Monthly Archives: marzo 2010

Bomberos, diagonales y curas

De la serie: Los jueves, paella

De cráneo me trae este II ENI que ya está en cuenta atrás. La organización de esto me recuerda a mis tiempos de dirigente juvenil, cuando un campamento que se debía realizar en junio o julio empezaba a prepararse en febrero; era un mareo constante, una cantidad de trabajo que, para que no pareciera desproporcionada, habías de recordar que, en el momento de la ejecución de la actividad, tendrías en tus manos el pellejo de un centenar de críos y chavales. Afortunadamente, nunca me ocurrió nada digno de mención, pero hay algunos que podrían explicar que eso del pellejo no es una exageración. Lo cierto es que, si el equipo dirigente preparaba bien el campamento, realizar este casi no era trabajo. Bien, sí, lo era en el sentido físico: se levantaba uno muy pronto -media hora antes que los animalitos- y se acostaba pasada la medianoche, tras dejar a las bestezuelas en un estado de orden razonable y celebrar la reunión de evaluación y el repaso del proyecto de la jornada siguiente. En otras palabras: nos levantábamos a las seis o seis y media de la mañana y nos acostábamos a la una de la madrugada; y entre ambas horas, íbamos a la carrera todo el puto día. Pero era un cansancio físico, no había agobio ni estrés, porque todo había sido calculado a la perfección y habíamos planificado alternativas para cada posible alteración de las previsiones (resulta que en las cosas estas de los campamentos hay días que llueve, el autocar de la magna excusión decide averiarse a mitad de camino, el museo o el equipamiento cuyos horarios habían sido estudiados escrupulosamente resulta que están en obras de reforma porque al alcalde le llegó una subvención para acometerlas con la que no contaba, y etcétera, etcétera, etcétera).

Ahora me siento igual que entonces. Estoy -estamos en la AI- trabajando como verdaderos burros para que ese acontecimiento sea un verdadero éxito. Y lo será. Y en los tres días en que va a estar en marcha, veremos cuántas horas duermo, pero esas pocas horas que dormiré, las dormiré tranquilo y profundamente, como en aquellos campamentos de hace… Bueno, de hace mucho. MIentras tanto, otras cosas pagan el pato. «El Incordio» es una de ellas.

¡Pero! Milagro. En medio de todo este jaleo, de este tipo de jaleos en los que lo primero que se cae es la paella, pues, toma, hoy hay paella.

Así que anudaos las servilletas, sentaos a la mesa y alguno que vaya escanciando el vino, que vamos a servir a la voz de ya.

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Una de las cosas que trajo cola la semana pasada y parte de esta fue la metedura de pata de confundir a cinco probos bomberos catalanes con otros tantos etarras. Y, bueno, la confusión, lo que es la confusión en sí, puede explicarse; estas cosas pasan, se cometen errores y la policía francesa no está acostumbrada a que le maten a su gente. Además, parece que uno de los cabrones previamente detenidos -ahora hablo de un etarra de verdad, aunque últimamente lo sean un poco de pega- dio el tocomocho a la pasma franchute y los despistó con la filmación del híper. Qué se le va a hacer. Repito que estas cosas pasan.

Lo que no puede pasar es la incompetencia, la gilipollez, el sectarismo y el amateurismo (en el peor sentido de la palabra) de nuestros medios de comunicación.

A mí ya me enervó las almorranas la noticia oída en Radio Nacional, según la cual un gendarme francés fue asesinado por miembros de un comando etarra en el curso de un tiroteo. Oiga usted -pensé yo- si fue en el curso de un tiroteo, quizá la palabra asesinato es inapropiada. El asesinato propiamente dicho tiene una morfología que no casa con su realización en el curso de un tiroteo en el que todo el mundo se dedica a vaciar cargadores a diestro y siniestro. Y con esto no justifico ni minimizo el homicidio -ahora utilizo la palabra correcta- cometido sobre el pobre gendarme y todo mi deseo es que al cabrón que lo mató le caiga encima todo el peso de la ley, bien caído, ya que esta civilización por la que hemos optado las sociedades decentes nos impide patearle los huevos al hijo de puta hasta el completo desgaste de la puntera de la bota. Pero hay que calificar los hechos correctamente.

En un principio pensé que se trataba de una boutade de Lucas, que se dedica a cogérsela con papel de fumar todas las mañanas laborables a beneficio del evangelio de esta triste y cutre tardodemocracia, pero resultó que no, que toda la prensa se produjo en parecidos términos y utilizando la misma impropia palabra.

Yo no sé por qué, pero la propaganda propia -la que se viene a las mías, como si dijésemos- me da más asco que la del enemigo. No sé, contemplo la propaganda del enemigo con una cierta comprensión, como compadeciéndome de que el pobre saco de mierda no pueda hacer otra cosa que decir imbecilidades porque los míos -los buenos, of course– lo tienen pillado por los mismísimos. Quizá ese sentimiento de superioridad -la moral, desde luego- me hace rechazar la propaganda propia por innecesaria; sobre todo cuando es de corte tan burdo, tan chabacano y tan subnormal como la que nos ocupa.

Lo de los bomberos fue tan disculpable de cara a las autoridades francesas como intolerable de cara al plumiferismo español. Daba vergüenza leer -antes de que se rompiera la olla- lo que decían ciertos rotativos caracterizados por su sectarismo; y daba hasta risa ver los comentarios de ciertos locutores de televisión retorciendo su lamentable imaginación para llevar unos gestos absolutamente normales de señores normales que están en un supermercado normal a la escenificación de las intenciones más abyectas. Mira, mira cómo señala a su izquierda ese de allá: a saber qué estará tramando.

Patético, vergonzoso y cochambroso.

Después montan fastuosos congresos, como uno de la semana pasada, en el que se dedicaron a cortar en finas rodajitas -como diría Tom Wolfe- lo que es periodismo y lo que no y se masturbaron las meninges para distinguir el periodismo del periodismo ciudadano y ambos a su vez del mero testimonio ciudadano. Jódete patrón. Estos, en su desesperación porque esto se hunde, rizan el rizo de la escolástica más estúpida tratando de averiguar si Cristo se fue de la última cena sin pagar y si, en este caso, hubiera muerto en pecado por tal causa y si, llegado el caso, sería o no teológicamente posible que Cristo hubiera muerto en pecado. Mientras tanto, delante de sus narices, todos los media españoles, como un solo hombre, descojonan de risa al respetable, menos a algunos que nos paramos a pensar un poco, los cuales, como premio a la reflexión, experimentamos una náusea incontrolable.

Si este es vuestro periodismo profesional, yo, queridos, un pobre e insignificante apenas más que testigo ciudadano (a vuestro decir), me cago y me meo en los presuntos fastos de vuestra profesión, otrora honorable y digna y hoy pasto de arribistas, escritorzuelos baratos, pisacharcos malolientes, cagapalanganas, becarios analfabetos, editores cutres y goebbelillos de mercadillo de saldos.

Id haciendo congresos, id…

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La próxima movida que tenemos en Barcelona -si nada inesperado nos sorprende antes- es el referendum diagonalicio, el penúltimo numerito de la megalomanía municipal. Que nada, que al Hereu se le ha metido entre sus exiguas cejas que el tranvía una las dos principales plazas que delimitan parte de la avenida (la de Francesc Macià y la de las Glòries) y va a formarse un cipostio que para qué te cuento.

Cipostio inmediato: las obras van a durar entre tres y (agarrarse) seis años, según previsiones del achuntamén, lo cual hace prever entre ocho y diez años de tormento, que conocemos el paño. Y cipostio perpetuo, a divinis: todo el tráfico que ya para los restos no podrá emplear la Diagonal (que es muchísimo porque, pese a las Rondas, aún es una vía muy rápida para salir de Barcelona o penetrar hasta casi su propio centro) se va a canalizar (desparramar, más bien diría yo) por el Eixample, con lo que van a acabar de joderlo del todo. Y ojo, que yo soy partidario de limitar el tráfico rodado radicalmente, pero, ojo: en toda la ciudad. Si lo único que hacemos es pasarlo simplemente de un lugar a otro, no estamos solucionando nada y muy probablemente lo estamos empeorando más aún. Si para tener una Diagonal arregladita reventamos el Eixample, ya me dirás tú qué gracia y qué hemos ganado (sobre todo, los vecinos del Eixample).

Hay una solución, que consiste en votar la tercera opción que logró imponer CiU: que no se toque la Diagonal, que se quede como está, igual que en la tradicional oración a la virgensita. Y es que es igual que el chiste: virgensita, virgensita, que me quede como estoy. Ese será, desde luego, mi voto. Pero no cabe albergar esperanzas: la única cosa que aún sabe hacer bien el achuntamén (y ya van quedando pocas) es vender motos a los barceloneses y éstos, aparte de ponerse en calzoncillos cuando se les manda, suelen entusiasmarse con propuestas de espacios verdes (que después acaban siendo duro y gris hormigón), mucho transporte público (que después no utiliza nadie porque acaba funcionando como el culo) y mucha ecología, mucha sostenibilidad y mucha polla en vinagre. Pero cuela, ya ves. Y no sé qué día o días de mayo, cuatro gatos iremos a votar para que no se toque la Diagonal mientras la inmensa mayoría de los votantes (porque la abstención va a ser otra) vota a cualquiera de las dos posibilidades de destrozo.

Y esa va a ser gorda.

La única posibilidad de salvación está en que, en las próximas elecciones, el PSC reviente de una puñetera vez y, como el referendum no va a ser vinculante (Hereu ya se curó en salud por si las moscas), todo el proyecto lo archive en la «P» la nueva admnistración y el asunto se quede en un susto y la Diagonal como está. No es una posibilidad descabellada, pero para eso hace falta, primeramente, poner a Hereu y a su peña de patitas en la puta rue.

No obstante, el lapso que va entre el referendum y el acceso de Hereu a la jubilación (y eso está por ver) va a ser de una incertidumbre pavorosa.

Aliviada únicamente por la visita del Papa. Sí, hijos míos, el Papa, por primera vez en la vida, va a hacerme salir a la calle. Voy a ver si consigo una buena posición para lo que podría ser un buen pelotazo. Imaginaos que, cuando está consagrando la Sagrada Família, ésta se hunde. Apocalíptico ¿verdad? Todo el tinglado abajo y el Papa debajo de los escombros de casi un centenar de años de obra gaudiniana (o más o menos). Pues allí estaré yo para fotografiarlo, ya lo creo. Ya sé que las posiblidades son escasísimas, pero en eso consiste una inversión de riesgo: en tener muy pocas posibilidades de ganar pero en forrarte si la aciertas.

Y luego, una vez en casa, un vasito del amigo Jack y hala, a contemplar cómo la sangre de horchata que circula por nuestras venas se limita a contemplar el espectáculo sin que el hundimiento de una obra que, guste o no, se ha hecho símbolo del tesón de un pueblo, provoque apenas nada más que un par de airados editoriales escritos por los mismos que describo en la entradilla de arriba.

Igual no dimitía ni el alcalde, fíjate tú.

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Anda también la cosa revuelta con lo de los curas pederastas, qué barbaridad. Ahora están también como con lo de la memoria histórica, removiendo fosas comunes ya olvidadas incluso, en este caso, por los propios muertos. Muchos de ellos habrán encontrado ahora legítima satisfacción a su necesidad de vindicación, pero estoy seguro de que no pocos, a su vez, habrán revivido recuerdos y traumas ya superados, olvidados y encerrados, y habrán vuelto a sufrir el dolor de antaño ahora renovado.

Realmente, el escándalo es mayúsculo, y no es para menos. Y no tanto por el hecho intrínseco de los curas pederastas; pederastas, los hay en todos los colectivos. Y pongo en duda también todas esas interpretaciones -que me suenan interesadas- de que todo esto pasa por el celibato, por la homofobia y por no sé qué cagarela más. Qué manía con insistir en que se casen los curas, qué barbaridad. Al final, uno se hace cura porque quiere y ya sabe qué gajes trae consigo el oficio. Por lo demás, todo eso del celibato son tonterías porque entre los pederastas de otras profesiones o sectores sociales hay señores perfectísimamente casados -a veces, incluso con señoras espectaculares- y, viéndolos, se diría que van perfectamente follados. Esto de la pederastía es o una enfermedad mental o una desviación o una tara del comportamiento, o algo así; algo que tiene más de psiquiátrico que de necesidad fisiológica. Y no se interprete ello como disculpa alguna, no; a mí esto de andar sobando niños me da como bastante asquito (el sobarlos y el sobador) y no acaba de parecerme mal que en el trullo no haya que quitarles la vista de encima para evitar que les pase cualquier cosa, que hay delitos que allá dentro están muy mal vistos.

Con todo, lo más grave, lo verdaderamente imperdonable -y esto sí afecta de lleno a la jerarquía católica desde su mismísima cúspide- es la ocultación sistemática, el echarle tierra encima, el encubrimiento de los culpables. Ocultación y encubrimiento que, en la mayoría de los casos, han supuesto un dolor adicional -y probablemente nada liviano- para las víctimas, porque encima de haber sido víctimas de los abusos, a continuación se han visto objeto de chantaje, de extorsión. Encima, mejor será que te calles porque, si no, te va a ir peor. Y de esto sí que son culpables todos, desde el Papa hasta el último obispilo provinciano; en distintos grados, pero todos han sabido y todos han mirado para otro lado, que ahí hay pocos que se salven. Incluso ahora mismo, hay prelados españoles que están clamando, los muy falsarios, quejándose de que esto no es más que una campaña de acoso, de maledicencia y de falsedad. Hay que ver lo mal que les sienta a estos cuando se les acaba la protección oficial. Claro que también hay que decir que la protección oficial, aquí, treinta y pico años después de la espicha del gallego, llega casi hasta las últimas: constatemos que no es en España donde se ha destapado el escándalo y tengamos por seguro que aquí hay mucha, pero que muchísima más mierda enterrada de la que ha aflorado. Que ha aflorado poquísima.

Seguirá durante mucho tiempo oyéndose hablar de esto y la iglesia católica va a salir muy escaldada de este asunto. Pero la culpa es de ellos: no tanto de los que abusaron (estos tienen la suya propia y que pringuen por ella) como de los que callaron.

Como en todo.

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Bueno, pues ahí os sirvo -de merienda, en esta ocasión- el arroz nuestro de cada semana.

El próximo jueves, 1 de abril, será Jueves Santo -hablando de Roma, el Papa se asoma-, pero como en Catalunya es laborable, aún no me habré ido (del viernes al domingo sí, me largo y me desconecto) de modo que previsiblemente habrá paella (si la cosa no se estropea por otro lado).

Aquí voy a intentar seguir como pueda y ya llegará mayo con sus flores (y con su declaración IRPF).

Un saludo a todos.

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Una semana espesa

«El Incordio» ha estado bastante callado esta semana que cerramos hoy, domingo (aunque estas líneas ya verán la luz en lunes). Algo previsible y previsto cuando ya hace dos avisé de que la paella del jueves pasado estaba bastante comprometida por un viaje a Asturias. Pero, claro, el viaje no ha sido toda la cuestión sino sus prolegómenos.

Cuando uno está en un proyecto -que puede salir o no salir, cristalizar o no cristalizar, llevarse a cabo o no- hay que ser discreto para no generar expectativas. La discreción me interesaba tanto más en este caso en cuanto había en él una cierta implicación personal por mi parte. Ahora ya se ha hecho público y puede decirse: la Asociación de Internautas ha convocado el II Encuentro Nacional de Internautas (ENI) en… Langreo (Asturias), es decir, en mi tierra materna (Barcelona, Catalunya, es la paterna, además de la propia). Llevaba detrás de esto desde el mes de agosto, aunque la génesis del asunto se remonta a mucho antes, desde que me asocié hace un par de años a Langreanos en el Mundo y su presidente, Florentino Martínez, en cuanto se enteró de mi vinculación a la Junta de la AI, me pidió la organización de algún acto de la Asociación en Langreo, petición ante la que no cejó hasta que la obtuvo. Mucho ojo con la voluntad de hierro de Florentino, un hombre cuya biografía es un incesante escalar montañas sin otro objeto que el de atisbar cimas aún más altas que ascender. Claro que contó con mi modesta complicidad desde el primer momento, porque a mí también me cautivó la idea de llevar a una tierra que siempre he querido, a la que siempre he estado vinculado y a la que, en definitiva, considero como mía no en menor medida que Catalunya, un evento del que pueden derivarse beneficios, espero que muchos, ojalá.

Iré hablando -y mucho- de este ENI (que se celebrará justo dentro de un mes, los días 21, 22 y 23 de abril), sobre todo, ya digo, por esa implicación personal.

Pero en esta semana y en estos días de trabajo duro en Asturias, han ido sucediendo otras cosas. Algunas, de interés general; otras, anécdotas quizá particulares, pero de las que siempre puede sacarse alguna conclusión erga omnes.

La aerocochiquera nacional

Si no fuera porque lo he dicho ya aquí muchas veces, supongo que sorprendería que un enamorado de la aeronáutica como yo odie la idea de tener que ir en avión a algún sitio. Pero es cierto: odio los aeropuertos como posiblemente ninguna otra edificación civil y ese odio se ha incrementado por el hecho de esas medidas de [falsa] seguridad arbitrarias, inútiles, humillantes y de total desprecio al ciudadano; y odio los aeropuertos, sobre todo desde que los de Barcelona los hace el Bofill un individuo al que alguien, algún día, llamó «arquitecto» y el tío se lo creyó. Lo que ha hecho en la T-1 es de pelotón de ejecución, aunque supongo que la endocrinología le levantará un monumento, porque quien vuele desde/a Barcelona siquiera una vez por semana, difícilmente padecerá diabetes, colesterol o triglicéridos, ya que las carreras pedestres a que obliga ese diseño demencial en forma de espada larga e inacabable, suponen un jogging forzoso que impide sufrir tales enfermedades, aunque el diseño no será, imagino, nada bueno para la hipertensión, dado el cabreo que se pilla cuando se discurre por esa mierda de sitio. Mierda de sitio que al parecer -no me he visto aún en esa tesitura- es especialmente torturante para quienes van a esperarte al aeropuerto, que se encuentran en un vestíbulo gélido y sin equipamientos, porque éstos están todos al otro lado, en la restringidísima zona de embarque, tras la vejación de los seguratas. En el otro lado sí, parece la cosa un centro comercial en el que abundan todo tipo de pijerías innecesarias, pero donde sólo hay una (1) minúscula librería (hasta la del aeropuerto de Asturias es más grande y más surtida que la de la porquería esa de terminal barcelonesa de Bofill).

Lo de los aviones es otra cosa que no tiene nombre. En primer lugar, gracias a la cosa esa de los fingers, el embarque se realiza por una sola puerta en vez de aprovechar las dos que suele tener un avión, con lo que, además de durar veinte minutos (y eso cuando va rápido) se monta un zafarrancho que me recuerda a los primeros minutos de mi llegada al centro de instrucción de reclutas cuando fui a hacer la mili. Primero, las familias y los impedidos (bueno); después, los que han pagado la tarifa «dúo» (o cosa parecida) que es una tarifa que cobra Cutring, ay, perdón, Vueling, si te sientas en la zona delantera del avión donde en los asientos de tres filas sólo meten a dos pasajeros; a continuación, los de las filas quince hasta el final y después los de las filas anteriores a la quince. Como, además, las compañías aéreas tienen la pintoresca costumbre de considerar equipaje de mano unos bultos así de gordos, los compartimentos de cabina van abarrotados y más en estas épocas que al bulto hay que añadir el correspondiente al abrigo.

A continuación, hay que lidiar con un problema que para mí no deja de serlo, pero es menor gracias a que soy bajito y paticorto: la distancia que hay entre asientos. Mi metro sesenta y nueve de estatura me permite soportarlo sin excesivo sufrimiento, pero aún recuerdo el vuelo que pasó Carlos Sánchez-Almeida, un tío que es así de alto, regresando de Tenerife en noviembre pasado, pese a que accedimos a aforar -otra humillación y otra indignidad repugnante- los nada menos que diecisiete euros que cobra Cutring por el privilegio de ocupar las plazas de la salida de emergencia, que tienen veinte o veinticinco centímetros más de distancia (y de las que puedes ser desposeído sin más por la tripulación si entiende que por tu complexión física o por no hablar español o inglés no eres apto para abrir las portecillas de evacuación en caso necesario).

En mi vuelo de regreso de este viaje, embarcamos en un avión que acababa de aterrizar y cuando salimos por el puto finger en Barcelona, ya había cola para embarcar de nuevo, casi nada, tres vuelos (por lo menos) sin que la tripulación levantara prácticamente el culo del asiento. Por cierto, que el avión olía a pies que erizaba el pelo del cogote. Así es Cutring.

¿Qué por qué vuelo con estas compañías tan nefastas? En primer lugar porque uno tiene unos horarios y no siempre el que conviene está servido por una compañía medio decente (enteramente decente, hoy día, no hay ni una); en segundo lugar porque luego está otra gracia: uno compra un billete a Iberia y luego se encuentra con que el vuelo está operado por Cutring, o sea que la has cagado igual.

Desde que está el AVE no sé lo que es ir a Madrid en la mierda de avión. A dónde vas a parar. En el AVE pasas un control de segurdad razonable (el equipaje pasa por rayos X) y ni siquiera acusan recibo de mi navajita multiusos (esa que en El Escorial hizo que una segurata gritara «¡Tiene una navaja!» en el mismo tono en que hubiera podido exclamar «¡Tiene una ametralladora del 12,70!» y que al aeropuerto no llevo ni loco para que no me echen encima a los GEOs); puedes llegar hasta cinco minutos antes de la salida del tren, no como en el aeropuerto que, además de ubicarse donde Cristo perdió el gorro, te recomiendan que estés una hora antes del embarque, embarque al que llaman cuarenta minutos antes del vuelo propiamente dicho. Luego te sientas como un señor (incluso en clase turista) y en tres agradables horitas de música, o de trabajo con el ordenador, o de leer un libro, un periódico o una revista (las películas no las recomiendo porque suelen ser nefastas: afortunadamente, no son obligatorias, aunque con el billete pagas igualmente el canon de la $GAE) y en menos de tres horitas, en Atocha, al ladito del Retiro y del Museo del Prado y a veinte o treinta minutos de agradable paseo de la Puerta del Sol.

Lástima que ese AVE señorial que tanto nos recuerda a los cincuentones a aquella aeronáutica civil elegante y glamurosa que ya se ha perdido en el olvido, se parecerá a Cutring como un hermano gemelo en cuanto liberalicen el ferrocarril de alta velocidad y entre en él el mil veces maldito low cost. Disfrutemos el presente ahora que podemos, porque el futuro pinta negro, guarro y con olor a pies.

Los acróbatas esos de las escuelas de negocios han convertido la aeronáutica en una pocilga y, si se les deja (y se les dejará), harán lo propio con el tren.

Eso sí: nos lo tenemos bien merecido.

La LES

Han aprobado la LES. Bueno, no en puridad. El Gobierno ha aprobado el anteproyecto, de modo que éste se convierte ahora en proyecto de Ley. Queda por delante el debate parlamentario con el que está por ver si nos vamos a divertir un rato o vamos más bien a llorar. En realidad, lo que va a pasar va a ser a piñón fijo, con lo que lo de reir o llorar va a ir según uno se lo tome.

Ya se entiende que me estoy refiriendo a la dichosa disposición adicional que establece la censura en Internet. Lo que me recuerda, por cierto, que tengo que ir a casa de mis padres a ver si encuentro los libros de FEN de mis años mozos, que igual vuelven a ser útiles para mis hijas, ahora que la cosa vuelve a oler a viejos tiempos.

Lo que va a pasar en el debate parlamentario es que apenas se va a hablar de la disposición adicional. La sacará a colación -quizá- IU-IC-EV y no sé qué más, y no le harán ni puto caso. Si la disposición adicional de nuestros dolores es objeto de debate parlamentario lo será solamente por que el PP querrá ver si hostiga al Gobierno, pero me da a mí que esos, a poco que encuentren otro punto de hostigamiento, van a pasar también del asunto. Ya hemos visto cómo el Gobierno la ha aprobado en medio de un puente (San José es fiesta en media España y, entre ella, en Madrid), sin hacer la menor mención del asunto en la rueda de prensa correspondiente y la [dicen que] oposición no ha dicho esta boca es mía.

Ya lo he dicho muchas veces: los ciudadanos estamos absolutamente solos en esto. En esto y en otras muchas cosas, claro está. Si ha de ser la tropa esta parlamentaria la que nos saque las castañas del fuego, podemos dar las castañas por calcinadas (y encima nos dirán que como están buenas es así, bien carbonizaditas; si es que no tienen vergüenza).

Poco más hay que decir sobre este asunto que no se haya dicho ya. Yo me limito a insistir en que esto -como todo- está en nuestras manos. Si nos da la gana, la gana de verdad, podemos parar esto en seco con menos esfuerzo que pestañear; si nos empeñamos en comportarnos colectivamente como gilipollas -lo cual es de temer- nos la meterán bien dobladita. Y no estoy hablando de elecciones. Al final, si nos traicionan todos, absolutamente todos, si todos están vendidos a las multinacionales, a la farándula… ¿qué más da votar a estos o a aquellos? Tenemos que responder con actitudes, con comportamientos, con nuestros hábitos de consumo. Tenemos que elegir una cabeza de turco -aunque no tenga que ver con el problema, da igual, lo que importa es el mensaje- y hacer que pague por todos, meterles el terror por la vía de las cuenta de resultados, que es su flanco débil. Es un camino fácil, es un camino legal, es un camino que representa poco sacrificio, poco esfuerzo… y que puede dar grandes resultados.

Si, en cambio, vamos de sobrados, como solemos (eso de los boicots, de las huelgas… ¡bah! Cosas de pringados y de cutres).. pues eso: tendremos, ni más ni menos, que lo que nos merecemos.

Como siempre. No me cansaré de decirlo. Si podemos tomar el control y ejercerlo férreamente y no lo hacemos es, sencillamente, que somos gilipollas.

Y los gilipollas se merecen todo lo que les pase.

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Bueno, pues veremos cómo ruedan las cosas esta semana. Ya os podéis imaginar qué mes me espera, porque en el asunto del ENI soy el resposable (coordinador, que se dice) de la organización y hay muchísima tela que cortar. Es posible que «El Incordio» siga un poco de capa caída, aunque voy a intentar que se note cuento menos mejor.

A ver si lo logro.

Abogando por el diablo

De la serie: Correo ordinario

Hace unos días, el Juzgado Mercantil número 7 de Barcelona dictó sentencia en una demanda de la $GAE contra una página de enlaces a contenidos que circulan por redes P2P. Mediante dicha sentencia, este Juzgado se adhirió a las tesis sostenidas por varios otros y por algunas audiencias provinciales, declarando que los enlaces a redes P2P no constituyen actos de divulgación ni de distribución ni de comunicación pública de estos contenidos y, por tanto, procedía desestimar la demanda y cascarle las costas al demandante, es decir, a la $GAE.

Vaya por delante, ante todo, mi felicitación a don Jesús Guerra Calderón, el demandado, propietario de la página El Rincón de Jesús y, como suele decirse en ocasiones más tristes, le acompaño en el sentimiento, es decir, mi corazón se llena de jolgorio sólo un poco menos que el de él. Y vaya por delante también mi felicitación a la estupenda asistencia letrada de don Jesús, dirigida por el ínclito amigo Carlos Sánchez-Almeida.

Pero esta sentencia ha dado lugar a una especie de fiesta generalizada por toda la Red hispana, una fiesta que me recuerda a la del final de la tercera parte (de la tercera-tercera) de «La guerra de las galaxias», como si el imperio, el emperador y el lado oscuro hubieran sido aniquilados por la jurisespada lasérica del juez García Orejudo.

No quisiera ser cenizo, pero en homenaje a aquella verdad que tanto curte por lo que jode y a la que yo siempre me acojo, debo decir que no hay para tanto, que sí procede exclamar, con el Tenorio, aquello de «¡Buen lance, viven los cielos, estos son los que dan fama!», pero que la guerra sigue y sigue tan caliente y tan incierta como antes. Se ha avanzado, es verdad, sobre todo porque esta sentencia -dictada por un juez que evidentemente conoce muy bien la red y ya empieza a haberlos, que ya iba tocando- nos ayuda a constatar que, si bien tímidamente, demasiado tímidamente, la mentalidad de los jueces se va aproximando a lo racional y razonable, sobre todo en primeras instancias, en las que los magistrados suelen ser, en general, jóvenes. A medida que se sube en el escalafon togado, el panorama se torna más siniestro. Mucho más siniestro.

Para empezar, esta sentencia es recurrible, no es firme aún. ¿La recurrirá la $GAE? Chi lo sá!. La $GAE ha seguido con harta regularidad una política que consiste en envainarse los reveses -sobre todo los reveses en el fondo teórico de su posición- para eludir la eventualidad de que el revés alcance a más severas instancias. En otras palabras -y siempre sin poner la mano en el fuego- parecería probable que las cosas se van a quedar así y que don Jesús se ha librado de la $GAE, porque la $GAE tiene en cartera montones de donjesuses que, puestos ante jueces menos sabios y menos aggiornati, les sentarán la mano bien sentada, así que uno que se pierde, veinte que se ganan. Si recurrieran la sentencia, ésta podría repetirse en sus mismos términos en una Audiencia provincial y eso, amigo, duele, porque las sentencias de las audiencias no sientan jurisprudencia, pero sí ingresan en unas bases de datos y en unos repertorios que los jueces consultan habitualmente.

Si yo fuera la $GAE, sin embargo, igual sí me planteaba recurrirla. Veréis, tengo el vicio de leer y he leído la sentencia porque, como yo antaño estudié la cosa del Derecho, no se me hace extraño, salvo por la redacción infumable del documento (¿en la Administración de Justicia cobran a los jueces un tanto por cada coma que escriben en una sentencia?), pero esa es otra cuestión. Hay una cosa que sí tienen perdida: acreditado que se trata de enlaces, acreditado que no hay ánimo de lucro y acreditado que los letrados de la $GAE olvidaron mencionar en la demanda el asunto del streaming que se ofrecía en la página en cuestión -que igual por ahí podían haber pillado a don Jesús-, que se olviden: con los antecedentes que ya hay con este tema, les iban a tumbar la apelación. El fundamento de derecho segundo de la sentencia es prácticamente de cajón y, a estas alturas de la película, yo creo que pocas audiencias provinciales habrá en España dispuestas a regalarle a la $GAE este pleito por muchos cursillos que los magistrados hayan hecho en la santa casa autoral.

Lo que ocurre es que nuestro buen juez entra seguidamente en unas veredas altamente satisfactorias para el entorno internauta -que son las que, de hecho, provocan el generalizado festejo al que he aludido- pero no acabo de entender a qué vienen ni qué falta hacen para la resolución del asunto, que podía haber quedado la mar de arregladito con los dos primeros fundamentos de derecho, sin más. Un viejo refrán recomendaba Si quieres ser feliz como me dices, no analices, muchacho, no analices. Es un consejo aparentemente un tanto analfabeto, pero a veces resulta útil. Su Señoría no resiste la tentación de explicarnos cuan estúpida es la Ley de Propiedad Intelectual y se lanza a disquisiciones muy celebrables, sí, pero no en todos los casos. Y en algunos son incluso objetables.

La cosa empieza a liarse en el fundamento jurídico tercero: «[…] Los comportamientos y actividades que se desarrollan en estas redes [las P2P] no encuentran un acomodo claro y específico en los comportamientos que prohíbe la ley, en especial la reproducción, distribución y comunicación pública sin autorización». Bueno, hasta ahí, vale, bien. Pero a partir de ahí parece que vamos entrando en terreno pantanoso: «Asimismo, respecto del límite de la copia privada, es preciso añadir que el artículo 31.2 en su redacción vigente que trae causa de la Directiva Sociedad de la Información exige que la copia privada se haga a partir de obras a las que se haya accedido legalmente, poniendo así el acento en la nota de licitud o legalidad del acceso y no en la licitud o legalidad de la fuente. En el marco de las redes P2P, resulta dudoso y complejo el examen en cada caso de la legalidad de la fuente. Pero esto no es la exigencia de la Ley de Propiedad Intelectual, que habla de legalidad del acceso y no de la fuente, de tal manera que la mayoría de los usuarios de estas redes acceden legalmente a la obra, por cuanto han celebrado un contrato lícito y válido a cambio de un precio con un prestador de servicios de la red». Esto ya es coger un poco el rábano por las hojas. El verbo «acceder» tiene una acepción, la tercera, que se viene, en efecto, a las del juez García: «3. intr. Entrar en un lugar o pasar a él». Más ¡ay! el diccionario de la RAE -que debe ser amiguete de la $GAE y por eso riman- nos fastidia con la cuarta acepción, mecachis: «4. intr. Tener acceso a una situación, condición o grado superiores, llegar a alcanzarlos. Acceder el colono a la propiedad de la finca». Advierto que, para mayor inri, las cursivas son de la propia RAE. Y ahí es donde pincha el recoveco interpretativo que, atornillando lo inatornillable, construye nuestro togado.

Seamos claros: la LPI quiso joder las redes P2P sin que se notara y lo hizo utilizando esta expresión que, sintiéndolo mucho -de verdad que lo siento mucho-, incluso sin recurrir a la voluntad del legislador se interpeta fácilmente como que el acceso legítimo sólo puede venir del permiso del autor o de la copia privada procedente de un soporte original o de una copia, a su vez, legítima, como se dice en otra parte de la ley. Curiosamente por ahí sí que se le pueden buscar las vueltas. ¿Tiene el usuario de una red P2P derecho a suponer que la copia que él, a su vez, está copiando es legítima? Porque evidencia de que es ilegítima no la tiene. ¿Qué pesa más, la presunción de legitimidad o la prudencia del buen padre de familia cuando piensa que la copia de la que él pretende copiar podría no ser legítima? ¿Es jurídicamente obligatoria la presunción de que la copia que va a ser objeto de copia es legítima en tanto no se pruebe lo contrario?

Otra parte del fundamento tercero ya es, sin embargo, más plausible: «Y es preciso recordar en este punto, que [los CD, DVD regrabables o los discos duros portátiles] precisamente por ser elementos susceptibles de recibir copias privadas de obras protegidas por propiedad intelectual, todos estos instrumentos y aparatos están gravados por el correspondiente canon o compensación equitativa a que se refiere el artículo 25 de la Ley de Propiedad Intelectual y que redunda en beneficio de la aquí actora y en general de los titulares de los derechos de explotación de la obra». Esto sí. Esto provocaría un efecto vírico en la legalidad: puesto que todos pagamos canon, todos los archivos que copiamos gozarían de la legitimidad que el canon le confiere. Nuestro buen juez le ha dado -sin necesidad alguna para el fondo del asunto, por cierto- un buen puntapié a la $GAE: si cobras canon, apenca con las descargas.

Con lo que políticamente nos jode crudos porque nuestra guerra contra el canon se volvería contra nosotros: de ganar esa guerra y conseguir tumbar el canon, adiós a la copia privada. Y resulta que nosotros, que somos así de sobrados, lo queremos todo (muy legítimamente, ojo): la supresión del canon, el derecho a la copia privada y la legalización indubitada de las descargas P2P como una manifestación digital de ese derecho de copia privada. En el otro lado, la cuestión también se encona, no os vayáis a creer: la $GAE apoya la copia privada (entendida lo más restrictivamente posible, eso sí) porque necesita la pasta del canon como el aire que respira (y más ahora, con los compromisos en que les han metido las trapazadas inmobiliarias de don Teddy); pero las discográdicas (PROMUSICAE dixit) dicen que de derecho de copia privada, nada, y si con la copia privada se cae el canon, que se joda quien proceda. En todo caso, somos los ciudadanos comunes los más perjudicados en que el canon se vincule inseparablemente al derecho de copia privada porque, en ese caso, tenemos que optar por una cosa con la otra o ni la una ni la otra. Peor aún: nosotros no optaríams por nada, nos optarían los unos o los otros.

El discurso de que la copia privada justifica las descargas es tóxico, tóxico de verdad. Así que Su Señoría nos ha hecho maldita la gracia y los que andáis vaciando botellones para celebrarlo, me parece que no os habéis enterado demasiado de la verdadera fiesta (salvo los afectados por la sentencia, don Jesús, que él sí, claro).

No quiero alargar este artículo comentando el ejercicio de trapecismo interpretativo que el juez realiza en el fundamento cuarto porque en Menéame me iban a fusilar al amanecer y no tengo ganas, pero, en fin, recomiendo al lector paciente que lo encare bien sentado en un sillón y que no deje de admirar la inmensa capacidad para hacer encaje de bolillos imaginativos que adorna al juez García Orejudo, porque yo no salgo de mi asombro al ver cómo coge una red de difusión de cualquier tipo, la mezcla bien mezclada con un procedimiento alámbrico o inalámbrico y, pataplum, nos sacamos del sombrero que la conducta por la $GAE pretendida como malévola no lo es en realidad, al no cuadrar exactamente el tipo legal por un lío de que si son muchos o pocos los que se descargan a la vez. Lo único sensato de lo que se dice en este fundamento cuarto es lo de que «difícilmente puede establecerse una necesaria relación de causalidad entre descarga y ausencia de compra de la obra». Yo aún diría más: está meridianamente claro que no hay relación alguna (esos bárbaros que tienen almacenadas tropecientas mil canciones y hepscientas mil películas que no van a tener tiempo de ver o escuchar ni aunque no hicieran otra cosa en la vida y ésta fuera larga no hubieran comprado todos esos contenidos de no haber podido bajarlos. Probablemente se hubieran dedicado a comerse los mocos, todo es entretenerse…).

A ver si nos aclaramos, queridos: las leyes las hace el enemigo, esto lo sabemos todos perfectamente. Pues bien lo que tenemos que hacer con las leyes es intentar torearlas como podamos en la medida en que nos afecten personalmente; para eso contamos con la inestimable ayuda y la larga y sabia experiencia de letrados como los del bufet Almeida, como primeros entre varios otros. Pero lo que no podemos pretender, so pena de incurrir en inocencia gorrionácea infinita, es intentar ganar nuestra lucha apoyándonos en esas leyes. Sobre todo teniendo en cuenta que, tan pronto les encontremos un agujero, procederán a taparlo rápidamente y sin vacilar en hacer trampa (y ahí tienes la disposición final primera de la LES como prueba). Nuestra lucha es política y solamente si como ciudadanos ejercemos presión política con toda nuestra fuerza podremos ganar. Y es verdaderamente posible, no ilusorio. Poco organizados (es más: anárquicos, en el peor sentido de la acepción), a menudo en desacuerdo entre nosotros (peleados, incluso, en algunos casos), cuando hemos sabido vectorizar nuestra ira, el enemigo ha acusado recibo del hostiazo. Si lográramos unos mínimos en coordinación y en ejercicio de la fuerza política, armaríamos una revolución prácticamente mundial. No creáis que exagero: nuestras esporádicas explosiones, nuestros pataleos, tienen admirada a Europa entera y cabreados a los apropiacionistas norteamericanos; los internautas españoles somos un modelo de resistencia contra el lado oscuro. Si supiéramos manejar nuestros cabreos utilizando disciplina y métodos alemanes no sólo seríamos invencibles sino incluso temibles. Y esta posibilidad -la de entrar un día en vereda y organizarnos como es debido- es nuestra verdadera y única oportunidad, oportunidad de verdad, de la que permite confiar en el éxito no como un premio de lotería sino como resultado de un esfuerzo bien dosdificado, orientado y dirigido.

La sentencia del Juzgado Mercantil númeo 7 de Barcelona, es un éxito (y un alivio) para don Jesús Guerra y un timbre de prestigio para su asistencia letrada. Pero ha sido celebrada desproporcionadamente por aquellos que quizá hubieramos debido buscarle -los hubiéramos encontrado- efectos negativos. No por mala fe del juez, al contrario, sino por lo que he dicho en el párrafo anterior: no será la ley, manejada por el enemigo, la que nos lleve al triunfo.

Será, únicamente, nuestra propia fuerza.

Arroz de resopón

De la serie: Los jueves, paella

Justito justito. Será una paella de resopón y probablemente entre ya en viernes, pero entrará. El día ha sido espeso y no me ha dejado apenas tiempo, pero esta vez el guión sí estaba hecho y eso es lo más difícil, así que, a escribir y a subir pitando…

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También fue jueves aquel día. Hoy, 11 de marzo, hace seis años que este país vió la bestialidad más grande que se ha conocido desde la guerra civil. Y no es que entre 1939 y 2004 no se hicieran barbaridades, pero esta, doscientos muertos de un sólo golpe, decenas de heridos muy graves y vete a saber las secuelas que habrán quedado, tanto físicas como psíquicas, es mucha barbaridad.

Es de aquellos acontecimientos que hacen que uno recuerde lo que hacía cuando supo de ellos. Yo iba en un autobús camino del trabajo, cuando me llamó mi mujer para decirme que habían atentado contra un AVE cerca de Madrid. Me entró un escalofrío: el AVE está bajo vigilancia militar. Si los de ETA (¿quién iba a ser, si no?) habían logrado romper esa vigilancia, cuando más felices nos las prometíamos sobre su decadencia, el problema había vuelto a engordar como en la peor pesadilla imaginable.

Una vez en el trabajo, una radio puesta empieza a emitir aclaraciones: no ha sido un AVE sino un tren de Cercanías; y de hecho, no uno sino varios: dos, quizá tres. Y, bueno, todos los detalles que recordamos ahora. Una compañera de entonces, de izquierdas, cagándose en todo: el oportuno atentado que vuelca cestos de votos de indecisos para la derecha. Pero… al poco rato, desde el ámbito abertzale se niega la autoría de ETA. Bueno ¿y por qué los íbamos a creer? Pues porque no tiene sentido cometer una barbaridad que requiere tiempo y planificación para arrepentirse de haberla ejecutado apenas minutos después; porque ETA nunca niega sus atentados por más impopulares que resulten. Pero los medios acusan directamente a ETA: sobre todo, los de PRISA, voceras del sector perjudicado por el asunto de los cestos de votos.

Pero de todo, de todo ello, me queda principalmente lo que verdaderamente me emocionó, lo que logró ponerme un nudo en la garganta: Pilar Manjón, propinando la gran bronca a los diputados (mientras el infausto Zaplana leía ostensible y desafiantemente el periódico). Una bronca que los diputados se pasaron por el forro de los cojones, igual que han hecho sus colegas catalanes hace pocos días ante la bronca de los bomberos. Todo es inútil: ellos están por encima del bien, por encima del mal y, sobre todo, por encima de toda ética.

Hoy han guardado un minuto de silencio. Es verdad que no son aquellos diputados, al menos, no todos. Pero es igual, son de la misma ralea y no desmerecen de sus antecesores. ¿Qué habrá pensado la señora Manjón ante ese minuto de silencio que sabe a farisaico? No lo sé, pero me lo imagino.

Y luego se quejan de desafección.

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¡Extra, extra! Ha salido la lista Forbes de los muchimillonarios más muchimillonarios del mundo, que son los de siempre y unos cuantos más que se han añadido. El número de muchimillonarios, crece de año en año. No quepo en mí de gozo. Este año hasta han entrado muchimillonarios de China. La vida es bella.

Nuestro abanderado de todas las Españas adineradas, el gallego de Zara, ha subido más puestos en la clasificación y se anda -me ha parecido oir- por el número 20 o en sus proximidades. ¡Joder, qué grande es España! Por un lado, un gallego en el 20 de Forbes; por otro, un santanderino, cabalgando en su banco, comiéndose con patatas a la rubia Albión… Es que nos quejamos de vicio. Paro, congelación salarial, crisis, mileurismo, juventud a la intemperie… ¡Paparruchas! Nuestros muchimillonarios y nuestras muchinacionales avanzan arrolladoramente. Toda Hispanoamérica, por ejemplo, se caga en Telefoníca como un solo hombre. E idéntico sentimiento de gratitud albergan hacia AGBAR o ENDESA, por poner a otras dos adelantadas glorias nacionales. Y aunque no ha sido dicha tal cosa, no me extrañaría -y si no es hoy, será mañana- que la vanguardia de las Catalunyas irredentas, la Caixa entrañable, les aterrice por allí a ponerles peaje a las autopistas o lo que sea sobre lo que circulen los coches en aquellos parajes (y luego que le echen a Chávez la culpa, como aquí, que nos cagamos en Madrid cada vez que pagamos un peaje, sin darnos cuenta de que el enemigo está dentro).

No deja de ser ilustrativo el nuevo number one de la lista: un mexicano. O sea, un ciudadano de uno de los países más deprimidos de América, corroído por el nacotráfico y por una corrupción endémica que alcanza niveles que hay que verlo para creerlo (los hay que no se lo creen ni habiéndolo visto). Ya dicen que en chino la palabra «crisis» significa «oportunidad»: que se lo digan al caballero en cuestión. Más jodido está un país, más ascienden sus millonarios. También asciende el número de pobres -de pobres de verdad, de los de pasar hambre canina cada día- pero eso no tiene importancia, los pobres no cuentan salvo cuando hay que montar un partido de fútbol o un festival rock para recaudar alguna pasta en su… ¿beneficio? Precisamente leía no hace muchas horas que una buena parte de la pasta recaudada en ayuda para Etiopía (los shows aquellos de Bob Geldof y otros cantamañanas) acabó financiando armas. Claro que las armas no son nada ajenas a una importante parte de la pasta que ilustra el ranking de Forbes.

Y lo de que un país oficialmente comunista genere millonarios es como para que la mortadela de Lenin se levante del escaparate en que lo tienen y baje a verlo.

Es el signo de los tiempos: antes, los millonarios se ocultaban vergonzantemente, repugnaban aparecer en los periódicos (los muchimillonarios de verdad, no los ricachoncillos de medio pelo de la farándula) y nadie sabía que cara tenía un banquero, salvo sus colegas del consejo. Hoy, no sólo aparecen bajo rutilantes focos, sino que jugan como una especie de liga de campeones.

Ya veo a Bill Gates llamando a Steve Ballmer: «Oye, macho, sube los precios del Window$ y baja los sobornos de los políticos; recáudame más pasta, chaval, que un mexicano me ha desbancado del primer puesto del Forbes y tengo a la Beli de los nervios».

Qué dura es la vida del riquísimo…

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Anteayer cayeron en Barcelona -dedito arriba, dedito abajo- diez centímetros de nieve. Al cabo de media hora haber caído, ya eran veinte centímetros de mierda, pero esa es otra cuestión. Lo importante para el caso es que toda la ciudad quedó paralizada y bloqueada, tanto para salir como para acceder a ella: niños pernoctando en sus colegios, gente alojándose en hoteles (o en instalaciones deportivas, o en hospitales)… la recaraba.

Fuera de Barcelona, las cosas no iban mejor (claro que fuera de Barcelona los centímetros de nieve fueron ya muchos más): miles y miles de coches atrapados en carreteras impracticables, miles de conductores que no podían ni ir ni volver, nuevamente polideportivos sirviendo de improvisada acampada… el descojono.

¿Una tormenta de improviso? No, nada de eso: todos los servicios meteorológicos -con mucha mayor precisión, por cierto, la Agencia Nacional de Meteorología que el MeteoCat- avisaron de que iba a pasar esto con 72 horas de antelación.

La noche antes, los meteorólogos televisivos decían que pocas veces se daba una unanimidad tan exacta entre todos los modelos matemáticos de predicción, es decir, que lo que iba a pasar estaba cantado. Pero bien cantado, más allá de toda duda.

¿Y los políticos? ¿Y los gestores de la atención a emergencias? Pues en bragas. Ni más ni menos. Nadie indicó a las empresas que liberaran a sus trabajadores con tiempo para evitar verse pillados por el temporal (ni las propias administraciones públicas lo hicieron), nadie cerró los colegios, nadie preparó medidas de tráfico extraordinarias (con lo que las rondas quedaron colapsadas ipso facto y durante muchísimas horas)… nadie hizo nada, salvo a toro pasado. Y aún lo que se hizo, se hizo mal: descoordinación, desconcierto…

Luego lo de las infraestructuras, que es un cachondeo, para qué decir más. Y no vamos a echarle las culpas al Gobierno central, no. Las culpas las tiene el Gobierno de aquí, que después de la que liaron hace dos años y medio ENDESA y Red Eléctrica, les dieron el viático con una multita inferior a lo que se gasta en puros en un mes el consejo de administración y, claro, a las compañías estas no hay que andarles con multitas, hay que hacerles pagar gusto y ganas, obligarles a pagar daños y perjuicios tasados con muy holgada suficiencia y encima un multón de los que les frenen en seco el incremento de los beneficios. Pero nada, como ya sabemos para quién trabajan en realidad los políticos, ya sabemos también lo que hubo: la multita de mierda.

Como consecuencia de tan relajado trato, la han vuelto a armar y, en estos momentos, pasadas más de cuarenta y ocho horas desde la tormenta, aún hay treinta mil abonados, o sea, más de cien mil ciudadanos en diversos pueblos de la Costa Brava sin electricidad (y con el relente que está haciendo…). Y aún FECSA-ENDESA tiene el morro de aprovechar para arrimar el ascua a su sardina diciendo que con la MAT (la conducción eléctrica de muy alta tensión, que ha levantado una oposición tremenda por su impacto ecológico) esto no habría pasado.

Y que vayan montando referendums, que vayan…

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Bueno, pues hasta aquí hemos llegado. A duras penas, pero hemos llegado. ¿Qué tal estará la paella como desayuno? Pues depende, imagino: si uno ha estado conduciendo toda la noche con sólo un bocadillo de atún encima, un buen plato de arroz igual le sienta de maravilla. En todo caso, chicos, es lo que hay.

¿Y la semana que viene? La semana que viene estaré el jueves en Asturias, donde acabaré de atar junto con Víctor Domingo una cosita que… ya veréis, ya. Por tanto, no puedo asegurar la paella.

Voy a intentarlo. A ver si la saco el miércoles o -posibilidad muy remota- hago como esta semana, que dejo el guión listo y la remato en una horita el jueves por la noche, en el hotel. Pero no puedo aseguraros nada.

De todos modos, id viniendo, que igual os cuento algo 😉

Y, por lo demás, aquí seguirá «El Incordio» dando caña. Como siempre.

Planicie intelectual

De la serie: Pequeños bocaditos

Hoy he vuelto a casa más pronto de lo normal al haberse suspendido la clase de un cursillo al que tenía que asistir. Y aprovechando la cosa, he dado rienda suelta a la vena cocinillas y he sintonizado el programa de Arguiñano, que debe hacer mil años que no lo veo, quizá porque, además de que lo emiten a horas imposibles, no me acaba de chocar la forma de cocinar de este hombre. Pero la cocina es la cocina y una receta bien vale un Arguiñano en (ecs) telahinco. Hoy tocaba «Patatas a la riojana» y, sí, muy correcto y muy tal, pero este hombre no tiene duende, le falta… un… un no sé qué, no sabría cómo definirlo.

Lo grande viene ahora.

Mientras decido qué me hago para comer, dejo la tele encendida sin darme cuanta. Y estando en la cocina oigo los gritos de un par de tías que se están llamando el nombre del puerco. Entreabro la ventana y no, no son vecinas; voy hacia el salón y, vaya, es la tele. ¡Qué raro que en telahinco haya un par de pájaras chillándose! Por aquello de la hipnosis de la imagen, me quedo un minuto clavado delante de la cosa. Es un programa que consiste en que dos personas que sostienen un litigio -de hecho, no judicial- por cosas que imagino de pequeña cuantía, recurren a un arbitraje auspiciado por la telecadena. Bueno. Así que hay ahí una abogada la mar de resultona, del ilustrísimo colegio de vete a saber, que hace de árbitro de la cuestión, ante la cual -muy togada y muy puestita- las dos tías se tiran los trastos a la cabeza (incidentalmente: me da la impresión de que este litigio está más prefabricado que las tetas de la Obregón, pero, en fin…). Hasta aquí, bueno, vale, un unreality show baratito, low cost, como si dijésemos. Voy a cambiar de cadena para poner un canal de noticias full time cuando suena el teléfono, que me entretiene dos o tres minutos. Cuando vuelvo a la realidad, veo que hay un montón de tíos -y alguna que otra tía- más horteras que una bailarina con chirucas, gritando como posesos e insultando de mala manera ora a una litigante, ora a la otra, ora a ambas, ora entre ellos y no se salva ni el regidor.

Alucino. ¿Qué es esto?

Daos cuenta, sufridos lectores: después de que las partes cuenten a la abogada-árbitro su respectiva versión de los hechos (tan absolutamente gilipollescos que no vienen al caso), entregan el programa a una chusma que hay ahí sentada y que empieza a desbarrar aludiendo, además, a hechos y circunstancias que ni se han mencionado ni pueden conocer. Así, a saco. Y en base a esas circunstancias -que ni de presuntas llegan a tener entidad- ponen a parir, ya digo, a una, a otra, a ambas y, finalmente, entre sí mismos. Mariquitas de carnaval barato, verdaderos macarras de barrio chino, tontos del pueblo, marujas descangayás, algún que otro despojo socio-laboral… todos ahí, a barullo, berreando como histéricos. Dos supuestos presentadores andan por ahí metiendo maraña. No muy hábilmente, por cierto: también deben ser presentadores low cost.

Ni ánimo para cambiar de canal. Cierro la tele sin esperar a que la cosa acabe, perdiéndome el sapientísimo laudo de la señora de la toga, pero me da igual. Ni canal de noticias ni nada.

¿Será posible que esa porquería tenga audiencia? Sí, seguramente muchos me diréis que si viera otras cosas que hacen en esta cadena -sobre todo en esta- y en muchas de las otras, y viera la audiencia que llegan a tener, no sería sorprendente que esa cosa tuviera sus seguidores (y hasta podríamos llegar a concluir que, dentro de la telebasura, no es de lo más maloliente… quizá). Pero no dejo de sorprenderme de hasta dónde puede llegar el electroencefalograma plano de tantísima gente. Me pregunto, inluso, cuál será el más allá que llegarán a inventar cuando toda esta basura esté tan cotidianizada que la gente empiece a dejar de hacerle caso. Yo apuesto por las ejecuciones de pena de muerte en directo (¿qué tal un gran hermano en el corredor de la muerte? Audiencias millonarias gaantizadas).

Claro, viendo estas cosas, no me extraña que este país vaya como va y que pasen las cosas que pasan.

Y ahora que lo pienso: ¿no será el actual Gobierno un programa de Tele 5?

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