¿Quieren guerra estos también?

De la serie: Correo ordinario

A través del amigo Fernando Acero, llego a esta entrada del blog de José Luis Perdomo en la que se habla de las idioteces que los editores están haciendo ya con los llamados eBooks, más apropiadamente denominables «libros electrónicos» o «libros digitales». Y llego a este artículo ya pre-calentado con la historia de Amazón y McMillan, y de la bajada de pantalones del primero. Como divertida consecuencia, un ejemplar y penitencial palo en bolsa para Amazon: a los mercados no les gusta que se pase por el aro de los chantajes de los malos.

El palo está bien merecido: una cosa es que un humilde blogger se acobarde ante la amenaza de un pleito por parte de la $GAE -o de uno cualquiera de esos- y otra es que una potencia como Amazon recule ante la extorsión.

En todo caso, está claro que el sector editorial no aprende de las desgracias del vecino, una necedad y una negligencia que el futuro no le va a perdonar. Esta campaña de Navidad se esperaba un auténtico boom en las ventas de lectores digitales. Y, ciertamente se han vendido muchos, sobre todo en relación al año pasado, pero es verdad que el suspirado boom apenas ha pasado de un mísero pif. Hay varias razones, no sólo una, para explicarlo: la falta de cultura lectora en España, la falta de cultura tecnológica, el precio claramente excesivo de los aparatos, las dudas sobre sus trampas (formatos compatibles, DRM y tal), sus escasas prestaciones, etc. Pero seguro que la falta de ofrta de libros electrónicos en el mercado español, verdaderamente desértico, no ha sido ciertamente la menor de ellas.

El sector editorial español, cobarde como pocos, no acaba de lanzarse al libro electrónico. Le tiene pánico -o eso dice- a la piratería. No sé qué pretexto tendrían los empresarios incompetentes si no hubiera… piratería. El caso es que parecen estar esperando a que por vía legal o por vía tecnológica aparezca un algo taumatúrgico que impida que les ocurra lo que le ha ocurrido al sector del ocio. Es decir, parece que se han dado cuenta del hundimiento de la industria del disco, pero no han analizado las razones por las que esa industria ha llegado a ese estado de postración y se diría que están dispuestas a reproducirlas milimétricamente. Es lo que vienen haciendo ahora. En vano.

Lo único que se les ha ocurrido -genio y figura de la cultura empresarial del ladrillazo– es encadenar a los autores para que no se escapen, no sea que alguien empiece súbitamente la carrera, les pille con los meados en el vientre y se queden sin fondo de conocimiento que llevarse al ISBN. Lo explica tan bien como brevemente Perdomo: intentan atar a los autores con porcentajes totalmente analógicos (después berrearán sobre el peligro que corre la cultura de extinguirse por falta de creadores) mediante tramposos contratos anticipados, individuales y de tapadillo. Hasta el punto -sigo con Perdomo- que la AELC -Associació d’Escriptors en Llengua Catalana- ha avisado a sus asociados de que no firmen nada hasta que esta asoociación lleve a cabo una negociación global y que, en todo caso, no firmen nada por menos del 20 por 100 de participación en ventas (los autores británicos andan intentando subirse al 50 por 100) mientras que la industria ofrece entre un 5 y un 10 por 100. Cultura empresarial española, que le llaman.

Mientras tanto, ya circulan unos cuantos miles de aparatos lectores de libros digitales cuyos propietarios están ansiosos de llenarlos con las últimas novedades literarias. Pero… no las hay. A ningún precio. La industria editorial española ha dicho que si quieres leer, te vayas al árbol muerto o leas el periódico (al que también le bailará la cosa muy en breve).

¿Qué recurso le queda al lector? Premio, sí señor: el P2P. Y el P2P por partida doble.

Digo por partida doble porque el lector se abalanza ahora sobre el P2P sencillamente porque no tiene otra opción; y cuando la tenga, el editor analógico, por más que se reconvierta a lo digital, ya habrá perdido el tren, entre otras cosas porque se habrá perdido el hábito de compra. Y lo habrá perdido sobre todo si proyecta hacer como la desgraciada industria del disco: vender lo digital al mismo precio que lo material.

O sea que están siguiendo los mismos pasos que la industria del disco. El siguiente que toca será, pues, pedir cánones para que los dirigentes de la correspondiente entidad de gestión -o correspondientes, porque ya no sabes quién acabará mojando aquí- sigan medrando. El canon se paga ya en la práctica totalidad de los soportes digitales. Una tarjeta SD ya paga canon, que perciben de forma prácticamente íntegra los de la farándula. ¿Qué pasará cuando lleguen los editores del árbol muerto? ¿Repartirán con ellos o se exigirá -y probablemente conseguirá- que el precio del canon se incremente y/o se extienda a los escasísimos elementos que aún no lo llevan? ¿Qué inventarán para esquilmarnos, para seguir medrando y, sobre todo, para mantener el monopolio de la cultura imperante?

Evidentemente, todas esas pretensiones, las lleven o no a buen fin, van a topar con una durísima oposición por parte de los internautas; y recordemos que hoy, en 2010, cuando hablamos de internautas hablamos ya, redondamente y sin matices, de ciudadanía. Si quieren reproducir el discurso, si quieren reproducir la polémica, si quieren reproducir la guerra, adelante, lo van a tener todo. Y, además, nos van a pillar fogueados y con experiencia. Han pasado ya siete u ocho años desde que empezamos a ir a hostias con la $GAE y compañía, hemos crecido -en número y en calidad activista- y ya conocemos muy bien el combate en la selva. ¿Quieren guerra? ¿Quieren meterse en ese Vietnam del que la $GAE -mil veces arrepentida de haber emprendido- no sabe cómo salir? Pues adelante. A nosotros ya no nos viene de aquí y nos da igual cuatro que cuarenta. Que vengan, que munición es lo que sobra.

Yo voy a terminar con un parrafito estupendo del discurso que Enrique Dans les ha soltado hoy (ayer, para los lectores no noctámbulos) a los tíos esos, a los políticos, en su comparecencia parlamentaria de esta mañana: «Cuando tienes un caballo muerto, puedes usar un látigo mejor, cambiar de jinete, amenazar al caballo con despedirlo, nombrar un comité de estudio de caballos muertos, visitar otros países a ver cómo montan caballos muertos, cambiar las leyes para favorecer a los caballos muertos, reclasificarlos como “vivos inmóviles”, unir varios caballos muertos en un mismo tiro, subvencionarlos, promocionarlos como supervisores de otros caballos, redefinir las prestaciones de los caballos para que los muertos cualifiquen mejor… pero al final, estarás mejor desmontando y cambiando de caballo».

Que luego no vengan diciendo que no se les había avisado.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Ani Lopez  On 03/02/2010 at .

    Pues nada, si quieren guerra la tendrán, además ni me tengo que levantar, doble clic en el icono de poner en marcha el programa de turno para manejar el asunto p2p y tan ricamente.

A %d blogueros les gusta esto: