Otros que tal

De la serie: Ya no me queda voz para rugir

A principios de septiembre le pido a Transports Municipals de Barcelona, es decir, al achuntamén, la tarjeta T-12. La tarjeta T-12 es un invento del susodicho achuntamén, sector buenrollítico, consistente en que por la módica cantidad de 35 euros (para la ciudad de Barcelona y alrededores más próximos), los niños hasta los 12 años tienen libre circulación. Mi hija pequeña los cumplió en junio pasado, o sea que podrá (iba a poder) disfrutar de la ventaja apenas nueve meses, pero menos da una piedra (es la primera vez que puedo acogerme a una medida de estas, aunque sea de refilón, porque en todas las demás, ya se me ha escapado la edad de las chicas: supongo que la muy exigida por los ciudadanos prolongación de esa ventaja hasta los 16 años me pillará justo cuando mi hija pequeña cumpla los 17, pero qué se le va a hacer…). Todo esto, claro, es teórico. Véase a continuación.

La cosa tiene, ya para empezar, su miga. Los trámites, dicen, se pueden hacer a través de Internet. Y una mierda. A través de Internet puedes hacer cuatro cosas, pero, al final, tienes que imprimir, firmar y enviar por correo ordinario. ¿Y si tiene uno firma digital certificada? Nada. Papel. Claro que, conociendo lo cutres y salchicheros que son en TMB (suicidios a un euro, oiga…), nada me sorprende. Como siempre, pues, ciudadano de mierda, paso por el aro y hala, venga a derribar árboles.

Tras diez días en que no reciben nada, por fin me dicen que todo está en orden y que, con fecha de 17 de septiembre, me envían la tarjeta por correo ordinario. Conociendo a Correos, ay, ay, ay, ya me entra el canguelo, porque la admnistración postal de este país, aunque hayan vestido a la mona de empresa pública, es la cosa más inoperante y más macabra que vio jamás la historia de las covachuelas. Efectivamente, pasan los días y nada, aquí no llega nada. Voy llamando y las respuestas son a cada cual más imaginativa: que si igual me han robado el envío en el buzón de casa…, que si, claro, como hubo el puente de la Merced (24 de septiembre)…, que si la conspiración judeomasónica… total, que ellos no saben nada, que eso ha salido y que es cosa de Correos. Si supieran algo, trabajarían para una empresa eficiente, no para TMB o alguna de sus apestosas subcontratas. Y tú, ve a reclamar a Correos, si eres hombre.

¡Ah! Lo olvidaba. Desde el mismo día, el primer día, que hice el trámite en internet, ya me practicaron el cargo de VISA (ese sí que se puede hacer en red, ya ves).

El jueves, llamo al sitio de marras -previo paso por el 010, que es de pago, ojo- dispuesto a cagarme en todo y en todos, de perdidos al río y, venga, que me devuelvan el cargo en VISA y que se vayan a tomar por el culo. Pero, vaya por Dios, resulta lo siguiente: los envíos del 17 de septiembre –precisamente los del 17 de septiembre- tuvieron un fallo (¿cuál? Ni se sabe), fallo que, según la teleoperadora, es atribuible a Correos y que esos envíos han sido devueltos al remitente. En un primer momento, me la creo a pies juntillas, conociendo a Correos todo es posible, hasta lo inimaginable; y casi sin dejarme decir ni mu, me dicen que tranquilo (no he dicho nada pero, de alguna manera, han debido verme la mirada del 12.70), que a todos los perjudiciarios de la cagada del día 17, se les ha vuelto a reexpedir la cosa entre los días 5 y 6 de este mes (ya han tardado, ya), lunes y martes de esta semana. Escribo en sábado 10, como es notorio, y aquí no ha llegado nada. Y obviamente, ya no me creo nada. TMB, Correos, el achuntamén… la misma ineficacia, la misma burla al ciudadano de mierda, la misma negligencia. Mientras tanto, con la T-12 ya pagada, sigo pagando el transporte público de mi hija pequeña, cosa que, teóricamente, debería ser indemnizable y, con el cuerpo que se me está poniendo entre unas cosas y otras, me pregunto si, aunque me cueste un Perú, no montar el pollo de todas formas.

Entre las privatizaciones de los servicios públicos, los sinvergüenzas de los partidos copando a cascoporro los puestos de mando de esos servicos públicos (y reventándolos, no sé si por mala fe o por pura negligencia congénita) y otras hijoputeces como las ya denunciadas con anterioridad, de verdad que no entiendo cómo los ciudadanos estamos comiendo tanta mierda sin rebotarnos. Debe ser porque, cuando los ignaros estos dejan de serlo, o sea, se enteran de que la temperatura del cabreo aumenta, montan un número de samba en el paseo de Gracia o una competición aérea o una final de fútbol. Igual lo de que venga aquí -a tocar los putos cojones- la mierda de la Copa Davis en diciembre responde al cabreo generalizado que ha levantado lo de la puta tarjeta.

Como esto pete algún día, que se agarren. Los unos y los otros.

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