La «potente» blogosfera

De la serie: Correo ordinario

Leo una entrada de Manuel Almeida, en su bitácora «Mangas Verdes», sobre algo que le llamó la atención en el III Congreso de Webmasters al que ha asistido, y es el hecho de que al llegar el momento de celebrarse una mesa sobre blogs, la mayoría del público se levantó y se fue. Y aunque el hecho tiene atenuantes (eran las 13:30), parece que no acabó de gustar o, de algún otro modo, inquietó a Manuel, que se pregunta si los blogs -e inherentemente, imagino, la blogosfera- no interesan a los webmasters.

De entrada, imagino que, como tecnología, tiene una cierta justificación que las bitácoras no interesen a los webmasters; es una tecnología sencilla que está al alcance de cualquier usuario no necesariamente muy avanzado. Cuestión dstinta, obviamente, sería -siempre en el aspecto técnico- la gestión y administración de un sistema de suministro de blogs, de un CMS. Yo no podría entender que para un webmaster no tuviera interés conocer las tripas y, en ellas, el día a día de algo como Blogger, pongamos por caso. A este respecto, Almeida no se explica bien. Pero creo ser buen entendedor si interpreto que la mesa en cuestión, más que de tecnología de los blogs, hablaba de la blogosfera y entonces puedo comprender -hasta cierto punto- que el público desertara en masa, más que nada porque quizá el tema -además de que es recurrente- no tenga el contenido técnico que posiblemente constituyera el atractivo general del certamen.

Pero que el tema sea recurrente (blogosfera, web 2.0 y media docena de etcéteras posibles constituyen plato obligado en todo ágape tecnológico) no le quita interés, cuando menos a la sociología en red -o a la política en red- ni esa recursividad ha logrado que, por más que se hable y se hable, se haya llegado a una conclusión univeralmente aceptable sobre el poder o la influencia de los blogs en la sociedad de hoy.

Hay una cosa que cae por su peso: la blogosfera tiene, efectivamente, una influencia cierta; de otra manera, el mundo empresarial mediático no se quejaría de forma constante y dolorida de la competencia que supone esta galaxia de micromedios y no se dedicaría a atacar sistemáticamente su calidad como si la calidad de la blogosfera fuera universalizable en sentido alguno. ¿O… sí lo es?

Una cosa está clara: hay entre veinte y cincuenta bitácoras españolas -depende de hasta dónde extendamos el término influencia– que sí determinan, de algún modo, opinión colectiva… en red. Ahora bien… ¿hasta qué punto? Es dificilísimo saberlo y más ahora que muchas de ellas se apoyan con sus propios y diferenciados contenidos en redes sociales. La movida que ha montado «La Aldea Irreductible» esta semana suscitando una acción común de más de 1.000 bitácoras (según la última cifra que he podido leer) contra el recorte en los PGE para 2010 del gasto en I+D, no puede entenderse sin Twitter (aunque también es verdad que no puede explicarse solamente con Twitter.

Por otra parte, también habría que ver si un estado de opinión general se corresponde con una situación de acción general: por ejemplo, el propio software libre, si juzgáramos por la adhesión al mismo en red -provocada, a su vez, por la blogosfera, mayoritaria y casi masivamente partidaria de éste- habría que suponerle en España una implantación -en número de usuarios individuales- que debiera oscilar entre el 30 y el 40 por 100; sabemos, sin embargo, que ese orden de cifras sólo es asumible -por aproximación y en su segmento inferior- en un producto muy concreto, como es el navegador Firefox, cuyas últimas cifras hablan de un 25 por 100 a nivel mundial, con lo que en España sospecho que estará aún por debajo de esa proporción. En la inmensa mayoría de los casos, además, el uso de ese producto constituye el único uso de software libre del usuario que, también mayoritariamente, trabaja bajo un sistema operativo apropiativo. En realidad, el número de usuarios de sistemas operativos libres (mayoritaria pero no únicamente Linux) no va más allá, en términos individuales, de personas, del 10 por 100; y mi percepción personal es aún inferior: no encuentro un usuario de sistemas operativos libres por cada nueve usuarios de Window$ o Mac en mi entorno de relación personal fuera de la red. Para llegar a esta proporción tendría que constreñirme a la Asociación de Internautas -donde la proporción sí que podría aumentar quizá al 15 o 20 por 100-, si bien ese censo es aún una asignatura pendiente precisamente en uno de los campos bajo mi responsabilidad, Linux-GUAI; o a otros ámbitos aún más incisivos, como Hispalinux y demás constelación de entidades del activismo softwarelibrista.

En definitiva, si miramos al ámbito del software libre, vemos que la blogosfera sí que crea un estado general de opinión, pero comprobamos también que esa opinión no coincide con la realidad práctica: que mucho teórico partidario del software libre, ni siquiera usa esporádicamente alguna aplicación de esta tipología de software.

Pero esa conclusión también es inexacta si miramos al ámbito de la propiedad intelectual, en el que el estado de opinión es unánime y donde, según trascendió desde el propio ámbito apropiacionista, la mismísima Moncloa evalúa en tres millones los votos el coste electoral de ponerle pegas a las redes P2P. En ese ámbito, pues, la prédica también da trigo, como también es evidente que la ira anti-$GAE ha trascendido de la red a la calle y, en ella, se ha generalizado por el impulso mediático de los canales convencionales. En este aspecto, el éxito de la Asociación de Internautas, la impulsora inicial de esa ira como reacción al abuso del canon sobre los CD y DVD, que después se ha ampliado -el abuso y el canon, claro- a otros soportes digitales, ayudando a la expansión de esa ira, es indiscutible. Pero si la Asociación de Internautas inició la guerra, es evidente que no la libra sola y que ese estado de opinión generalizado -en red y ya también fuera de ella- viene dado por el soporte unánime de la blogosfera en su práctica integridad.

Hay otros temas que cabría poner en relación con la blogosfera y su presunto poder como medio: el escepticismo democrático, la ira contra los partidos -que no alcanza la intensidad de la ira anti-$GAE pero quizá solamente porque haya más destinatarios a repartir-, la desconfianza en los medios tradicionales, un republicanismo creciente, la afloración de la ira contra los gurús del cine español (por su propia producción, ya sin contar su generalizado activsmo pro-apropiacionismo intelectual)…

Y esto último me lleva a una reflexión: la blogosfera ¿crea opinión o, simplemente, la sube a la superficie? Porque con esto del cine español, por seguir con el caso, que es muy ejemplificador, se me ocurre que no es una idea u opinión que haya generado la blogosfera sino que ya existía previamente, pero asfixiada por lo políticamente corecto. A lo largo de muchos años he oído en conversaciones particulares, con mucha reiteración, que Carlos Saura -por poner el caso más ilustre y conocido- es un pesado insufrible y que su cine no hay quien lo trague (en lo que estoy personalmente muy de acuerdo); o que las producciones de Querejeta son puro masoquismo que sólo puede tragarse tomando aspirinas en vez de palomitas. Por supuesto, estas opiniones expuestas en público, ante un gran auditorio o en una publicación, suponían tacha de anatema (y de ignorante, y de fascista) para su autor, a cargo de la carraca mediática que daba cobertura e indiscutibilidad bíblica a ese par (y a otros muchos igual de pelmas). Pero en Internet no tienen carraca mediática -despreciaron el medio en un principio y ahora han perdido su tren- y ahora ha dejado de ser políticamente incorrecto decir las verdades del barquero sobre ese gremio, con lo que la gente, reprimida durante tantísimos años, ahora se ceba, como es natural. Con otras cosas como la monarquía o la falsa maquinaria democrática podría ocurrir tres cuartos de lo mismo.

Hay mucho que investigar y es una investigación difícil, porque es muy complicado reunir datos objetivos, porque no se cuenta con estadísticas ni fiables ni que tengan la suficiente concreción y porque todo análisis se mueve en un universo de opiniones… que es en lo que acaban todos los eventos sobre la red, en una mesa redonda donde unos -tenidos generalmente, o más o menos, por gurús de la cosa- opinan que la blogosfera es potentísima, otros que es muy fantasmal y otros son mediopensionistas, pero, en defintiva, nunca se termina de sacar el agua clara y, desde luego, no se llega -ni se puede llegar- a ninguna conclusión de valor académico o científico. Quizá por eso, y porque el tema acaba siendo reiterativo y hasta aburrido, la gente, sobre todo si pertenece a un colectivo técnico que va a un grano concreto, se levanta y se va. Y más si es la hora del aperitivo, tan útil para hacer, además, la imprescindible contactología que suele ser parte del valor de este tipo de eventos (varios de ellos, en realidad, no tienen otro).

Quizá la blogosfera sea un arcano que está ahí y darle vueltas no conduce sino al mareo. Ignorarla es un riesgo, eso está claro, sobre todo en el ámbito político; darle más valor del que tiene puede ser una imprudencia pero… ¿qué valor tiene, realmente? Ese es el problema que no hay manera de resolver.

Yo creo que vivimos una sociedad dual con comportamientos duales por parte incluso de las mismas personas. Mi yo, mi identidad, no son los mismos, o exactamente los mismos, en la red que en la vida presencial y puede producirse una dicotomía, hombre, no tanto como de ideas, pero sí de prioridades y de comportamientos. La pregunta, lo que quizá valdría la pena investigar es si esta dualidad, a modo de dos líneas, es un paralelismo, es decir, si va a seguir existiendo por siempre, si es convergente, es decir, si tienden a encontrarse y a quedar como una sola, poniendo fin a la propia dualidad, o son divergentes, lo que equivaldría a que la dualidad no sólo va a seguir existiendo sino que cada vez va a acentuarse, que la vida en red y la vida presencial van a separarse y a estar cada vez más lejanas. También con esto podrían montarse centenares de mesas redondas y no sé si sus resultados serían, en este caso, más claros. Tengo mis dudas.

Eso sí: sienta fatal -lo comprendo perfectamente y yo mismo lo he sufrido alguna vez- que justamente cuando interviene uno en un evento, la sala se vacíe bruscamente y la asistencia se quede en cuadro. Como un puntapié en los mismísimos.

Ánimo, Manuel, que esto, como decía Ivà de la verdad, jode pero curte.

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