Mentecateces

De la serie: Los jueves, paella

Inevitablemente -y cansinamente, también- tengo que hacer alguna referencia al tema del estatut tras la sentencia que ha dictado un Tribunal Constitucional indigno a todas luces de formar parte siquiera de los saldos más zarrapastrosos del más infecto mercadillo de pueblo. Pero eso ya lo dije mucho antes de la sentencia (y, naturalmente, lo dio muchísima más gente) y esto hubiera seguido siendo así, aún cuando la sentencia hubiera ido en sentido justamente contrario, aunque esta expresión parta de la muy falsa base de que la sentencia -que aún no hemos podido leer, de la que no sabemos más que lo que indica unanota de prensa- tenga algún sentido.

En general, todo lo que ha sucedido con este dichoso estatut es un despropósito acojonante de principio a fin.

Para empezar, nadie lo quería. Me refiero a que un nuevo estatut no era, ni de lejos, una necesidad sentida por la ciudadanía, que hace cuatro años lo ponía -quien se molestara siquiera en pensar en ello- muy abajo en su lista de prioridades. El único problema emergente que el estatut vino a no solucionar fue el de la financiación. Y digo que no lo solucionó porque -supuesto pueda considerarse solucionado, cosa que dudo- el tema de la financiación se arregló con una Ley aparte. Que era, en realidad, lo que se necesitaba, una nueva normativa de financiación autonómica y no todo un estatut nuevo. Pero un mal día, Maragall se levantó con esa ceba -no sé si por iniciativa propia o por impulso de las malas compañías que cabe esperar sean barridas en los comicios de otoño- y ahí tienes el marrón.

Un marrón que pasó el trámite parlamentario catalán con mucho tira y afloja; una marrón que pasó el trámite parlamentario español después de un recorte considerable a cargo de una sección de amputaciones dirigida por un eufórico Alfonso Guerra, que le dio a la tijera con el entusiasmo de un censor franquista. Un marrón que hubiera debido terminar en aquel triste referendum que apenas rebasó el 50 por 100 de participación, lo que abona mi argumento de que nadie quería un estatut nuevo y, cuando lo hubo, los catalanes pasamos de él olímpicamente.

A partir de ahí, se pasó del marrón al despropósito. El primer despropósito, el del Partido Popular, que tuvo la que creo por ellos mismos lamentada idea de llevar el estatut al Tribunal Constitucional, en su hábito, aún no abandonado, de practicar una oposición ciega, vacía de sentido político, carente de argumentación y, por ende, de alternativa y, en definitiva, destroyer; un tipo de oposición que llevó a que no pudieran vencer electoralmente a un impresentable como Zapatero y un tipo de oposición que, algo -muy poco- atenuado, sigue ahí y que, aunque las cifras actuales (y coyunturales) sean tristemente buenas -porque tampoco son, desde su punto de vista ninguna alegría-, largo me lo fiáis con veinte meses por delante y aún un mindundi como Zapatero podría arrearles otro puntapié en la entrepierna. Derrotados dos veces (y, como queda dicho, no cabe excluir la tercera) por un tío que, si el país tuviera un nivel político normal, no pasaría (y como mucho) de concejal de un pueblo de 500 habitantes. Qué vergüenza.

El segundo despropósito es el alucinante tango del Tribunal Constitucional. Tango, por dos razones: la primera, que la mitad de sus miembros hubieran pasado largamente de la fecha de caducidad (en el cargo); la segunda, el ejercicio de descarada politización, de servicio al partido y no, ya no a la ciudadanía -que eso serían palabras mayores para esta gente- sino al más elemental sentido del Derecho. Tenía razón Montilla cuando decía que este Tribunal Constitucional pasaría a la Historia de España, pero utilizaba palabras suaves y caritativas: él habló de irresponsabilidad y de falta de sentido de Estado; en realidad, los términos habrían de ser muchísimo más gruesos. Montilla los eludió por elegancia institucional; yo los eludo por el Código penal.

Como resultado, ahora tenemos a medio país que se cree (y se cree en serio, tu…) que España está rota; y a mucha Cataluña tremendamente decepcionada de cómo España nos está tratando. Se ha dicho que todo este cuento del estatut sólo ha llevado a acrecentar el número de nacionalistas. No creo; vamos, no creo que en un número importante. Lo que sí ha creado es un incremento -y me temo que muy grande- de decepcionados con el proyecto español (si es que a estas alturas cabe hablar de proyecto español, que lo dudo mucho). Ha creado apátridas. Ha conseguido que mucha gente que jamás ha creído, ni cree, ni probablemente creerá, en el tebeo nacionalista, se haya desgajado afectivamente de España, haya abandonado el sentimiento de españolidad, de pertenencia a España, que hubiera podido tener o que hubiera podido quedarle.

Esta, señores del TC, señores del PP, señor Alfonso Guerra (y los impulsos soberanos que en su día lo accionaron) es su obra. Un polvo que, a la larga, traerá lodos.

Ya lo verán.

——————–

Ahora vamos al otro lado, porque nadie crea que sólo los nacionalistas españoles son capaces de comportarse como un gorila brutal y fanfarrón; la ganadería local, el nacionalismo catalán, tampoco es manco.

Ayer, en el Parlament de Catalunya, aprobaron por cojones (así, por cojones) la ley del cine que, entre otras cosas, establece la obligatoriedad de doblar o subtitular al catalán el 50 por 100 de las copias que se exhiban. Así, por las buenas.

Los de las salas de exhibición han puesto el grito en el cielo, clamando que esto es la ruina y que no han sido ni recibidos ni escuchados por la autoridad competente.

Y tienen toda la razón.

Hay que joderse con la vista de lince que tienen los honorables y catalanísimos diputados, que parecen no haberse enterado de que el sector de la exhibición cinematográfica es una especie en peligro -y en peligro muy cierto y de difícil remedio- de extinción. No iré a explicar aquí y ahora obviedades (que lo son aún más para los cuatro o cinco lectores habituales de esta bitácora) de cómo la tecnología está creando nuevos hábitos en la forma de ver cine que está acabando con el modelo clásico de la sala de exhibición. No hace falta ser san Malaquías para ver venir que dentro de poco el número de salas de exhibición será residual, reservado prácticamente a satisfacer la ínfima demanda de cinéfilos de pura raza (que no son ni la décima parte de los que juran serlo) y casi como un planteamiento de filmoteca, para ver cine clásico, más que estrenos a la última. No es una visión tan aventurada: en una capital de provincia como es Tarragona, ya no queda ni una sola sala de exhibición cinematográfica. Tal como suena.

Pues con este panorama, ponles aún más pegas, imponles más obligaciones, constríñelos con más limitaciones. Lo que conseguirán estas preclaras inteligencias parlamentarias es que dentro de poco -y mucho antes de lo que calculado- desaparezcan las salas de cine en Cataluña. En catalán, en castellano, en urdu y en tagalo. Cero patatero.

Como primera consecuencia, los exhibidores han roto el pacto del 30 por 100. Al parecer, hace doce años habrían llegado a un gentlemen agreement con Jordi Pujol, en el sentido de ir aumentando progresivamente en salas y en películas el cine catalán, de un modo paulatino y acorde con la demanda hasta llegar, según parece, a un 30 por 100. Adiós, muy buenas. Estas navidades, probablemente, no va a haber cine en catalán. Ni mucho, ni poco: nada.

Y los exhibidores anuncian ahora -con poca credibilidad, desde mi punto de vista- que en lo sucesivo no habrá en Catalunya cine norteamericano doblado: ni castellano, ni catalán, todo en versión original y sin subtítulos. No sé hasta que punto pueda ser esto una baladronada: si fuese así, ya podrían ir engrasando los candados para chapar a divinis porque entonces sí que la gente acabaría por no ir más, definitivamente, al cine. Pero es cierto que las majors norteamericanas ven el invento de la ley catalana del cine como humo en los ojos. Además, con aquella frialdad empresarial, han expresado la situación en sus crudos términos: si el problema fuera con el catalán, bueno, va, podría mirarse; pero temen -y con razón- el elemento multiplicador: en cuatro días, vascos y gallegos amanecerían con idéntica pretensión. Imposible la hais dejado para vos y para mí, le decía don Luis Mejía a don Juan Tenorio.

Por otra parte, si desaparecen las salas de exhibición, los eximios diputados catalanes no podrán imponer el catalán en los DVD. Bueno, sí, podrán imponerlo en los que se vendan aquí pero no podrían evitar que esos DVD llevaran también versión doblada al castellano y dudo que se les ocurra montar un cuerpo de comisarios político-lingüísticos que fiscalice lo que hace cada cual en su casa (aunque sospecho que a más de tres ya les gustaría, ya). Además, andar marraneando con soportes de material intelectual, cuando ese material puede circular por la red en grandes volúmenes, es algo que suena a profunda estupidez.

O sea que no se enteran. ¿Que prefieren que no haya salas de cine a que las haya mayoritariamente en castellano? Pues allá ellos. Yo lo que sí sé es la que no va a salir en absoluto beneficiada: la lengua catalana, que desaparecerá de toda la cinematografía más allá de TV3. Ni cincuenta por ciento, ni treinta por ciento, ni hostias en vinagre. Cero patatero.

¡Muy bueno lo vuestro, machotes!

PS – Ya sé que ahora saldréis algunos con la cosa de la versión original, que es lo bueno, lo fetén, los que Dios manda y el comme il faut. Bueno, pues no: en primer lugar, la cultura del doblaje está metida hasta en la última neurona de los españoles de todas las lenguas; liquida el doblaje y liquidarás al cine (en cualquier idioma) en España. Por lo demás, el ukase nacionalista también afecta a los subtítulos, de modo que la VO tampoco soluciona el problema que en concreto nos ocupa.

——————–

Esto del cine y el doblaje (o la subtitulación) al catalán, va a ser otra guerra interesante de ver. Va a ser curioso contemplar el enfrentamiento entre quienes quieren imponer contra viento y marea una realidad inexistente e imposible y quienes quieren mantener un modelo de espectáculo (y de negocio) que se pudre por momentos.

