Estafadores y caraduras

De la serie: Pequeños bocaditos

Leo hoy en «El Periódico» que Montilla exige tolerancia cero con los estafadores y los caraduras.

Hombre, yo le diría al president que se aplicara el cuento y, antes de que los protectores de negros me inunden el buzón, me explico: no que se aplicara el cuento a sí mismo sino que lo aplique -y despiadadamente, si hay lo que tiene que haber- a unos cuantos de su entorno político.

Lo que pasaba en el Palau -y se callaba ominosamente- lo sabía toda la beautiful catalana. Yo no sé si los jueces llegarán a hurgar en esa llaga, pero la llaga está ahí y lo sabemos todos. Yo lo he dicho muchas veces: es absolutamente imposible que Millet y Montull (y compañía) mangonearan todo lo que han mangoneado según confesión propia, más lo que se les atribuye (que está, no lo olvidemos, pendiente de prueba) sin que lo supieran amplios sectores de la clase alta catalana. Imposible. Antes creería yo en la homeopatía que en la inocencia -en términos colectivos- de dichos estratos sociales, al menos en lo referente al encubrimiento. Que en el tema del Palau la alta burguesía catalana sabía y callaba es, para mí, axiomático.

Y la alta burguesía catalana está en todas partes, como los curas. Los benedictinos, por ejemplo, tienen una comunidad en el Valle de los Caídos y otra en Montserrat (entre otras): así cubren el espectro y si a uno le van mal dadas será por causa de los amiguetes del otro, con lo que siempre habrá un punto de intercesión y de protección corporativa. En la política catalana, pasa igual: tanto en CiU como en el PSC, hay burguesía catalana, tradicional, nacionalista y enriquecida, por un tubo. En muchos casos, además, los unos son cuñados, consuegros, compadres o comanditarios de los otros. De un modo u otro, todo queda en casa. Por eso me río y me carcajeo de la comisión parlamentaria de investigación sobre el asunto: por lo dicho y porque jamás en la historia de la democracia española una comisión parlamentaria de investigación ha servido para una mierda. Ni siquiera en términos políticos.

Siempre hay outsiders, desde luego. Siempre está el sector pringado, sobre todo en el PSC, que puede dividirse -convencional, pero no imprecisamente- en los de San Gervasi y en los del cinturón rojo del ámbito metropolitano. Montilla procede del sector petardo, del lado de la sobaquina, de los pringados del Baix Llobregat. Por eso, cuando le digo que se aplique el cuento no lo digo mirándolo personalmente a él, sino que eche un vistazo en derredor, sin salir de su partido, y va a encontrar, con toda probabilidad, a unos cuantos a los que les son perfectamente aplicables los calificativos que él mismo utiliza.

Aclarado lo cual, lo dicho: que se aplique el cuento.

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