Bomberos, diagonales y curas

De la serie: Los jueves, paella

De cráneo me trae este II ENI que ya está en cuenta atrás. La organización de esto me recuerda a mis tiempos de dirigente juvenil, cuando un campamento que se debía realizar en junio o julio empezaba a prepararse en febrero; era un mareo constante, una cantidad de trabajo que, para que no pareciera desproporcionada, habías de recordar que, en el momento de la ejecución de la actividad, tendrías en tus manos el pellejo de un centenar de críos y chavales. Afortunadamente, nunca me ocurrió nada digno de mención, pero hay algunos que podrían explicar que eso del pellejo no es una exageración. Lo cierto es que, si el equipo dirigente preparaba bien el campamento, realizar este casi no era trabajo. Bien, sí, lo era en el sentido físico: se levantaba uno muy pronto -media hora antes que los animalitos- y se acostaba pasada la medianoche, tras dejar a las bestezuelas en un estado de orden razonable y celebrar la reunión de evaluación y el repaso del proyecto de la jornada siguiente. En otras palabras: nos levantábamos a las seis o seis y media de la mañana y nos acostábamos a la una de la madrugada; y entre ambas horas, íbamos a la carrera todo el puto día. Pero era un cansancio físico, no había agobio ni estrés, porque todo había sido calculado a la perfección y habíamos planificado alternativas para cada posible alteración de las previsiones (resulta que en las cosas estas de los campamentos hay días que llueve, el autocar de la magna excusión decide averiarse a mitad de camino, el museo o el equipamiento cuyos horarios habían sido estudiados escrupulosamente resulta que están en obras de reforma porque al alcalde le llegó una subvención para acometerlas con la que no contaba, y etcétera, etcétera, etcétera).

Ahora me siento igual que entonces. Estoy -estamos en la AI- trabajando como verdaderos burros para que ese acontecimiento sea un verdadero éxito. Y lo será. Y en los tres días en que va a estar en marcha, veremos cuántas horas duermo, pero esas pocas horas que dormiré, las dormiré tranquilo y profundamente, como en aquellos campamentos de hace… Bueno, de hace mucho. MIentras tanto, otras cosas pagan el pato. «El Incordio» es una de ellas.

¡Pero! Milagro. En medio de todo este jaleo, de este tipo de jaleos en los que lo primero que se cae es la paella, pues, toma, hoy hay paella.

Así que anudaos las servilletas, sentaos a la mesa y alguno que vaya escanciando el vino, que vamos a servir a la voz de ya.

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Una de las cosas que trajo cola la semana pasada y parte de esta fue la metedura de pata de confundir a cinco probos bomberos catalanes con otros tantos etarras. Y, bueno, la confusión, lo que es la confusión en sí, puede explicarse; estas cosas pasan, se cometen errores y la policía francesa no está acostumbrada a que le maten a su gente. Además, parece que uno de los cabrones previamente detenidos -ahora hablo de un etarra de verdad, aunque últimamente lo sean un poco de pega- dio el tocomocho a la pasma franchute y los despistó con la filmación del híper. Qué se le va a hacer. Repito que estas cosas pasan.

Lo que no puede pasar es la incompetencia, la gilipollez, el sectarismo y el amateurismo (en el peor sentido de la palabra) de nuestros medios de comunicación.

A mí ya me enervó las almorranas la noticia oída en Radio Nacional, según la cual un gendarme francés fue asesinado por miembros de un comando etarra en el curso de un tiroteo. Oiga usted -pensé yo- si fue en el curso de un tiroteo, quizá la palabra asesinato es inapropiada. El asesinato propiamente dicho tiene una morfología que no casa con su realización en el curso de un tiroteo en el que todo el mundo se dedica a vaciar cargadores a diestro y siniestro. Y con esto no justifico ni minimizo el homicidio -ahora utilizo la palabra correcta- cometido sobre el pobre gendarme y todo mi deseo es que al cabrón que lo mató le caiga encima todo el peso de la ley, bien caído, ya que esta civilización por la que hemos optado las sociedades decentes nos impide patearle los huevos al hijo de puta hasta el completo desgaste de la puntera de la bota. Pero hay que calificar los hechos correctamente.

En un principio pensé que se trataba de una boutade de Lucas, que se dedica a cogérsela con papel de fumar todas las mañanas laborables a beneficio del evangelio de esta triste y cutre tardodemocracia, pero resultó que no, que toda la prensa se produjo en parecidos términos y utilizando la misma impropia palabra.

Yo no sé por qué, pero la propaganda propia -la que se viene a las mías, como si dijésemos- me da más asco que la del enemigo. No sé, contemplo la propaganda del enemigo con una cierta comprensión, como compadeciéndome de que el pobre saco de mierda no pueda hacer otra cosa que decir imbecilidades porque los míos -los buenos, of course– lo tienen pillado por los mismísimos. Quizá ese sentimiento de superioridad -la moral, desde luego- me hace rechazar la propaganda propia por innecesaria; sobre todo cuando es de corte tan burdo, tan chabacano y tan subnormal como la que nos ocupa.

Lo de los bomberos fue tan disculpable de cara a las autoridades francesas como intolerable de cara al plumiferismo español. Daba vergüenza leer -antes de que se rompiera la olla- lo que decían ciertos rotativos caracterizados por su sectarismo; y daba hasta risa ver los comentarios de ciertos locutores de televisión retorciendo su lamentable imaginación para llevar unos gestos absolutamente normales de señores normales que están en un supermercado normal a la escenificación de las intenciones más abyectas. Mira, mira cómo señala a su izquierda ese de allá: a saber qué estará tramando.

Patético, vergonzoso y cochambroso.

Después montan fastuosos congresos, como uno de la semana pasada, en el que se dedicaron a cortar en finas rodajitas -como diría Tom Wolfe- lo que es periodismo y lo que no y se masturbaron las meninges para distinguir el periodismo del periodismo ciudadano y ambos a su vez del mero testimonio ciudadano. Jódete patrón. Estos, en su desesperación porque esto se hunde, rizan el rizo de la escolástica más estúpida tratando de averiguar si Cristo se fue de la última cena sin pagar y si, en este caso, hubiera muerto en pecado por tal causa y si, llegado el caso, sería o no teológicamente posible que Cristo hubiera muerto en pecado. Mientras tanto, delante de sus narices, todos los media españoles, como un solo hombre, descojonan de risa al respetable, menos a algunos que nos paramos a pensar un poco, los cuales, como premio a la reflexión, experimentamos una náusea incontrolable.

Si este es vuestro periodismo profesional, yo, queridos, un pobre e insignificante apenas más que testigo ciudadano (a vuestro decir), me cago y me meo en los presuntos fastos de vuestra profesión, otrora honorable y digna y hoy pasto de arribistas, escritorzuelos baratos, pisacharcos malolientes, cagapalanganas, becarios analfabetos, editores cutres y goebbelillos de mercadillo de saldos.

Id haciendo congresos, id…

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La próxima movida que tenemos en Barcelona -si nada inesperado nos sorprende antes- es el referendum diagonalicio, el penúltimo numerito de la megalomanía municipal. Que nada, que al Hereu se le ha metido entre sus exiguas cejas que el tranvía una las dos principales plazas que delimitan parte de la avenida (la de Francesc Macià y la de las Glòries) y va a formarse un cipostio que para qué te cuento.

Cipostio inmediato: las obras van a durar entre tres y (agarrarse) seis años, según previsiones del achuntamén, lo cual hace prever entre ocho y diez años de tormento, que conocemos el paño. Y cipostio perpetuo, a divinis: todo el tráfico que ya para los restos no podrá emplear la Diagonal (que es muchísimo porque, pese a las Rondas, aún es una vía muy rápida para salir de Barcelona o penetrar hasta casi su propio centro) se va a canalizar (desparramar, más bien diría yo) por el Eixample, con lo que van a acabar de joderlo del todo. Y ojo, que yo soy partidario de limitar el tráfico rodado radicalmente, pero, ojo: en toda la ciudad. Si lo único que hacemos es pasarlo simplemente de un lugar a otro, no estamos solucionando nada y muy probablemente lo estamos empeorando más aún. Si para tener una Diagonal arregladita reventamos el Eixample, ya me dirás tú qué gracia y qué hemos ganado (sobre todo, los vecinos del Eixample).

Hay una solución, que consiste en votar la tercera opción que logró imponer CiU: que no se toque la Diagonal, que se quede como está, igual que en la tradicional oración a la virgensita. Y es que es igual que el chiste: virgensita, virgensita, que me quede como estoy. Ese será, desde luego, mi voto. Pero no cabe albergar esperanzas: la única cosa que aún sabe hacer bien el achuntamén (y ya van quedando pocas) es vender motos a los barceloneses y éstos, aparte de ponerse en calzoncillos cuando se les manda, suelen entusiasmarse con propuestas de espacios verdes (que después acaban siendo duro y gris hormigón), mucho transporte público (que después no utiliza nadie porque acaba funcionando como el culo) y mucha ecología, mucha sostenibilidad y mucha polla en vinagre. Pero cuela, ya ves. Y no sé qué día o días de mayo, cuatro gatos iremos a votar para que no se toque la Diagonal mientras la inmensa mayoría de los votantes (porque la abstención va a ser otra) vota a cualquiera de las dos posibilidades de destrozo.

Y esa va a ser gorda.

La única posibilidad de salvación está en que, en las próximas elecciones, el PSC reviente de una puñetera vez y, como el referendum no va a ser vinculante (Hereu ya se curó en salud por si las moscas), todo el proyecto lo archive en la «P» la nueva admnistración y el asunto se quede en un susto y la Diagonal como está. No es una posibilidad descabellada, pero para eso hace falta, primeramente, poner a Hereu y a su peña de patitas en la puta rue.

No obstante, el lapso que va entre el referendum y el acceso de Hereu a la jubilación (y eso está por ver) va a ser de una incertidumbre pavorosa.

Aliviada únicamente por la visita del Papa. Sí, hijos míos, el Papa, por primera vez en la vida, va a hacerme salir a la calle. Voy a ver si consigo una buena posición para lo que podría ser un buen pelotazo. Imaginaos que, cuando está consagrando la Sagrada Família, ésta se hunde. Apocalíptico ¿verdad? Todo el tinglado abajo y el Papa debajo de los escombros de casi un centenar de años de obra gaudiniana (o más o menos). Pues allí estaré yo para fotografiarlo, ya lo creo. Ya sé que las posiblidades son escasísimas, pero en eso consiste una inversión de riesgo: en tener muy pocas posibilidades de ganar pero en forrarte si la aciertas.

Y luego, una vez en casa, un vasito del amigo Jack y hala, a contemplar cómo la sangre de horchata que circula por nuestras venas se limita a contemplar el espectáculo sin que el hundimiento de una obra que, guste o no, se ha hecho símbolo del tesón de un pueblo, provoque apenas nada más que un par de airados editoriales escritos por los mismos que describo en la entradilla de arriba.

Igual no dimitía ni el alcalde, fíjate tú.

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Anda también la cosa revuelta con lo de los curas pederastas, qué barbaridad. Ahora están también como con lo de la memoria histórica, removiendo fosas comunes ya olvidadas incluso, en este caso, por los propios muertos. Muchos de ellos habrán encontrado ahora legítima satisfacción a su necesidad de vindicación, pero estoy seguro de que no pocos, a su vez, habrán revivido recuerdos y traumas ya superados, olvidados y encerrados, y habrán vuelto a sufrir el dolor de antaño ahora renovado.

Realmente, el escándalo es mayúsculo, y no es para menos. Y no tanto por el hecho intrínseco de los curas pederastas; pederastas, los hay en todos los colectivos. Y pongo en duda también todas esas interpretaciones -que me suenan interesadas- de que todo esto pasa por el celibato, por la homofobia y por no sé qué cagarela más. Qué manía con insistir en que se casen los curas, qué barbaridad. Al final, uno se hace cura porque quiere y ya sabe qué gajes trae consigo el oficio. Por lo demás, todo eso del celibato son tonterías porque entre los pederastas de otras profesiones o sectores sociales hay señores perfectísimamente casados -a veces, incluso con señoras espectaculares- y, viéndolos, se diría que van perfectamente follados. Esto de la pederastía es o una enfermedad mental o una desviación o una tara del comportamiento, o algo así; algo que tiene más de psiquiátrico que de necesidad fisiológica. Y no se interprete ello como disculpa alguna, no; a mí esto de andar sobando niños me da como bastante asquito (el sobarlos y el sobador) y no acaba de parecerme mal que en el trullo no haya que quitarles la vista de encima para evitar que les pase cualquier cosa, que hay delitos que allá dentro están muy mal vistos.

Con todo, lo más grave, lo verdaderamente imperdonable -y esto sí afecta de lleno a la jerarquía católica desde su mismísima cúspide- es la ocultación sistemática, el echarle tierra encima, el encubrimiento de los culpables. Ocultación y encubrimiento que, en la mayoría de los casos, han supuesto un dolor adicional -y probablemente nada liviano- para las víctimas, porque encima de haber sido víctimas de los abusos, a continuación se han visto objeto de chantaje, de extorsión. Encima, mejor será que te calles porque, si no, te va a ir peor. Y de esto sí que son culpables todos, desde el Papa hasta el último obispilo provinciano; en distintos grados, pero todos han sabido y todos han mirado para otro lado, que ahí hay pocos que se salven. Incluso ahora mismo, hay prelados españoles que están clamando, los muy falsarios, quejándose de que esto no es más que una campaña de acoso, de maledicencia y de falsedad. Hay que ver lo mal que les sienta a estos cuando se les acaba la protección oficial. Claro que también hay que decir que la protección oficial, aquí, treinta y pico años después de la espicha del gallego, llega casi hasta las últimas: constatemos que no es en España donde se ha destapado el escándalo y tengamos por seguro que aquí hay mucha, pero que muchísima más mierda enterrada de la que ha aflorado. Que ha aflorado poquísima.

Seguirá durante mucho tiempo oyéndose hablar de esto y la iglesia católica va a salir muy escaldada de este asunto. Pero la culpa es de ellos: no tanto de los que abusaron (estos tienen la suya propia y que pringuen por ella) como de los que callaron.

Como en todo.

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Bueno, pues ahí os sirvo -de merienda, en esta ocasión- el arroz nuestro de cada semana.

El próximo jueves, 1 de abril, será Jueves Santo -hablando de Roma, el Papa se asoma-, pero como en Catalunya es laborable, aún no me habré ido (del viernes al domingo sí, me largo y me desconecto) de modo que previsiblemente habrá paella (si la cosa no se estropea por otro lado).

Aquí voy a intentar seguir como pueda y ya llegará mayo con sus flores (y con su declaración IRPF).

Un saludo a todos.

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Comentarios

  • Ryouga  On 28/03/2010 at .

    Hombre no es justificable decir que el celibato provoca desviaciones sexuales ,pero lo que esta claro es que la sexualidad es una fuerza muy importante en los humanos y como todos los instintos o la liberas de vez en cuando o puede reventar cuando menos lo esperas.Del mismo modo que un animal depredador por mucho que lo alimentes acabara fingiendo que caza ,nuestra sexualidad necesita ser liberada.

    Que claro se puede hacer de muchas maneras ,conozco algun caso de un parroco que se metia unos kilometros en coche para ir a comprar pornografia a otro pueblo, pero vamos que yo desconfiaria de la salud mental de una persona que intenta abstenerse de un instinto basico de nuestra especie.

  • PROTESTAVECINO  On 01/04/2010 at .

    Que no se ofenda el personal:
    Los colectivos, que frecuentaban la estación de Francia y aledaños, en asunto de menores, no eran ni mucho menos, los religiosos-as los más asiduos, y que conste, todas las ciudades tenían-tienen, su particular coto de “caza”.
    Otros colectivos, intercambiaban “genero” de la mas variada procedencia y dependiendo de la rama social, el ofrecimiento variaba desde carne fresca a ofertas graficas variadas.
    En los conventos, sacristías y seminarios, se sabía de las aventuras de algún asaltacunas, pero por razones de “salud”, evitabas el acercamiento a eses personajes y sus protectores.
    Las nuevas tecnologías, facilita a eses depredadores un mundo infinito de posibilidades para adquirir servicios discretos. Poderoso caballero es Don Dinero.
    Teniendo en cuenta, las justificaciones que otras creencias otorgan a menores, no es de extrañar que nos saliera alguna “organización “, que defendiera por ejemplo la cultura romana, griega o mahometana, en lo referente a aprovechamiento de los infantes.

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