Servet, COI y bombillas

De la serie: Los jueves, paella

Se cumplió anteayer, martes, el aniversario de la muerte de Miguel Servet en la hoguera. Una muerte sobre la que hemos dado por buenas -yo también- muchas leyendas. La primera, la de que Servet murió por sostener tesis científicas, por descubrir la circulación de la sangre y divulgar el descubrimiento. Nada más falso: Servet, además de científico, era astrólogo y teólogo (o sea que hoy sería un magufo de caballo e incluso en aquella época fue criticado por predicar el pronóstico del futuro a través de los astros) y en su obra estableció que lo de la Santísima Trinidad era una patraña como un piano (y lo dijo, además, con palabras muy duras y sin ambages de ningún tipo), cosa que al reformismo calvinista le sentó como un puntapié en los higadillos y de ahí vino verdaderamente el churrasco, sin que la sangre tuviera nada -o demasiado- que ver. Esto lleva, además a la segunda leyenda, esta vez no redondamente falsa, pero sí muy manipulada. A Servet lo quemaron los calvinistas, los herejes (al decir católico), los protestantes: la propia Iglesia católica lo ha proclamado a bombo y platillo («¡no fuimos nosotros!»); y es rigurosamente cierto; lo que la Iglesia católica no dice -y también es rigurosamente cierto-, es que Servet envió un ejemplar de la obra que contenía su teoría teocrático-unitarista al obispo de Zaragoza, el cual, doctrinalmente aterrorizado, denunció el asunto a la Inquisición. A Servet lo quemaron los calvinistas porque fueron quienes le pillaron primero, pero en España estaba, por decirlo de alguna manera, en busca y captura y si le hubieran llegado a echar el guante, la parrillada de Servet hubiera ido a cargo de los papistas.

Servet no fue, por tanto, una víctima por causa de la ciencia, por causa del pensamiento racional; Servet murió por hereje, según la visión calvinista, y no creo que le hubiera ido mucho mejor a la luz -o a la sombra, casi mejor- de la visión católica. Andar a vueltas con que si Dios -en su caso- es uno o son tres, tiene más que ver con jugar a los chinos que con la ciencia. En todo caso -y eso sí que se concluyó poco tiempo después de su ejecución- fue una víctima simbólica (simbólica no por haber sido ni la primera ni la última, pero sí una bien sonada) por causa de la libre expresión de las ideas.

También estos días leía en los medios sobre dos atentados gordos; uno en Bagdad, con mucho más de un centenar de muertos, y otro ayer, en Peshawar -Pakistán- con ochenta y pico. Las cosas a lo grande, y por mucha dinamita nunca mal estampido y toma chacinería de tamaño descomunal. Una compañera de trabajo me preguntaba hace unos minutos que por qué pasaba esto, si estaban todos locos o qué. Y, la verdad es que, desde luego están -estamos- todos locos y, además, los motivos son muchísimos, en parte de los cuales los occidentales tenemos mucho que ver; tenemos mucho que ver porque todos esos países no se han formado por el curso natural -como si dijésemos- de la historia sino porque un día llegamos nosotros, los europeos (así, en general) y nos repartimos medio mundo como nos dio la gana; y después, cuando nos fuimos, lo dejamos dividido como nos dio la gana, sin tener en cuenta lenguas, etnias, culturas, economías, geografías, sin tener en cuenta nada que no fuera el beneficio de nuestros negreros o de nuestros explotadores de otras mercancías, gentes y recursos; si a eso añadimos que nuestra tecnología es invasiva -no se la pueden quitar de encima ni queriendo- y que sus contenidos chocan frontalmente con mucha frecuencia contra sus concepciones culturales y/o religiosas (la pornografía, la homosexualidad, la igualdad de la mujer, por ejemplo -y sin que su igual mención suponga equiparación ética a nuestros efectos- son conceptos muy rompedores para ellos), ya tenemos el desequilibrio servido.

Pero aún hay más, claro está. El avance humanístico de Occidente, si hacemos abstracción de fruslerías como la guerra atómica, bacteriológica o química, de la impune destrucción mediambiental y de otras lacras que están en la mente de todos, es muchísimo mayor que el de otras culturas, especialmente que la cultura islámica. O, dicho de otra manera, y en relación a nosotros, la cultura islámica aún no ha pasado de la Edad Media. Por tanto, vive en una época de desarrollo axiológico en la que es totalmente legítimo cepillarse al prójimo porque piensa de manera distinta a lo establecido, porque tiene otra religión o, lo que es aún peor, porque es un disidente de la propia. Si lo hacíamos los occidentales en pleno Renacimiento e incluso el absolutismo ilustrado llegó a pillar alguna que otra parrillada (por no hablar de ahorcamientos, agarrotamientos, fusilamientos y otros entos igualmente luctuosos), podremos comprender perfectamente que para ellos es absolutamente normal -en su día, también lo fue para nosotros- cargar un coche con una bomba y lanzarlo contra un mercado en el que compran, mayoritariamente, seres humanos a los que se ha rebanado el prepucio en un angulo distinto al que determina el profeta de turno, lo cual los convierte en gente vil, en calandrajos inmerecedores de seguir viviendo. Herejes, mala gente.

¿Sorprendente? Pues no tanto. Es solamente una cuestión de proporciones, no de conceptos. Reventar a un centenar de seres humanos es una bestialidad, pero el hecho intrínseco de hacerlo porque piensan distinto es, a nuestros ojos actuales, de occidentales del XXI, tan normal como en una sociedad islámica o en la nuestra de hace seiscientos años. Y después de todo, hoy día el papa se carga -canónicamente- a los disidentes, los partidos se cargan -políticamente- a los que discrepan del cacique y, en general, en todas las manifestaciones de nuestra vida cotidiana, el que se mueve no sale en la foto, el que no piensa como yo es un cabrón que no merece ni agua.

Todos los días estamos quemando a Servet todas las sociedades del mundo. Unos con dinamita y otros denegando subvenciones, que parece más civilizado pero es conceptualmente igual de bárbaro.

Así que no sé qué tiene de extraño lo de Bagdad o de Peshawar.

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Leía ayer un artículo del magistrado José Antonio Martín Pallín que también era digno de reflexión. Los jueces está periodísticamente muy activos y lúcidos esta semana. Se refiere Martín Pallín al penoso y degradante espectáculo de tres jefes de Estado y uno de Gobierno dedicándose a lamer las almorranas a una pandilla de vagos y de apoltronados (no, no son creadores, hoy hablo de otra cosa… no muy distinta) como son los miembros del llamado Comité Olímpico Internacional unos tíos que tienen atribuida la patente de los juegos olímpicos, la calzoncillada esa que se celebra cada cuatro años.

Martín Pallín, además, no entiende -como yo no he entendido nunca- que (reproduzco literalmente) una ciudad o un país ponga todos sus esfuerzos económicos, políticos, diplomáticos y dialécticos al servicio de un objetivo tan banal como lograr que unos Juegos Olímpicos marquen un antes y un después en el proyecto vital y económico de una sociedad. Exacto y demoledor. Yo tengo para mí que uno de los signos inequívocos de subdesarrollo de un país es que una de sus principales ciudades necesite una de esas estúpidas cuchipandas para (vuelvo a citar literalmente, lo de Pallín y yo parece telepático) realizar obras de infraestructura, mejorar las comunicaciones, elevar el rango de nuestra hostelería y mejorar la oferta cultural y de ocio. ¿No es capaz Madrid de ser -o de seguir siendo- una ciudad moderna, competitiva, plenamente europea, por sus propias dinámicas, por su propio esfuerzo y quehacer diario? Barcelona ya sabemos que no, que su triste y cutre administración -secularmente, esto ya viene del XIX- es tradicionalmente incapaz de imprimir un ritmo de progreso con el esfuerzo cotidiano y con la laboriosidad de su sociedad (tradicional, según dicen) sin el empujón de algún número de circo: dos exposiciones universales, un congreso eucarístico (la leche de lo kitsch), unos juegos olímpicos, un fòrrum de baratillo o el invento de un silicon valley local de protección oficial al aroma de botifarra amb seques con nombre que parece inventado por los nenes de la ESO. Y aún se podría hablar mucho -y mal- de no pocos aspectos de los presuntos progresos. Pero… ¿Madrid? ¿Chicago? ¿Tokyo?

Dice la lógica que tendrían que ser estos tíos -los del COI- los que se dedicaran a ir por el mundo mendigando acogida para su guateque calzoncillero tetranual, los que ofrecieran a alcaldes y estadistas prebendas y sinecuras para uso y disfrute público -o privado, visto lo que hay- y pidieran por caridad a la ciudad anfitriona que cediera alguna triste molécula sobrante de su lustre, de su tradición, de su historia, a la gachupinada del mens putrefacta in corpore insepulto. Pero vivimos tiempos ideológicamente tempestuosos, vivimos en una especie de mundo sórdido y capón que en sus buenos tiempos edificaba maravillosos templos a las ideas y hoy -toma teoría de la evolución por la selección natural, es para volverse creacionista, joder- edifica campos de fútbol a la vesanía de la pelota. Ni pontífices, ni vestales, ni papas, ni la mismísima hostia: los sumos sacerdotes del mundo de hoy son un tal Florentino y otro fulano que se quita los pantalones cuando se cabrea.

Pero ahí tenemos al presidente de los Estados Unidos, al rey de España y al presidente del Gobierno japonés riendo las gracias y aguantando impertinencias de unos elementos absolutamente insolventes e impresentables. Y pagando el gasto (de nuestro bolsillo, obviamente). Del brasileño no digo nada porque a tal señor, tal honor, ya lo arreglarán los de las favelas.

Sic transit gloria mundi.

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Iba a escribir en esta bitácora de hoy sobre un fenómeno tan extraño que roza lo asombroso: a dos o tres días de Todos los Santos y aún no hay luces de Navidad instaladas, cuando menos en mis circuitos habituales. El años pasado ya las había por el Pilar. Y, en estas, me entero de que este año el achuntamén echa la casa por la ventana porque quiere la Navidad barcelonesa como una luminaria, de forma que el presupuesto de este año para el asunto va a irse a los dos millones de euros: un millón que pondrán los comerciantes y el otro millón entre los patrocinadores hasta donde lleguen (sic) y el achuntamén para cubrir lo que no alcance el patrocinio. O sea que por eso no estaban aún colgadas: este año debe cambiar el sistema de adjudicación del asunto o se habrá retrasado por causa de la replanificación de la cosa.

El objetivo es que este año haya más luz (mucha más luz, como decía el antiquísimo anuncio de las bombillas Osram), más horas de iluminación y más vías iluminadas. Je, se nota que el ambiente ya huele a elecciones; aunque aún falta un buen año y medio para las municipales, los números de las encuestas tienen muy preocupada a la sociatada que, por primera vez en casi treinta años, podría perder la alcaldía de Barcelona a manos -no os riáis, que es muy serio- de una coalñición CiU-PP. Por eso Hereu va desesperado -imagino que tocándole las narices a Moratinos un día sí y otro también- para que se aceleren por lo menos en Marruecos las normas que permitan el voto español en las elecciones locales de allá, para que la colonia marroquí de Barcelona pueda votar, que aún no puede por aquello de la reciprocidad. En estos momentos, podrían votar unos 50.000 inmigrantes y ese colectivo es estimado como un yacimiento de la izquierda, pero está por ver si eso es cierto y está por ver también el nivel de participación, aunque imagino que ésta será potentemente incentivada desde instancias municipales -es decir, con la pasta de todos los ciudadanos- a beneficio del apalanque de lo actual. Veremos, porque el cabreo ciudadano aumenta en Barcelona, como quien dice, a cada crucero que atraca y bien pudiera ser que, aún votando en masa y votando sociata, 50.000 votos -que son votos, ojo- resultaran incluso insuficientes. Depende del comportamiento electoral de la ciudadanía aborigen.

¿Va a ser Barcelona una luminaria navideña al estilo de Madrid? Lo dudo. En Madrid no están para patochadas y tiran de incandescencia que se las pelan; aquí, con los de Iniciativa y largo etcétera con mando en plaza, está el achuntamén lleno de sostenibles y me da a mí la impresión de que, aunque haya más mandangas colgadas, las mandangas serán de estas de bajo consumo que logran el efecto justamente contrario al que pretenden, o sea, que confieren a las calles presuntamente beneficiadas un aspecto deprimente como para abrirse las venas en canal.

En el apartado gracioso, el tema de los conos metálicos y ecológicos a pedales del año pasado (llamados -no sé por qué- árboles), que tanta risa nos hubiera dado a los barceloneses -la exhibición ostentosa de la gilipollez munícipe-sostenible es cómica por grotesca- se esconde vergonzantemente (con lo que nos sorprendemos descubriendo que el en achuntamén a alguien le queda vergüenza en alguna medida); los dos árboles que van propiamente a pedales -tal como suena- irán a parar al Salón de la Infancia, a ver si la chiquillería se los carga de una vez, y los otros cuatro, que van con baterías, se repartirán por los barrios (que es la manera fina de decir que los quitan de enmedio); mi distrito -que no mi barrio, afortunadamente, ha sido galardonado con uno de esos bodrios, que será colocado en un equipamiento denominado Can Fabra (antes había sido la fábrica de las Hilaturas Fabra i Coats).

Pero el achuntamén no iba a dejarse de cachondadas, no; esconde los, bueno, los árboles, pero va a instalar veintitantos galets luminosos gigantes a razón de uno por distrito y el resto en el centro. Para los no catalanes, aclararé que un galet es una pieza de pasta para sopa muy típica de la Navidad catalana que en el resto de España (bueno, y aquí también, cuando se hace en castellano) se comercializa con el nombre de tiburones. Es una extraña asociación de ideas, pero, bueno, así es la cosa.

Los galets son de buen tamaño. Si el redactor expresó bien la cosa y no estamos ante la habitual cagada del becario, cada pieza tendrá dos metros de altura, lo que hace la pieza francamente grande si tenemos en cuenta que esa altura se mide -si yo lo he entendido bien y/o el otro se expresó correctamente- con el bicho acostado. Le doy vueltas a la idea y me imagino que es pifia de becario: deben ser dos metros de longitud -que no son mancos- y, calculando las proporciones, la altura -mirando la pieza acostada- será, calculando a ojo, de algo más de un metro. Sigue siendo un adminículo grandote, pero de proporciones más razonables. Bueno, el cacharro en cuestión será traslúcido -más o menos y según me parece entender o poder deducir- y estará iluminado en su interior.

A la que pille uno, foto al canto y os la cuelgo aquí, eso está hecho…

Y, por lo demás, ahora que releo todo esto, pediros mil disculpas, por escribir tantas veces la infausta y clerical palabra Navidad. Hubiera debido escribir «Temporada de asueto determinada, al decir de los gilipollas, por el solsticio de invierno».

Que queda más propio.

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Damas y caballeros, yo ya he cumplido por hoy. La próxima paella será, salvo imprevistos, el próximo jueves día 5 de noviembre, así que quedáis citados para esta fecha (sin perjuicio de que, en el ínterin, continuéis acudiendo a «El Incordio», no jodamos, que si no viene parroquia el patrocinador se cabrea).

Buen provecho a todos.

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Comentarios

  • Monsignore  On 29/10/2009 at .

    A ver, caro figlio:

    A ver si lo entendemos. Nosotros no hemos sido.

    Que el Santo Oficio – de grata (y cálida, muy cálida) memoria – habría hecho de buena gana una barbacoa con el de Huesca de haber tenido oportunidad, es tan sólo una suposición; lo cierto es que a Servet lo socarrimó la competencia, que no la Santa Madre Iglesia. Y, como reza la máxima jurídica, “intención sin acción no circunscribe delito”.

    Que en estos días, en los que nuestra bienamada clase política entona a coro el “pues anda que tú”, en la que el ex-honorable Pujol afirma sin sonrojo que más vale que no tiermos de la manta, y que el que esté libre de tresporcientos arroje la primera piedra, resulta tranquilizador poder levantar el dedito y afirmar “Vale, sí, pero a ése no lo asamos nosotros”.

    Que por esa misma regla de tres, el que este tu párroco se hubiera cepillado de buena gana a Angelina Jolie, no me convierte en pariente de Brad Pitt.

    Que ya me hubiera gustado, leches. Aun a costa de aguantar al Pitt.

  • PROTESTAVECINO  On 02/11/2009 at .

    Ties mas razon que un Santo.
    Por estas tierras “San Pleito”, se churrasca todo lo imaginable.

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