Misioneros

De la serie: Correo ordinario

En estas polémicas que surgen de vez en cuando aquí y allá, más entre usuarios que entre usuarios y empresas, cuando se efectúan observaciones, especialmente en tono crítico, sobre software apropiativo -sobre todo, claro está, el de Micro$oft, pero últimamente ha aumentado la incidencia de la crítica hacia Apple- siempre acaba saliendo alguien que alude a las características evangelizadoras de los usuarios de software libre. Precisamente en el ámbito Apple, el otro día tuve un pequeño rifirrafe -que terminé, en lo que a mí respecta, con la callada por respuesta- en Facebook. Se hablaba de que Apple ha patentado un método para desactivar sus terminales móviles si éstos han sido abiertos mediante un software denominado Jailbreak. Y comentaba yo con Miriam Ruiz que nunca he entendido que la gente compre máquinas de las que nunca acaba de ser dueño verdaderamente y encima se queje y añadía que Apple sólo permite una alternativa: o pijo o amo, pero las dos cosas, no.

Reconozco que lo de pijo pudo haber ido algo lejos (no demasiado, ahora diré por qué), más que nada por aquello de generalizar sin la socorrida fórmula «salvadas las honrosas excepciones». Vale, pues salvadas las honrosas excepciones. Porque nadie podrá negar que un amplio espectro -no digo mayoritario, pero sí amplio- de la clientela de Apple (no tanto en ordenadores, que son otra historia, como en iPhones, iPods e iPads) responde al perfil del pijo, más que claramente.

Bueno, pues apareció bastante airado un señor amigo de Miriam, no tanto por lo de pijo -eso lo dejó para tres palabras desabridas al final- como por lo otro, como quejándose de que ni Miriam ni yo entendiéramos eso de comprar -y no barata, precisamente- una máquina de la que no eres dueño y/o que para llegar a serlo tienes que recurrir a atajos e inventos, y aludiendo a que los usuarios de software libre nos dedicamos a la evangelización. Se ve, por cierto, que yo no puedo generalizar, pero él sí. Bien, aquí es donde yo quería llegar (a lo de la evangelización, no a lo de la generalización).

Yo siempre he sido partidario de que cada cual use el sistema operativo que le dé la gana (sin perjuicio de mis íntimas opiniones sobre los que usan uno en concreto) y, hasta mirando con distanciamiento, no se vive nada mal utilizando un sistema operativo minoritario que, aunque asequible a todo el mundo, debido a una injustificada fama de difícil únicamente solemos utilizar los que ya somos un pelín más que principiantes y de ahí para arriba. De modo que, además de no sufrir prácticamente ataques víricos, no sufrimos tampoco el síndrome de pringao howto a cargo de manazas, sobre todo desde que adoptamos férreamente la fórmula aquella yo, de Window$, no entiendo; es que no lo uso ¿sabes?. Contrariamente, nos encanta ayudar a los que se atascan, principiantes o no, en nuestro pequeño mundo… pero hay pocos atascos y los usuarios Linux, aún los principiantes, solemos ser muy proactivos y los problemas sólo los sufrimos una vez. Por tanto, cada vez soy menos… evangelizador: parafraseando en sentido contrario el viejo refrán catalán, cuantos menos seamos, más reiremos. Eso sin contar el farde de esa imagen -falsa, pero que está ahí- de que los usuarios Linux somos una especie de élite informática.

Pero, claro… Resulta que uno de los sistemas operativos en danza, Window$, no es un concurrente más en el mercado, sino un tramposo que lo falsifica y que impone sus productos a la trágala mediante artes monopolísticas -frecuentemente ilegales, como así ha sido judicialmente establecido en más de una ocasión- que nos afectan a todos, como particulares y como ciudadanos.

Como particulares, ya es sabido: la dificultad extrema para adquirir un PC que no venga equipado con ese sistema operativo ni en la máquina ni en la factura y el cuidado que hemos de llevar al comprar componentes para asegurarnos de que son compatibles con Linux y de que incluyan controladores o que puedan encontrarse fácilmente en la red, esfuerzo que hemos de agradecer a la empresa de Gates y Ballmer, que sabotea sistemáticamente todo intento de producir componentes multisistema, sabotaje que muchas veces logra su objetivo, aunque ese éxito vaya ya en franca decadencia. Pero, bueno, en la minoría linuxera ya estamos hechos a estos problemas y, pese a que son irritantes cada vez que nos topamos con ellos y que nos suponen un plus de trabajo, en puridad innecesario, vamos tirando yo diría que alegremente. Por cierto, y ya que estamos en ello, comentar que la mayoría de los problemas para cuya resolución los usuarios de Linux piden ayuda a la comunidad no tienen relación con pantallas azules ni con zarandajas de estas, sino con problemas de compatibilidad y de adaptación de componentes.

El verdadero problema lo tenemos como ciudadanos, pero no los usuarios de Linux o de cualquier otro tipo de software libre, sino todos los ciudadanos. Lo tenemos por una doble vía: la primera, la interoperabilidad con las administraciones públicas. Evidentemente, Micro$oft pretendía -pretende siempre- que las administraciones públicas utilizaran los formatos M$ como estándares administrativos, una atrocidad que hubiera puesto a todas las administraciones públicas españolas en manos de esa empresa (si es que no lo están por otras vías de las que después hablaremos) y que nos hubiera obligado a todos a ser sus clientes para relacionarnos con nuestras propias administraciones públicas, las que pagamos con nuestros impuestos. Bananero total. Felizmente, eso pudo solucionarse, aunque no sin gran esfuerzo y luchando a brazo partido con el lobby apropiacionista liderado por Micro$oft. Es decir, que los derechos de los ciudadanos, incluso en nuestro propio Parlamento, no se respetan por omisión, sino que hay que ganarlos caso por caso, tema por tema, ley por ley. Alucinante.

Esta lucha para que se respeten, no los derechos de los usuarios de software libre, sino de todos los ciudadanos, debe ser lo que algunos llaman evangelización.

La otra vía por la que nos llegan problemas a los ciudadanos es por el uso de software de nuestras administraciones públicasy el coste que ello representa. Con la que está cayendo, con muchas administraciones públicas asfixiadas (ayer mismo aludía a ello), con EREs de personal laboral no sólo en empresas públicas, sino incluso en organismos de administraciones públicas (no se había visto jamás), con fundionarios -de momento, sólo en administración local- que no han cobrado aún la paga extra de julio (lo que nos aproxima a la banana más abyecta) y veremos qué pasará de cara a las Navidades, y resulta que todas las administraciones públicas le están regalando a Micro$oft centenares de millones de euros en software tanto de sistemas operativos como de paquetes ofimáticos. Especialmente sangrante en este último caso porque los paquetes ofimáticos libres suelen ser multisistema, tienen -digan lo que quieran los políticos venales y/o ignorantes- una curva de aprendizaje muy corta y extraordinariamente plana, y aunque no hagan todas las virguerías que hace el paquete ofimático de Micro$oft, son suficientes y ampliamente sobrantes para más (quizá bastante más) del 95 por 100 de las necesidades administrativas. Todo ello suponiendo -no admitiendo, por supuesto- que la migración a un sistema operativo libre sea tan dura y dolorosa como la gente se cree y algunos interesadamente -o por pura ignorancia, de nuevo- aseguran. Especialmente sangrante es el asunto de los ordenadores en el cole, sobre el que no insisto porque ya he hablado ampliamente aquí.

Es fácil de comprender que, en lo personal, no gano nada con que las administraciones públicas utilicen software libre; o no gano nada que no gane conmigo, y en la misma exacta medida, el común de los ciudadanos. Esa pretensión de una mayor eficiencia y de un gran ahorro por parte de las administraciones públicas, debe ser lo que algunos llaman evangelización.

Si es así, seguiré evangelizando mientras me queden dedos con los que teclear para una bitácora y para intervenir en foros, comentarios y demás. Y si a alguien irrita la evangelización así entendida, que se joda: no voy a renunciar a mis derechos ciudadanos porque moleste a algunos usuarios de marcas guay o a los de sistemas que no son sino pegotes mastodónticos pergeñados por una empresa cuya habilidad no consiste sino en el dominio del mercado mediante la trampa y mediante otras cosas que prefiero callarme y que todos sabemos.

En temas como este nos estamos jugando el futuro de nuestro país en aspectos muy serios y las consecuencias, si dejamos que unos políticos venales e ignorantes hagan y deshagan -aquí y en Bruselas- con Steve Ballmer dirigiendo la orquesta parlamentaria, pueden ser terribles para las generaciones venideras. Así que me importa tres carajos que me llamen evangelizador, o profeta o lo que les dé la gana.

Aire.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 24/08/2010 at .

    Desde hace unas semanas soy el feliz propietario de un N900. Ya sabes, ese teléfono que trae linux en sabor Maemo como sistema operativo. Disfruto de una comunidad que, aunque pequeña, se ha lanzado a él con el ansia de experimentación digna de mejor causa. Solventan cada uno de los fallos que Nokia, en su cada vez más habitual mal hacer, ha dejado palpitando con luces de neón en su sistema operativo. Por ejemplo… no trae radio fm, pero esa comunidad de programadores ha creado uno, y hala, problema resuelto.

    Además de aprender linux a marchas forzadas, estoy paladeando la libertad de poseer una máquina, una plataforma, sobre la que puedo hacer lo que quiera, sin jailbreaks, sin parches, sin mariconadas. Todo absolutamente directo. Programa o aplicación que encuentro útil, disparada para el teléfono. La comunidad está portando Android para el N900, está portando MeeGo y no paran de salir aplicaciones útiles y no las chorradas que salen en la App store.

    Jamás me podría comprar un cacharro sobre el que no tuviese total y absoluto dominio. Sinceramente, los iphonemaníacos me parece que tienen algo de síndrome de estocolmo, secuestrados por el fabricante de su teléfono.

    Pero el rollo es que esto me hace preguntarme si, con un teléfono para nerds, un apoyo de mierda por parte de Nokia, y en medio de la mayor competencia habida nunca con Iphone y Android, un sistema linux hace lo que hace éste, ¿qué no pasaría si esto fuera un sistema adoptado masivamente, respaldado a lo grande por Nokia y asaltado por todo tipo de desarrolladores generando código para casi cualquier cosa imaginable? Da que pensar, desde luego.

  • Rogelio Carballo  On 24/08/2010 at .

    Desde hace unas semanas soy el feliz propietario de un N900. Ya sabes, ese teléfono que trae linux en sabor Maemo como sistema operativo. Disfruto de una comunidad que, aunque pequeña, se ha lanzado a él con el ansia de experimentación digna de mejor causa. Solventan cada uno de los fallos que Nokia, en su cada vez más habitual mal hacer, ha dejado palpitando con luces de neón en su sistema operativo. Por ejemplo… no trae radio fm, pero esa comunidad de programadores ha creado uno, y hala, problema resuelto.

    Además de aprender linux a marchas forzadas, estoy paladeando la libertad de poseer una máquina, una plataforma, sobre la que puedo hacer lo que quiera, sin jailbreaks, sin parches, sin mariconadas. Todo absolutamente directo. Programa o aplicación que encuentro útil, disparada para el teléfono. La comunidad está portando Android para el N900, está portando MeeGo y no paran de salir aplicaciones útiles y no las chorradas que salen en la App store.

    Jamás me podría comprar un cacharro sobre el que no tuviese total y absoluto dominio. Sinceramente, los iphonemaníacos me parece que tienen algo de síndrome de estocolmo, secuestrados por el fabricante de su teléfono.

    Pero el rollo es que esto me hace preguntarme si, con un teléfono para nerds, un apoyo de mierda por parte de Nokia, y en medio de la mayor competencia habida nunca con Iphone y Android, un sistema linux hace lo que hace éste, ¿qué no pasaría si esto fuera un sistema adoptado masivamente, respaldado a lo grande por Nokia y asaltado por todo tipo de desarrolladores generando código para casi cualquier cosa imaginable? Da que pensar, desde luego.

  • Rogelio Carballo  On 24/08/2010 at .

    otias, yo sólo le dí una vez al botón…..

A %d blogueros les gusta esto: