Queridídimos civiles

De la serie: Pequeños bocaditos

Como todos los días -o como todos los días que entro en un ordenador conectado a Internet, aunque, de hecho, son casi todos- he ido a ver qué había de nuevo en nuestra página, la de la Asociación de Internautas. Y me he encontrado algo que es como un balón de oxígeno.

Nuestra página reproduce un comunicado de la Unión de Oficiales de la Guardia Civil en el que toma posición con respecto a la movida del caso Sitel, y lo hace desde estos parámetros:

· Desde Unión de Oficiales Guardia Civil Profesional, entendemos que la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en temas tan importantes y sensibles como el terrorismo no puede quedar ensombrecida por ningún género de duda.

· […] Ahora se cuenta con un sistema informático y unas funcionalidades que permiten un tratamiento mucho más potente de los datos, pero reguladas por una Ley de Enjuiciamiento Criminal que data de 1882 y que, pese a las adaptaciones realizadas, es cuanto menos cuestionable a la hora de garantizar los derechos de los ciudadanos.

· [Unión de oficiales] EXIGE una normativa moderna y garantista que impida cuestionar la profesionalidad de los miembros de las Fuerzas de Seguridad Estatales y aporte la necesaria tranquilidad y seguridad jurídica a los ciudadanos a los que defendemos.

Nunca he ocultado mi profundo respeto hacia la Guardia Civil y mi particular y privado homenaje (ya que, según parece, no hay forma humana de hacer uno público) al sacrificio de este Cuerpo (y del de la Policía Nacional) en la guerra contra el terrorismo, una guerra que se está ganando gracias a su sacrificio pero también -y eso es importante- a su muy alta competencia profesional. Pelear contra esos cabrones respetando las normas de un estado de derecho y respetando los derechos civiles (dos excepciones y media no pueden ocultar el grandísimo esfuerzo realizado en este aspecto) y vencer, como están venciendo, es algo realmente grande, y así lo ven muchos cuerpos de policía de todo el mundo. Los británicos emplearon el sistema manu militari, en plan patadón y tentetieso (y a los SAS, que no son precisamente una malva) y no vencieron: tuvieron que negociar un armisticio con los terroristas.

Pero, con todo y eso, la antigua y truculenta historia de la Guardia Civil siempre ha sido una especie de rémora que incluso los españoles más afectos a los viejos tricornios teníamos aparcada por ahí como una cuita, como una almorrana a medio curar que en el momento más inoportuno dice «aquí estoy».

Pero leer a una asociación de oficiales de la Guardia Civil criticar una legislación porque «es cuando menos cuestionable a la hora de garantizar los derechos de los ciudadanos» o exigir una normativa que «aporte la necesaria tranquilidad y seguridad jurídica a los ciudadanos a los que defendemos», es un claro indicativo de que, por más razón que tengamos -que la tenemos- en la denuncia de muchísimas cosas que van mal, algo, algo muy importante, ha dado un cambio muy profundo en este país.

Estas cosas me congraciarían hasta con el comandante Salom

Que ya es congraciar.

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