Fase depresiva

De la serie: Crónicas de una crisis

Espero que sea pasajera, que no sé…

Lo de las donaciones va bastante bien, pero hace falta mucho dinero, muchísimo, y un 12 por 100 de lo necesario el primer día sería muy prometedor si fuera un ritmo sostenido, pero sabemos que no lo será: irá a la baja. Habrá que esperar a ver. A los chavales y a los internautas con pocos recursos, os recuerdo que hemos habilitado un sistema de donación a través de SMS, que tiene un coste, IVA incluido, de algo más de 1,30 euros. De verdad, no hay cantidad pequeña: haced un esfuerzo en la medida de vuestras posibilidades.

Sin embargo, lo que verdaderamente me deprime es leer noticias como esta: penas de prisión contra dos directivos de la SER por una noticia en Internet. Esto, en sí mismo, es triste, pero lo que verdaderamente le confiere una gravedad enorme y lo dispara a la categoría de lo inaudito son algunas de las motivaciones de la sentencia (siempre según «El Periódico» -en el enlace que incluyo- que, a su vez, se remite a la propia Cadena SER). La resolución, según estas fuentes, argumenta que «la protección constitucional al derecho a la información se refiere a los medios de comunicación social -televisión radio o prensa escrita-, pero debe matizarse que internet, no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal». Madre mía, madre mía, madre mía: resulta que, al decir (y decidir) de su señoría, en la red habría menos derechos constitucionales que en la prensa convencional; y, además, su señoría toma la red como un todo homogéneo y distinto de la comunicación social. Alucino en colores, y eso que hace diez años largos que no fumo (y no: la pastilla que me he tomado esta mañana es para la hipertensión). Pero esto no es todo. Ya aparte de la sorprendente idea que de la morfología de Internet tiene el juzgador, éste fija la multa y la indemnización en función, en parte, de un curioso baremo: ser los acusados asistidos por letrado de libre designación. O sea que, si no te asiste un abogado de oficio, prepárate como pierdas, macho, porque te van a doblar vivo.

Por supuesto, cabe -y se interpondrá, según parece obvio- la apelación correspondiente, en la que cabría poner grandes esperanzas si no fuera porque he vivido lo nuestro, porque he vivido cómo, establecido no sé cómo ni por quién, que a un determinado demandado hay que darle un potente garrotazo, se le da aunque para ello haya que llevar a cabo reinterpretaciones muy berroqueñas de una ley nacional y de la directiva europea que transpone. Reinterpretaciones incluso contra el estricto tenor literal de las mismas. En tres instancias: primera, apelación y casación. Aguanta.

En la noticia de «Menéame» apareció un comentario que no logro encontrar (no sé si se ha caído por el peso de los negativos o es que, en realidad lo he visto en otra parte) que con asaz mala leche [nos] espetaba: «¿No queríais jueces? ¡PUES TOMAD JUECES!». Y, la verdad, es que este comentario estoy empezando a tomármelo más como admonitorio que como puramente cruel.

Llevamos -no sólo en la Asociación de Internautas, sino en la entera Internet hispana- una intensa campaña en pro de que los cierres en Internet se realicen previa orden judicial y no al albur de un órgano administrativo; esta campaña ha llegado incluso a poner contra las cuerdas al Gobierno mismo y hay quien llega a decir -y puede que exagere algo, pero no en todo caso hasta el absurdo- que esta gota colma el vaso del cargo de la ministra de Cultura, cuyo cese estaría pendiente únicamente de que remansasen las aguas para salvar las apariencias. Y empiezo a preguntarme si vale la pena. Si vale la pena todo ese esfuerzo, tanta movilización, tanto riesgo -como ahora mismo sufrimos en propia carne- para ir de Guatemala a Guatepeor. Si los jueces nos fallan, todo está ya perdido.

Lo que está pasando con los jueces es escandaloso (y eso por hablar solamente en este ámbito). Sí, es verdad que hay casos estupendos -generalmente en juzgados mercantiles, de Instrucción o de 1ª Instancia, y algunos, pero bastantes menos, en las Audiencias provinciales- de jueces que parecen conocer la red y tener una clara consciencia de sus dinámicas, supongo, en los más de los casos, que por razones de edad. Pero son minoritarios, son excepciones que celebramos gustosos y jubilosos en toda la red, pero que, en el deber ser normal de las cosas, deberían sernos indiferentes por habituales. Casos como el nuestro, como el de los directivos de la SER, como el de Julio Alonso, que después de la sentencia del Supremo que nos condena a nosotros, lo tiene -lo siento, Julio, no quiero desanimarte, pero la realidad es como es- muchísimo más crudo. Y muchos, muchísimos, demasiados otros.

¿Vale la pena liar la que estamos liando para estas resoluciones judiciales? ¿Vale la pena, en realidad, nada?

Yo me estoy planteando muy seriamente el exilio interior. Pasar de todo. Dedicarme a mi trabajo, a mi familia, pensar únicamente en mi jubilación -que ya veremos, según vamos- teóricamente a diez años vista y, cuando caigan las tinieblas, si es que no han caído ya, encender un farol y limitarme a intentar no darme contra un poste. Este país no vale la pena. Ni, de hecho, Europa. Nos han vendido a los mercaderes, el precio ha sido acordado y fijado, probablemente incluso pagado, y no hay nada ya que hacer.

Llevo toda la vida guerreando, toda, desde que era bien joven. Por unas causas o por otras, pero nunca he dejado de rebelarme activamente contra lo que me parecía injusto, a veces tiránico, incluso. Soy ya mayor, dentro de no muchos años podré decir apropiadamente que soy viejo, y estoy cansado. Cansado de luchar, de acostarme de madrugada… cansado de derrotas pero, sobre todo, cansado de la indiferencia de mis conciudadanos. El apoyo entusiasta de unos cuantos miles de concienciados no basta para tapar la mugre de millones de menfoutistas, de jóvenes sin espíritu, de ciudadanos sin conciencia ni ganas de serlo.

Mi único consuelo es aquella cita -que creo que alguna vez he mencionado aquí- de Ramiro Ledesma. Ya, ya sé: era un facha y no sé qué más de la cagarela. Pero a ver si no es verdad:

La categoría de vencido sólo se adquiere después de haber luchado, y esto es lo que distingue del desertor y del cobarde.

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Comentarios

  • A  On 24/12/2009 at .

    “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

    Bertolt Bretch

  • delagoleta  On 25/12/2009 at .

    Desde Las Palmas te apoyo y te sigo, eres de los pocos con unas opiniones mas que veraces, (No en todas estoy de acuerdo, pero si las mas), llevo mucho tiempo entrando en tu espacio y creo que eres un luchador empedernido, por favor no dejes de hacerlo, aunque en parte te comprendo ya que llegando a los 65 como es mi caso y después de luchas inutiles ya he tirado la toalla, viendo la calidad moral de nuestros dirigentes, (Por llamarlos de alguna manera), y me dedico solo a ver las trapazadas de los mercaderes y como aquí nadie los pone en solfa
    Pais aborregado en todos los frentes, solo mueve montañas el joio futbol, que para eso si hay manifestaciones masivas, en fin Cuchi, gracias por estos ratos de lucidez
    Desde la Ciudad de Arucas 25 de diciembre de 2009

  • Rafa  On 27/12/2009 at .

    Vale la pena. No tengo duda de que esto acabará en el constitucional con un buen guantazo en la moral del juez que ha fallado de manera tan… en fin… ¿escandalosa es poco?

    ¡Ánimo!

  • starblank  On 01/01/2010 at .

    Ánimo.

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