¿Puede Murdoch romper Internet?

De la serie: Correo ordinario

El órdago de Murdoch -del que yo ya he hablado y muchísimo más aún se ha hablado en la red- sigue llenando megas y más megas de espacio de servidores. Como noticia relativamente última es que Micro$oft ya ha dado el paso para hacerse con lo que va a perder Google y el talonario está, pues, encima de la mesa porque cree que con la exclusiva de la caravana mediática del magnate australiano para su buscador Bing -que no arranca- dará por fin el soñado -y siempre fracasado- pelotazo en Internet.

El mejor análisis que he visto, es el de «Error 500» y lo completa ahora con unas cortas apostillas. Ahí se hace referencia, precisamente, a un artículo de Enrique Dans que, si lo he leído bien, me pareció un poco alarmista, en la opinión de que Murdoch pretendía romper Internet. Bueno: bien mirado quizá no sea una opinión alarmista, es perfectamente posible que la intención de Murdoch siga ese camino; lo que pasa es que no lo va a conseguir.

No lo va a conseguir porque, como bien se dice en «Error 500», Google no es Internet, y algunos lo sabemos; unos pocos más, incluso, de los que sabemos que Bill Gates no inventó la informática ni es el mejor programador del mundo.

Lo que ocurre es que, eso sí, la implantación de Google en la red es una verdadera metástasis. Y no lo digo en sentido peyorativo: si Google es un ángel o es un diablo aún está por establecer con cierta seguridad. Miedo lo da, desde luego; me asusto cada vez que pienso en la cantidad de datos que acumula de tanta gente y en la cantidad de trabajo que custodia y que puede quitar de las manos de su propietario de un plumazo (lo ha hecho, no hablo de una posibilidad más o menos remota sino de una realidad).

Yo mismo, tengo en Google la tira de cosas: abro todos mis ordenadores (el del trabajo, el de casa, el netbook…) por mi página de Google IG, en la que tengo incrustados mis agregadores de noticias (Internautas, Menéame, Barrapunto y otros), lectores de feeds, los agregadores de los principales medios de papel, radio y televisión, datos meteorológicos… entre otras decenas de cosas; Google Docs está abarrotado de documentos (prácticamente todos, eso sí, con copia en un disco duro u otro); mi libreta de contactos de Thunderbird, aunque actualizada, languidece mortecina ante el uso intensivo de los contactos de Gmail; Gmail, por cierto, que cada vez utilizo más como gestor de mis buzones de correo electrónico (aunque en casa, sigo prefieriendo el cliente local, Thunderbird, como queda dicho); harto ya de las limitaciones de Flickr y sus jodidos veinte megas máximos de subida mensual, pasé de su fama de lugar beautiful y perfumado de aura de fotógrafos de calité (que no está plenamente justificada, pero bueno…) y me largué al mucho menos glamuroso pero infinitamente más eficaz Picassa (en el que preveo que habré de acabar pagando espacio, porque al gratuito, a este paso, no le queda más de un año antes de saturarse); prácticamente ya no tengo más calendario que el de Google (insuperable su servicio gratuito de avisos SMS); tengo un espacio propio en Google Maps y tengo varias suscripciones en Youtube, además de alguna subidita -cosas personales, no os matéis buscando- y varios contenidos que guardo almacenados (en realidad, simples enlaces) porque me han hecho gracia. Esta bitácora estuvo un año alojada en Blogger y sólo la cambié por la potencia de WordPress, pero hace muy poco, no llega a un par de semanas, he abierto una bitacorita de corto alcance para hablar de mi barrio y, aunque pensé alojarla en los servidores y CMS de WordPress, al final me decidí por Blogger por la facilidad de acceso a los demás recursos de Google (es un blog de dedicación muy secundaria y muy localizado geográficamente: ni siquiera tiene -ni va a tener- un enlace permanente en este). En estos momentos, creo que el servicio de Google que menos uso (y lo uso muchísimo) es precisamente el buscador; pero es que varios de los demás los tengo en uso no frecuente sino permanente.