En realidad, a mí personalmente, mientras no me toquen los libros ni la red, que hagan lo que les dé la gana, que ja s’ho trobaran, como decimos precisamente aquí. Incluso si intentan tocarme los libros hay ya alternativas digitales altamente eficientes (sin contar mis desplazamientos habituales a Asturias, Aragón o Madrid, que añadirían una nueva finalidad: ¡toma compring bibliófilo!).

Leía hace poco no sé donde que cuando uno quiere hacer un chantaje, primero debe asegurarse de que el otro necesita perentoriamente lo que uno tiene y, además, no puede ir a adquirirlo a otra parte. Aunque el nacionalismo catalán -o cualquier otro- baile sevillanas, no podrá impedir que vean cine o que leamos libros en la lengua que nos salga de los cojones siempre que haya doblaje o ediciones en esa lengua en alguna parte del mundo.

Aquí os dejo la cosa por hoy; con sólo dos entradas, pero en su puesto de combate.

La próxima semana el jueves cae en 8. Si no pasa nada raro, la paella estará aquí puntual. Vamos, espero que puntual, porque esta llega en jueves, pero casi de refilón, casi tangente al viernes.

Hijos míos, se hace lo que se puede.

Sed felices.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • lamastelle-tirandoacinico  On 02/07/2010 at .

    No estoy de acuerdo con lo de que los cines desaparezcan. Lamentablemente estoy segurop de que, d epronto, aparecerian subvenciones para defender y proteger la cultura y el cine. Otra cosa es que no fueran simples regalos o chanchullos vestidos de proteccion, que solo le caerian en la cuenta corriente a algunos y que permitieran ( ademas ) decir que todo el cine es en catalan ( o vasco, o portugues del norte, como tuvimos que oir por aqui hace unos añitos ;-( ). ¿Cultura? ¿Libre eleccion? Caballero, esto no es Suecia, asi que calle, pague y no se me queje…

  • Jordi  On 02/07/2010 at .

    Lo del cine me la trae al pairo. Cada vez voy menos a las salas comerciales y siempre voy a cines que programan en VOS. Por otro lado, soy rata de la filmoteca de Barcelona y la pequeña biblioteca de mi barrio se ha convertido en mi entrañable videoclub. Si se dobla apenas un 3% de las pelis al catalán cuando llegas a la VOS el panorama es aún más lamentable. Pero ya se sabe que los catalanohablantes somos ciudadanos de tercera en nuestro propio pais.

    Iba a decir algo sobre la sentencia del Estatut pero me da pereza.

  • PROTESTAVECINO  On 03/07/2010 at .

    En uno de mis trabajos en los laterales de la Estación de Francia, desfilaron, algunos de los que nombras en cuestiones catalanistas y españolistas, todos de acuerdo en liquidar el cortijo en 20 ó 30 años, ya le toca. Esto es una traca final de las fiestas de nuestros representantes, de todos, sin distinción de siglas.
    No te cortes en emplear las frases que consideres oportunas, lo describes con su cruda realidad, es la casa de tócame Roque, lo que queda de lo que fuera España.
    Por razones de salud, no puedo comentar la sentencia, pero, es la mecha de la traca final.
    Llevamos muchos años repartiendo café para todos y el tabernero quiere cobrar.

  • miguelc  On 03/07/2010 at .

    España empieza a oler muerto.

    Alfonso Guerra fué un adelantado de su tiempo cuando dijo, hace ya más de 20 años, aquello de: “Montesquieu ha muerto”.

    Quizás sea ese el muerto que huele o, siendo malpensados, a lo mejor se trataba de una declaración de intenciones… a la que se ha ido sumando [entusiásticamente] la mayoría de nuestra clase política.

    Quien sabe, el caso es que hoy se me hace difícil escribir de la “democracia” española sin ponerle las comillas.

    No tengo muy claro si nuestra clase política es un reflejo de nosotros, los ciudadados, o es al revés; lo que sí es evidente es que aquí nadie quiere jugar limpio, que han/hemos mandado la ética a tomar viento, y que no sentimos que las leyes hayan salido de nosotros ni que nos representen, lo que lleva a que cada vez más se vea su acatamiento como algo opcional, empezando por los encargados de hacerlas cumplir.

    A este paso este país, si es que ha de sobrevivir, va a necesitar una refundación. ¿Que tal una nueva constitución?

  • la otra realidad  On 03/07/2010 at .

    Un tema importante desde lo más profundo de Cataluña…. Recordemos que Montilla el president, el ex-Ministro sabía que era un Estatut con artículos AJENOS a un Estado de Derecho y Democrático.

    Podemos recordad algunas cosas que se HA DICHO Y HECHO en el Parlament de Cataluña y NO SALDRÁ POR LA tv…

    El vídeo te aclarará algunas cosas desde lo más PROFUNDO del Parlament de Cataluña.

    (unir en una línea si sale cortado o con espacios en blanco el enlace)

    Saben lo que hacen. Pásalo a tus contactos, emails. No a la censura, gracias youtube.

  • Pasaba por Aquí  On 07/07/2010 at .

    Muy bueno el video, muy buena la intervención…

A %d blogueros les gusta esto: