Soletura

De la serie: Pequeños bocaditos

Lo recuerdo, allá en 1972, joven, disfrazado de penene (PNN, profesor no numerario, una especie de paria claro precedente del contrato basura en el ámbito académico y público), con su suéter y el cuello de la camisa por fuera. Le hubiera echado treinta años, quizá menos. Luego me dijeron que pasaba de los cuarenta y, la verdad, me asombré. Quizá fuera su aire coloquial, su manera de hablar, de explicar la asignatura, tan poco engolado, tan coloquial, lo que le confería un aspecto más juvenil del que indicaba su DNI. Soletura, así, de corrido y sin acento, le llamábamos.

Le habían tumbado -creo que por segunda vez- su tesis doctoral, parece que por pura represalia política; era público y notorio que militaba en el PSUC.

Daba las clases de Derecho Político -entonces, por razones obvias, no podía denominarse «Derecho Constitucional»- en tándem con el catedrático, Manuel Jiménez de Parga. Una curiosa pareja cuyo futuro biográfico depararía importantes coincidencias: ambos llegaron a ser ministros y si uno fue padre de la Constitución el otro llegó a la cumbre de su interpretación presidiendo el Tribunal Constitucional. Procedían de partidos distintos. En aquella época Jiménez de Parga se ocupaba sustancialmente de explicarnos las particularidades de las constituciones norteamericana, francesa y británica; con obvia clave local, si uno era buen entendedor. Jordi Solé Tura, en cambio, nos explicaba la historia de España desde 1812, desde la primera Pepa, y para nosotros, que veníamos de aquel viejo Bachillerato en el que la Historia era una sucesión de Reyes y fechas en las que, a sartenazo limpio, se ampliaban o se veían restringidos territorios y posesiones, sus clases fueron una especie de alumbramiento, un descubrimiento del verdadero sentido de la Historia porque él ponía personas, hechos, circunstancias, antecedentes y consecuentes a aquel insípido baile de flechas y reyes y caudillos.

Quizá de él, desde aquellos pequeños 17 años que tenía yo por entonces, aprendí la honradez intelectual de la que hago gala ahora, ojalá nunca en vano. Nunca nos ocultaba las ideas desde las cuales veía aquella Historia. Y jamás -que yo supiera o presenciara- tomó represalias contra quien sostuviera tesis o ideologías contrarias. Sólo una vez lo vi cabrearse como una hidra con una estudiante que, desde posturas que a mí me parecieron muy del Opus, se empecinaba con una cierta ceguera argumental propia y contraria en sus propios prejuicios. Aquel día creí que Solé Tura se cargaba la barandilla de la tarima. Pero no hubo más: y la estudiante en cuestión aprobó tranquilamente Derecho Político aquel año.

Hace unos meses vi por la tele unas imágenes extraídas del documental que su hijo rodó sobre él. Me dieron mucha pena. En ellas se le veía manoseando unos recortes de periódico. De la época en que había estado en la cárcel, le decían. «¿La cárcel? ¿Que yo he estado en la cárcel?», se asombraba incrédulo. Parecía preguntarse cómo era posible que hubieran metido en la cárcel a alguien tan buen tipo como él.

Porque quizá, entre otras muchas importantes cosas pero, sobre todo, Jordi Solé Tura era un buen tipo.

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Comentarios

  • Jordi  On 06/12/2009 at .

    He estado repasando mentalmente si hay algún político catalán que mínimamente le llegue a la suela del zapato de Solé Tura y, sinceramente, no he encontrado a ninguno. RIP.

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