Aún haciendo abstracción de la corrosiva y africana tirria que le tengo a Micro$oft, para que la banda de Ballmer pudiera ofrecerme en cantidad, calidad, operatividad y gratuidad lo que me está dando ahora mismo Google, tendría que comer tantas sopas que no creo que estuvieran al alcance de un simple golpe de talonario; ni siquiera de una compleja operación financiera. Porque, además, en la red -y en la informática de usuario, avanzado o no- las costumbres y la pereza pesan muchísimo, cosa que es una ventaja muy importante para Google, como en las máquinas lo es para el escritorio Window$, cuyo predominio sólo se comprende por esta vía. Micro$oft llegó tarde a la red y no consigue ni a tiros rehacerse de esta cagada; y aunque Micro$oft es muchísimo Micro$oft y, al igual que los malos de película, no se le puede dar por muerto ni aunque le hayan vaciado seis cargadores encima, no me parece que vaya a conseguirlo. Sobre todo porque su modelo de empresa sigue sin ver la red, sin comprenderla, tomándola como un simple ámbito sin especificidad alguna necesario para mantener crecimiento del negocio y preeminencia sectorial, pero nada más. Los de Google, sólo dos con un burrito, vieron, supieron comprender y van en cabeza y destacados. En el negocio en red, claro.

Dudo, pues, que ni aún con Murdoch autoerigiéndose en ángel exterminador sacado de una lectura cervecera del Apocalipsis de San Juan, pueda Micro$oft hacerse con el liderazgo en la red. Ni de lejos. No podría -ni a corto ni medio plazo- ni aún cambiando su mentalidad; pero es que, además, no la cambia y mientras no la cambie no es una cuestión de plazos sino del muro que ellos mismos se ponen delante de la nariz.

Pero aunque Murdoch lograra derribar a Google -cosa que no implicaría tampoco hacer prevalecer a Micro$oft- está claro que no se cargaría Internet ni la reconduciría a sus designios. Porque esta es otra cosa que no saben o no quieren ver: Internet tiene dinámicas propias, ha adquirido usos y costumbres acendrados y se ha constituido en una realidad distinta. Es más: un mismo individuo, un mismo ser humano, tiene comportamientos distintos en la vida presencial y en la vida real. Y no hablo de fabricarse personalidades en Facebook o en Second Life sino de hábitos que, siendo iguales, son objeto de comportamientos distintos en una realidad o en otra. Uno de esos comportamientos es el de comprar el periódico en la calle, como la cosa más normal del mundo, pero no estar dispuesto a hacerlo en la red (aparte de una minoría que sí leería el periódico de pago… siempre que lo pagara la empresa, claro está). Las empresas mediáticas quieren reconducir estos hábitos y ahí es donde precisamente -Murdoch o no Murdoch- la van a cagar, porque, además, ahí es donde la han cagado tradicionalmente. En España tenemos un muy clamoroso ejemplo en la historia digital de «El País». Y todo el ejemplo oponible en sentido contrario es el de la edición facsímil, el PDF, que la mayoría regalaba y hoy todos, salvo «Avui» y no muchos más -que no conozco- sólo los entregan previo pago. Lo que no conocemos son las cifras reales de esa monetización y cómo se está evaluando su rentabilidad en función de la que supone lo contrario, ofrecerlas gratuitamente.

Si Google cae -que tampoco es previsible que, aún derrotado, se hunda, no llegará a tanto, personalmente no experimentaré una gran pérdida, en términos de información (casi todo lo tengo a resguardo en soportes físicos); la pérdida sería más bien la cantidad de horas de trabajo que me ha llevado estructurar e interconectar toda esa información (Google me lo ha puesto fácil, pero no me lo ha hecho, no sé si me explico). Pero, abstrayendo nuevamente mi cerval inquina hacia MIcro$oft, no volvería a poner mi información en un formato parecido: todo lo que lograría Micro$oft de mí es que venciera mi pereza e hiciera lo que debería estar poniéndome a hacer ya mismo: diversificar mi información in the cloud y no tener todos los huevos en la misma cesta. No tanto por el peligro de que la cesta caiga al suelo y los huevos se rompan sino por el de que alguien coja la cesta, venda mis huevos y él se quede con la pasta y yo como el gallo de Morón.

Sin plumas y cacareando.

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Comentarios

  • JP Clemente  On 23/11/2009 at .

    Me ha gustado mucho este texto, sobre todo los párrafos “Microsoft llegó tarde a la red…” y lo de tener el muro delante de la nariz. He visto que Víctor participa en muchos programas SITEL, dile que tengo 1 idea para hacer en directo (TV) que sería hablar con SITEL (sin previo aviso) emitiendo la conversación en directo. Creo que ya he superado la fijación que tenéis con el canon y me parece que vosotros también, hay otros temas.

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