Excepción

De la serie: Para asombro del mundo

¿A que voy a hacer una segunda excepción a veintidós años de ausencia -la primera fue «Alatriste» y me ratificó en el boicot- y voy a poner pie en un cine? Y nada menos que para ver una de Amenábar.

Ya debéis estar imaginando -y acertáis- que estoy hablando de «Ágora».

Se dice que Ágora es un alegato racionalista. Recoge la historia de Hipatia de Alejandría, una científica -concretamente mátemática- que murió linchada por las turbas cristianas azuzadas por el patriarca Cirilo, una especie de martillo de herejes. Bueno, la película de Amenabar podría estar bien, mal o mirando al mar soñé, y sólo por eso no me hubiera llamado la atención más allá de un levantamiento de ceja. Ya sabéis que yo, con la gente esta de la farándula…

Pero cuando pongo yo profundidad de periscopio y saco todas las antenas es cuando, ea, ea, ea, el cura se cabrea y vía «Sin Dioses», me entero de que los del Observatorio de Antidifamación Religiosa (tan inocentes, tan justos y benéficos ellos…) se cabrean fieramente con la peli. Vaya, hombre, es bien cierto que, como decía Ivà… Bueno, ya sabéis de memoria lo que decía Ivà. En todo caso, si no les gusta que se diga que los cristianos asesinaron a Hiparca, no haber asesinado a Hiparca, mira si es fácil y rápido. Y quien dice a Hiparca dice muchísima gente. Miles y miles de seres humanos.

Eso le confiere un valor añadido -mucho valor añadido- a la cosa, o sea que habrá que rascarse el bolsillo (y no poco: me han dicho que una localidad para el espactáculo este anda ya por los 8 euros o más) y pasar el trago.

El próximo martes despegaré rumbo a Asturias por la 25L de Barcelona (si la componente del viento no obliga a hacerlo por la 07R) y, cuando el avión gire brutalmente a la izquierda apenas replegado el tren de aterrizaje (solamente para no molestar a los vecinitos de Gavà Mar, que no estaban ahí cuando se hizo el aeropuerto), quizá alcance a ver, si me siento en ventanilla y a babor, el castillo de Montjuïc; si lo logro, veré el lugar donde, faltando 90 minutos para cumplirse el centenario del indignante acontecimiento, fue fusilado Ferrer Guardia, el fundador y promotor de la Escuela Moderna, acusado falsariamente y condenado por los hechos de la Semana Trágica por la repugnante inducción de la Iglesia Católica.

No rezaré una oración por su alma, claro está.

Simplemente recordaré y me reafirmaré en el deber cívico de seguir, desde mis pobres luces y desde mi humildad de mindundi, con la tarea de continuar la obra de todos aquellos que murieron defendiendo la razón frente a la abominación del oscurantismo y de la superstición.

Así será.

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