Revolviendo las aguas

De la serie: Correo ordinario

Si dijese que las declaraciones de José Ramón Julio Martínez Márquez, conocido como [trade mark] al periódico «20 minutos» las esperábamos, mentiría como un bellaco. Lo cierto es que nos han causado una gran sorpresa; tanta, que ayer, durante la asamblea anual de la Asociación de Internautas, hasta dedicamos cinco minutos de reloj a comentar la jugada; por las declaraciones en su conjunto y por alusiones (se refiere a nosotros especial y expresamente).

El vuelco -cuando menos, aparente- de [trade mark] es realmente espectacular, reconozcámoslo: critica que la $GAE lo hizo todo mal desde el principio (desde el principio de la guerra del canon) y que él hubiera resuelto la cuestión en una semana, poniéndose de acuerdo con nosotros, con la AI. Es verdad -y yo lo he dicho muchas veces- que ese hubiera sido un buen momento, pero a alguien, no sé si individual o colectivo (ambas cosas son plausibles), le cegó la soberbia y que [trade mark] lo vea claro ahora, a toro tan pasado, induce a una sonrisa sarcástica. Después de casada la moza, no le faltan pretendientes. Considera, además, que la $GAE no sabe comunicar (sic, en el medio enlazado) y atribuye buena parte de responsabilidad por lo que está pasando a la industria discográfica.

En el vuelco de [trade mark] -este es su episodio quizá más espectacular hasta el momento, pero no el primero- hay un puntito de sinceridad: nos consta que a partir de los sucesos del Viña Rock de hace cuatro años sufrió una especie de crisis personal. No tanto por los sucesos en sí mismos, que no fueron para tanto, pese a que él los exageró hasta lo melodramático (si hubiera continuado en su escalada narrativa, al presente estaría asegurando que le tiraron bombas atómicas), sino porque se sintió abandonado y traicionado por el colectivo en cuya férrea defensa se había convertido, junto con el mismísimo Teddy Bautista, en el target predilecto del colectivo anticanon. Sí, ciertamente debió sentirse como aquel que se tira al agua por la patria y, cuando se está ahogando y pide ayuda, acierta a ver, antes de hundirse, que los colegas, lejos de haberse lanzado con él, permanecen de pie en el muelle y mirando para otro lado. Es notorio que la guerra del canon ha quemado a mucha gente en campo enemigo: [trade mark], notoriamente; pero también tenemos desapariciones importantes, como la de aquel ilustre Farré, o silencios muy sonoros de tantos que temporibus illis soltaron duras bravatas contra el entero orbe hasta que sufrieron en propia cuenta corriente lo costoso de andar poniendo a parir a su mismísima clientela.

Sí, [trade mark] dimitió del Consejo de Dirección de la $GAE como resultado de la luz que le encendieron aquellos acontecimientos pero esa mínima sinceridad a la que antes hacía referencia queda muy oscurecida por su pertenencia actual a otros órganos de la ominosa. Sabemos, por ejemplo, que su nombre y firma constan en los expedientes disciplinarios incoados contra algunos discrepantes que osaron promunciarse contra los designios del amo de la entidad. Y por eso, algunos pensamos que tras ese vuelco puede haber alguna otra cosa, empezando por el interés personal de [trade mark], cuyos ingresos podrían haberse visto muy mermados en los últimos tiempos debido a su escasa participación en los ingresos del canon y a su baja contratación (ha desaparecido prácticamente de las tertulias radiofónicas y televisivas y apenas le llaman para conciertos), por causa, probablemente, de que es el personaje de la farándula más antipático de todos en el imaginario ciudadano, muchísimo más allá del colectivo internauta, que ya de por sí no es menguado. Aunque también, en esa línea, caben otras posibilidades…

Teddy Bautista se dará el piro en los próximos meses, dentro de los próximos -creo que son- quince meses. Se va a casita y a sus cosas con la notoria y suculenta pensioncita de 24.000 euros mensuales y deja tras de sí un marrón de muchísimo cuidado. Deja, en primer lugar, una entidad con el prestigio y la fama por los suelos. No hace mucho, una encuesta indicaba que los españoles odian a la $GAE aún más que a la Agencia Tributaria (lo que no sé es qué tiene de extraño, pero en fin…). Deja, en segundo lugar, un endeudamiento de caballo contraído en la adquisición de un patrimonio inmobiliario enorme que ha sufrido el pinchazo de la burbuja y que fácilmente podría tener hoy una valoración un veinte por ciento inferior -en el mejor de los casos- al de la deuda contraída (con lo que los ciudadanos estamos ante el divertido espectáculo de ver quién lo va a pasar peor, si la $GAE para devolver o los bancos para que se les devuelva). Deja, en tercer lugar, muy comprometido el canon por causa de su propia codicia (no sé si personal o institucional, cualquiera de las dos o ambas juntas, son posibles), motora de la presión enorme que ejerció sobre los políticos para que aprobaran una regulación del impuesto absurda, ominosa y antidemocrática que ha quedado lista para descabello ante el Tribunal de la Unión Europea y con la que la $GAE contaba -ejem, cuenta todavía- para hacer frente a la enorme deuda que tiene por delante; si el canon se cae -o se cae, cuando menos, de sus actuales cantidades-, habrá de responder con otras modalidades, quizá más personalizadas, de derechos económicos de los autores, con gran alegría, cabe suponer, de éstos. Deja, en cuarto lugar, una oposición cierta dentro de la $GAE. Es una oposición imposible de cuantificar o de estimar desde el exterior, pero quedando fuera de toda duda la certeza de su existencia. Esta oposición, aun cuando fuera pequeña -que en los últimos meses se va viendo que quizá no lo fuera tanto-, podría recrecerse con la desaparición de Teddy del mapa, en un fenómeno muy parecido al del régimen de Franco, que mantuvo asfixiada bajo su bota a una oposición cuantitativamente mínima, de cuatro y el cabo, pero que rebrotó a su muerte en centenares de miles de ciudadanos. Deja, en quinto lugar, la hostilidad de varias de las demás entidades de gestión de derechos de autor que responsabilizan ahora a la $GAE (después de haberse escondido tras sus faldas durante años) de su propia cuota de desprestigio.

Este, junto con la crisis económica que afecta a todos -también a la $GAE, ciertamente-, es el panorama que va a tener que afrontar quien suceda a Teddy en el trono de la más importante entidad de gestión de derechos de autor. Entre otras interesantes consecuencias, podría muy bien suceder que los inicialmente más caracterizados para ocupar la plaza, rehuyeran asumir tan monstruosa responsabilidad, porque este trono va a constituir un verdadero horno en el que puede calcinarse más de uno.

¿Podría ser [trade mark] el globo-sonda de una especie de Elefant Blau que estuviera preparando su acceso al poder sobre la base de una limpieza de imagen de la $GAE, iniciándola con un gran armisticio con la comunidad internauta? No podemos saberlo, con los datos que tenemos ahora mismo, pero no es improbable. Lo que sí está claro es que nadie, ni individual ni colectivo, puede aspirar a hacerse cargo de la dirección de la $GAE manteniendo abierto este frente, entre otras cosas porque, además de lo dicho, que no es poco, tiene abierto otro, quizá menos espectacular, quizá un pelín -sólo un pelín- menos importante, quizá más oculto, pero también durísimo, con la industria discográfica, cuya política de tierra quemada con el público podría estar afectando -y muy gravemente- a los propios autores.

Ni siquiera una gran potencia -y la $GAE lo es, no nos engañemos- puede soportar tanto desgaste. La guerra con los internautas ha devenido, desde hace ya años, una guerra con los ciudadanos, cuyas esquirlas temen incluso los partidos políticos. Si no hubiera sido así, los ciudadanos ya nos hubiéramos visto apiolados hace mucho tiempo. Pero hay evaluaciones, procedentes de los centros de poder político más caracterizados, que estiman en millones de votos (en Moncloa parece que sus sumas dan tres) los costes de decantarse demasiado descaradamente en favor de la farándula que, a su vez, se duele de sus propios errores de cuando se creía inatacable y trata ahora de desmarcarse de éstos.

No sé -no puedo saber, obviamente- qué va a traer el futuro, pero, como siempre, estoy seguro de una cosa: va a ser apasionante.

A ver si encuentro un buen palco para verlo.

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Comentarios

  • Arnau Fuentes  On 28/06/2010 at .

    Buf. Mucha razón en este artículo.
    Pero muy poca memoria en este país.

    Si encuentras un buen palco avisa. Yo voy buscando también…

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