Los derechos del autor copyleft

De la serie: Correo ordinario

Hace unos días, a la $GAE le han vuelto a sacudir otra justificada y bien merecida torta: ha sido, en esta ocasión, la sentencia de 25 de mayo de 2010 del Juzgado de lo Mercantil de Valencia, que podéis encontrar, por demás, glosada en este post de Legal e-Digital (vía Defunkid, enlace a perfil de Facebook).

Va siendo ya habitual, afortunadamente -lo suyo ha costado-, que los juzgados y tribunales españoles vayan apreciando el uso de contenidos copyleft como alternativa perfectamente legítima a la música alineada ($GAE, discográficas y demás hierbas) y que lo hagan desactivando la presunción que brutalmente otorga la LPI a las entidades de gestión dándoles toda la ventaja procesal, poniendo los jueces de especial relieve que la presunción es iuris tantum, es decir, que admite prueba en contrario y que, además, ni siquiera la prueba en contrario es necesaria, puesto que la presunción puede derrumbarse si el demandado aporta indicios suficientes y racionales de que no estaba utilizando música alineada, de manera que, caída la presunción, el demandante -la $GAE normalmente, en tal caso- se ve en la obligación de probar los términos de su demanda so pena de perder el juicio. En otras palabras, si el dueño de un bar demandado por la $GAE aporta piezas de convicción suficientes para un juez en el sentido de que usa material copyleft, éste puede derrumbar -y lo ha hecho más de una vez- la presunción que la LPI regala a las entidades de gestión pesetera de derechos de autor, viéndose ésta obligada a la carga de la prueba que debe soportar todo actor en un pleito.

Hasta aquí, aleluya y que no decaiga.

Lo que me viene preocupando a mí -y no de ahora- es un fenómeno que ya se detectó hace tiempo con el software libre y que está empezando a suceder con otros contenidos copyleft: la presunción generalizada de que el copyleft es inherentemente gratis. Veamos: stricto sensu, si tomamos el copyleft en su puridad más absoluta, tal como lo entiende -correctamente, cuidado- Richard Stallman, en verdad el copyleft es gratuito, puesto que puede ser tomado tal cual. Pero hace ya tiempo que hemos aberrado la expresión copyleft -quizá lamentablemente, pero la realidad es como es- y ahora se entiende convencionalmente como copyleft todo aquello que puede ser libremente copiado y distribuido sin retribución autoral para usos privados. Pero esta libertad, sobre todo cuando, como en la mayoría de los casos, viene amparada con una licencia Creative Commons o ColorIuris (aunque esta segunda sólo tiene implantación prácticamente en España), tiene unas limitaciones. Una de las más frecuentes, sobre todo en el mundo de la música, es la del uso comercial. Si observamos las licencias de Jamendo, el mayor almacén virtual de música copyleft, nos encontraremos, efectivamente, que las licencias, casi en su práctica totalidad, limitan -prohiben, para entendernos- el uso comercial de estos contenidos sin permiso del autor. Por tanto, un bar -y, sobre todo, un bar de copas y no digamos una discoteca- no pueden utilizarlos sin ese permiso (que, obviamente, pretenderá una legítima retribución, puesto que el copyleft, en estas condiciones, es un modelo de negocio -por así decirlo- distinto del alineado, pero no deja de ser un modelo de negocio).

Por tanto, efectivamente, cuando un bar utiliza contenidos bajados de Jamendo -en su muy frecuente caso- la $GAE no tiene nada que rascar, pero realmente el dueño del establecimiento se está beneficiando de lo que en derecho se llama enriquecimiento injusto. El autor podría demandar y vencer en esa demanda, obteniendo la correspondiente indemnización. Lo que ocurre es que, muy probablemente, el juez ignore estas cuestiones; es fácil que los jueces -que si hacen cursillos sobre estos temas es sólo con la $GAE, y así nos luce el pelo a todos- ignoran esta característica: creen que el copyleft es el famoso todo gratis y adelante con los faroles.

Esta ignorancia es, por otra parte, puramente académica. Efectivamente, aunque hubiera algún juez -sería rara avis, pero no puede descartarse- que conociera en profundidad el copyleft (que lo dudo, porque todas las sentencias hablan de ello como de algo lejano, como de una cosa rara), debería resolver en el mismo sentido porque, por una parte, la $GAE sigue sin tener nada que pelar ahí y, por otra, si no hay demanda del interesado, el juzgador no puede hacer justicia de oficio, no puede imponer al dueño del bar demandado por la $GAE una indemnización en favor de un autor que no tiene nada que ver con la $GAE. El autor, por su parte, carece de instrumentos de control para saber qué se anda haciendo por ahí con su música y, por tanto, no puede demandar.

Creo recordar que la $GAE pretendió hace unos pocos años -muy pocos- integrar obras y autores copyleft en su tinglado, lo que constituye una trampa saducea muy peligrosa, puesto que estoy convencido de que el trabajo de los autores con licencias libres hubiera acabado enriqueciendo a los otros (y cuando digo los otros, no me refiero a la totalidad de los demás, sino a los cuatro no casualmente privilegiados que todos tenemos in mente). De todos modos, la iniciativa no tuvo éxito porque, como siempre, la sempiterna soberbia de los dirigentes de la $GAE, acostumbrados al ordeno y mando y muy ajenos al savoir faire político, alumbró una integración absolutamente leonina que los pocos autores que la pensaron rehuyeron en cuanto le vieron el plumero a la cosa.

Porque hay que convenir que es necesaria una entidad -o varias, no se pretenden monopolios- de gestión de derechos de autor en régimen copyleft. La integración de estos autores en entidades convencionales es imposible (económicamente suicida, vamos) por la propia estructura del modelo de negocio que protegen, pero deberían poder proteger estos derechos con eficiencia, lo cual implica una organización dedicada a la vigilancia de usos y de recaudación, porque d forma individual es imposible hacerlo. Yo supongo que, tarde o temprano, las emisoras de radio convencionales llegarán a usar este tipo de contenidos y entonces la necesidad de entidades se hará evidente: de lo contrario, la potencia empresarial y mediática de las emisoras impondrá precios y condiciones.

Hoy por hoy, ya sabemos lo que se opone a ello, aparte de la falta de iniciativa del sector: un numerus clausus marcado por la ley, una ley férreamente controlada por los políticos marioneta del estatus actual, que el actual monopolio no va a soltar fácilmente.

De todos modos, y visto desde esta óptica, el informe de la Comisión Nacional de la Competencia puede ser de gran ayuda en el momento en que se produzcan movimientos en este sentido por parte de los autores copyleft. Pensemos, además, que el problema parece ahora emergente por los autores musicales pero hay muchos más colectivos implicados; la blogosfera, por ejemplo, que estamos viendo cómo nuestras licencias son sistemáticamente burladas por la prensa comercial que constantemente está cometiendo plagios de libro, porque no sólo se apropia de nuestros contenidos más allá del derecho de cita para un uso comercial frecuentemente prohibido por las CC, sino que comete verdaderos plagios al pasar estos contenidos como propios sin citar a su verdadero autor.

Los autores coyleft tenemos tanto derecho -y tanta obligación, por la cuenta que nos trae- a defender nuestros derechos como los autores alineados y no lo estamos haciendo. El júbilo -incluso en nuestro propio campo- ante sentencias que están favoreciendo a empresarios que se lucran con contenidos ajenos sin remunerar al autor solamente porque dichas resoluciones dejan a la $GAE con dos palmos de narices, tiene un punto de irresponsabilidad que habremos de ir rectificando a medida que se vayan produciendo. Tenemos que ir aprendiendo a contrapesar el valor de las noticias y de los acontecimientos y a entender que dejar a la $GAE con el culo al aire es altamente satisfactorio, pero no soluciona la otra parte del problema.

Echando la mirada atrás, es bueno, no obstante, que la problemática esté empezando a llegar a estos extremos. No hace muchos años, apenas había autores copyleft. Hoy, ya estamos empezando a clamar por el lugar bajo el sol de la remuneración por el trabajo al que tienen derecho estos autores. Los nuevos modelos que tanto hemos predicado empiezan a querer consolidarse; estamos aún lejos de que lo estén plena y aceptablemente, pero el camino se está andando. Conviene, no obstante, andarlo bien, en condiciones y mediante etapas razonables.

Y eso hace aún más urgente acabar con los monopolios de gestión autoral.

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Comentarios

  • Arnau Fuentes  On 11/07/2010 at .

    Un caso divertidisimo de lo que comentas de apropiación por la prensa lo tenemos precisamente estos dias, pero en el atlántico oeste:
    http://www.boingboing.net/2010/07/06/w00t-sends-associate.html

    Associated Press, agencia de noticias que cobra a los bloggers por usar citas de sus artículos, se apropió de una nota de prensa de w00t, que ahora le reclama $17.50… que AP se niega a pagar amparandose bajo el “derecho de cita”.
    Telita!!

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