Monthly Archives: noviembre 2009

Desde Tenerife

De la serie: Anuncios y varios

Bueno, como siempre, los acontecimientos me rebasan y esta semana os he dejado sin paella. Lo siento por vosotros -lo digo sinceramente- y lo siento por haber incumplido, pero, la verdad, estas Jornadas de Eurolaw-Consulting que se están celebrando aquí en Tenerife están resultando, a la par que interesantes, muy intensivas: sesiones de trabajo de 12 horas -o más- sólo interrumpidas para el almuerzo y un par de pausas para un café. Y cuando bien pasadas las nueve de la noche -hora insular canaria of course termina el día, los participantes nos vemos agasajados con enorme largueza por Luis Fajardo, promotor y director de las jornadas, un anfitrión como hay pocos.

El único problema es que no encuentro un espacio adecuado para trabajar y yo, la verdad, eso ponerme el mini sobre las rodillas y pelearme con el trasto que pugna por ir al suelo, y el rejodidísimo touchpad que, por más que lo desactive, se fuma un puro y se empeña en descomponerme todos los textos me imposibilita la concentración absolutamente. Que ya, de por sí, no es fácil, si quieres mantener la oreja puesta en quien está hablando. Porque oir hablar a Fernando Acero sobre el DNI electrónico (y quedarse uno absolutamente acojonado, por cierto, vaya queso: ni diseñado por Micro$oft) o la voz tonante de Ismael Olea y la experiencia tremenda de Daniel Armendáriz al frente de ASOLIF -por no hablar de otras brillantes intervenciones- es de verdadero lujo.

Mañana, si consigo ocupar en el avión un asiento en la zona de la salida de emergencia, único espacio practicable para un ser humano, aprovecharé el largo vuelo de regreso para escribir alguna cosa que os compense el despaellazo de esta semana. Que no será una paella, por supuesto: el día que toca, toca, y si tal día no la hay, hasta la semana que viene.

Por cierto: hermosísima, la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Un estupendo despliegue de arquitectura entre renacentista y barroca, con aquel toque colonial en el que sólo falta que las chavalas (abundantes hoy, llenando de alegría las calles, porque los viernes no hay clase y esta es una ciudad predominantemente universitaria) lleven jazmines en el pelo, rosas en la cara, derramen lisura y a su paso dejen aromas de mixtura.

Ya os digo: esto inspira.

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Jornadas Eurolaw-Consulting

De la serie: Anuncios y varios

Preparando mi viaje a Tenerife mañana para asistir e intervenir, a partir del jueves 24, en las I Jornadas Eurolaw-Consulting «Sociedad, Administración y Derecho ante los retos de las TICs», evento al que llevaré, como representante de la Asociación de Internautas, la voz de los usuarios.

Habrá presencia de la $GAE (prevista inicialmente, que luego ya veremos: a estos ya los conozco), pero no debatirán conmigo ni con otros activistas del conocimiento libre presentes en las jornadas. A los de la $GAE les gusta el espacio propio e incontestable, si no, no van. Que se los pregunten a los de la tele y la radio.

De todos modos, unas jornadas que se anticipan interesantes, porque siempre es formativo para ambas partes -$GAE aparte- que se ponga en contacto el mundo del Derecho con el de los usuarios -ciudadanos de a pie, en definitiva- porque estos mundos, que deberían estar tan próximos como incluso solapados, frecuentemente se hallan a distancias siderales uno de otro.

Y es que a los ciudadanos no nos dejan darles cursillos a jueces, fiscales y policías.

No como a otros que todos conocemos.

¿Puede Murdoch romper Internet?

De la serie: Correo ordinario

El órdago de Murdoch -del que yo ya he hablado y muchísimo más aún se ha hablado en la red- sigue llenando megas y más megas de espacio de servidores. Como noticia relativamente última es que Micro$oft ya ha dado el paso para hacerse con lo que va a perder Google y el talonario está, pues, encima de la mesa porque cree que con la exclusiva de la caravana mediática del magnate australiano para su buscador Bing -que no arranca- dará por fin el soñado -y siempre fracasado- pelotazo en Internet.

El mejor análisis que he visto, es el de «Error 500» y lo completa ahora con unas cortas apostillas. Ahí se hace referencia, precisamente, a un artículo de Enrique Dans que, si lo he leído bien, me pareció un poco alarmista, en la opinión de que Murdoch pretendía romper Internet. Bueno: bien mirado quizá no sea una opinión alarmista, es perfectamente posible que la intención de Murdoch siga ese camino; lo que pasa es que no lo va a conseguir.

No lo va a conseguir porque, como bien se dice en «Error 500», Google no es Internet, y algunos lo sabemos; unos pocos más, incluso, de los que sabemos que Bill Gates no inventó la informática ni es el mejor programador del mundo.

Lo que ocurre es que, eso sí, la implantación de Google en la red es una verdadera metástasis. Y no lo digo en sentido peyorativo: si Google es un ángel o es un diablo aún está por establecer con cierta seguridad. Miedo lo da, desde luego; me asusto cada vez que pienso en la cantidad de datos que acumula de tanta gente y en la cantidad de trabajo que custodia y que puede quitar de las manos de su propietario de un plumazo (lo ha hecho, no hablo de una posibilidad más o menos remota sino de una realidad).

Yo mismo, tengo en Google la tira de cosas: abro todos mis ordenadores (el del trabajo, el de casa, el netbook…) por mi página de Google IG, en la que tengo incrustados mis agregadores de noticias (Internautas, Menéame, Barrapunto y otros), lectores de feeds, los agregadores de los principales medios de papel, radio y televisión, datos meteorológicos… entre otras decenas de cosas; Google Docs está abarrotado de documentos (prácticamente todos, eso sí, con copia en un disco duro u otro); mi libreta de contactos de Thunderbird, aunque actualizada, languidece mortecina ante el uso intensivo de los contactos de Gmail; Gmail, por cierto, que cada vez utilizo más como gestor de mis buzones de correo electrónico (aunque en casa, sigo prefieriendo el cliente local, Thunderbird, como queda dicho); harto ya de las limitaciones de Flickr y sus jodidos veinte megas máximos de subida mensual, pasé de su fama de lugar beautiful y perfumado de aura de fotógrafos de calité (que no está plenamente justificada, pero bueno…) y me largué al mucho menos glamuroso pero infinitamente más eficaz Picassa (en el que preveo que habré de acabar pagando espacio, porque al gratuito, a este paso, no le queda más de un año antes de saturarse); prácticamente ya no tengo más calendario que el de Google (insuperable su servicio gratuito de avisos SMS); tengo un espacio propio en Google Maps y tengo varias suscripciones en Youtube, además de alguna subidita -cosas personales, no os matéis buscando- y varios contenidos que guardo almacenados (en realidad, simples enlaces) porque me han hecho gracia. Esta bitácora estuvo un año alojada en Blogger y sólo la cambié por la potencia de WordPress, pero hace muy poco, no llega a un par de semanas, he abierto una bitacorita de corto alcance para hablar de mi barrio y, aunque pensé alojarla en los servidores y CMS de WordPress, al final me decidí por Blogger por la facilidad de acceso a los demás recursos de Google (es un blog de dedicación muy secundaria y muy localizado geográficamente: ni siquiera tiene -ni va a tener- un enlace permanente en este). En estos momentos, creo que el servicio de Google que menos uso (y lo uso muchísimo) es precisamente el buscador; pero es que varios de los demás los tengo en uso no frecuente sino permanente.

Aún haciendo abstracción de la corrosiva y africana tirria que le tengo a Micro$oft, para que la banda de Ballmer pudiera ofrecerme en cantidad, calidad, operatividad y gratuidad lo que me está dando ahora mismo Google, tendría que comer tantas sopas que no creo que estuvieran al alcance de un simple golpe de talonario; ni siquiera de una compleja operación financiera. Porque, además, en la red -y en la informática de usuario, avanzado o no- las costumbres y la pereza pesan muchísimo, cosa que es una ventaja muy importante para Google, como en las máquinas lo es para el escritorio Window$, cuyo predominio sólo se comprende por esta vía. Micro$oft llegó tarde a la red y no consigue ni a tiros rehacerse de esta cagada; y aunque Micro$oft es muchísimo Micro$oft y, al igual que los malos de película, no se le puede dar por muerto ni aunque le hayan vaciado seis cargadores encima, no me parece que vaya a conseguirlo. Sobre todo porque su modelo de empresa sigue sin ver la red, sin comprenderla, tomándola como un simple ámbito sin especificidad alguna necesario para mantener crecimiento del negocio y preeminencia sectorial, pero nada más. Los de Google, sólo dos con un burrito, vieron, supieron comprender y van en cabeza y destacados. En el negocio en red, claro.

Dudo, pues, que ni aún con Murdoch autoerigiéndose en ángel exterminador sacado de una lectura cervecera del Apocalipsis de San Juan, pueda Micro$oft hacerse con el liderazgo en la red. Ni de lejos. No podría -ni a corto ni medio plazo- ni aún cambiando su mentalidad; pero es que, además, no la cambia y mientras no la cambie no es una cuestión de plazos sino del muro que ellos mismos se ponen delante de la nariz.

Pero aunque Murdoch lograra derribar a Google -cosa que no implicaría tampoco hacer prevalecer a Micro$oft- está claro que no se cargaría Internet ni la reconduciría a sus designios. Porque esta es otra cosa que no saben o no quieren ver: Internet tiene dinámicas propias, ha adquirido usos y costumbres acendrados y se ha constituido en una realidad distinta. Es más: un mismo individuo, un mismo ser humano, tiene comportamientos distintos en la vida presencial y en la vida real. Y no hablo de fabricarse personalidades en Facebook o en Second Life sino de hábitos que, siendo iguales, son objeto de comportamientos distintos en una realidad o en otra. Uno de esos comportamientos es el de comprar el periódico en la calle, como la cosa más normal del mundo, pero no estar dispuesto a hacerlo en la red (aparte de una minoría que sí leería el periódico de pago… siempre que lo pagara la empresa, claro está). Las empresas mediáticas quieren reconducir estos hábitos y ahí es donde precisamente -Murdoch o no Murdoch- la van a cagar, porque, además, ahí es donde la han cagado tradicionalmente. En España tenemos un muy clamoroso ejemplo en la historia digital de «El País». Y todo el ejemplo oponible en sentido contrario es el de la edición facsímil, el PDF, que la mayoría regalaba y hoy todos, salvo «Avui» y no muchos más -que no conozco- sólo los entregan previo pago. Lo que no conocemos son las cifras reales de esa monetización y cómo se está evaluando su rentabilidad en función de la que supone lo contrario, ofrecerlas gratuitamente.

Si Google cae -que tampoco es previsible que, aún derrotado, se hunda, no llegará a tanto, personalmente no experimentaré una gran pérdida, en términos de información (casi todo lo tengo a resguardo en soportes físicos); la pérdida sería más bien la cantidad de horas de trabajo que me ha llevado estructurar e interconectar toda esa información (Google me lo ha puesto fácil, pero no me lo ha hecho, no sé si me explico). Pero, abstrayendo nuevamente mi cerval inquina hacia MIcro$oft, no volvería a poner mi información en un formato parecido: todo lo que lograría Micro$oft de mí es que venciera mi pereza e hiciera lo que debería estar poniéndome a hacer ya mismo: diversificar mi información in the cloud y no tener todos los huevos en la misma cesta. No tanto por el peligro de que la cesta caiga al suelo y los huevos se rompan sino por el de que alguien coja la cesta, venda mis huevos y él se quede con la pasta y yo como el gallo de Morón.

Sin plumas y cacareando.

Queridídimos civiles

De la serie: Pequeños bocaditos

Como todos los días -o como todos los días que entro en un ordenador conectado a Internet, aunque, de hecho, son casi todos- he ido a ver qué había de nuevo en nuestra página, la de la Asociación de Internautas. Y me he encontrado algo que es como un balón de oxígeno.

Nuestra página reproduce un comunicado de la Unión de Oficiales de la Guardia Civil en el que toma posición con respecto a la movida del caso Sitel, y lo hace desde estos parámetros:

· Desde Unión de Oficiales Guardia Civil Profesional, entendemos que la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en temas tan importantes y sensibles como el terrorismo no puede quedar ensombrecida por ningún género de duda.

· […] Ahora se cuenta con un sistema informático y unas funcionalidades que permiten un tratamiento mucho más potente de los datos, pero reguladas por una Ley de Enjuiciamiento Criminal que data de 1882 y que, pese a las adaptaciones realizadas, es cuanto menos cuestionable a la hora de garantizar los derechos de los ciudadanos.

· [Unión de oficiales] EXIGE una normativa moderna y garantista que impida cuestionar la profesionalidad de los miembros de las Fuerzas de Seguridad Estatales y aporte la necesaria tranquilidad y seguridad jurídica a los ciudadanos a los que defendemos.

Nunca he ocultado mi profundo respeto hacia la Guardia Civil y mi particular y privado homenaje (ya que, según parece, no hay forma humana de hacer uno público) al sacrificio de este Cuerpo (y del de la Policía Nacional) en la guerra contra el terrorismo, una guerra que se está ganando gracias a su sacrificio pero también -y eso es importante- a su muy alta competencia profesional. Pelear contra esos cabrones respetando las normas de un estado de derecho y respetando los derechos civiles (dos excepciones y media no pueden ocultar el grandísimo esfuerzo realizado en este aspecto) y vencer, como están venciendo, es algo realmente grande, y así lo ven muchos cuerpos de policía de todo el mundo. Los británicos emplearon el sistema manu militari, en plan patadón y tentetieso (y a los SAS, que no son precisamente una malva) y no vencieron: tuvieron que negociar un armisticio con los terroristas.

Pero, con todo y eso, la antigua y truculenta historia de la Guardia Civil siempre ha sido una especie de rémora que incluso los españoles más afectos a los viejos tricornios teníamos aparcada por ahí como una cuita, como una almorrana a medio curar que en el momento más inoportuno dice «aquí estoy».

Pero leer a una asociación de oficiales de la Guardia Civil criticar una legislación porque «es cuando menos cuestionable a la hora de garantizar los derechos de los ciudadanos» o exigir una normativa que «aporte la necesaria tranquilidad y seguridad jurídica a los ciudadanos a los que defendemos», es un claro indicativo de que, por más razón que tengamos -que la tenemos- en la denuncia de muchísimas cosas que van mal, algo, algo muy importante, ha dado un cambio muy profundo en este país.

Estas cosas me congraciarían hasta con el comandante Salom

Que ya es congraciar.

Freixenet

De la serie: Anuncios y varios

Nunca había puesto publicidad en esta bitácora. Y no por una cuestión de principios: simplemente, una vez lo intenté con Google y la respuesta fue que no porque no le gustaron los tacos de mis artículos. Ningún problema, era sólo curiosidad a ver qué salía porque tengo muy claro que de la afluencia a esta página no iba a salir nunca un duro publicitario. Mi parroquia es escasa; pero selecta, eso sí 😉

Cambio de tercio un momento, pero para volver al ruedo enseguida, ya veréis…

Mi hija mayor quiere estudiar Enología y tenía planificado su currículo hasta que vino el plan de Bolonia a reventarlo todo. Ahora se ha diseñado ella misma uno parecido al anterior: estudiará primero Ingeniería Alimentaria para, a continuación, confiando en que las convalidaciones le ahorrarán cuando menos un cursito (o equivalente) hacer Enología (antes una carrera de segundo ciclo -sin primero previo- y ahora un grado como cualquier otro).

Bueno, ya veremos; aunque no le falta ya tanto -está en 2º de bachillerato- a estas edades se cambia súbita y radicalmente de ideas.

Como la niña, eso sí, apunta maneras, su trabajo de investigación de bachillerato versa sobre el cambio climático y su influencia sobre los vinos y cavas catalanes. Para ello, ha necesitado verdaderas montonadas de datos sobre las especies viníferas, sobre terrenos, sobre climatología, la intemerata…

Una de las cosas que hizo fue solicitar documentación a cinco empresas productoras de cava, las dos más importantes y enormes de Catalunya más otras tres de menor tamaño pero de mucho prestigio y empaque. Sólo una respondió: Freixenet. Y no sólo respondió: lo hizo de manera prácticamente inmediata -en cosa de cinco días- aportando una cantidad y una calidad de datos acojonante. Y, por si fuera poco, por la fecha de un fax que formaba parte de la documentación (dos días antes de su envío), me da la impresión de que, o hubo una coincidencia felicísima, o alguien del laboratorio enológico de la empresa se tomó la molestia de recabar del Institut Català de la Vinya i el Vi unos datos de los que la empresa no disponía (o no disponía completos) y que consideró le podían ser útiles a la mocosa en cuestión.

Es posible que esa delicada y completísima atención forme parte de la política de empresa de Freixenet. También es posible que, simplemente, el correo electrónico de mi hija fuera a parar a un profesional hipervocacional de los que consideran un halago que alguien comparta la profesión que ellos adoran (aunque sólo sea en proyecto) o a alguien que tiene hijos de esa edad y trató a mi hija como le gustaría que tratasen a sus propios hijos.

A mí me da igual. No puedo identificar a quién tengo que darle las gracias, pero ya sé lo suficiente.

Desde este momento, en esta bitácora ya hay publicidad. Y gratuita, además. Desde hoy, el logo de Freixenet estará en la columna de la derecha, permanentemente. Porque hay cosas que no se pueden pagar -no tienen precio- pero que se deben agradecer.

Y esta es mi forma de hacerlo.

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