemento sufragado por la mafia catalana del ladrillo en el que se afirmaba que nada, que los precios de la vivienda no sólo no van a bajar más sino que en cuestión de meses volverán a subir. Turismo de sol y taja y ladrillos, España sólo ofrece esto.

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