Una semana espesa

«El Incordio» ha estado bastante callado esta semana que cerramos hoy, domingo (aunque estas líneas ya verán la luz en lunes). Algo previsible y previsto cuando ya hace dos avisé de que la paella del jueves pasado estaba bastante comprometida por un viaje a Asturias. Pero, claro, el viaje no ha sido toda la cuestión sino sus prolegómenos.

Cuando uno está en un proyecto -que puede salir o no salir, cristalizar o no cristalizar, llevarse a cabo o no- hay que ser discreto para no generar expectativas. La discreción me interesaba tanto más en este caso en cuanto había en él una cierta implicación personal por mi parte. Ahora ya se ha hecho público y puede decirse: la Asociación de Internautas ha convocado el II Encuentro Nacional de Internautas (ENI) en… Langreo (Asturias), es decir, en mi tierra materna (Barcelona, Catalunya, es la paterna, además de la propia). Llevaba detrás de esto desde el mes de agosto, aunque la génesis del asunto se remonta a mucho antes, desde que me asocié hace un par de años a Langreanos en el Mundo y su presidente, Florentino Martínez, en cuanto se enteró de mi vinculación a la Junta de la AI, me pidió la organización de algún acto de la Asociación en Langreo, petición ante la que no cejó hasta que la obtuvo. Mucho ojo con la voluntad de hierro de Florentino, un hombre cuya biografía es un incesante escalar montañas sin otro objeto que el de atisbar cimas aún más altas que ascender. Claro que contó con mi modesta complicidad desde el primer momento, porque a mí también me cautivó la idea de llevar a una tierra que siempre he querido, a la que siempre he estado vinculado y a la que, en definitiva, considero como mía no en menor medida que Catalunya, un evento del que pueden derivarse beneficios, espero que muchos, ojalá.

Iré hablando -y mucho- de este ENI (que se celebrará justo dentro de un mes, los días 21, 22 y 23 de abril), sobre todo, ya digo, por esa implicación personal.

Pero en esta semana y en estos días de trabajo duro en Asturias, han ido sucediendo otras cosas. Algunas, de interés general; otras, anécdotas quizá particulares, pero de las que siempre puede sacarse alguna conclusión erga omnes.

La aerocochiquera nacional

Si no fuera porque lo he dicho ya aquí muchas veces, supongo que sorprendería que un enamorado de la aeronáutica como yo odie la idea de tener que ir en avión a algún sitio. Pero es cierto: odio los aeropuertos como posiblemente ninguna otra edificación civil y ese odio se ha incrementado por el hecho de esas medidas de [falsa] seguridad arbitrarias, inútiles, humillantes y de total desprecio al ciudadano; y odio los aeropuertos, sobre todo desde que los de Barcelona los hace el Bofill un individuo al que alguien, algún día, llamó «arquitecto» y el tío se lo creyó. Lo que ha hecho en la T-1 es de pelotón de ejecución, aunque supongo que la endocrinología le levantará un monumento, porque quien vuele desde/a Barcelona siquiera una vez por semana, difícilmente padecerá diabetes, colesterol o triglicéridos, ya que las carreras pedestres a que obliga ese diseño demencial en forma de espada larga e inacabable, suponen un jogging forzoso que impide sufrir tales enfermedades, aunque el diseño no será, imagino, nada bueno para la hipertensión, dado el cabreo que se pilla cuando se discurre por esa mierda de sitio. Mierda de sitio que al parecer -no me he visto aún en esa tesitura- es especialmente torturante para quienes van a esperarte al aeropuerto, que se encuentran en un vestíbulo gélido y sin equipamientos, porque éstos están todos al otro lado, en la restringidísima zona de embarque, tras la vejación de los seguratas. En el otro lado sí, parece la cosa un centro comercial en el que abundan todo tipo de pijerías innecesarias, pero donde sólo hay una (1) minúscula librería (hasta la del aeropuerto de Asturias es más grande y más surtida que la de la porquería esa de terminal barcelonesa de Bofill).

Lo de los aviones es otra cosa que no tiene nombre. En primer lugar, gracias a la cosa esa de los fingers, el embarque se realiza por una sola puerta en vez de aprovechar las dos que suele tener un avión, con lo que, además de durar veinte minutos (y eso cuando va rápido) se monta un zafarrancho que me recuerda a los primeros minutos de mi llegada al centro de instrucción de reclutas cuando fui a hacer la mili. Primero, las familias y los impedidos (bueno); después, los que han pagado la tarifa «dúo» (o cosa parecida) que es una tarifa que cobra Cutring, ay, perdón, Vueling, si te sientas en la zona delantera del avión donde en los asientos de tres filas sólo meten a dos pasajeros; a continuación, los de las filas quince hasta el final y después los de las filas anteriores a la quince. Como, además, las compañías aéreas tienen la pintoresca costumbre de considerar equipaje de mano unos bultos así de gordos, los compartimentos de cabina van abarrotados y más en estas épocas que al bulto hay que añadir el correspondiente al abrigo.

A continuación, hay que lidiar con un problema que para mí no deja de serlo, pero es menor gracias a que soy bajito y paticorto: la distancia que hay entre asientos. Mi metro sesenta y nueve de estatura me permite soportarlo sin excesivo sufrimiento, pero aún recuerdo el vuelo que pasó Carlos Sánchez-Almeida, un tío que es así de alto, regresando de Tenerife en noviembre pasado, pese a que accedimos a aforar -otra humillación y otra indignidad repugnante- los nada menos que diecisiete euros que cobra Cutring por el privilegio de ocupar las plazas de la salida de emergencia, que tienen veinte o veinticinco centímetros más de distancia (y de las que puedes ser desposeído sin más por la tripulación si entiende que por tu complexión física o por no hablar español o inglés no eres apto para abrir las portecillas de evacuación en caso necesario).

En mi vuelo de regreso de este viaje, embarcamos en un avión que acababa de aterrizar y cuando salimos por el puto finger en Barcelona, ya había cola para embarcar de nuevo, casi nada, tres vuelos (por lo menos) sin que la tripulación levantara prácticamente el culo del asiento. Por cierto, que el avión olía a pies que erizaba el pelo del cogote. Así es Cutring.

¿Qué por qué vuelo con estas compañías tan nefastas? En primer lugar porque uno tiene unos horarios y no siempre el que conviene está servido por una compañía medio decente (enteramente decente, hoy día, no hay ni una); en segundo lugar porque luego está otra gracia: uno compra un billete a Iberia y luego se encuentra con que el vuelo está operado por Cutring, o sea que la has cagado igual.

Desde que está el AVE no sé lo que es ir a Madrid en la mierda de avión. A dónde vas a parar. En el AVE pasas un control de segurdad razonable (el equipaje pasa por rayos X) y ni siquiera acusan recibo de mi navajita multiusos (esa que en El Escorial hizo que una segurata gritara «¡Tiene una navaja!» en el mismo tono en que hubiera podido exclamar «¡Tiene una ametralladora del 12,70!» y que al aeropuerto no llevo ni loco para que no me echen encima a los GEOs); puedes llegar hasta cinco minutos antes de la salida del tren, no como en el aeropuerto que, además de ubicarse donde Cristo perdió el gorro, te recomiendan que estés una hora antes del embarque, embarque al que llaman cuarenta minutos antes del vuelo propiamente dicho. Luego te sientas como un señor (incluso en clase turista) y en tres agradables horitas de música, o de trabajo con el ordenador, o de leer un libro, un periódico o una revista (las películas no las recomiendo porque suelen ser nefastas: afortunadamente, no son obligatorias, aunque con el billete pagas igualmente el canon de la $GAE) y en menos de tres horitas, en Atocha, al ladito del Retiro y del Museo del Prado y a veinte o treinta minutos de agradable paseo de la Puerta del Sol.

Lástima que ese AVE señorial que tanto nos recuerda a los cincuentones a aquella aeronáutica civil elegante y glamurosa que ya se ha perdido en el olvido, se parecerá a Cutring como un hermano gemelo en cuanto liberalicen el ferrocarril de alta velocidad y entre en él el mil veces maldito low cost. Disfrutemos el presente ahora que podemos, porque el futuro pinta negro, guarro y con olor a pies.

Los acróbatas esos de las escuelas de negocios han convertido la aeronáutica en una pocilga y, si se les deja (y se les dejará), harán lo propio con el tren.

Eso sí: nos lo tenemos bien merecido.

La LES

Han aprobado la LES. Bueno, no en puridad. El Gobierno ha aprobado el anteproyecto, de modo que éste se convierte ahora en proyecto de Ley. Queda por delante el debate parlamentario con el que está por ver si nos vamos a divertir un rato o vamos más bien a llorar. En realidad, lo que va a pasar va a ser a piñón fijo, con lo que lo de reir o llorar va a ir según uno se lo tome.

Ya se entiende que me estoy refiriendo a la dichosa disposición adicional que establece la censura en Internet. Lo que me recuerda, por cierto, que tengo que ir a casa de mis padres a ver si encuentro los libros de FEN de mis años mozos, que igual vuelven a ser útiles para mis hijas, ahora que la cosa vuelve a oler a viejos tiempos.

Lo que va a pasar en el debate parlamentario es que apenas se va a hablar de la disposición adicional. La sacará a colación -quizá- IU-IC-EV y no sé qué más, y no le harán ni puto caso. Si la disposición adicional de nuestros dolores es objeto de debate parlamentario lo será solamente por que el PP querrá ver si hostiga al Gobierno, pero me da a mí que esos, a poco que encuentren otro punto de hostigamiento, van a pasar también del asunto. Ya hemos visto cómo el Gobierno la ha aprobado en medio de un puente (San José es fiesta en media España y, entre ella, en Madrid), sin hacer la menor mención del asunto en la rueda de prensa correspondiente y la [dicen que] oposición no ha dicho esta boca es mía.

Ya lo he dicho muchas veces: los ciudadanos estamos absolutamente solos en esto. En esto y en otras muchas cosas, claro está. Si ha de ser la tropa esta parlamentaria la que nos saque las castañas del fuego, podemos dar las castañas por calcinadas (y encima nos dirán que como están buenas es así, bien carbonizaditas; si es que no tienen vergüenza).

Poco más hay que decir sobre este asunto que no se haya dicho ya. Yo me limito a insistir en que esto -como todo- está en nuestras manos. Si nos da la gana, la gana de verdad, podemos parar esto en seco con menos esfuerzo que pestañear; si nos empeñamos en comportarnos colectivamente como gilipollas -lo cual es de temer- nos la meterán bien dobladita. Y no estoy hablando de elecciones. Al final, si nos traicionan todos, absolutamente todos, si todos están vendidos a las multinacionales, a la farándula… ¿qué más da votar a estos o a aquellos? Tenemos que responder con actitudes, con comportamientos, con nuestros hábitos de consumo. Tenemos que elegir una cabeza de turco -aunque no tenga que ver con el problema, da igual, lo que importa es el mensaje- y hacer que pague por todos, meterles el terror por la vía de las cuenta de resultados, que es su flanco débil. Es un camino fácil, es un camino legal, es un camino que representa poco sacrificio, poco esfuerzo… y que puede dar grandes resultados.

Si, en cambio, vamos de sobrados, como solemos (eso de los boicots, de las huelgas… ¡bah! Cosas de pringados y de cutres).. pues eso: tendremos, ni más ni menos, que lo que nos merecemos.

Como siempre. No me cansaré de decirlo. Si podemos tomar el control y ejercerlo férreamente y no lo hacemos es, sencillamente, que somos gilipollas.

Y los gilipollas se merecen todo lo que les pase.

——————–

Bueno, pues veremos cómo ruedan las cosas esta semana. Ya os podéis imaginar qué mes me espera, porque en el asunto del ENI soy el resposable (coordinador, que se dice) de la organización y hay muchísima tela que cortar. Es posible que «El Incordio» siga un poco de capa caída, aunque voy a intentar que se note cuento menos mejor.

A ver si lo logro.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • lamastelle-malapersona  On 22/03/2010 at .

    Algo me oli yo cuando lei donde se celebraria. Por cierto, no veo las tarifas en la pagina web a la que enlaza la AI.

    Y otra cosa, soy pobre y ademas viejecito, asi que el carnet joven ya no me vale…¿Haceis descuento a los que tienen el carnet de la sgae?;-)

  • pululante  On 22/03/2010 at .

    Buenas noticias. Ya que me queda muy cerca y no tendré que sufrir el despojo de mis derechos por vía aérea, a ver si me acerco al evento.

A %d blogueros les gusta esto: