Arroz de resopón

De la serie: Los jueves, paella

Justito justito. Será una paella de resopón y probablemente entre ya en viernes, pero entrará. El día ha sido espeso y no me ha dejado apenas tiempo, pero esta vez el guión sí estaba hecho y eso es lo más difícil, así que, a escribir y a subir pitando…

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También fue jueves aquel día. Hoy, 11 de marzo, hace seis años que este país vió la bestialidad más grande que se ha conocido desde la guerra civil. Y no es que entre 1939 y 2004 no se hicieran barbaridades, pero esta, doscientos muertos de un sólo golpe, decenas de heridos muy graves y vete a saber las secuelas que habrán quedado, tanto físicas como psíquicas, es mucha barbaridad.

Es de aquellos acontecimientos que hacen que uno recuerde lo que hacía cuando supo de ellos. Yo iba en un autobús camino del trabajo, cuando me llamó mi mujer para decirme que habían atentado contra un AVE cerca de Madrid. Me entró un escalofrío: el AVE está bajo vigilancia militar. Si los de ETA (¿quién iba a ser, si no?) habían logrado romper esa vigilancia, cuando más felices nos las prometíamos sobre su decadencia, el problema había vuelto a engordar como en la peor pesadilla imaginable.

Una vez en el trabajo, una radio puesta empieza a emitir aclaraciones: no ha sido un AVE sino un tren de Cercanías; y de hecho, no uno sino varios: dos, quizá tres. Y, bueno, todos los detalles que recordamos ahora. Una compañera de entonces, de izquierdas, cagándose en todo: el oportuno atentado que vuelca cestos de votos de indecisos para la derecha. Pero… al poco rato, desde el ámbito abertzale se niega la autoría de ETA. Bueno ¿y por qué los íbamos a creer? Pues porque no tiene sentido cometer una barbaridad que requiere tiempo y planificación para arrepentirse de haberla ejecutado apenas minutos después; porque ETA nunca niega sus atentados por más impopulares que resulten. Pero los medios acusan directamente a ETA: sobre todo, los de PRISA, voceras del sector perjudicado por el asunto de los cestos de votos.

Pero de todo, de todo ello, me queda principalmente lo que verdaderamente me emocionó, lo que logró ponerme un nudo en la garganta: Pilar Manjón, propinando la gran bronca a los diputados (mientras el infausto Zaplana leía ostensible y desafiantemente el periódico). Una bronca que los diputados se pasaron por el forro de los cojones, igual que han hecho sus colegas catalanes hace pocos días ante la bronca de los bomberos. Todo es inútil: ellos están por encima del bien, por encima del mal y, sobre todo, por encima de toda ética.

Hoy han guardado un minuto de silencio. Es verdad que no son aquellos diputados, al menos, no todos. Pero es igual, son de la misma ralea y no desmerecen de sus antecesores. ¿Qué habrá pensado la señora Manjón ante ese minuto de silencio que sabe a farisaico? No lo sé, pero me lo imagino.

Y luego se quejan de desafección.

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¡Extra, extra! Ha salido la lista Forbes de los muchimillonarios más muchimillonarios del mundo, que son los de siempre y unos cuantos más que se han añadido. El número de muchimillonarios, crece de año en año. No quepo en mí de gozo. Este año hasta han entrado muchimillonarios de China. La vida es bella.

Nuestro abanderado de todas las Españas adineradas, el gallego de Zara, ha subido más puestos en la clasificación y se anda -me ha parecido oir- por el número 20 o en sus proximidades. ¡Joder, qué grande es España! Por un lado, un gallego en el 20 de Forbes; por otro, un santanderino, cabalgando en su banco, comiéndose con patatas a la rubia Albión… Es que nos quejamos de vicio. Paro, congelación salarial, crisis, mileurismo, juventud a la intemperie… ¡Paparruchas! Nuestros muchimillonarios y nuestras muchinacionales avanzan arrolladoramente. Toda Hispanoamérica, por ejemplo, se caga en Telefoníca como un solo hombre. E idéntico sentimiento de gratitud albergan hacia AGBAR o ENDESA, por poner a otras dos adelantadas glorias nacionales. Y aunque no ha sido dicha tal cosa, no me extrañaría -y si no es hoy, será mañana- que la vanguardia de las Catalunyas irredentas, la Caixa entrañable, les aterrice por allí a ponerles peaje a las autopistas o lo que sea sobre lo que circulen los coches en aquellos parajes (y luego que le echen a Chávez la culpa, como aquí, que nos cagamos en Madrid cada vez que pagamos un peaje, sin darnos cuenta de que el enemigo está dentro).

No deja de ser ilustrativo el nuevo number one de la lista: un mexicano. O sea, un ciudadano de uno de los países más deprimidos de América, corroído por el nacotráfico y por una corrupción endémica que alcanza niveles que hay que verlo para creerlo (los hay que no se lo creen ni habiéndolo visto). Ya dicen que en chino la palabra «crisis» significa «oportunidad»: que se lo digan al caballero en cuestión. Más jodido está un país, más ascienden sus millonarios. También asciende el número de pobres -de pobres de verdad, de los de pasar hambre canina cada día- pero eso no tiene importancia, los pobres no cuentan salvo cuando hay que montar un partido de fútbol o un festival rock para recaudar alguna pasta en su… ¿beneficio? Precisamente leía no hace muchas horas que una buena parte de la pasta recaudada en ayuda para Etiopía (los shows aquellos de Bob Geldof y otros cantamañanas) acabó financiando armas. Claro que las armas no son nada ajenas a una importante parte de la pasta que ilustra el ranking de Forbes.

Y lo de que un país oficialmente comunista genere millonarios es como para que la mortadela de Lenin se levante del escaparate en que lo tienen y baje a verlo.

Es el signo de los tiempos: antes, los millonarios se ocultaban vergonzantemente, repugnaban aparecer en los periódicos (los muchimillonarios de verdad, no los ricachoncillos de medio pelo de la farándula) y nadie sabía que cara tenía un banquero, salvo sus colegas del consejo. Hoy, no sólo aparecen bajo rutilantes focos, sino que jugan como una especie de liga de campeones.

Ya veo a Bill Gates llamando a Steve Ballmer: «Oye, macho, sube los precios del Window$ y baja los sobornos de los políticos; recáudame más pasta, chaval, que un mexicano me ha desbancado del primer puesto del Forbes y tengo a la Beli de los nervios».

Qué dura es la vida del riquísimo…

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Anteayer cayeron en Barcelona -dedito arriba, dedito abajo- diez centímetros de nieve. Al cabo de media hora haber caído, ya eran veinte centímetros de mierda, pero esa es otra cuestión. Lo importante para el caso es que toda la ciudad quedó paralizada y bloqueada, tanto para salir como para acceder a ella: niños pernoctando en sus colegios, gente alojándose en hoteles (o en instalaciones deportivas, o en hospitales)… la recaraba.

Fuera de Barcelona, las cosas no iban mejor (claro que fuera de Barcelona los centímetros de nieve fueron ya muchos más): miles y miles de coches atrapados en carreteras impracticables, miles de conductores que no podían ni ir ni volver, nuevamente polideportivos sirviendo de improvisada acampada… el descojono.

¿Una tormenta de improviso? No, nada de eso: todos los servicios meteorológicos -con mucha mayor precisión, por cierto, la Agencia Nacional de Meteorología que el MeteoCat- avisaron de que iba a pasar esto con 72 horas de antelación.

La noche antes, los meteorólogos televisivos decían que pocas veces se daba una unanimidad tan exacta entre todos los modelos matemáticos de predicción, es decir, que lo que iba a pasar estaba cantado. Pero bien cantado, más allá de toda duda.

¿Y los políticos? ¿Y los gestores de la atención a emergencias? Pues en bragas. Ni más ni menos. Nadie indicó a las empresas que liberaran a sus trabajadores con tiempo para evitar verse pillados por el temporal (ni las propias administraciones públicas lo hicieron), nadie cerró los colegios, nadie preparó medidas de tráfico extraordinarias (con lo que las rondas quedaron colapsadas ipso facto y durante muchísimas horas)… nadie hizo nada, salvo a toro pasado. Y aún lo que se hizo, se hizo mal: descoordinación, desconcierto…

Luego lo de las infraestructuras, que es un cachondeo, para qué decir más. Y no vamos a echarle las culpas al Gobierno central, no. Las culpas las tiene el Gobierno de aquí, que después de la que liaron hace dos años y medio ENDESA y Red Eléctrica, les dieron el viático con una multita inferior a lo que se gasta en puros en un mes el consejo de administración y, claro, a las compañías estas no hay que andarles con multitas, hay que hacerles pagar gusto y ganas, obligarles a pagar daños y perjuicios tasados con muy holgada suficiencia y encima un multón de los que les frenen en seco el incremento de los beneficios. Pero nada, como ya sabemos para quién trabajan en realidad los políticos, ya sabemos también lo que hubo: la multita de mierda.

Como consecuencia de tan relajado trato, la han vuelto a armar y, en estos momentos, pasadas más de cuarenta y ocho horas desde la tormenta, aún hay treinta mil abonados, o sea, más de cien mil ciudadanos en diversos pueblos de la Costa Brava sin electricidad (y con el relente que está haciendo…). Y aún FECSA-ENDESA tiene el morro de aprovechar para arrimar el ascua a su sardina diciendo que con la MAT (la conducción eléctrica de muy alta tensión, que ha levantado una oposición tremenda por su impacto ecológico) esto no habría pasado.

Y que vayan montando referendums, que vayan…

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Bueno, pues hasta aquí hemos llegado. A duras penas, pero hemos llegado. ¿Qué tal estará la paella como desayuno? Pues depende, imagino: si uno ha estado conduciendo toda la noche con sólo un bocadillo de atún encima, un buen plato de arroz igual le sienta de maravilla. En todo caso, chicos, es lo que hay.

¿Y la semana que viene? La semana que viene estaré el jueves en Asturias, donde acabaré de atar junto con Víctor Domingo una cosita que… ya veréis, ya. Por tanto, no puedo asegurar la paella.

Voy a intentarlo. A ver si la saco el miércoles o -posibilidad muy remota- hago como esta semana, que dejo el guión listo y la remato en una horita el jueves por la noche, en el hotel. Pero no puedo aseguraros nada.

De todos modos, id viniendo, que igual os cuento algo 😉

Y, por lo demás, aquí seguirá «El Incordio» dando caña. Como siempre.

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Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 13/03/2010 at .

    Te dejo un detalle sin importancia. El conseguidor mayor del más muchimillonario de los muchimillonarios de la lista Forbes es un tal Felipe González Márquez, que dicen por aquí que estuvo en el cargo de Presidente del Gobierno del Reino de España unos añitos varios. Tan cerca y tan lejos…..

    Esteeeeeeee…. ¿cómo te quedó el cuerpo?

  • pululante  On 14/03/2010 at .

    Sobre los ricos, tengo la teoría de que cuantos más ricos mejor. Es decir, hay mucha más prosperidad en EE.UU. o Japón donde hay muchos millonarios, que en México donde sólo hay unos pocos millonarios (que acaparan toda la riqueza).

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