Representantes y representados

De la serie: Correo ordinario

El pasado jueves -creo que fue el jueves- una representación de los internautas fue a hablar con la ministra Sinde sobre la barbaridad de la disposición adicional del anteproyecto de Ley de Economía Sostenible. Y ahora voy a explicar por qué escribo -edito, mejor dicho- la voz «representación» en cursiva, como si quisiera verter un sarcasmo. No hay tal sarcasmo, en absoluto.

Los asistentes a esta reunión fueron -cito más o menos de memoria, lo siento si me dejo a alguno- Jesús Encinar, Fernando Berlín, Julio Alonso, Ignacio Escolar, Rosa Lloret (web de RTVE), Pepe Cervera, Gumersindo Lafuente, Enrique Dans, Virginia Alonso, Mario Tascón y alguno más que, como digo, no recuerdo; aparte, claro, la caterva del ministerio, cuyos nombres importan un carajo.

Alrededor de esta reunión se han dicho cosas, como, por ejemplo, si estos bloggers y medios en red son representativos de los internautas, o que la representación y la representatividad en la red es difusa.

Bueno, de todo hay. En primer lugar, hay que dejar bien claro lo que ellos mismos se apresuraron a aclarar: que no representan a nadie más que a ellos mismos. Bien, estrictamente, es cierto. Pero también es cierto que, de algún modo, unos más que otros, unos más contestados que otros, son líderes de opinión en la red, y esto es indiscutible. El problema está, en todo caso, por defecto y no es culpa de ellos: se trató de una selección un tanto aristocrática (quizá pensó la ministra que hablando con señores -el sarcasmo, que sí lo es esta vez, no va por ellos- las cosas serían más fáciles y podria llevarlos al huerto más impunemente) y faltaron personas y/o entidades como Ricardo Galli, Candeira o Barahona, líderes de los dos grandes agregadores hispanos, cada cual en su lugar, como, por supuesto, la Asociación de Internautas (aunque ya nos imaginábamos vetadísimos) que, representatividades aparte, no se nos puede negar un importante liderazgo en la opinión en red; y, en fin, la lista de ausentes podría llegar a ser importante. Pero, en segundo lugar, yo, miembro de la Asociación de Internautas y dirigente de la misma, sí me sentí representado en ellos; no voy a colectivizar ese sentimiento -eso de quién representa a quién es verdaderamente difícil- pero sí tengo derecho a decir que yo mismo no hubiera podido ir más allá ni me hubiera quedado más acá de lo que lo hubieran hecho ellos -unos por otros-, si les hubiesen dejado. Que no les dejaron, claro.

Algunos medios, obviamente de derechas, han puesto el grito en el cielo por la presencia de Escolar en esa reunión, diciendo que con ello se ponía al otro lado de la mesa del Gobierno a la blogosfera socialista. Solemne tontería. Escolar, lo he dicho muchas veces, no es santo de mi devoción como periodista: fue el impulso del diario «Público», que es el voceras del zapaterismo y representa todo lo que -en mi humilde opinión- no debe ser un medio periodístico. Claro que hay otros que bien bailan en su lado y en el opuesto, pero, en fin… Lo que es de todo punto innegable, aunque a Maite Nolla no le guste, es que Escolar es lo que damos en llamar, coloquialmente, un gurú de la red y su puesto en esa reunión, dentro del concreto conjunto, y salvadas, sobre todo, las ausencias, no sólo era apropiado sino de cajón. Y si es zapaterista, mejor: quizá así, a la vista de la contestación desde dentro, se adquiera en la Moncloa la plena conciencia de la concatenación de cagadas que están cometiendo.

Estos días se ha hablado mucho -incluso en general, más allá de impugnar o no a personas y a entidades- de la representatividad de la red. Un periódico como «La vanguardia» decía, por ejemplo, que la representatividad de la red es difusa. Y, como siempre, todas estas especulaciones, no sé si sesudas o cervecescas, tienen su origen en un profundo desconocimiento de la propia red.

Porque hoy, ya no puede hablarse de internautas como un colectivo reducido, geek, friki, techie o como quiera llamársele. Eso podía ser así -y nunca fue plenamente exacto- hace diez años, ocho, quizá incluso seis. Pero hoy ya no es así. Hoy un internauta es un ciudadano y un ciudadano es un internauta; las personas que no ostentan hoy ambas cualidades ya no son mayoría, sino que constituyen excepciones; excepciones por ignorancia («yo, de ordenadores, no entiendo») o excepciones por zanja (geográfica, económica o generacional), en todo caso lamentables, pero ya excepciones. Pretender que el conjunto de internautas es un colectivo específico y diferente del común de la ciudadanía es evidentemente estúpido: ¿cómo se puede sostener tal cosa, cuando a las veinticuatro horas de empezar a divulgarse el Manifiesto «En defensa de los derechos fundamentales en Internet», lo habíamos reproducido más de 180.000 bitácoras, 180.000 bitácoras con sus comentaristas y con todos sus lectores, decenas de usuarios de Twitter y de Facebook, los agregadores echando humo…? Los internautas no somos un colectivo específico como los bomberos o como los sexadores de pollos, somos, en todo el amplio sentido de la palabra, la ciudadanía en red.

¿Y quién nos representa? Verdaderamente, nadie. No necesitamos representación: ¿es que los políticos y los plumíferos de papel son tan burros que no se dan cuenta? Lo bueno de la red es que en ella somos nosotros mismos por nosotros mismos. La red es un parlamento de millones de ciudadanos en el que todos hablamos y conversamos libremente, donde cada uno es escuchado y aplaudido -o no- por su propio mérito -o falta del mismo-, sin representantes, sin votos, sin reglas d’Hondt, sin demagogia, sin coche oficial, sin estatuto de diputado. En la red soy yo mismo, no represento a nadie y nadie me representa a mí. ¿Es que no se dan cuenta? ¿O sí se la dan? Quizá no sean burros, quizá es que son, simplemente, unos felones que en vez de trabajar en interés del ciudadano, en vez de procurar su información, lo que hacen es servir a intereses espúreos traicionándolo e intoxicándolo.

Lo he dicho muchas veces en esta bitácora cuando prevenía al apropiacionismo de lo difícil de parar las guerras que iniciamos. Tantas y tantas veces les habré dicho que nosotros -la Asociación de Internautas, en este caso- somos lo que somos no porque generemos adhesión sino porque llevamos la voz de la red, tal como es y tal como se formula, allá a donde no quieren oirla: no la creamos, simplemente la reproducimos. Sí, nosotros podemos convocar a la guerra, pero no tenemos ningún poder para concertar la paz. La paz en la red sólo se logra plegándose a los deseos de la ciudadanía y nada más (esto, por cierto, creo que se llama democracia; sí, aquella nueva democracia digital que tan acertadamente definió -en propia contrariedad- el viejo don Teddy). Si la AI pactara una paz que no se ajustara a las exigencias ciudadanas, sencillamente sería enviada a la mierda; y, obviamente, no se alcanzaría la paz.

La ministra Sinde pretendía hacer ver que iba a negociar con los bloggers cuando, en realidad, lo que quería era transmitirles una hoja de ruta (evidentemente tramposa y pestilente). Pero aunque en su supina ignorancia hubiera tenido la buena voluntad de intentar negociar, no hubiera conseguido nada. Ellos no podían negociar porque ellos no podían ceder. Bueno, poder hubieran podido hacer y decir lo que les diera la gana, pero, sencillamente, en la red no se les hubiera hecho caso. Tampoco si hubiera estado la AI. Por eso es importante buscar buenos interlocutores. Los figurones sirven para la foto, pero nada más.

Sin embargo, como he dicho antes, no eran unos figurones: lo que era un figuroneo es el juego que se traía la ministra. Entérense, pues, usted y sus sucesores, ministra Sinde: no hay nada que negociar. Si hay una próxima reunión, limítese a escuchar y actúe en consecuencia. Los de enfrente, sean quienes sean, si realmente saben de lo que hablan -los del jueves pasado lo sabían- le hubieran expuesto una serie de exigencias que están en boca de toda la ciudadanía: usted, ministra, simplemente las acata y el problema queda resuelto. ¿Pretende negociar? Pierde el tiempo. Ellos pueden darle el oro y el moro, pero la red, sencillamente, no les seguirá. Y usted, ministra -o su sucesor- seguirá teniendo el marrón encima.

No hay discusión posible, no hay negociación que valga, sencillamente, es la democracia: esto es lo que queremos los ciudadanos y esto es lo que ha de haber. Y si no es así, habrá follón, así de claro. No haga caso de quien le venda otra cosa. Si se nos pone enfrente, nos la llevaremos por delante (si a estas horas no nos la hemos llevado ya). No los internautas: los ciudadanos. Cuanto antes lo comprendan -usted, sus colegas y sus sucesores- más pronto dejará de haber problemas. Las leyes, cuando son antidemocráticas no sirven absolutamente para nada.

A lo sumo, para generar un fuerte movimiento de resistencia.

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Comentarios

  • Ryouga  On 09/12/2009 at .

    Es que están aplicando un modelo tradicional de medios de comunicación que intentan imponer una vision u opinión a sus lectores ,podian tomar ejemplo de meneame ,l as noticias acerca de este repugnante proyecto de ley no copaban la portada por decisión de la editorial sino porque directamente miles de lectores las votamos.

    Por tanto y como bien explica esas opiniones surgen directamente de la ciudadanía y no de ningún guru o grupo de comunicacion.

    Como la decision de boicotear los productos de todos esos “artistas” que pretender arrancarnos nuestros derechos mas basicos, si pretendian salvar la campaña navideña han logrado lo contrario.

  • Jordi  On 10/12/2009 at .

    Por lo que cuenta Dans, la reunión no es que fuera precisamente demasiado constructiva.

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