Excusas y pretextos

De la serie: Anuncios y varios

Otro jueves sin paella. Intolerable.

Tengo excusa, je, je: certificado médico. En realidad, podía haber avisado, porque estaba previsto desde hace seis meses, pero se me pasó completamente: es mi revisión oftalmológica semestral, que incluye una dilatación de pupilas animal que me impide fijar la vista en nada luminoso durante unas horas. Y cuando he salido del trance, tenía un montón de cosas que hacer, entre personales y activistas: ya véis la que está cayendo.

Pero como el guión ya lo tengo hecho, os prometo paella de viernes, así que como dicen los de la Warner: «no se vayan, aún hay más». Espero que no me cierren la bitácora por culpa de esta cita con derechos de autor, propiedad intelectual, derecho de pernada y adulterio y cachondeo.

Por cierto: perdonadme porque he pecado. Hoy es mi santo. Íntimamente -digámoslo así- no lo celebro, pero mis niñas se empeñan en darle algún valor y me han hecho un regalo: el DVD de «La naranja mecánica». Es una peli que en 1972 -mi primer curso de Derecho- estaba prohibidísima (salía teta, entre otras abominaciones) y recuerdo que Antonio Segarra, un cinéfilo de órdago que no sé por dónde andará ahora, lo encontré casualmente hace como diecisiete años por la calle pero como eludo los juzgados (en los que no se me ha perdido nada) con mayor ahínco que las iglesias (y casi que con mayor razón), pues eso, que no veo a mis compañeros de promoción salvo cuando alguno sale por la tele… Ay, me he perdido… Bueno, decía que él intentó que la Facultad de Derecho maniobrara para un pase restringido. No lo logró. Pero conseguí verla en versión original muy mal subtitulada dos años después, en algo parecido a lo que podríamos llamar «pase privado» -pero éramos más de cien- en versión cutre. Cuando murió el Invicto, se proyectó en el circuito comercial, allá por 1976 o 1977. La volví a ver creo que fue en el cine Bosque (Barcelona), casualmente a diez minutos de donde trabajo hoy, en versión original, también subtitulada, pero en esta ocasión decentemente. Y esta fue la última vez.

O sea que he permitido que entre en mi casa material apropiativo.

Pero comprendedlo: es de Kubrick. Producida y dirigida por Stanley Kubrick. Joder, es que son palabras mayores.

Como penitencia, he decidido renunciar al proyecto de ver «Ágora». Además, con la que tenemos montada en este momento, ni siquiera como excepción le doy yo un duro al puto cine español. Los derechos de autor que no va a cobrar de mi bolsillo, que se los pague la Sinde y si a Álex de la Iglesia no le gusta, que se joda. Si el fútbol logra acabar con el cine en las salas de exhibición, me haré socio de la Cultural Leonesa a modo de Te Deum. Esto es una promesa solemne que formulo aquí y ahora.

¡Ah, por cierto! Estoy pensando en montar el comando «Venganza Fiera Antiapropiacionista». No, no, nada de violencia. Consiste en reunirnos unos cuantos e ir a hacer un botellón (con buen cava ¿eh? marranadas, no) para celebrar el cierre de una sala de exhibición de cine. A la salida de la última sesión antes de la chapa, destapar una botellita, brindar por la muerte del antro y beber la copa con el puño cerrado y el dedo corazón elevado al cielo.

Lo digo en serio. A la próxima en Barcelona, convoco. La primera botella la pago yo: «Llopart Brut Imperial Gran Reserva». La multa de los monos, a prorrateo.

Que bueno, que mañana, paella. Lo que no sé es a qué hora, pero la habrá.

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Comentarios

  • Jordi  On 04/12/2009 at .

    Moltes felicitats!

  • galeta galàctica  On 04/12/2009 at .

    La segunda botella va a mi cargo.

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