Ellos

De la serie: Correo ordinario

Nuevamente, la Asociación de Internautas lanza una alerta a la sociedad que acaba trascendiendo de la propia red: me refiero al escándalo de las escuchas ilegales de la famosa red (o sistema) Sitel que, para variar, termina en rifirrafe entre partidos políticos. Que si está utilizando una red ilegal, que si fuiste tú quien la compró, que si bueno, la compré yo, pero no la utilicé y tú sí lo haces y, como siempre, la cosa acaba con la ciudadanía contemplando, primero atónita y despúes asqueada y cabreada, cómo sus derechos fundamentales se convierten por enésima vez en una pelota de tenis que los dos partidos utilizan para propinarse estupidos, ineficientes e insultantes raquetazos, sin que el fondo de la cuestión sea abordado y, por tanto, con el problema que termina enquistado. Que es lo que pretenden, después de todo.

El juego, que ya apesta, siempre es el mismo: uno, en el Gobierno, promulga una norma especialmente sensible; acto seguido el otro, en la oposición, derrotado en el parlamento, monta en la calle la gran manifestación de dos millones (o así) de personas; cuando cambian las tornas, el nuevo gobernante no toca ni una letra de la norma que antes protestó como si su promulgación fuera a desencadenar el diluvio universal. Da igual que sea la intercepción de comunicaciones, el aborto, la eutanasia o la entrega de la fiscalidad de las grandes fortunas a la autoridad bursátil retirándosela a la fiscal. Para sus comediescas manifestaciones se hacen acompañar, estos, de la Conferencia Episcopal y de toda la clerigalla; se apoyan, los otros, en movimientos pacifistas, gays, lesbianas y progresías diversas. Pero, en definitiva, todos coinciden en burlarse de nosotros, de todos los ciudadanos, montando verdaderos síncopes nacionales, clamando por la patria en peligro, simplemente como una extensión no de la política sino del más rastrero electoralismo (o encuestalismo) cuando el parlamento les ha sido adverso. Y todo ello acontece -éramos pocos y parió la abuela- en medio de un ambiente de corrupción gneralizada -que ya sospechábamos, por demás- aflorando al exterior como la mierda de una alcantarilla saturada por un aguacero.

La sociedad civil se defiende como puede, pero sólo consigue -conseguimos- que nuestras propuestas y nuestras protestas sean instrumentalizadas por uno o por otro -o por ambos, sucesivamente, según van pasando por el Gobierno- para seguir con el maldito partido de tenis. Y encima, apaleados. La Asociación de Internautas resulta ser ahora el brazo armado del PP, pero todavía nos reímos -amargamente- recordando cómo los del PP (cuando estaban en el poder) nos denominaban el comando Rubalcaba. Cuando es evidente que, si todos se comportan de la misma manera cuando están en el Gobierno, instalados en el más absoluto desprecio a los intereses de los ciudadanos, tal como van pasando por el Gobierno les tendremos que ir dando caña y por las mismas razones, a unos y a otros. Y no sólo nosotros, en la AI sino, evidentemente, todas las entidades de la sociedad civil tengan más o tengan menos influencia mediática.

Ayer, la página de la Asociación reproducía un incisivo artículo de Antoni Puigverd en «La Vanguardia» y, esta mañana, José María Sanz, Loquillo, se pregunta en «El Periódico» si esta era la democracia que nos habían prometido. El primero habla de Sitel; el segundo, tiende más a la corrupción, pero ambos confluyen donde, en definitiva, confluimos todos: el desprecio olímpico con que los políticos contemplan ya no los intereses, sino incluso los derechos fundamentales de los ciudadanos.

En nuestro ámbito, el ámbito tecnológico, uno más de muchos ámbitos en los que la fenomenología es, desgraciadamente, la misma, hemos contemplado la entrega de varios Gobiernos -incluyendo autonómicos y locales- a los intereses de un sector minoritario que ha llegado a dictar leyes y a imponer, virtualmente, tributos a todos los ciudadanos; hemos visto en el Parlamento Europeo cómo los diversos lobbyes (industria audiovisual, industria del software, compañías de telecomunicación) compran descaradamente a nuestros [teóricos] representantes llevándolos a legislar contra nuestros intereses. Sólo nosotros sabemos lo que hemos tenido que luchar (y no sé si la cuestión estará cerrada, que no creo) contra las patentes de software, cómo con todo descaro han hecho de sus mangas capirotes, han hecho trampas -así como suena- metiendo de matute las patentes de software dentro de paquetes agrarios destinados a ser votados sin debate y cómo hemos tenido que detenerlos in extremis, cómo se han burlado de nosotros con la enmienda 138, en la que hemos salvado los muebles por los pelos menos de un año después de una lucha denodada por colocarla en parámetros aceptables. Y aún colea por ahí el ACTA, que ya hablaré de ella en capítulo aparte. Hemos visto cómo hemos tenido que luchar denodadamente para conseguir verdaderos mínimos, como los de la Ley 11/2007, la LAECAP, en la que conseguimos que las administraciones públicas hayan de aceptar los formatos libres, aunque en convivencia con los del monopolio, excavando con ello un agujero por el que los ciudadanos que no seamos clientes de Micro$oft seremos burlados; y ello si a toda la ley en bloque no le aplican aquello de se acata pero no se cumple, como estamos viendo venir (bueno, yo vi venir desde el principio, y esa entrada en vigor el 31 de diciembre de 2009 siempre me inspiró una cierta rechifla). Hemos visto cómo pese a las reiteradas promesas de diversos gobiernos -central, autonómicos, locales…- y no menos reiterados fardes de promoción del software libre (que ya se sabe que lo del software libre queda muy guay y muy prestoso) los concursos públicos siguen convocándose a la descarada medida de los intereses del monopolio sin que nadie pueda apartarse de su sistema operativo, mientras sus fundadores y directivos son agasajados con premios, recepciones, acuerdos y cenas reales.

En los demás ámbitos, sucede exactamente igual: los seguidores de mis paellas jovianas están yo creo que incluso hartos de mis rebotes contra el achuntamén de Barcelona, precisamente por lo mismo: por tramposo, por desprecio al interés del ciudadano, por entrega a intereses espúreos. Tal compañero de trabajo, padre de una muchacha celíaca, que te explica que en los comedores de los centros de enseñanza, mientras los musulmanes encuentran toda clase de facilidades para que se les alimente dentro de la legalidad de su religión, los celíacos no encuentran más que dificultades, cuando no redondas negativas a atender su especial problema alimentario. Las asociaciones asistenciales, que se quejan de que la aplicación de la Ley de Dependencia es una burla. Miles de pisos de protección oficial, vacíos, mientras los jóvenes no encuentran alojamiento.

Esto es un desastre. Y no es catastrofismo. Es desazón. Es desesperanza, sobre todo cuando uno piensa que un eventual vuelco electoral y cambio político no solucionaría nada, sólo invertiría el orden de los colores, pero el orden de prioridades de los políticos (de todos los políticos) seguiría igual: los intereses de los ciudadanos, en último e ignorado lugar. Todos son iguales y me cago en sus protestas cuando dicen que no, que no es verdad, que no todos son iguales. ¡Joder, que no..!

El PP, por ejemplo, se columpió en su día y lo sigue haciendo, con gran alharaca, con nuestra protesta contra el canon; pero Rajoy jamás ha soltado prenda sobre su alternativa, una misteriosa alternativa que protegerá el interés de los ciudadanos y el de los autores, pero nunca ha dicho cómo encajará dos juegos de intereses hoy tan enfrentados, aunque ya sé lo que pasará, en realidad (si llega a haber realidad, quiero decir, Rajoy en la Moncloa): absolutamente nada. Todo quedará igual. No necesitados ya de la protesta contra el canon para llegar al Gobierno… ¿para qué meterse en veredas y enemistarse con esos señores tan poderosos que hacen cine y tocan la guitarra? En definitiva… ¡los del PSOE han hecho exactamente lo mismo!

El caso Sitel afecta a la más estricta intimidad de los españoles. Siempre nos habían dicho que la principal carcaterística de la democracia era el respeto a la privacidad, a la vida individual, el my house is my castle. Pero, además de Sitel, nos llenan las calles, los edificios públicos y los establecimientos privados de cámaras y más cámaras, hasta tal punto que es difícil hoy deambular por ciudades como Madrid o Barcelona -por hablar sólo de españolas- sin quedar registrado por una cámara o por otra. Pero también nos dijeron durante años, a voz en grito, con aquella firmeza que casi parece -cuando no lo es- chulería de político barriobajero arropado por las masas (y por los GEOs), que el terrorismo jamás iba a modificar nuestra forma de vivir, nuestra forma de ser ciudadanos, que jamás iba a obligarnos a vivir sin democracia. ¿No lo recordáis? ¿No recordáis sus berridos ante las víctimas de ETA? Pues toma castaña: anda que no nos han modificado ya nuestra forma de vivir so pretexto del terrorismo.

Claro que, bien pensado, quizá tuvieran razón. No ha sido el terrorismo el que nos ha obligado a modificar nuestros hábitos ciudadanos, el que nos ha obligado a renunciar -a la trágala, por supuesto- a libertades democráticas fundamentales. No ha sido el terrorismo, no: han sido ellos.

Solamente ellos.

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Comentarios

  • JP Clemente  On 10/11/2009 at .

    Enhorabuena Incordio, lo digo por tu texto, pero la palabra enhorabuena me suena rara y no porque no merezcas mis felicitaciones sino por la palabra. Además del saludo, cuando sacaste lo de las llamadas benéficas (Amnistía, Aldeas Infantiles, etc.) desde números ocultos yo te dije que era desde centros de llamadas, ahora deberías saber además que esas llamadas eran las de SITEL y desde SITEL y a lo mejor las organizaciones citadas ni lo sabían. Estoy totalmente convencido que no se graban las conversaciones privadas excepto las señaladas pero el sistema se ha perfilado con las llamadas de reclamación, entre ellas esas que tanto te molestaron. Las palabras son el esqueleto de las cosas, por eso duran más; Ramón Gómez de la Serna.

  • Jordi  On 10/11/2009 at .

    Para un ignorante como yo en todos estos temas, esta bitácora está siendo toda una maestra.

  • Monsignore  On 10/11/2009 at .

    “los seguidores de mis paellas jovianas están yo creo que incluso hartos de mis rebotes contra el achuntamén de Barcelona”

    … con el respetable puesto en pie y gritando “Torero, torero”.

    Continúa, caro figlio, no te prives. Que siempre te quedarás corto…

  • JP Clemente  On 10/11/2009 at .

    A mí también me ha gustao cuando sigues recordando las manifestaciones contra las patentes de software, en alguna de las cuales se nos pudo contar con los dedos de las manos. He visto que la operadora que maneja SITEL y las otras no ha reiniciao su campaña publicitaria de SMS a cobro revertido en los medios generalistas. A lo mejor es buen momento de intentar captar la atención de l@s internautas por ejemplo haciendo algo parecido a lo de las bitácoras de http://www.internautas.org/ pero sobre SITEL.

  • PROTESTAVECINO  On 11/11/2009 at .

    El sistema no es malo, ofrece más garantías que los anteriores.
    Lo trágico, es el uso que se haga de las intervenciones, filtraciones y custodia de los medios.
    Estos lo critican, porque el sistema de custodia ha puesto todas sus vergüenzas al descubierto, por cierto el “sistema” permite identificar en todo momento l@s bocas.

  • JP Clemente  On 13/11/2009 at .

    Protestavecino ¿por l@s bocas quieres decir las voces?, o sea, ¿que reconoce la voz? Hay 1 cosa curiosa en esto y es que muchas veces se podría entender que SITEL es un poco sordo y hay que andar voceando y repetir las cosas muchas veces pero eso es más bien un frontón, quiere decirse que se maneja en combinación con 1 equipo informático en el que se van abriendo o cerrando pantallas y otras veces pantallas, a veces sólo se hace eso, bueno, sólo se hace eso, repasar 1 y otra vez los datos. A mí me reconoció SITEL porque reclamé 1 factura de mi padre con 1 llamada a Mozambique que le indignó. Era 1 campaña que sacaron de llamadas a misioneros (son muy religiosos) y como no debió llamar nadie (en llamadas internacionales me ha contado mi hermana que también facturan las perdidas) colocaron lo que pensaban ganar en facturas de personas mayores. Ese fue el principio del fin como operario SITEL en el que tuve nivel 5 sobre 5, me parece que el mayor, con resultados que incluso me dieron por escrito con nivel de servicio por encima del máximo. Más o menos he empezado a entender el sistema meses después pero en el caso de mi padre era fácil pues tenemos el mismo apellido y más o menos yo estaba muy controlado.

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