Monthly Archives: abril 2010

Sangre, estatut y polvo

De la serie: Los jueves, paella

Sanguinario -lo dice el mismo- el artículo de Pepe Cervera en su «Perogrullo» en el que sugiere que la única esperanza -pequeña, livianza esperanza- que tienen los medios ante lo que supone para ellos Internet es el derramamiento de sangre de redactor jefe. De redactor jefe de los que no se enteran, que parece que abundan.

Cavilo que en el mundo de la empresa habría que hacer lo mismo. Bajaba hoy paseando hacia el trabajo y me andaba planteando si Internet iba a hundir a la poderosísima industria norteamericana del ocio, ya sabéis, Hollywood y todo eso. Y me decía que no. Que del mismo modo que el tinglado -distinto, claro, en su respectiva época- sobrevivió potenciado a aquellos horrores que iban a hundirlo, el fonógrafo, primero, la radio y la televisión, después, y la cassette hace, como quien dice, cuatro días, no morirá con Internet, sino que se verá relanzado por la red tan pronto se integre en la revolución que esta supone. Claro que, como en toda revolución -y siguiendo el muy acertado hilo de Pepe Cervera-, habrá que hacer correr la sangre y las majors verán amanecer cuando sus bobalicones accionistas se despierten y defenestren a los botarates incompetentes que tienen ahora dirigiendo las empresas, cuando sean éstos sustituidos por directivos modernos, nacidos ya en la red y para quienes Cluetrain no sea un motivo de sarcasmo (he visto ese sarcasmo con mis propios ojos) sino algo muy serio, que den un puntapié a los abogados persecutores de piratas y pongan la tabla de surf de su negocio sobre la inmensa ola que está generando esa presunta piratería.

También en las administraciones públicas. Donde yo trabajo, nos han puesto a gestionar expedientes de subvención (cosa para la que no tenemos en absoluto estructura) y contemplo con horror montañas de eso, de expedientes barrigudos y rebosantes de papel y -agarrarse, porque es rigurosamente auténtico- de interventores delegados que los echan para atrás porque en la memoria que exije la normativa de subvención no llevan la firma manuscrita del representante ni el tamponazo -sí, sí, el castañazo sobre el papel con un cuño de goma entintado- con el logo y razón de la empresa. Catalunya 2010: tal como suena. Estoy por pedir a los de salud laboral que me proporcionen una visera y unos manguitos para poder gestionar la cosa con los medios tecnológicos adecuados. ¡Ah! Y la inherente bombilla de 40 watios.

Estoy leyendo el libro de Enrique Dans. No me dice nada nuevo, pero esto no es una crítica negativa, simplemente es que hace muchos años que leo su bitácora y, lógicamente, escribe para un colectivo mucho más amplio que el de sus avisados lectores habituales en red. Ojalá consiga esa atención -parece que sí, que la está consiguiendo- porque, aunque no me diga nada nuevo a mí (y a muchos otros), a mucha otra gente le va a parecer inaudito lo que dice y es necesario que esa gente lea esas cosas inauditas de la pluma de un señor que siempre va de americana y corbata y que es un profesor ilustrísimo de una no menos ilustrísima escuela de negocios. Eso sí: me ha hecho reflexionar. Me ha hecho reflexionar sobre la cantidad de inútiles revestidos de plumas y oropeles que se han quedado en el siglo XX (y no todos en su final), que aún van por el mundo como un oraculón, predicando lo que es y lo que no es, aquellos viejos recuerdascuando, que describía Tom Wolfe, aquellos viejos cabrones amargados -sigo con Wolfe literalmente- que -ahora lo parafraseo- siguen creyendo que en el viejo modelo está la esencia de la cosa, y en cuánta mierda se está tragando tantísima gente gracias a estos genios de la lámpara incapaces de encontrar la puerta de salida del retrete en el que están cagando.

Puestos a parafrasear, vamos a tener miras bien altas y acudir a Shakespeare: «Gritarás ¡innovación! y pedirás que te la escriban a máquina».

Deprimente. Sencillamente deprimente.

——————–

Creo que ya he hablado de eso (hace tantos días que no cocinaba que ya no recuerdo si un determinado ingrediente formó o no parte de una paella en un momento dado). Pero aunque haya hablado de ello, el tema requiere insistencia, al menos por la insistencia mediática sobre el mismo. Me refiero al sainete que está protagonizando el Tribunal Constitucional con el tema del estatut de Catalunya.

Hoy, su presidenta clamaba por lo que ella ve -o dice ver- como una especie de linchamiento o algo así, me ha parecido entender. Y yo alucino. ¿Cómo puede esta señora tener el valor de salir a la palestra y quejarse de que el organismo que ella preside -con más que dudosa eficacia, por cierto- sea la rechifla de este país? ¿Es consciente esa señora de que cualquiera que sea el sentido de la sentencia -que ya no importa en absoluto, para el caso- el prestigio del Tribunal Constitucional puede pagarse con calderilla, que ha quedado a la perfecta altura del betún? ¿Es consciente su señoría de que la sentencia que dicte su ínclito colectivo va a ser simplemente obedecida por fuerza e imperio de las metralletas de la Guardia Civil -que es la razón última de todo derecho, que se dejen de historias- pero que no va a ser -ni por unos ni por otros, ni por tirios ni por troyanos- respetada ni acatada y que sí, en cambio, va a ser objeto de mofa y de vilipendio? ¿Cómo se atreve, en estas condiciones, a exigir respeto y trato serio para esa corporación caduca -y en muchos de sus miembros, caducada- y mediatizada por todos los partidos políticos?

Este estatut fue un despropósito desde su mismo principio. No sé quien dictó la urgente imperiosidad de su existencia, de la reforma del anterior; Maragall dio la cara, pero a saber quién lo apretaría: hay sospechosos. Lo que sí es cierto (y lo sabe todo el que salga a la calle cada día) es que la reforma estatutaria estaba muy, muy, pero que muy lejos de ser una necesidad sentida (mucho menos aún proclamada y exigida) por los ciudadanos de Catalunya, para los que el anterior aún tenía cuerda. Había, sí, una necesidad de mejora de la financiación catalana, pero para llegar a ella no hacía falta una reforma estatutaria; de hecho, la financiación actual -buena o mala, eso ya lo hablaremos otro día- se consagra en una ley que no se verá afectada por la suerte del estatut.

Siguió siendo un despropósito su tramitación: su innecesaria reivindicación nacionalista, su absurdo tijeretazo en Madrid a cargo de Guerra (pero después de que Zap, mintiendo descaradamente de nuevo, asegurara que apoyaría el estatut que saliera del Parlamento catalán).

Continuó el despropósito con un referendum en el que se abstuvo prácticamente la mitad del censo (pero que formalmente fue válido, claro).

Se prolongó el despropósito con una impugnación constitucional por parte de un PP que estaba votando -en otras regiones- a favor de normas estatutarias calcadas casi literalmente (o sin el casi) del estatuto catalán (y específicamente impugnadas en el recurso).

Y se eternizó el despropósito con el numerito de circo del Tribunal Constitucional que ha perdido para siempre el respeto de los españoles y que no lo recuperará -y aún así lo hará con gran trabajo- hasta que el nombramiento de sus jueces venga de la meritocracia profesional y no del pasteleo de los partidos y de sus repartos de poltronas.

¿Y ahora, qué?

Ahora los partidos catalanes que cometieron el despropósito convocarán grandes manifestaciones (ya veremos cuánto de grandes) para enjuagar a grito pelado la ofensa a la patria irredenta; una ofensa a la que no se hubiese llegado si ellos mismos no se hubiesen puesto a hacer el gilipollas. Sin embargo, sus lágrimas de cocodrilo sí que podrían lograr esta vez que la población se movilizase. Pero que no se engañe nadie: la población no se movilizaría por un estatut que jamás le ha importado una mierda, sino por la tomadura de pelo a que hemos sido sometidos entre políticos, parlamentos y tribunales presuntamente constitucionales. No por el huebo sino por por el fuero.

Si montan grandes movilizaciones, que piensen los politicastros -y que lo tengan muy claro- que la gente no acudirá por hacerles el caldo gordo sino para quejarse de un agravio del que ellos mismos son partícipes de primera fila.

En lo demás, está más que claro que en la Asociación de Internautas hemos hecho santamente pasando de Tribunal Constitucional y yendo directamente al Tribunal de la Unión Europea en el asunto «Putasgae». Cualquiera se fía de estos de aquí.

Quod erat demostrandum.

——————–

El domingo 18, sufrí mi parte alícuota de contrariedad aérea: tenía que embarcar hacia Asturias a las 16:15 pero los aeropuertos -los dos: el de salida, Barcelona, y el de llegada, Asturias- fueron cerrados y mi vuelo, obviamente, cancelado. Pude salvar los muebles -no la cartera de la AI- haciéndome con un billete de tren a uña de caballo, aunque en «Gran Clase», que eran los únicos que quedaban (quizá el único, porque cinco minutos después, el tren estaba completo). En la AI nunca estuvo el horno para tan suntuosos bollos, pero una urgencia es una urgencia. Por otra parte, también lo digo: esto de la «Gran Clase» está muy bien -teóricamente: los compartimentos son absolutamente angostos, claustrofóbicos y deprimentes- pero no sirve de gran cosa cuando el tendido es una perfecta mierda que hace que estés en la cama como metido en una coctelera. Total: una noche toledana dando tumbos, sin poder pegar ojo. Quizá gracias a no pegar ojo pude librarme de dar con mis dientes en el suelo como consecuencia de una frenada que no me tiró de la cama porque pude sujetarme. Llego a estar dormido y me doy el gran hostiazo. La única ventaja es que te puedes duchar; en una ducha más estrecha que el culo de un grillo, pero duchar, que ya es mucho.

Pero quería hablar precisamente de aviones, no de trenes. O sea que la nube volcánica se nos comía crudos, como quien dice, y, de pronto, la nube volcánica como el finado Fernández, que de él nunca más se supo. Me esperaba -me temía- las exageraciones de esa pandilla que nos gobierna: como la nube llegue a Perpiñán -le decía a mi mujer- estos tíos te cierran hasta el aeropuerto de Melilla. Y así fue: ni corto ni perezoso cerraron todo el norte de España al tráfico aeronáutico, comprendidos Logroño y Pamplona; parece -porque no dijeron nada- que Zaragoza se salvó.

Gorda tuvo que ser la bronca de las compañías aéreas -no sólo a nivel español, además- que, de pronto, pasó el peligro. Alguien debió taponar el volcán dichoso porque incluso los medios de comunicación dejaron de hablar del tema de forma súbita y con ya nada sorprendente unanimidad.

¿Otro síndrome de la gripe tocina? Ya podría ser. Lo que pasa es que mientras que con lo de la gripe tocina vimos venir claramente el negociazo que la OMS propició a beneficio de la industria farmacéutica (grandes cestas de Navidad -entre otras cosas ricas- debieron llegar a casa de unos cuantos en su momento), no alcanzo a ver qué beneficio pudo reportar la pazguatez más grande de la historia aeronáutica a nadie: ruinoso para las compañías, ruinoso para los usuarios, ruinoso para los aeropuertos… ¿quién se benefició con la estupidez de los políticos europeos? Nadie, aparentemente.

Muchas compañías (Lauda Air, entre ellas) hicieron vuelos de prueba en la mismísima nube y no se detectaron daños en los aviones ni peligro alguno en la navegación. Y a medida que avanzan los días hemos ido sabiendo que a poco más de mil kilómetros de distancia de su origen, la nube no revestía ya peligro alguno.

Ahora, claro está, los perjudicados preparan sus demandas de indemnización. Los daños causados a diversos y muy variados ámbitos de negocio (compañías aéreas, agencias de viajes, cadenas hoteleras, montones y montones de eventos empresariales, espectáculos… hasta el calzoncillismo barcelonés podría reclamar daños y perjuicios por la panadera que le atizaron y cuyas consecuencias acaban de consumarse hace pocos minutos) pueden llegar a valorarse en verdaderas millonadas, que, huelga decirlo, se pagarán a costa del bolsillo de los ciudadanos. Con la que nos está cayendo a todos.

Y es que cuando estos pisacharcos se ponen a velar por nuestra seguridad y por nuestra salud, es cosa de ir sacando el revólver y de morir matando.

Qué barbaridad de gentuza, coño…

——————–

Bueno, pues iba a decir que con esta paella «El Incordio» vuelve nuevamente a la normalidad, pero no lo digo porque cada vez que lo digo se rompe algo, así que déjame tocar madera y tomemos el arroz tal como viene y que no falte.

En su virtud, el próximo jueves paellero será el 5 de mayo -sí, el del mes que nos ha jodido con sus flores- y aquí estaremos -toco madera de nuevo- para expresar ampliamente los cagamentos de ritual.

Que a eso venimos. ¿O no?

Anuncios

ENI en Langreo

El regreso del hijo pródigo

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He estado en la habitación de Víctor Domingo con unos cuantos de los más ilustres bloggers españoles y he visto y oído cosas que ríete tú de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos no se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de preparar la memoria del II ENI Langreo 2010

——————–

El taxi que se lleva al último ponente y a su esposa se aleja hacia las rotondas próximas al Pozo Fondón para emprender el camino hacia el aeropuerto, mientras los miembros de la Asociación de Internautas que han venido a ayudar en el montaje y organización del Encuentro cargan el coche de Joserra hasta los topes con todo el material reutilizable, que es prácticamente todo.

Desde la sobremesa del viernes yo tengo el bajón: el ENI ha sido gloriosamente clausurado y de pronto, tras muchas semanas sin encontrar casi un minuto ni para mí, me quedo como perrito sin amo. Ni siquiera la cena de camaradería de anoche, ya prácticamente familiar, me sube el ánimo, que resiste solamente porque este fin de semana, el sábado y medio domingo, lo pasaré disfrutando de Asturias con mi esposa y un matrimonio de buenos amigos, casi familia (los padrinos de mi hija pequeña) que han aprovechado la ocasión para unas cortas vacaciones.

Nos alejamos hacia Gijón y Tazones pocos minutos antes de que José Ramón Esteban, nuestro vicepresidente, su mujer, Amparo, y Víctor Domingo, emprendan el camino de Valencia vía Madrid. Nos volveremos a ver, salvo nueva ocasión tan grata como imprevisible ahora mismo, dentro de un par de meses, más o menos, en la asamblea anual de la Asociación.

Pero el ENI ya es historia.

——————–

Seis meses de muchísimo trabajo, muy intenso, más otros tres meses previos deshojando la margarita. El último mes (mes largo: desde mediados de marzo hasta prácticamente ayer mismo) ha sido especialmente intenso. Duro, muy duro, diría, si no fuera porque la ilusión tremenda con la que hemos llevado la organización de este II Encuentro Nacional de Internautas paliaba todo cansancio y rechazaba, arrojándolo lejos todo embate de desaliento. Y en lo que a mí personalmente respecta, figuraos, coordinando todo el proyecto, un proyecto que iba a ejecutarse en mi tierra materna.

Os he tenido prácticamente todo el mes sin «Incordio» (y sin Linux GUAI e, incluso, sin la hermana pequeña, mi bitacorita de barrio), batiendo récords de silencio inauditos desde los casi seis años que llevo en esto de la bitácora, y ello, os lo aseguro, no ha sido por una causa baladí.

Pero vayamos por partes, como digo siempre…

——————–

El ENI propiamente dicho

Los encuentros nacionales de internautas -ahora ya podemos hablar de ellos en plural- no son, como podría parecer por esa denominación, magnas masas internáuticas concentrándose en kermeses multitudinarias. Nada de eso. Si Leni Riefenstahl viera un ENI in situ, se mearía de risa, aunque muy otra cosa sería si viera la participación en red, donde las cifras, pendientes de cuantificación definitiva en estos momentos, nos están asombrando incluso a nosotros. Un ENI está constituido por varias jornadas en los que se reflexiona sobre el estado de la red y de la tecnología en España, con un leit motiv de fondo que, en esta ocasión, hemos querido dedicar al mundo de la empresa. El ENI es el acontecimiento que marca, para el punto de vista de la Asociación de Internautas, el análisis de la situación actual, las líneas de actuación en el futuro e, incluso, un argumentario para ese futuro. Un ENI nos da cuerda durante dos o tres años. Por eso traemos a él a lo más y lo mejor de la red en el momento. Con ausencias inevitables, claro está: las agendas unas veces, un comandante de Iberia que se acojona por la niebla de Ranón (aunque todas las demás líneas aéreas estén aterrizando con normalidad) en otra ocasión -que nos privó de la presencia de José Luis Frontelo– y circunstancias diversas que provocan que nunca lleguemos a estar todos.

Por lo demás, hubo un interés mediático muy grande (Víctor no dio el abasto en prensa, radio y televisión) y también hubo, obviamente, asistencia presencial, en la que cabe destacar el acto preinaugural que llevó a cabo Langreanos en el Mundo y las dos mesas del viernes, que llenaron hasta la bandera.

Hablaré más de este II ENI a medida que vayamos poniendo en negro sobre blanco nuestras conclusiones y que vayamos intercambiando entre nosotros experiencias e impresiones todo el equipo de la Asociación de Internautas, que sólo hemos podido hacerlo muy someramente.

——————–

Aeronáutica civil: historias de amor y odio

El domingo previo al ENI fue de una ansiedad brutal. Cerraron todos los aeropuertos del norte español, lo que incluye Asturias y Barcelona, y yo me encontré con los dos aeropuertos cerrados, a falta de uno (el de partida y el de llegada) y mi vuelo a Asturias, cancelado. Pude, in extremis, pillar un billete de tren para Oviedo, en coche cama (cinco minutos después, no quedaban ya billetes) y solventé la situación. Pero el cómo desplazarme yo a Asturias era lo de menos: a las peores, hubiera cogido el coche el lunes por la mañana y a media tarde hubiera estado allí. Lo que nos tuvo locos de inquietud -hasta que vimos que Fomento se envainó la nube de la que, por cierto, apenas se ha vuelto a hablar- fue la perspectiva de que el martes y/o el miércoles y/o el jueves, estuviera el aeropuerto asturiano cerrado, lo que nos hubiera derrumbado todo el tinglado. Pasamos la mañana del domingo componiéndonoslas para salvar los muebles con lo que pudieramos tener a mano y creímos haberlo conseguido, pero nada, puro placebo: si nos llegan a cerrar Asturias, la hubiéramos cagado sin remisión y se hubieran ido al garete miles de horas de trabajo, miles de euros y, sobre todo, millones de toneladas de ilusión y de esfuerzo.

Salvado el trago, el jueves por la tarde, dos aviones de Iberia dan media vuelta y regresan a Madrid después de sobrevolar durante bastante el aeropuerto asturiano esperando a que la niebla se disipe. El primero, lleva a José Luis Frontelo, que decide no intentarlo de nuevo y hace bien, porque el segundo avión también da media vuelta; este segundo, por cierto, llevaba a Ofelia Tejerina y a Almudena Negro.

Mi mosqueo se convierte en cólera cuando me entero de que los aviones de Iberia son los únicos que están reculando, porque las demás compañías siguen aterrizando sin novedades dignas de mención. A ver qué habrá ahí…

Finalmente, el tercer avión transporta la victoria o la ruina del viernes, porque en él vuelan Ofelia y Almudena y también Pedro Martínez y Miguel Subías (AUI). Cuatro, de los cuales dos, Ofelia y Pedro, son moderadores de mesa, de las mesas que, precisamente, habrían de obtener más éxito presencial. Menos mal que este avión sí aterrizó, aunque el IVA del final feliz le tocó pagarlo a Almudena, cuyo equipaje la compañía extravió gloriosamente.

Ya no digo nada de las habituales humillaciones en los controles de seguridad (que le llaman) porque eso ya roza la caricatura; el día menos pensado habría que rodar la película «Asegura como puedas» porque no haría falta ni guión ni contratar actores ni nada: bastaría con filmar la realidad cotidiana de cualquier aeropuerto para que el resultado fuera la descojonación (salvada, claro, la justísima ira de los pasajeros víctimas de las vejaciones que todos conocemos y muchos sufrimos). Por eso la autoridad competente se pone de los nervios en cuanto ve una cámara fotográfica o de vídeo (cuidadosamente prohibidas ahora mediante carteles que empapelan aeropuertos enteros: la gilipollez y la ausencia de sentido del ridículo no tienen límites).

——————–

Gente estupenda

Nada sale bien, como ha salido este ENI, si no está bien protegido por una gruesa capa de profesionalidad. Profesionalidad incluso en el voluntariado.

Abandonando toda modestia, debo citar, en primer lugar, a mis compañeros de la AI, que se han volcado. Algunos de ellos, en el período preparatorio; los más, ahora, en estos días en que no ha habido trabajo, por desagradable o incómodo que fuese, al que hayan puesto mala cara.

Pero hay más, muchísima más gente estupenda. Mis amigos de Langreanos en el Mundo, que han desplegado esfuerzos sin par por el éxito de este acontecimiento: Florentino Martínez, el presidente de la Asociación, cuya tenacidad llevó el ENI a Langreo; Julián Tresguerres, webmaestre de la asociación, José María Solís, de «Raíces de la Emigración», que me llevó a protagonizar un acto entrañabilísimo en el que planté un arbol que simbolizará en el Parque Nuevo de La Felguera el hermanamiento entre Barcelona y Langreo; Rosa Roces… Bueno, de Rosa Roces dije tres cositas -nada, tres pequeños comentarios- en el acto de clausura, que ella dice que la hicieron ruborizar; poca cosa al lado de lo que se merece. Es una de esas mujeres valiosísimas de las que os he hablado alguna vez y que a mí me rinden de admiración. Ha sido mi hallazgo personal de esta ocasión –nuestro hallazgo personal, porque no soy el único, ni mucho menos, que ha quedado admirado de su valía- y el nacimiento de una amistad que engalana nuestro patrimonio emocional familiar.

Hay más gente magnífica: el personal del LangrehOtel, que aguantó el chaparrón con una eficiencia verdaderamente extraordinaria y, además, con un excelente buen talante; Noelia, nuestra azafatita de Noreña, cuya sonrisa franca, abierta, hermosísima -nada de esas sonrisas artificiales modelo profidén que tanto abundan- fue el sol del ENI, pero no fue, en absoluto, un simple florero: siempre al quite, discreta, casi invisible, pero siempre ahí, con iniciativa, con ideas propias, corrió arriba y abajo con el micrófono -esa dichosa megafonía, una cruz ancestral de nuestro país-, dio escolta a todos los VIP que aparecieron, ayudó en todo lo que se le pidió y hasta en lo que no se le pidió. Como dijera Calderón loando a la vieja Infantería, lo hizo al modo como ha de ser: ni pedir ni rehusar… No sé qué hubiésemos hecho sin ella y no hablo por hablar, de verdad. Al despedirse de nosotros se emocionó y nos hizo emocionar. No sé si algún día volveremos a verte, Noelia, pero ojalá tengas en la vida toda la suerte que te mereces.

Y sólo he hablado de la gente que estuvo ahí esta semana. Si me refiriera a los que han intervenido -siempre en positivo, siempre echando una mano- en todos estos meses, la lista sería interminable: directivos de patrocinadores, secretarias, técnicos, funcionarios municipales… Lo dije el día de la clausura: fuimos objeto, desde el primer momento, desde que fuimos a explicar nuestro proyecto, de una acogida extraordinaria; fuimos atentamente escuchados y creyeron en nuestra idea desde el primer momento. Y actuaron en consecuencia.

A todos, a todos, a todos, muchas gracias.

——————–

Asturias, patria querida

El ENI me ha proporcionado tres ocasiones -contando la del ENI mismo- para volver a Asturias, a Langreo, además, mi tierra materna. La verdad es que en los viajes de octubre y de marzo, me hubiera dado igual estar en Asturias que en Villaviciosa de Odón, pongamos por caso, porque fueron tan intensos que, prácticamente no me enteré. Es la primera vez que he estado en Asturias sin disfrutar Asturias. Que ya es triste.

Pero ahora, durante el ENI, ha sido distinto. Es verdad que durante la semana no tuve tiempo para paisajes ni para turismo. Prácticamente encerrado en el hotel, me sabía en Asturias por el encanto de sus gentes -ese acento, esa música cuando hablan- y por esa gastronomía maravillosa. Pero el viernes, después de comer, Montse, la esposa de Eduardo Vidal, se quejó de que apenas habían tenido tiempo de ver nada y de que era una pena porque era la primera vez que iban allá y ya tenían que irse al día siguiente. O sea que para poner liviano remedio, me los llevé al Parque de Redes, que está a cuarenta kilómetros de Langreo. Montse pilló una especie de síndrome de Stendhal ante la belleza del paisaje (y eso que no estaba completamente primaverado: el invierno climatológico se había ido hacía aún muy pocos días).

El sábado lo dedicamos mi mujer y yo a enseñar la costa asturiana a nuestros amigos, nos atizamos una buena mariscada en Tazones y regresamos a Langreo justo a tiempo para disfrutar la fiesta de la sidra en La Felguera. Ayer domingo, por no alejarnos mucho del aeropuerto, anduvimos por Cudillero, pero entre el bajón del final del ENI y la depre que me pilla cada vez que estoy a punto de abandonar a Asturias (no vendría por no tener que irme, le digo siempre a mi mujer medio en broma medio en serio cada vez que estoy en esa tesitura), anduve bastante agusanado. La visión de los últimos paisajes antes de entrar en el recinto del aeropuerto (¡esos mil tonos distintos de verde brillante…!) me causa una melancolía y una tristeza que no le deseo a nadie.

El avión despegó y yo me eché a dormir. Por no llorar.

——————–

Pero ya estoy aquí y ahora hay que mirar de frente. El ENI ya pasó -aunque aún hay trabajo por hacer, pero ya sin agobios y sin angustias- y Asturias y Langreo volverán a aparecer en mi vida, espero que muy pronto. Ahora tengo por delante mucha caña que dar. Casi un mes callado -y un mes en el que han pasado muchas cosas- me han dejado mucho que decir y voy a decirlo.

Queridos todos, «El Incordio» cabalga de nuevo, así que sujetaros bien los machos, porque eso va a volver a adquirir muy en breve su megatonaje habitual.

Ahí nos vemos.

Abarrotado

De la serie: Anuncios y varios

Os tengo pasando hambre, lo siento, lo siento de verdad. Pero el II Encuentro Nacional de Internautas está absorbiendo toda mi capacidad de trabajo y todo mi tiempo disponible, de manera que las próximas dos o tres semanas, «El Incordio» va estar bastante en stand by.

No quiero declararlo totalmente cerrado, porque cuando menos se se espera salta la liebre e igual me sale inopinadamente una horita de por ahí y me pilla, además, en un momento de inspiración. Pero no puedo comprometerme.

Espero poder compensaros con un ENI de aquellos buenos, buenos, buenos porque -ni que decir tiene- los contenidos serán públicos y abiertos.

Gracias por vuestra comprensión.

A %d blogueros les gusta esto: