Luz de gas

De la serie: Correo ordinario

He dicho algunas veces que prácticamente no descargo contenidos de redes P2P; lo he hecho en muy pocas ocasiones y siempre por razones muy concretas, por recuperar un contenido perdido -cosa fácil habiendo cambiado tres o cuatro veces de domicilio en mi vida-, porque me interesa algo muy concreto y puntual (generalmente, incluso momentáneo) del contenido… cosas así. No lo digo por situarme en una posición ética determinada para decir lo que digo: no tengo nada que objetar a que quien quiera bajarse lo que quiera y pueda, se lo baje. Yo no lo hago por razones esencialmente prácticas: el 95 por 100 de los contenidos audiovisuales que se producen ahora son -a mi gusto y modo de ver- una perfecta mierda y lo que estoy dispuesto a adquirir del 5 por 100 restante (excluido, sistemáticamente, por supuesto, todo lo que sea producción española, a la que tengo bajo radical y sistemático boicot), que tampoco es todo (poder adquisitivo manda), no lo hago por redes P2P porque su calidad es deleznable. Y, encima, las pocas veces que me decido a hacer excepciones, me hacen volverme sobre mi decisión. Recordaréis que tenía previsto ir a ver Ágora y, quizá, si la película me gustaba, adquirir el DVD; o, cuando menos, lo segundo. Bueno, pues después de las últimas gracias de la gentecilla esta del audiovisual (no sé por qué coño lo llaman cultura, habráse visto pretenciosidad…), la película la va a ver y comprar el señor padre de Amenábar, que Dios (en su caso) guarde muchos años.

Tengo en formato DivX una serie muy bien realizada (por Spielberg y Tom Hanks, casi nada, igualitos que la chusma de aquí) que tuvo mucho éxito en Canal Plus -según creo: yo no estoy suscrito- y en unas madrugadas veraniegas de Tele 5, que es donde yo la descubrí: me refiero a Hermanos de sangre. Me gustó tanto, que, hace cosa de un par de años, un amigo me pasó una copia privada (chincha y rabia: es legal más allá de toda duda). El formato DivX aguanta bastante bien en la exigua pantalla de un PC, pero ya flojea de remos, como los toros de los últimos 200 años, en un televisor de estos de ahora, planos, grandes (aunque el mío no es, en absoluto, ninguna exageración) y de formato panorámico, que es como toda la vida se llamó a lo que ahora denominan 16:9. He decidido de nuevo comprármela. Digo de nuevo porque ya lo intenté hace esos dos -quizá tres- años, pero me pedían una locura de pasta, una barbaridad. No recuerdo la cifra, pero sí que di media vuelta y de frente, paso ligero, como alma que lleva el diablo. Hace unos pocos meses, una compañera de trabajo la compró por 40 euros en una cadena de esas que yo odio tanto, lo que me decide a comprarla. No en esa cadena, por supuesto, sino que la compraré, preferiblemente en el extranjero, a través de eBay.

Como puede verse, incluso un tío tan recalcitrantemente enemigo de la farándula como yo, acaba dejando algún dinerillo en el negocio (en el negocio extranjero, me importa mucho reiterarlo). Lo menos que puede, pero dejándolo. Y ¿cuándo lo dejo? Cuando realmente se me entrega a cambio algún valor y, evidentemente, cuando el precio que se me pide responde proporcionalmente a ese valor. Muchas veces, cuando veo a los de la sopa boba llorando por las descargas desde redes P2P, me imagino al consejo de administración de una cadena multinacional de hipermercados protestando porque la gente coja comida de los contenedores de basura en vez de comprar en esos establecimientos. Es más, como son sus establecimientos los que han llenado los contenedores de basura, encima llamarían ladrones a quienes así se abastecen. Lo cierto, no obstante, es que la mayoría de los ciudadanos compramos nuestra comida en los establecimientos, y la mayoría de los que la toma de los contenedores de basuras no lo hace por gusto (hay una minoría de activistas que lo hace como un ejercicio de coherencia en su lucha contra la sociedad del desperdicio). Hay por lo menos un paralelismo claro en las dos situaciones: la que nos lleva a afirmar que impedir que se coja comida de los contenedores de basuras no iba a aumentar los ingresos de las grandes superficies de alimentación, de la misma manera que bloquear las redes P2P (si es que puede llegar a hacerse), no iba a incrementar apenas los ingresos de la industria de la cosa esa del ocio. Si alguien es capaz de sostener sin que se le caiga la cara de vergüenza que un chaval que se descarga 1 Gb diario de música (si es que quedan todavía chavales de esos) iba a comprar esa misma cantidad de música si le impidieran esa descarga, que lo pongan en un museo o en una sala de ex votos, porque constituiría especimen extraordinario.

Hay algo más -tiene que haber algo más- detrás de tanta inquina contra las descargas. Personalmente, me parece imposible que no se den cuenta de que el formato disco está acabado, pero que el formato virtual, el archivo informático, se vende como rosquillas: que se lo pregunten, si no a Apple y su iTunes; incluso sin llegar propiamente a la venta de contenidos, ahí tienes Spotify que, encima, no ha inventado nada demasiado nuevo, sino que simplemente ha hecho una aportación en materia de transferencia tecnológica: ha llevado la radiofórmula a la red (eso sí, con muchísimas más posibilidades que la linealidad analógica de la radio) y está también ganando la tira (y dando parte de esa tira a los autores). Casualmente, los dos inventos han tenido problemas con la mierda de la propiedad intelectual, hasta que los acróbatas de ésta han visto que también ahí hay dinero y no poco.

Si a los dos días de estrenarse una película pudiera bajarse su contenido en modo pago a un precio razonable desde la red, posiblemente acabarían definitivamente con las salas de exhibición -cosa que igualmente acabará ocurriendo a indeterminable pero, en todo caso, cercano plazo fatal- y lo mismo cabe decir del lanzamiento de lo que todavía se llama un disco (fórmula, por cierto, también a extinguir: olvídense de vender la música por lotes… a menos que dejen que el lote lo defina el propio cliente). Si Ágora hubiera sido puesta a la venta ya no en Internet, sino incluso en DVD, seguramente yo ya la tendría y ahora me habría de comer con patatas el hecho de haberle dado dinero a la casposa farándula local. Y tantísima más gente que la tendría. Y no te digo si el archivo estuviera disponible en la red a un precio razonable. Incidentalmente, diré -y es una apreciación personal- que el precio de dos horas de cine en DVD no están mucho más caras que una hora de música en CD y que, por tanto, el cine se vende a mitad de precio que la música, o más o menos, lo cual, dados los gastos de producción del cine en relación a los de la música, se entiende poco; pero, en fin, tampoco se entiende que valga lo mismo la entrada para ver una mierda de película española que una producción de Hollywood; o que la entrada para ver la misma película tenga precios diferentes (y muy diferentes) en Barcelona o en Murcia (parecería que puede contabilizarse la inversión de la producción en euros barceloneses o en euros murcianos).

Ellos no pueden ignorar todo esto. Y actúan como si lo ignoraran. ¿Por qué?

Está claro, y muchos lo tenemos claro: detrás de toda la cagarela de la propiedad intelectual, lo de menos es la propiedad intelectual. Ése es solamente un pretexto. La red está haciendo daño a importantísimos intereses que no pueden mostrarse abiertamente sin que ello sea contraproducente. No es ciberparanoia, es que esa es, sencillamente, la explicación de que los de la farándula tengan tanto poder: que, en realidad, no lo tienen, simplemente están haciendo de cortina de humo a los verdaderos interesados. La red ha alterado ya muchos intangibles y muchos más que va a alterar. La red ha causado un importante derrumbe en la influencia de los medios de comunicación tradicionales, que amenaza con la ruina total; esto pone en peligro financiero a unas cuantas empresas importantísimas pero, sobre todo, altera los tradicionales equilibrios de poder que controlaban la ideología dominante a través de esos medios. Ante lo inevitable del repuesto digital, su única obsesión es controlarlo, llegarlo a dominar como hasta ahora habían dominado los medios de siempre. Lo único que no es opción para ellos, es que la ciudadanía se exprese e intercambie sin control alguno: hay que poner barreras a la libre conversación y, sobre todo, hay que eliminar al disidente al que antes podían permitirse el lujo de consentir liberalmente, parapetados tras las enormes dificultades divulgativas del discrepante. Internet ha derrumbado este parapeto y hay que edificarlo de nuevo.

Lo que está ocurriendo en España es proverbial y debiera abrir los ojos de toda la ciudadanía. Pero no solamente está ocurriendo en España: en todo el mundo, sobre todo el noroccidental, se está utilizando la propiedad intelectual como una barrera que suple -quizá con ventaja- a la censura. Incluso el Vaticano -es una ilustrativa anécdota- está pensando patentar el nombre del papa y el título mismo, para evitar que se use en vano (esto es, contra la propia conveniencia).

Aquí está la verdadera lucha. No hay otra.

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Comentarios

  • JP Clemente  On 14/01/2010 at .

    Saludos Javier & fans, entre los que me cuento con gusto. Más o menos otra explicación razonada, como no podía ser menos y certera. Como siempre el diablo está en los detalles. Quisiera recordarte 1 texto de Coelho que comentamos en el que confundía interesadamente los resultados del buscador (omnipresente, omnipotente) con los de las redes P2P y la campaña de promoción de su propia editorial de su próximo lanzamiento (para su sorpresa) en los buscadores. Es a lo que llamas sus verdaderos “intereses”. A partir de la censura en Rusia de Pérez Reverte, vecino de página de Coelho, he leído alguno de sus textos en forma de libros pagaos con tarjeta en librería, entre ellos sus artículos en orden retrospectivo y me gustó mucho 1 sobre las nuevas formas de la música metálica y cómo los jóvenes que empiezan ahora se relacionan de manera saludable con la cultura clásica, incluida la mitología en contraste con tan tenebroso panorama. He buscao el título pero no lo encuentro. Hay excepciones, incluso esperanzas.

  • Ryouga  On 14/01/2010 at .

    Desde que empezo el auge del p2p pueden encontrarse muchas series y a buenos precios en dvd, muchas no llegarian a nuestro pais sino fuera por la demanda en las redes y otras que han tenido que bajar el precio porque ahora los consumidores podemos obtenerlas por otros medios, aunque parece que aun no han entendido el mensaje y aun se atreven a insultarnos y mentir con anuncios antipirateria ,sino fuera por ellos mereceria la pena comprar muchas series de calidad a buen precio.

    Aun recuerdo el dia que me di de alta en el adsl venia del Corte ingles espantado al ver que la serie completa de Star Trek TNG costaba 700 euros!!

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