Altermundismo pachucho

De la serie: Correo ordinario

Participé el sábado en algún debate del Fòrum Social Català, fundamentalmente en uno que resultó estar dedicado a la problemática mediática -activa y pasiva- de los movimiento sociales.

Estas cosas me producen una sensación agriculce. Por un lado, da gozo ver a chavales dedicándose a cosas serias en lugar de estar haciendo el imbécil en un botellón o en una discoteca; pero, por otra parte, me asombra -desagradablemente- el discurso trasnochado que sostienen. Y se lo dije: estoy escuchando y me siento rejuvenecido treinta y cinco años porque esto -y con estas mismas palabras- es lo que se decía en las asambleas universitarias de mediados de los 70; sólo que entonces el discurso sí era apropiado y actual y ahora es patético.

Se planteó, por ejemplo, el ninguneo de la prensa y de los medios de comunicación hacia los movimientos sociales y de cómo crear medios alternativos, pero siempre pensando en papeles y en ondas radioeléctricas. Pero, almas de cántaro… ¡Si las propias empresas mediáticas están buscando un modelo -monetizable- alternativo! Y no lo encuentran.

Hablas de Internet en medio de todas estas reuniones y te miran como diciendo ya está aquí el puñetero geek diciendo que Internet es lo más guay del Paraguay como si en el mundo no hubiera más que Internet. Ellos, en cambio, ven la Red como un canal más, como si fuera el teléfono o una simple modalidad de medio de difusión. Y así está el patio -les dije a las claras-, porque en la Red, la presencia del altermundismo es menos que simbólica porque en vez de utilizarla como un entorno por el que hay que hay que discurrir y moverse, el único entorno en el que se puede funcionar, hoy por hoy (mañana ya veremos), en igualdad e incluso en superioridad de condiciones al sistema convencional, un entorno en el que la imaginación puede aún prevalecer sobre la inversión de capital, se tiene como unmedio auxiliar y secundario por el que no cabe preocuparse mucho. Bueno, pues ese entorno se desprecia porque no se conoce, porque no cuadra con una estética bobdylaesca, porque no sale en las películas de la guerra del Vietnam y porque contra Nixon vivíamos mejor. Chavales de veintipocos años entonando consignas y lecturas poco digeridas de Lenin y de Bakunin mezclados así a saco (sólo me faltó oir aquello de las condiciones objetivas que eran como la hostia en la consagración en los viejos setenta) y hasta me pregunto si han llegado a enterarse de la existencia de Gramsci (y eso que Gramsci, el pobre, está más demodé que el refajo con ballenas). Y barruntando cómo montárselo para que sus boletines tengan tiradas monumentales, esos boletines enjundiosos, pesados, indigestos, con un lenguaje de total siglo XIX llamando a la revolución de obreros y campesinos como si Durruti aún campara a tiro limpio por el agro aragonés, un agro en el que se ara con unos tractorazos grandes como elefantes con tracción a cuatro ruedazas hinchadas con agua, con radio y CD, aire acondicionado y aparato CB cuando el móvil no tiene cobertura (que en eso sí que hay lugares que no han salido aún del XIX). Y con eso no pretendo relativizar, en absoluto, los problemas del campo -que los tiene y muy gordos- sino enfocar la situación más allá de la mula y la reja de arado que estos chavales urbanitas aún parecen creer que están a la orden del día.

Leía esta mañana en «La Vanguardia» que el movimiento antiglobalización cumple diez años sin haberse comido un rosco. No me extraña, con estos napoleones del activismo. Puedo comprender que algunos cincuentones que allí había, se empeñaran más por nostalgia que por racionalidad en mantener el modelo del siglo pasado (y eso que, en muchos casos, parecían tener las ideas mucho más claras y algo más actuales que los jovencitos), pero chavales veinteañeros en este plan…

Lo más curioso es que al altermundismo no le faltan gurús que ven las cosas claras a la luz del siglo XXI: los análisis de Naomi Klein son proverbiales, pero también tienes otros nombres como Vandana Shiva, Ignasi Ramonet, Noam Chomsky o incluso Susan George, cuando alcanza a ver más allá de conspiraciones judeomasónicas en Lugano, esa especie de protocolos de los sabios de Sión en versión otro mundo es posible. Por solamente citar a algunos de los más populares; como en todo, hay un sinfín de nombres que nunca aparecen en las reseñas mediáticas y que no generan -manda huevos- ingentes cantidades de pasta en propiedad intelectual (y si no, pregunta cuántos de estos libros están disponibles en formato digital y con licencias copyleft). Cuesta entender cómo habiendo tanta lucidez en el análisis, no la hay a la hora de establecer doctrinas de acción que se quedan en los papeles y en las manis, eso sí, con mucha batucada y mucho cuento.

En la red, aparentemente poco integrados en foros sociales de aquí o de allá, hay movimientos mucho más productivos y realistas (o me lo parece a mí). Todo el entorno del hacktivismo, por ejemplo. Pero, incluso más allá de la rasta digital, entre los cincuentones barrigudos en red, hay muchísimo altermundismo que no se molesta en coronarse con tan honrosa dignidad, pero que da mucho más trigo. En la Asociación de Internautas, sin pretenderlo expresamente y quizá hasta sin saberlo, se trabaja por los derechos elementales de las personas con mucha más eficacia que pomposos grupos altermundistas; y si alguien piensa que lo digo barriendo para casa, que mire las personas y entidades que componen Red SOStenible o que eche un vistazo al mundo del software libre, abarrotado de gente con tan poca aura altermundista como los ingenieros de diversas especialidades (informáticos, telecos, industriales, etc.).

Ahí tienes, ya que hablamos de ello, el software libre, con el que hemos -me enorgullezco de poder emplear la primera persona, arrumbando toda falsa modestia- derribado el primer principio implícito de la economía liberal, el que sienta que la sociedad, el mundo, sólo se mueve por ánimo de lucro; pues bien, el software libre ha demostrado palmariamente que una inmensa comunidad de voluntarios desinteresados puede crear un producto mejor y más eficiente que el de, no una, sino decenas de empresas hipercapitalizadas que mueven millones de dólares por centenares y por miles. Y no sólo ha creado ese producto para tenerlo ahí, como un simple ejemplo, sino que también, gracias al esfuerzo divulgador y de presión política de los activistas de esa comunidad, ese producto está funcionando y se ha integrado en los flujos económicos normales, en los flujos empresariales. Y ahora sí que se está invirtiendo dinero en él (y no poco: señal inequívoca de esa calidad y de esa eficiencia) y hay muchísima gente que está viviendo no sólo dignamente sino, en algún caso, opíparamente, del software libre.

La razón de la permanente frustración de los movimientos sociales está en la obsolescencia de sus planteamientos tácticos y mediáticos. Joan Báez ya es una venerable abuelita capaz de suscitar nostalgias, pero no de mover voluntades; las guerras de hoy se ocultan a las cámaras de televisión y los cadáveres -que haber, haylos, y no pocos- se ocultan al público, las bolsas negras viajan de tapadillo; la prensa -menos libre que nunca y en manos de cuatro o cinco grupos financieros- está en trance de desaparecer a plazo más corto que medio; ya no hay un proletariado de boina y alpargata: el proletariado de hoy se llama mileurista, va de progre y de liberal (el muy idiota) y cree que esto de las movilizaciones sociales es cosa de pringados. El mundo, en definitiva, ha cambiado y los analistas diagnostican muy bien ese cambio, pero la muchachada no parece haberse enterado.

Y John Lennon, queridos, murió.

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Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 01/02/2010 at .

    Completamente de acuerdo. El proletariado moderno es el licenciado mileurista cargado de responsabilidad laboral que no figura como valor en la nómina de fin de mes. Y quien dice mileurista dice 800 o 1500 euros.

    Después de leer a la Naomi Klein, sus análisis acertados serán, sí, pero anda que no vende libros la señora, sin poner ni uno solo dentro de licencias Creative Commons. Resulta de un hipócrita subido. Y mi muy leido Enrique Dans que creo que va por el camino y su futuro libro también renuncia a licencia Creative Commons…. Así no se puede…..

  • Javier Cuchí  On 01/02/2010 at .

    No quisiera equivocarme, pero creo que Enrique comentó que había conseguido que la editorial accediera, por primera vez en su historia, a poner el libro bajo licencia CC. No estoy seguro, no puedo jurarlo (y no tengo tiempo de buscar el post en el que lo dijo, pero creo que lo dijo.

    En lo que respecta a la Klein (y a otros que no son la Klein pero que por ahí le rondan), pues eso, que tienes razón.

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